lunes, 6 de abril de 2026

Martes de la Octava de Pascua


Hch 2, 36-41

La fecha señalada como marco temporal de esta perícopa es el Día de Pentecostés. Es interesante, después de la introducción, que empalma perfectamente con el final del Evangelio Lucano, centrándose en la Ascensión, va directamente a Pentecostés; en eso nosotros experimentamos que la metanoia apostólica, tuvo necesidad de esa cincuentena, para poder asumir, de una buena vez y con todas sus implicaciones la Misión que el Señor les había encomendado. Él los envió a algo, concreto, su sentido de vida había sido especificado, faltaba dar el paso esencial de asumirla. En la perícopa que se leyó ayer, se dio una “solemne declaración kerigmática” donde Pedro, hace una glosa del capítulo 3 del profeta Joel, para mostrarnos que, al mirar hacia Jesús, podemos reconocer en Él, al Señor y Mesías profetizado, puesto por Dios. Este razonamiento lo respalda con la enseñanza que se deriva -como se vio ayer- del Salmo 16(15).

 

Los que estaban allí congregados, preguntan ¿qué les corresponde a ellos?, ¿cuál es el siguiente paso a dar? En la pregunta se connota la aceptación y el reconocimiento sobre estos “principios doctrinales” de los que podían echar mano para iniciar el camino discipular. Esta actitud de aceptación se engloba en la expresión “Lo que oyeron les llegó al corazón”.

 

Pedro, les da -como respuesta- y nos parece clave, una respuesta sencilla, son sólo dos pasos a dar, que implican el reconocimiento de que la promesa no era una exclusividad, sino que estaba destinada a los allí presentes y a sus generaciones venideras:

a)    Bautícense, invocando el Nombre de Jesucristo

b)    Y, se les perdonarán los pecados, así recibirán el Espíritu Santo.

 

Pero, no queda la aceptación allí, se da un lineamiento general que entraña muchas cosas: “Pónganse a salvo y apártense de esta generación malvada”. ¿Quiénes y qué representa esa generación malvada? Los que crucificaron a Jesús. O sea, a los mismos a los que les está hablando. O sea que deben dejar de practicar una religión que enseña una cosa, pero no le cumple a Dios la enseñanza recibida. Entroncando con una enseñanza de Jesús dada en Mt 23, 3: ¡Hagan lo que dicen, pero no se les ocurra hacer lo que ellos hacen!

 

Detengámonos ahí por un momento: ¿qué es lo que ellos dicen, pero no hacen? ¡Pensemos! Porque es clave ese discernimiento. Gastemos el tiempo que sea necesarios para mirar que es lo que dicen y no hacen.

 

Se ofrece la posibilidad de hacerse discípulo siempre y cuando aceptemos mantener coherencia con la enseñanza de Jesucristo, que no consiste en un apego a las “manías” correligionarias, sino en la aceptación de un “estilo de vida”, que pone el Espíritu Santo en nosotros, en primerísimo lugar, valga decir, vivir a la manera de Jesús, ser fieles a su ejemplo.

 

Lógico que ese ejemplo no es una moda en el corte de cabello, ni las usanzas de vestuario de la época, sino a Su Espíritu, el que se ha trasmitido por medio del Evangelio, y el que se ha entregado a la Iglesia -Preciosísimo encargo- para que sea fiel albacea del “Testamento”, ejecutora instituida para velar por ese Divino-Encargo.

 

¡Es que fulano pone un platón lleno de agua encima del armario! ¿Jesús hacia eso? ¿De dónde salió esa costumbre? ¿Cómo puede lograr un platón de agua encima de un mueble acercarnos a Jesús?

Es que un vecino mío enciende doce lamparitas en fila y las acompaña hasta que se derriten completamente. ¿Qué relación guarda eso con Jesús, con la fe que les entregó a los discípulos y que Él les encargó?

 

Es que “perencejo” se antigua tres veces seguidas, y nos cuenta que así lo hacían también los abuelos. Es muy posible que uno de los primeros pasos para vivir la fe sea expurgar todas nuestras manías tradicionales a la Luz de la enseñanza de Jesús-Señor-y-Mesías.

