miércoles, 15 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

Is 26, 7-9. 12. 16-19

La tierra que a través de las tumbas es devoradora de hombres, fecundada por el rocío y la luz celestiales, vuelve a ser madre fecunda de seres vivos.

Gianfranco Ravasi

 

Viene a nuestra memoria la imagen de una persona totalmente zambullida en el periódico. Para muchas personas, leer el periódico de cabo a rabo era algo más que una obligación moral. También recordamos “profesores” que nos hablaban de esa responsabilidad: La responsabilidad moral de estar bien enterados de cómo giraba el mundo, y de no quedarnos encerrados en nuestro provincianismo.

 

Al lado de esta imagen, está el preciso momento en que la persona levantaba la vista del “diario” y con sorpresa descubría “otra realidad”, la que estaba transcurriendo directamente frente a sí, pero que, había permanecido oculta tras el telón del “impreso noticioso”. ¡Se trata de un salto “olímpico” de una realidad a otra!

 

Bueno, esta introducción está motivada por la función social que desempeña el “profeta”: ¡hacernos levantar la vista y que podamos ver lo que tenemos ante nosotros! Y, además, desengancharnos del inmediatismo y proyectar la visión para “trascender”, que seamos capaces de contestarnos a la pregunta, ¿en dónde estamos? Y ¿para dónde vamos?

 

Está muy claro que el profeta ni cree ni piensa que él sea un adivino. Tampoco se sienta a “soñar” futuros para poner en circulación sus desvaríos personales. Está bien claro que este fenómeno, que llamamos “profetismo”, responde a la Voluntad Divina, de darnos los elementos decisivos que conduzcan a nuestra Salvación.

 

No podemos clavarnos de cabeza en una perspectiva solamente humana, ni un periódico, ni la televisión, ni las diversas pantallas que sitian nuestra vida. Para trazar nuestro derrotero y elegir entre nuestras opciones, es preciso recibir una pauta iluminadora, algo así como unos “binoculares trascendentales” que nos auxilien hacia una panorámica que se pueda enfocar y entretejer con los hilos de la Economía Salvífica. Ayer hablábamos de cómo el haz de hilos de la historia -en último término- está en las Manos de Dios. ¡Hay que tomar la decisión de levantar los ojos y mirar “más allá”!

 

¡La fe acude en nuestro auxilio! Hay elementos escatológicos que se nos prodigan, ¡Todo es Gracia! Para que tengamos un claro enfoque telescópico y podamos captar una perspectiva allende nuestras propias narices. Uno, cuando hace esta reflexión, de lo primero que se da cuanta es de nuestras limitadas perspectivas. A nivel físico, podemos usar un drone, o todavía mejor, conectarnos a un satélite para tener una “perspectiva” más amplia. ¡Eso en lo inmanente!  Pero para la mirada trascendente, ¿cómo expandir nuestra óptica?

 

No estamos hablando para nada de “bolas de cristal”, el instrumento al que hacemos referencia está muy por fuera de estas fruslerías. Se trata, más bien, del género apocalíptico que desentraña las “tendencias” y las “dinámicas internas” que germinan en el seno del trascurrir histórico: y así, poder penetrar en el eje del “devenir”, y no entender la realidad como un ir y venir caótico que en su incomprensibilidad nos arrebata hacia la desesperación, hacia la angustia.  La historiografía que anida en el corazón del creyente lo sostiene exento del desespero, porque le permite ver que hay un “Sentido” detrás de lo que está pasando que no está sujeto ni al azar, ni a la fatalidad.

 

Recordemos que la profecía le entregó a Ajaz una “promesa”, pero esta no estaba sujeta a su cumplimento al pie de la letra, sino que dependía de la “fe”, de una confianza superior, de una aceptación a ultranza para dejarle a Dios las Manos libres. Y -lo que hemos visto, nos descubre que el “haz de las fibras históricas” entreteje el futuro con la política y la lógica contextual. Ajaz optó por venderse a Tiglat Pileser el asirio -quien se declaraba “rey del universo”, asumió todo cuanto le impuso a Jerusalén. Además, ofreció en holocausto a su propio hijo.

