Hch 2, 14.
22-33
Durante
este tiempo Pascual, la Iglesia ha previsto la Lectura de los Hechos de los
Apóstoles, como Primera Lectura. Esto incluye también a la Liturgia de la
Palabra de este tiempo.
Podemos
trazar un mapa del Libro de los Hechos de los Apóstoles, lo cual siempre es muy
útil, para orientarnos en una exploración.
Podemos
plantear que el Libro empieza con una introducción la que ocupa por entero el capítulo
1: (1, 1-26). Este capítulo, a su vez, puede subdividirse en dos subsecciones
i)
La promesa
del Espíritu Santo (1,1-11)
ii)
La elección
de Matías para que completara el grupo de los Doce, que ahora, sin Judas
Iscariote estaba truncado (1, 12-26)
Una primera
parte, que va de (,1-8,3) relata la predicación del Evangelio en Jerusalén:
(2,1-8,3). Salta a la vista que la perícopa que hoy nos ocupará forma parte de
esta “Primera parte”.
En la
segunda parte: (8,4-9,43) Se refiere a la predicación del Evangelio en Samaria
y Judea.
La tercera
parte nos presentará cómo fue llevado el Evangelio a los paganos: (10, 1 – 28,31).
Es decir, hasta el final de libro.
Nos hayamos
hoy, ante una “pieza” kerigmática. De estos kerigmas encontramos salpicado este
Libro donde hallaremos 6 de ellos: cinco en labios de San Pedro y el sexto y
último en labios de San Pablo. Un resumen esencial de nuestra fe. Intentemos
descomponer esta “solemne declaración” de Pedro:
a)
Pedro
muestra las “credenciales” que, a Jesús el Nazareno, le ha dado su Padre, a
saber, ‘δυνάμεσι [dunamesi] “milagros”, τέρασι [terasi] “prodigios” y σημείοις [semeiois] “signos”’.
b)
Jesús,
entregado -como estaba consignado en “el Plan de Dios”-, fue matado por estos
judíos y vecinos de Jerusalén, hecho este que fue instrumentalizado por “manos
de hombres ἀνόμων [ánomon] “inicuos”. “gente sin Dios y sin Ley”.
c)
Dios lo
resucitó, ya que no podía permitirse que la muerte lo κρατεῖσθαι [krateisthai] “retuviera”, “detuviera”, “lo trabara” bajo su dominio.
d)
Muestra que
la profecía, del Salmo 16(15) no se refiere a David, sino que en ella David
-con su mirada puesta en el futuro- se refiere al Descendiente de su Linaje que
sería enviado Mesías; y Pedro nos descubre que Ese es, Jesús, el Resucitado.
e)
Quien, por
la Diestra de Dios Padre, ha sido exaltado, en conformidad con la Promesa que
el Espíritu Santo le comunicó.
El “Plan” y
“promesa” remiten a la πρόγνωσις [prognosis], forma de
Conocimiento Divino, que le permite saber los que habrá de suceder, como Aquel
que va modelando los acontecimientos y los dirige.
El kerygma anuncia en primer lugar el acontecimiento
y en quien se ha cumplido: Jesucristo es el evangelio de Dios. Proclamación
hecha por los apóstoles tras la muerte de Jesús -hacia el año 30- para anunciar
la salvación y suscitar la fe inicial. El kerygma (es una palabra de origen
griego κήρυγμα, “proclamación”, o “anuncio”,
su etimología sería “proclama que hace el heraldo”), es un género literario
bíblico y oratorio del Nuevo Testamento que proclama el núcleo central de la fe
cristiana: la vida, muerte y resurrección de Jesús como Salvador. Funciona como
el primer anuncio misionero, con un estilo testimonial, directo y pascual. Para
leer estos puntos que arman la perícopa vamos a presentar una estructura que
caracteriza las proclamas kerigmáticas, con tres ejes:
I.
La declaración de la pasión y muerte y
su llevada en cuerpo y alma a la Gloria.
II.
El testimonio de Juan el Bautista, los
milagros y enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. Su ascensión a los cielos y
la donación del Espíritu Santo dado a sus discípulos.
III.
La puesta en relación de la vida y obras
de Jesús refiriéndolas al Antiguo Testamento y mostrando que en ellas se da
cumplimiento a las promesas Mesiánicas de Dios convocándolos a todos -judíos y
paganos- para una conversión como preparación para la Segunda Venida del Señor.
Si logramos entender este llamado entonces podemos
sustentar con total convicción que Jesús no experimentó la corrupción, puesto
que su Padre lo preservó.
♦ ♦ ♦
Sal 16(15), 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11
Veamos el “título” del salmo, porque nos pone en co-texto, שָֽׁמְרֵ֥נִי אֵ֝֗ל [sa-me-re-ni El]
“Protégeme, Oh, Dios mío”. Es un salmo del Huésped de Yahvé. Que vive en un
ambiente de politeísmo, donde cada vez más proliferan los ídolos, y donde se
degusta beber la sangre de esos rituales idolátricos. El salmista, -que se
confía enteramente a YHWH- afirma que el no manchará sus labios pronunciando el
nombre de esos dioses.
