Jr 3, 14-17
Dios que se queja del
abandono de su pueblo… Dios que se indigna por la irresponsabilidad de sus
pastores y de los malos gobernantes.
José Luis Caravias,
s.j.
Este
pueblo al que se dirige Jeremías, nombre que significa “exaltación del Señor”,
“Yahweh eleva”, -se ha dicho que, si hubiera que añadir a su escudo una frase
que lo caracterizara, esta sería, “terror por doquier”-, es un pueblo que tiene
Dueño: le pertenece al Mesías, específicamente, al Mesías que se adora en
Jerusalén. La perícopa está enmarcada en el tramo Bíblico de los capítulos
1,1-25,14; que contiene Mensajes proféticos sobre Judá e Israel, sin embargo,
fijándonos bien en la perícopa, se asume que el Templo ya fue destruido y el arca
de la Alianza, desapareció.
Dicen
los estudiosos que está obra fue encontrada y recompuesta con los trozos
hallados, de la mejor manera que entendió su editor. El propio Libro nos dice
que hubo una primera edición y que posteriormente Baruc rescató lo que él, como
amanuense, había compilado antes. Pero, los fragmentos de los rollos que dieron
origen a la versión que conocemos, estaban en desorden, así que fueron
ensamblados, repetimos, de la mejor manera que entendió este editor.
En
la perícopa de hoy, a Jeremías le importa mucho menos esta destrucción y la
desaparición del arca, porque visualiza, que cuando regresen “schub” (en este
caso no sólo remite al regreso, sino que alude a la reconstrucción) del
destierro, los nuevos gobernantes serán “pastores” justos y rectos que
constituirán la Jerusalén reconstruida -toda ella- será una Nueva Arca, será la
Ciudad Arca-por-excelencia. donde resplandecerá el “Trono de Yahweh”.
Estas
ideas nos llevan a posicionar la perícopa como final de esta primera sección,
“Israel ha sido infiel al Señor”, a la que nos hemos venido refiriendo. El
verso 18, actúa como un puente que retomará la denuncia d la idolatría de
Israel.
¿Qué
les pide el Señor? La palabra es contundente: שׁוּב
[shub] “volved”, que en hebreo entraña el sentido de “regresar” inclusive “una
vez más”. No volverán todos, habrá una especie de colado, de selección, allí
donde haya dos uno se quedará y solamente el otro volverá. Ellos sufrían muy
dolidos por el Arca de la Alianza que había desaparecido (desapareció en el año 587
a.C., tras la invasión de los babilonios a Jerusalén y la destrucción del
Templo de Salomón); pero la profecía anuncia que ya no se la volverá a
mencionar porque tendrá sustituto en la Ciudad-entera-de-Jerusalén, el Señor da
su Palabra que no les “hará falta”.
Se reconciliarán las
tribus y el imperio se reunificará, ya no habrá un reino del norte y uno del
sur. Pero esta profunda reconciliación supone una muy sincera “conversión”,
exige un nuevo comienzo. Dios aparentemente arrasa, pero no para destruir, sino
para recrear: para dar paso a un “Nuevo Principio”.
La idolatría que ha
generado esta ruptura de la Alianza estriba en que ellos han aceptado a Baal
(que significa “dueño”); el Señor los corrige y las hace saber que Él es su
Único Dueño. (Cfr. Jr 3, 14).
En el Arca de la Alianza
estaba la Presencia del Señor, -hay un juego de ideas que simboliza que la
Presencia de Dios está en su “Ley”- “Su Ley” son las “Tablas que Moisés recibió
en el Sinaí”, las tablas estaban guardadas en el Arca, por tanto, perder el
Arca era perder la Presencia. Pero la profecía asegura que los hará “volver” a
Sion. Donde Dios tiene su Trono.
Dios entregará su Presencia no mediada por ningún objeto, sino que se percibirá su Presencia-Directa-Personal.
Sal
Jr 31, 10. 11-12ab. 13
Naciones, escuchen la
Palabra del Señor
y anuncien en las
costas lejanas:
‘El Señor dispersó a
Israel
Pero lo reunirá y lo
cuidará como cuida el pastor a sus ovejas.
Jr 31, 10
Los
capítulos 25, 15 – 45,5 forman la segunda parte del libro de Jeremías que para
su estudio se ha dividido en 4 partes. Pero, dentro de esa unidad de relatos
biográficos y anuncios de la salvación, se ha injertado un librito poético
autónomo, que está constituido por once poemas, que guardan relación muy
estrecha con el ambiente del libro de la consolación del Deutero-Isaías (caps.
40-55). La perícopa que trabajamos hoy está tomada del séptimo poema que
comprende Jr 31, 10-14.
