viernes, 17 de julio de 2026

Sábado de la Décimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 

Miq 2, 1-5

La urgencia de avanzar en la edificación del Reino de Justicia

Una de las pesadillas de Miqueas fueron los falsos profetas… el falso profeta es interesado y cobarde, porque cede a los deseos y caprichos de sus oyentes; el profeta verdadero es desinteresado y valiente, porque está investido de una fuerza superior. El desinterés es condición de valentía. Dios no quiere halagar, sino denunciar para convertir.

Luis Alonso Schökel

 

Hoy damos inicio a un brevísimo cursillo -un curso relámpago, con sólo tres sesiones; sobre el profeta Miqueas. En este profeta, del reino de Judá, de origen campesino, proveniente de Moréshet​ una pequeña aldea de la fructífera llanura de Sefelá a unos 30 kilómetros al suroccidente de Jerusalén, encontramos, un sentido de continuidad con relación al proto-Isaías, podríamos -inclusive- visualizarlo como un discípulo. Se trata de un profeta de denuncia social, que apunta su dedo acusador hacia la expoliación de tierras y plantíos, le denuncia de los aparatos de explotación (estructuras de poder) y la corrupción imperante.

 

Son ejes de su denuncia

a)    Los abusos

b)    La violencia como recurso de explotación

c)    La exacerbación de la pobreza: proceso de pauperización

d)    El atropello del campesinado.

 

La perícopa de hoy denuncia a los que traman crímenes y planean acciones pérfidas. Dice que se acuestan a urdir sus insidias y madrugan a implementarlas. Luego señala -desenmascarando la expoliación de las tierras- que desean los campos y las casas y se adueñan de ellas. Se concentran en hacer blanco a los cabezas de familia para clavar en ellos el colmillo explotador.

 

El Señor no se queda indiferente, y declara por boca del profeta que también Él ha pensado como corresponder, con su Brazo, a tanta felonía, y les advierte que les van a sobrevenir “malos tiempos”. Los tiempos de vacas flacas no se deben a contingencias agropecuarias sino a la ruptura de la Alianza. Nosotros solemos interpretar estos fenómenos de escasísima productividad como avatares climáticos y nos gusta achacárselos a la lluvia o a la sequía, a los vientos y a otros diversos fenómenos atmosféricos antes que tener que reconocer nuestro derrumbe moral.

 

Lo que ellos han hurtado, vendrá el momento en que sea nuevamente repartido y los terrenos asignados y loteados, irán en demérito de sus propiedades, por ser posesiones mal-habidas. En la Asamblea-de-Dios, ante el Tribunal Divino, nadie las asignará ni un pobre terruño, y esa será la paga recibida por tanta iniquidad.

 

Si uno continúa leyendo encontrará que denuncia a los que se adueñan de los mantos y las túnicas, porque su campaña de despojo no se fijaba que el pobre padecía desnudez y desabrigo. También los acusa de comerse la carne de “mi pueblo”, porque el Señor se pone como גּוֹאֵל Go-el “la persona que puede tomar la justicia por su mano con el fin de vengar a quien atenta contra un ser amado, puede tratarse del pariente más cercano que tenía la responsabilidad legal y moral de rescatar a su familia, lo que incluía ayudar a su pariente endeudado liberándolo de la esclavitud, volver a adquirir las tierras familiares perdidas, o vengar su asesinato”; asumiendo la defensa del que no tiene quien los defienda.

 

El profeta dirige el ojo acusador hacia esa campaña de explotación que hace de todo un pueblo, “carne picada para echarla en la olla del puchero”. Denuncia que ellos declaran una guerra “que llaman santa”, para que les permitan llenar sus arcas y se dejan avasallar sin chistar.


Esta es una clara muestra de la denuncia que adelanta Miqueas en su profetismo. Podemos ubicar su ministerio profético entre el 727-701 a.C. Cubriendo los reinados de Jotán, Ajaz y Ezequías.

 

Sal 85(84), 2-4. 5-6. 7-8

Estamos ante un salmo con carácter oracular. Por lo general estos salmos constan de dos partes:

-       Se pide que el oráculo sea proferido

-       Y se dicen, a consecuencia del oráculo ¿qué pasará?

 

Y, también aparece una consigna que apunta a la convicción que brota del oráculo, de que la promesa será cumplida.