Las estrofas 3ª y 4ª de la perícopa de
hoy, son el material referencial para la “solemne
declaración” de Pedro en la Primera Lectura, donde se “justifica” la Acción
Resucitadora de Dios Padre a favor de חֲ֝סִידְךָ֗ [ja-si-de-ka] “su fiel”, de “su
santo”, “amante”, “amigo de Dios”, deriva de la palabra חָסִיד [Hassid]
“amigo”, “el-que-ama”.
♦ ♦ ♦
Mt 28, 8-15
En el verso
1 del capítulo 28 nos señala que “Pasado el sábado, en la alborada del Primer
Día de la Semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro”, se
trata del Evangelio que se leyó en la vigilia Pascual (Mt 28, 1-10); nos
encontramos con un “signo” teofánico: el “temblor de tierra” que quiere decir
que lo que sucede allí, es algo que Dios mismo nos revela, en este caso por
medio de su ἄγγελος [angelos] “Mensajero”. Notemos lo
teofánico de su vestimenta y de toda su apariencia en general: como relámpago,
y que la blancura de su traje es nívea.
·
No estaba
allí, en el Sepulcro.
·
El Ángel
introduce el concepto de Resurrección; las dirige a “ver” el sitio donde había
quedado, (les traduce esa “ausencia”, ese “vacío”), algo que no está, prepara a
entender al-que-se-Encontrarán.
·
Las
comisiona para llevar la convocatoria para que lo vayan a encontrar en
Galilea.
Desde allí,
vamos -hoy- directamente al verso 8-. Lo que hizo el Ángel, fue prepararlas,
darles los elementos indispensables para “abordar” ahora, el encuentro con El
Resucitado: les reveló a las “mujeres” que Jesús había resucitado, -pensemos,
sin esta “mensajería” previa ¿cómo habrían encarado el Encuentro? - quizás
espantadas, se estarían tropezando (v.9) con un “difunto”, con un “cadáver”, y,
este ¡les hablaba! … ¡Habrían quedado despavoridas!
En lugar de
eso, ellas tienen un gesto supremamente tierno: le abrazan las piernas. Indudablemente
es un gesto de gran ternura, que en el lenguaje no verbal pide que no se vaya;
si alguien tiene los pies trabados por un abrazo, no puede caminar, así que no
podrá separarse de ellas. Se aferran a Él y adornan su gesto con actos de
adoración. Gesto que se puede ver como un cierre de paréntesis: al principio
del Evangelio, los Magos lo adoran; ahora, en el cierre, son las mujeres las
que rinden homenaje de adoración.
Jesús,
ahora, les da un nuevo cometido: comunicar, pero para poder comunicar, tendrían
que llegar a los que se habían desperdigado, a los que -víctimas de la
decepción y el miedo- se habían dispersado; era, llevarles el recado
-reanimador- de que se les adelantaría a esperarlos en Galilea, que allí era la
“cita”, en el contexto de “discípulos” dispersos, desmoralizados, ellas
tendrían que infundir el coraje, Jesús las ha delegado emisarias de bravura y
denuedo.
Propio es
afirmar, aquí, que la mujer siempre ha demostrado una gran capacidad emotiva,
su afectuosidad es un rasgo innegable de su personalidad, lo que en nada niega
su valentía, su decisión -a menos, claro, que se las haya educado melindrosas-;
su firmeza, -que no riñe, para nada, con su fuerza de carácter- ni con la
capacidad para el idioma del amor. Venimos de respirar los aromas del amor, en
el Salmo responsorial, se ha señalado la floreciente amistad entre Dios y el
hombre, entre el salmista y YHWH. El lunes anterior, recordábamos la unción de
los pies de Jesús -por María, la de Betania- y recordamos como las fragancias
del Amor, inundaron la estancia. Todos estos signos de Amor y muchos más, nos
van centrando en Jesús, como el Sacramento del Amor de Dios por su rebaño, que
sabe ver a cada uno con amor inefable; y nos permite enfocar la mirada y el
entendimiento en el Mandamiento del Amor. Jesús, le sale al encuentro para
borrarles todo afecto negativo -y, por el contrario- incentivar y acendrarles
la Alegría. Las instituye Apóstoles de los Apóstoles. Es un mensaje de amor que
inculca valentía.
Pero,
tenemos también la imagen de los soldados -su propio nombre nos recuerda que
operan “a sueldo”, (aun cuando la palabra griega no tiene, para nada, relación
con lo salarial: στρατιώταις [stratiotais] de la raíz griega στρατώς [stratos] “ejercito”, “armada”, “flota” y τιώταις [tiotais] sufijo para “integrante”, “miembro”, “uno de ellos”).
Ellos también son instituidos -por los sumos sacerdotes- para ser “mensajeros”,
pero en este caso, mensajeros de falsedad. Tomaron el dinero y se fueron a
“obrar mentira”.





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