Este
poema toma como escenario el Mediterráneo y ambienta en él un ideal mesiánico.
El rebaño disperso es pastoreado por el “Pastor de Almas” que las lleva a
abrevar en fuentes tranquilas, donde constituye un rebaño único.
En la primera estrofa afirma que Él Mismo que dispersó a Israel, ahora lo reunirá (reconstruirá).
En
la segunda estrofa dice que el punto de convergencia de los dispersos será el
territorio de Jerusalén (Sion).
Todos
gozarán y se regocijarán de este regreso, jóvenes, viejos y doncellas, habrá
alivio de las penas, lo que era tristeza, ahora resplandecerá como gozo.
En
el responsorio seguimos trabajando la Imagen de Dios comparándolo con un Pastor
que maximiza sus cuidados por el rebaño
Mt
13, 18-23
Lo
importante es producir, no importa cuánto, porque el Señor ve el esfuerzo que
nosotros ponemos. A cada uno se le exigirá de acuerdo a los talentos que
recibió.
Milton
Jordán Chigua
Jesús, ahora, pasa a explicarles la parábola del Sembrador a
sus discípulos. Se cuenta como una explicación dada por el propio Jesús, los
estudiosos ofrecen múltiples razones para pensar que su autoría corresponde a
la Iglesia temprana, y -al mirar atentamente- vemos diferencias muy notorias
respecto de la parábola originalmente narrada, especialmente en lo pertinente a
los énfasis. Donde el énfasis original se orienta al sembrador y al resultado
en cuanto a eficiencia productiva; ahora, por el contrario, la mirada se enfoca
especialmente en los tipos de suelo, reflejando lo que les pasaba en la iglesia
naciente y en las variadas clases de reacción de los “destinatarios del
Anuncio” expresados aquí como cuatro clases de suelo:
1) Se
escucha, pero no se entiende.
2) Los
que escuchan la Palabra, pero carecen de raíces, y acogen el Anuncio con
alegría inconstante.
3) El
que escucha, pero los afanes y el hambre de enriquecimiento lo hace quedar
estéril
4) Los
que escuchan y dan fruto.
Para el primer caso, la mundanidad es el enemigo: El ruido estrepitoso y el encandelillamiento de tanto reflector. ¡Pongamos el equipo a todo full, y que todos los vecinos queden sordos!
El segundo caso, es la devoción que se da en un ambiente
proclive, por ejemplo, mientras se estudia en un colegio regentado por
religiosos, pero una vez se sale del invernadero, todas las plántulas se
achicharran. Después siempre se podrán inventar pretextos para achacarle la
culpabilidad a esos “monjes retrógrados”.
El tercer caso corresponde a los que asisten condicionados a
un breve tiempo, por ejemplo, aceptan sacramentalizarse, a acceden así sea a
regañadientes a un retiro espiritual; pero rehúsan cualquier compromiso más
constante con la Iglesia y su vida de fe se limita a la Eucaristía, muy de vez
en cuando.
Esto no es un retrato del pasado, no es un cuentito de alguna
remota época, una imagen exclusivamente pintada en aquellas eras cuando nacía
la Iglesia; y no, no se trata del pasado remoto, es el retrato más actual,
cuando sólo se quiere tomar parte en una religión “light”. La imagen, en
realidad refleja nuestro “hoy en día”. De nuestro tiempo tan febrilmente
ocupado no queda ni un segundo para cuestiones “religiosas”: ¡Dios sabe que lo
amo, pero sabe también que vivo muy ocupado!
¡Si sólo cambiáramos un poco -nos dicen ellos- que no fuera
con órgano, sino con guitarra, ahí sí iríamos! Nos prometen.
En fin, la cosecha es así, escasa, mínima, hasta que toda
ella cae en el olvido. ¡eran cosas de los abuelos! De las que yo participe en
mi niñez, pero la vida adulta no da margen para esas “tonterías”. Además, la
semana es tan extenuante que el Domingo es el único día para “descansar”.
Así las cosas, nuestro terreno es el más árido, y la cosecha…
Bueno, con el trigo recogido, no alcanza ni para una galletita. Por favor, no
vayan a prender el horno, que ¡no hay con qué!
Por el contrario, nos parece conveniente, antes de negarnos a jugarnos nuestro trigo -así sea poco- en un amasijo, detengámonos a reflexionar lo que hemos dicho en la Oración Colecta: «Dios Todopoderoso y Eterno ayúdanos a llevar una vida, según tu Voluntad, para que podemos dar abundancia de frutos de buenas obras en Nombre de tu Hijo predilecto».





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