jueves, 23 de julio de 2026

Viernes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jr 3, 14-17

Dios que se queja del abandono de su pueblo… Dios que se indigna por la irresponsabilidad de sus pastores y de los malos gobernantes.

José Luis Caravias, s.j.

Este pueblo al que se dirige Jeremías, nombre que significa “exaltación del Señor”, “Yahweh eleva”, -se ha dicho que, si hubiera que añadir a su escudo una frase que lo caracterizara, esta sería, “terror por doquier”-, es un pueblo que tiene Dueño: le pertenece al Mesías, específicamente, al Mesías que se adora en Jerusalén. La perícopa está enmarcada en el tramo Bíblico de los capítulos 1,1-25,14; que contiene Mensajes proféticos sobre Judá e Israel, sin embargo, fijándonos bien en la perícopa, se asume que el Templo ya fue destruido y el arca de la Alianza, desapareció.

 

Dicen los estudiosos que está obra fue encontrada y recompuesta con los trozos hallados, de la mejor manera que entendió su editor. El propio Libro nos dice que hubo una primera edición y que posteriormente Baruc rescató lo que él, como amanuense, había compilado antes. Pero, los fragmentos de los rollos que dieron origen a la versión que conocemos, estaban en desorden, así que fueron ensamblados, repetimos, de la mejor manera que entendió este editor.

 

En la perícopa de hoy, a Jeremías le importa mucho menos esta destrucción y la desaparición del arca, porque visualiza, que cuando regresen “schub” (en este caso no sólo remite al regreso, sino que alude a la reconstrucción) del destierro, los nuevos gobernantes serán “pastores” justos y rectos que constituirán la Jerusalén reconstruida -toda ella- será una Nueva Arca, será la Ciudad Arca-por-excelencia. donde resplandecerá el “Trono de Yahweh”.

 

Estas ideas nos llevan a posicionar la perícopa como final de esta primera sección, “Israel ha sido infiel al Señor”, a la que nos hemos venido refiriendo. El verso 18, actúa como un puente que retomará la denuncia d la idolatría de Israel.

 

¿Qué les pide el Señor? La palabra es contundente: שׁוּב [shub] “volved”, que en hebreo entraña el sentido de “regresar” inclusive “una vez más”. No volverán todos, habrá una especie de colado, de selección, allí donde haya dos uno se quedará y solamente el otro volverá. Ellos sufrían muy dolidos por el Arca de la Alianza que había desaparecido (desapareció en el año 587 a.C., tras la invasión de los babilonios a Jerusalén y la destrucción del Templo de Salomón); pero la profecía anuncia que ya no se la volverá a mencionar porque tendrá sustituto en la Ciudad-entera-de-Jerusalén, el Señor da su Palabra que no les “hará falta”.

 

Se reconciliarán las tribus y el imperio se reunificará, ya no habrá un reino del norte y uno del sur. Pero esta profunda reconciliación supone una muy sincera “conversión”, exige un nuevo comienzo. Dios aparentemente arrasa, pero no para destruir, sino para recrear: para dar paso a un “Nuevo Principio”.

 

La idolatría que ha generado esta ruptura de la Alianza estriba en que ellos han aceptado a Baal (que significa “dueño”); el Señor los corrige y las hace saber que Él es su Único Dueño. (Cfr. Jr 3, 14).

 

En el Arca de la Alianza estaba la Presencia del Señor, -hay un juego de ideas que simboliza que la Presencia de Dios está en su “Ley”- “Su Ley” son las “Tablas que Moisés recibió en el Sinaí”, las tablas estaban guardadas en el Arca, por tanto, perder el Arca era perder la Presencia. Pero la profecía asegura que los hará “volver” a Sion. Donde Dios tiene su Trono.


Dios entregará su Presencia no mediada por ningún objeto, sino que se percibirá su Presencia-Directa-Personal.

 

Sal Jr 31, 10. 11-12ab. 13

Naciones, escuchen la Palabra del Señor

y anuncien en las costas lejanas:

‘El Señor dispersó a Israel

Pero lo reunirá y lo cuidará como cuida el pastor a sus ovejas.

Jr 31, 10

Los capítulos 25, 15 – 45,5 forman la segunda parte del libro de Jeremías que para su estudio se ha dividido en 4 partes. Pero, dentro de esa unidad de relatos biográficos y anuncios de la salvación, se ha injertado un librito poético autónomo, que está constituido por once poemas, que guardan relación muy estrecha con el ambiente del libro de la consolación del Deutero-Isaías (caps. 40-55). La perícopa que trabajamos hoy está tomada del séptimo poema que comprende Jr 31, 10-14.