 

Sentimos una llamarada en el pecho que relaciona esto de “Salvarse de esta generación perversa” de aquello que le enseñó a la mujer sorprendida en adulterio: “Vete y no peques más”. (Cfr. Jn 8, 11)


Sacramentos como el Bautismo y la Conversión, nos llaman al compromiso y la fidelidad del ser-humano con los Mandamientos, en particular con el Mandamiento crucial de Jesús, el del Amor. Porque lo trascendente en Jesucristo es el Amor. Convertirse y ser bautizado alude a esta coherencia cristiana.    

 

Sal 33(32), 4-5. 18-19. 20 y 22

Fiel a su Alianza

Un himno es un canto que presenta una estructura poética, y expresa alegría; alaba y/o ensalza a Dios o un cierto hecho histórico que lo da a conocer; manifiesta pues, el poder Divino y la Bondad de todo cuanto Él hace. En su estructura, que no se sigue al pie de la letra en todos los salmos de alabanza, se da una invitación a componer y/o entonar el himno, a lo que sucede la enumeración de los diversos aspectos y hechos que motivaron el cántico, para concluir -a veces- con un “lema” que hace la sinopsis y se deduce del contenido del propio himno a modo de inventario.

 

El himno que nos ocupa, es interesante notar que, se forma a partir de versos dísticos, donde, primero se alaba cierta “cualidad o hecho divino” y, en el segundo verso se adjunta otro detalle que funciona como refuerzo, llevando la cualidad a su máximo esplendor y sugiriendo que todo rasgo Divino alcanza su perfección, y que Él no escatima en Dones.


Tomemos un ejemplo de los versos que leemos hoy:

En la primera parte del primer dístico que se lee (v.4), dice: “La Palabra del Señor es Sincera, y todas sus Acciones son Leales”;

Y, en la Segunda Parte (v.5), complementa: “Él ama la Justicia y el Derecho, y su Misericordia llena la tierra”.

 

Así, se imprime un ritmo “andante”, que es ágil, pero sin llegar a veloz; es como caminando, pero no tan rápido como si fuera corriendo (cuando se corre se diluye en la consciencia todo el mansaje y no queda nada para el corazón. En cambio, cuando se da paso a paso, la cadencia que se imprime es muy agradable y muy apta para la alabanza. A medida que se “camina”, -con la oscilación pie izquierdo-pie derecho, asociada con primer verso, segundo verso- vamos como saboreando la acción Poderosa de YHWH, y empapándonos en la Fragancia de su Amor.

 

En el ambiente de Resurrección -en este día prolongado en los ocho días de su “octava”- viene muy bien Alabar. Acompaña este sentimiento la alegría, y una esperanza que se ha hecho, bien fundamentada.

 

No se alaba a Dios por los rasgos que nosotros queremos ponerle (como si Dios requiriera tomar en préstamo un “gato hidráulico” que le ayudara a levantar su auto, ese “artilugio” sería un subproducto de nuestra “inteligencia”, como si Él hubiera menester de prótesis de fabricación “humana”), con lo que quizás pretendemos alzarlo más Alto -descuidando que Él ya Vive en la Plenitud Total, Él no necesita que le pongamos Corno, porque su Ser-Dios ya implica la corona más alta, superior a la Mitra. El himno -en cambio- se fundamenta, como ya lo insinuábamos más arriba, en la inserción de su Poder en un hecho o momento histórico, donde podemos testimoniar el Amor que vela sobre nosotros y el poder inenarrable de Su Brazo.

 

El “lema” que compila el mensaje del salmo reza así: “Que tu חָ֫סֶד [chessed] “Misericordia” Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti” (v.22). Esta palabra hebrea arrastra consigo una idea suplementaria, no sólo se refiere a la conmoción de Sus Entrañas ante nuestra debilidad y nuestros fracasos, sino que adjunta el hecho de que Él lo ofreció, al pactar Alianza con nosotros, y ya sabemos que Él permanece fiel a Sus Promesas.