 

Ante todo, llover sobre mojado: No es que Dios sea algún tipo de entidad vengativa. Cuando uno tuerce las leyes morales, lo que hace es una “nueva composición vectorial” que le da el garrotazo en la cabeza. No es que Dios coja el bate y juegue béisbol con nuestras cabezas, es que nosotros mismos -con nuestra demencial urdimbre- nos volvemos chiflados y cogemos el bate para tratar de hacer home run con nuestra propia cabeza.

 

La perícopa de hoy, proviene del Apocalipsis mayor de Isaías, que abarca los capítulos 24-27. Este apocalipsis toca los temas

a)    El juicio divino lleva su merecido -la demencia- a los rebeldes que dan la espalda a la ley moral que nos resguarda.

b)    La “naturaleza” -en este caso es un nombre que le damos a las fuerzas dañinas que, nos perjudicaran, algo así como pagarle a un ejército de mercenarios para que “nos dañen a nosotros mismos”- esas fuerzas que desatamos con nuestro desvarío, intervienen y se vuelcan a consecuencia de nuestra rebeldía.

c)    El “pequeño resto” se encarga de anidar en sí, el germen de la “promesa”, y garantiza su cumplimiento. Serán el equivalente de los que se salvaron en el Arca de Noé para reiniciar una “nueva Creación”.

d)    Un Gran banquete inaugurará El Reino Definitivo de Dios.

Podríamos intitular la perícopa de hoy como el “canto de la Resurrección”, la Biblia de Jerusalén lo intitula “Canto de la Victoria”. Todo lo que parecía reducido a cadáver, se alzará, reanimado por la acción de Dios que, Isaías muestra como un טָל [tal] “Rocío de Luz”, un “Rocío Luminoso” que expulsará la muerte.

 

Sal 102(101), 13-14 y 15. 16 y 18. 19-21

Se trata de un salmo Penitencial. Nadie está en una fase más desesperanzadora que quien vive en pecado. Este es un salmo de súplica. ¡El penitente ruega!

 

Es consciente que, a pesar de la ruina presente, El Señor perdura Eternamente y le pide que prontamente se Alce y muestre Su Misericordia. Tiene ante sí la Jerusalén derruida, pero es capaz de alzar la vista sobre los escombros y descubrir el Rocío Luminoso y Su Poder Resucitador.

 

Descubre -con su mirada apocalíptica- que Dios es un Dios-Reconstructor y que Sion no permanecerá en su actual estado, en ruinas.

Y deja constancia escrita, para todas las generaciones futuras, que Dios puso su mirada en Jerusalén y no perdurará como sólo escombros, sino que Dios que la Mira desde Su Excelso Santuario en el Cielo, escucha el gemido de los cautivos y libra a los condenados a muerte.

 

Dios no tiene miradas furtivas, cuando Dios obra -así sea sólo dirigiendo su Mirada- la Bondad de Su Mirada dura por Siempre. Eso es lo que declara la antífona del Salmo de hoy.

 

Tu permaneces por siempre,

y tu Nombre de generación en generación.

Levántate y ten Misericordia de Sion,

que es hora y tiempo de Misericordia.

Tus siervos aman sus piedras,

Se compadecen de sus ruinas.

Los gentiles temerán tu Nombre;

Los reyes del mundo tu Gloria,

cuando el Señor reconstruya Sion

y aparezca en su Gloria.

 

Mt 11, 28-30

Paraos en los caminos, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno y andad por él y encontrareis sosiego para vuestras almas”.