 

Representa un salto en el tiempo, mientras la Primera Lectura es pre-exilica- este salmo es cuasi-post-exilico, se refiere a la autorización que dará Ciro para volver a la Patria.


Aquí el salmista descubre todas las Bondades que Dios les regala, pero observa -también- el sinfín de penalidades que los envuelven. Y se interroga si la fuetera recibida -o sea el exilio soportado- no ha aplacado aún la Ira del Señor.

 

Mirando después de estas penalidades, el salmista descubre una promesa luminosa:

“La Salvación está ya cerca de sus fieles

y la Gloria habitará en nuestra tierra”.

 

Es cierto que Dios anuncia la Paz, pero está condicionada a que el pueblo se convierta, y tiene que ser una “conversión sincera”, el salmista la llama “conversión de corazón”.

 

El salmo tiene un eje en la idea del regreso: שׁוּב [shub] "volver", en su doble acepción, ese doble sentido: volver a la patria pero, además, convertirse.

 

Mt 12, 14-21

Jesús es peligroso para aquellos que logran una buena situación a costa de la miseria de los demás.

Ivo Storniolo

Tal vez los perseguidores de siempre tenían en su pecho la opción de -usar su supuesta autoridad para acallar a Jesús- seguramente su confianza estribaba en ir paulatinamente debilitándolo hasta arrinconarlo en el silencio.


Contra ese supuesto, Jesús iba adelante. En el evangelio de ayer vimos que lo arrinconaban para tratar de obligarlo a asumir un “irresponsable e inhumano respeto del sábado”. «Al reducir el sábado a una casuística de lo permitido y de lo prohibido, se cierran los ojos ante la realidad del sábado. No es el culto con todas sus prescripciones lo que tiene que ser la medida, sino la misericordia, la piedad, lo que da consistencia al compromiso del hombre en la acción de Dios» (P. Le Poittevin-Etienne Charpentier). Jesús se encuentra de frente a los “falsos profetas”, manteniéndose firme, cuestiona la institucionalidad de una religión que quiere preservar la injusticia.

 

Mantiene su coherencia, pero no quiere liberar las fieras para acarrear su fin; al contrario, hay una especie de retirada, de pausa, en su petición de que no lo pusieran en evidencia por haber sanado a muchos. Para Jesús, esto no se trata de una campaña promocional de un detergente en caja, mucho menos de gritar consignas a tono con los intereses de los poderosos.

 

Pese a lo cual, sus maneras, su tono y su acento son los de la mansedumbre. Se aúnan la gentileza con la suavidad. Nos queda claro que nuestro estilo, que heredamos de Él, está exento de toda violencia, de cualquier amenaza y de cualquier prepotencia. Por el contrario, nuestra manera ensambla la comprensión y la paciencia.

 

Nuestro anuncio no se parece al de los comerciantes que fundan todas sus ventas en la repetición rabiosa y desesperante de su propaganda; por el contrario, confiamos en la escucha comprensiva y en la aceptación inteligente de los que tienen su corazón ajeno a las cadenas. (Los falsos profetas -con su arrogancia- nos mandan a sentarnos porque ellos creen que son más los que viven engañados y que pueden prolongar indefinidamente su farsa).

 

Cuando dice que lo seguían muchos, esforcémonos para descifrar ¿quiénes lo seguían?: eran las ovejas que andaban sin pastor, y llegaban a la consciencia de su situación.

 

Viendo que la realidad experimentaba un recalentamiento, se retiró y se marchó de allí. Su objetivo no es su muerte, pero sabe que tiene obligaciones indisolubles con la Justicia, y que su ligazón con sus valores, está por encima de las tácticas evasivas.

 

Para una Lectura correcta de estos eventos, el evangelio mateano, liga su comprensión con un pasaje del Deutero-Isaías: 42, 1-4. Cuando leemos esto, entendemos porque Jesús se definía como “manso y humilde de corazón”. Porque Jesús da entero cumplimiento a la profecía:

a)    No lo oirán -como a politiquero de turno- dando gritos en las plazas.

b)    Es una caña debilitada, pero no la quebraran

c)    Es un pabilo con apenas una chispa, pero esa chispa se vuelve claridad indeleble,

d)    El Universo entero cifra en Él su confianza.

 

«Jesús no es el juez que viene a condenar sino el siervo humilde que cumple su misión sin gritos y dejándole a cada uno su oportunidad» (P. Le Poittevin-Etienne Charpentier).

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