 

Jn 20, 11-18

Noli me tangere (Jn 20, 17)

No es lo mismo tocar, pongamos por caso, la superficie de una tabla para comprobar su suavidad que, tocar la mejilla de la persona amada. Al tocar la madera la sensación es unilateral, solo siente el que toca. Pero al tocar a una persona, podemos introducir una emoción, o al menos una sensación en el destinatario del contacto. En este caso, el “toque” es más que simple toque, el toque se vuelve “mensaje”.


En griego es Μή μου ἅπτου [me mou aptou] “No me retengas”, “no te me apegues”. La palabra ἅπτου significa tocar a alguien de manera que al tocarlo lo cambia, o le hace cambiar su propósito, su decisión, “lo hace desistir”; es un contacto que “compromete”, o que “frena”. El amor fácilmente deviene “apego”, que consiste en la incapacidad para desprenderse.

 

Amar no es “poseer”, no es “agarrar”. Definitivamente hay maneras de tocar y de “tocar”. Ya en el pasaje de la hemorroisa nos encontramos con una diferencia sustancial que Jesús implica, entre el contacto de los muchos que lo tocan y el tacto del κρασπέδου [kraspedou] contacto hecho al tocar el “borde del manto” para “sacar de esa fuente poder sanador”, que es el contacto que hace la mujer que arrastraba su dolencia ya 12 años (Lc 8, 43-48) (y no es por el uso de un verbo diferente, que siempre es el mismo ἅπτομαι). La diferencia ha de buscarse en la propia pregunta que los discípulos le dirigen a Jesús, aun cuando para ellos “toque” es “toque”, y no ven ninguna diferencia. Es clarísimo que para Jesús la hay, este otro toque tiene una determinada “intencionalidad” y no pasa desapercibido para el Señor.

 

El borde del manto “talit” (manto de oración utilizado en el judaísmo) en hebreo se llama צִיצִת [tzitzit] “fleco”, “borla”, y son unos nudos especiales -8 hilos (formados al pasar 4 hilos dobles) y 5 nudos dobles- en el manto judío, que evocan los Mandamientos.

 

 Aquí también habrá que esmerarse en saber que significa esta “prohibición” que establece Jesús a María de Magdala. Continuemos leyendo el versículo, para co-textualizar la frase: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”. ¿Cómo interpretamos esta afirmación? Dios es de cada uno, pero, a la vez, de todos los demás, mío y de todos ustedes. Por eso no trates de “capturarlo”, no pretendas “enjaularlo”, Él-Es totalmente Libre, su amor es de cada quien como si cada uno fuera el único, pero nadie lo tiene en exclusividad. ¡Atentos a esto cuando digamos “Dios mío”!

 

En este verso 17, está el prodigio de Su Amor, que llena todo, pero no se agota jamás, que envuelve en Su Abrazo con Infinita Ternura, hasta hacer que seamos conscientes de ser Amados-Sin-Límites, pero es tal Su Grandeza que todos los otros sentirán igualmente como si fueran los únicos-amados; pero esa consciencia de enormidad amorosa, espera que reconozcamos que todo prójimo es un hermano, igualmente amado con Amor Indescriptible, con Amor especial, con Amor personalizado, Justo a la medida. Así que hay que prestar mucha atención a la enseñanza de San Pablo: “El amor … es χρηστεύεται [krestenetai] “bondadoso”, οὐ ζηλοῖ [ou zeloi] “no es envidioso”, “no es celoso” … (1Cor 13, 4bc). No envidiemos a nadie, reconozcamos que todos somos Infinitamente Amados en el Amor de un Padre que alcanza para todos y que a nadie excluye.

 

Caigamos en la cuenta que, a través de los siglos, hemos comulgado, y el “Pan de Vida” no se ha agotado, ¡ni se agotará jamás! porque el Amor es así, ¡cuanto más se dona, más abundante es! ¿No nos ha pasado? Que cuanto más amamos a alguien, ¡más grande se vuelve ese Amor!


En esta perícopa Jesús es el Maestro del Amor.

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