Jr 6, 16


El tema del yugo, nos lleva a la imagen del dispositivo agrícola para arar. Por medio de él, la misión de llevar el arado, no le corresponde a uno solo, sino que hay “otro” que hala y entre los dos remolcan el peso y la dificultad de ir roturando la tierra. Automáticamente, acude a la mente el “envío” que hace Jesús a sus apóstoles, para que vayan de dos en dos. ¡Aprended a conllevar la carga! ¡A llevarla entre juntos! ¡Aprended a caminar y arar sinodalmente!

 

La sinodalidad tiene que ver con un aprender a trabajar juntos, no en soledad, no en aislamiento, sino cooperando uno con otro. No necesariamente sólo con otro, pero ese es el mínimo para constituir una célula “evangelizadora”.

 

Ahora, tengamos presente que en esta parte del Evangelio Mateano que estamos trabajando Jesús ha llamado a personas que quieran venir a trabajar en la edificación del Reino, Los ha invitado a ser cooperadores, y no les oculta que ir con “otro” y compartir la tarea, implica saber “colaborar” llevando el yugo, y que no pocas veces, ir lado a lado con “otro”, conlleva roces, discrepancias, diferencias “estilísticas”, perspectivas diferentes.

 

«Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de “los pobres en espíritu”, para reconocer que nos somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarlo, escucharlo, hablarle» (Papa Francisco).

 

El Señor verdaderamente sostiene su Misericordia y su Bondad por siempre. Jesús hoy nos muestra su Abrazo compasivo; se da un reconocimiento de nuestra fragilidad por parte de Dios, y a esa condición Él responde con su “Abrazo Reconfortante”.

 

Llama y prodiga su acogida a todos los que están agobiados y les ofrece su alivio. Alivio es comprender que el rostro del “otro” -del que nos Acompaña- siempre esconde el propio Rostro de Jesús que nos está ayudando a arrastrar el peso, la carga. (Tomemos como símil, la sociedad conyugal).

 

Dios no se apega a los cultos legalistas, que se convierten en extensas restricciones y prolijas legislaciones, excesivas en minucias y pendientes de detalles mínimos. La religión que traduce en yugo la ley, esa no es la religión que anuncia el Evangelio. En vez del farrago legalista, lo que nos encontramos al entrar en su Abrazo es la Mansedumbre y la Humildad de Su Corazón. Y la acogida del “Descanso”, que más que tregua es “Alivio”.

 

Sin embargo, no se trata de inventar mandamientos nuevos, ni de abolir las enseñanzas primeras, por eso Jeremías nos llama a “averiguar por los senderos antiguos”, porque desde el Principio Dios nos ha dado pautas para llevar el yugo cooperativamente.

 

La palabra yugo proviene del latín iugum, que se deriva del indoeuropeo yeug-, y que traduce "unir". Lo que pasa es que se le ha unido una connotación negativa de “incomodidad”, de “trabajo pesado”. Pero su significado primigenio es la “unión”. Contra una tradición farisaica, la propuesta de Jesús es la de un “Yugo liviano”. ¿Con qué palabra podríamos traducir “yugo” en el lenguaje de Jesús? ¡Nos parece que la palabra “Amor” vendría bien! Amor es una palabra que limpia y barre totalmente la connotación negativa.

 

A veces nos ha parecido que podría hablarse de “dulzura”, “afabilidad”, “ternura”, pero preferimos quedarnos con Amor. El yugo que nos propone Jesús es puro amor, sin embargo, hasta la mayor dulzura tiene sus aristas: “Las espinas tiene rosas”!!! Lo hemos oído cientos de veces (aun cuando por lo general, organizado al revés).


¡No es solamente llevar el “palo” ese, ahí maltratando la nuca! Es recordar que, la barra de madera nos une precisamente con Jesús que va del otro lado, ayudándonos a sobrellevarla con amortiguamiento de su peso. La Justicia que conlleva la construcción del Reino, también tiene sus propias talladuras: ¡Pero -con Jesús- son peso liviano y llevadero! 

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