 

Este poema toma como escenario el Mediterráneo y ambienta en él un ideal mesiánico. El rebaño disperso es pastoreado por el “Pastor de Almas” que las lleva a abrevar en fuentes tranquilas, donde constituye un rebaño único.


En la primera estrofa afirma que Él Mismo que dispersó a Israel, ahora lo reunirá (reconstruirá).

 

En la segunda estrofa dice que el punto de convergencia de los dispersos será el territorio de Jerusalén (Sion).

 

Todos gozarán y se regocijarán de este regreso, jóvenes, viejos y doncellas, habrá alivio de las penas, lo que era tristeza, ahora resplandecerá como gozo.

 

En el responsorio seguimos trabajando la Imagen de Dios comparándolo con un Pastor que maximiza sus cuidados por el rebaño

 

Mt 13, 18-23

Lo importante es producir, no importa cuánto, porque el Señor ve el esfuerzo que nosotros ponemos. A cada uno se le exigirá de acuerdo a los talentos que recibió.

Milton Jordán Chigua

Jesús, ahora, pasa a explicarles la parábola del Sembrador a sus discípulos. Se cuenta como una explicación dada por el propio Jesús, los estudiosos ofrecen múltiples razones para pensar que su autoría corresponde a la Iglesia temprana, y -al mirar atentamente- vemos diferencias muy notorias respecto de la parábola originalmente narrada, especialmente en lo pertinente a los énfasis. Donde el énfasis original se orienta al sembrador y al resultado en cuanto a eficiencia productiva; ahora, por el contrario, la mirada se enfoca especialmente en los tipos de suelo, reflejando lo que les pasaba en la iglesia naciente y en las variadas clases de reacción de los “destinatarios del Anuncio” expresados aquí como cuatro clases de suelo:

1)    Se escucha, pero no se entiende.

2)    Los que escuchan la Palabra, pero carecen de raíces, y acogen el Anuncio con alegría inconstante.

3)    El que escucha, pero los afanes y el hambre de enriquecimiento lo hace quedar estéril

4)    Los que escuchan y dan fruto.


Para el primer caso, la mundanidad es el enemigo: El ruido estrepitoso y el encandelillamiento de tanto reflector. ¡Pongamos el equipo a todo full, y que todos los vecinos queden sordos!

 

El segundo caso, es la devoción que se da en un ambiente proclive, por ejemplo, mientras se estudia en un colegio regentado por religiosos, pero una vez se sale del invernadero, todas las plántulas se achicharran. Después siempre se podrán inventar pretextos para achacarle la culpabilidad a esos “monjes retrógrados”.

 

El tercer caso corresponde a los que asisten condicionados a un breve tiempo, por ejemplo, aceptan sacramentalizarse, a acceden así sea a regañadientes a un retiro espiritual; pero rehúsan cualquier compromiso más constante con la Iglesia y su vida de fe se limita a la Eucaristía, muy de vez en cuando.

 

Esto no es un retrato del pasado, no es un cuentito de alguna remota época, una imagen exclusivamente pintada en aquellas eras cuando nacía la Iglesia; y no, no se trata del pasado remoto, es el retrato más actual, cuando sólo se quiere tomar parte en una religión “light”. La imagen, en realidad refleja nuestro “hoy en día”. De nuestro tiempo tan febrilmente ocupado no queda ni un segundo para cuestiones “religiosas”: ¡Dios sabe que lo amo, pero sabe también que vivo muy ocupado!

 

¡Si sólo cambiáramos un poco -nos dicen ellos- que no fuera con órgano, sino con guitarra, ahí sí iríamos! Nos prometen.

 

En fin, la cosecha es así, escasa, mínima, hasta que toda ella cae en el olvido. ¡eran cosas de los abuelos! De las que yo participe en mi niñez, pero la vida adulta no da margen para esas “tonterías”. Además, la semana es tan extenuante que el Domingo es el único día para “descansar”.

 

Así las cosas, nuestro terreno es el más árido, y la cosecha… Bueno, con el trigo recogido, no alcanza ni para una galletita. Por favor, no vayan a prender el horno, que ¡no hay con qué!


Por el contrario, nos parece conveniente, antes de negarnos a jugarnos nuestro trigo -así sea poco- en un amasijo, detengámonos a reflexionar lo que hemos dicho en la Oración Colecta: «Dios Todopoderoso y Eterno ayúdanos a llevar una vida, según tu Voluntad, para que podemos dar abundancia de frutos de buenas obras en Nombre de tu Hijo predilecto». 

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