miércoles, 22 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jer 2,1-3. 7-8. 12-13

יִרְמְיָהוּ [Yirmeyahu] Jeremías es profeta de linaje sacerdotal, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes del reino del sur. Oriundo de Anatot, ubicada aproximadamente 5 kms. al noreste de Jerusalén, en territorio Benjaminita. Cuando aún era muy joven el Señor lo llamó al profetismo -a finales del siglo VII y comienzos del siglo VI a.C.- cuando recibió su llamamiento, Asiria estaba en pleno declive y Babilonia todavía no había recogido el Imperio desmigajado para construirse, con los restos, uno propio; además, en el oeste, Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. Gracias a la debilidad de las grandes potencias, Judá pudo gozar de la autonomía necesaria para gobernarse por sí misma. En este marco circunstancial el rey Josías adelantó los inicios de su reforma religiosa, durante su reinado se inició la recopilación y edición del Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías; el proyecto de Josías -que reinó durante treinta y un años- quedó inconcluso ante la muerte del rey en Meguido en el 609 a.C.

 

Los estudiosos de la obra Jeremaica la dividen en cuatro partes. La primera está constituida por los capítulos 1 al 25, y la componen una una serie de mensajes proféticos dirigidos a Judá y en particular a Jerusalén. Si miramos el capítulo Segundo, que es el que nos interesa hoy, podemos desglosarlo en

-Denuncia de la infidelidad de Israel vv. 1-8

-Proceso contra Israel vv. 9-13

-Consecuencias de su infidelidad vv. 14-19

-Rebeldía de Israel vv. 20-25

-El castigo merecido vv. 26-37.

 

Donde se presentan los temas cardinales del Profeta en la primera fase de su actividad:

i.              El pueblo ha abandonado a su Dios, de donde emana su vitalidad

ii.             Lo que le traerá, en consecuencia, muerte y destrucción.

Esto se le anuncia, pero todavía hay un momento de posible conversión, por eso la denuncia es una invitación al “arrepentimiento”.

 

El fragmento proclamado el día de hoy se remite a los dos primeros aspectos la denuncia de la infidelidad y el proceso que se le adelanta a Israel.

 

«Como paradigma interpretativo de su mensaje político-religioso, Jeremías nos ofrece el capítulo2, un texto rico de lirismo e intuiciones psicológicas. Felicidad nacional, ruina causada por la apostasía, invitación insistente a la conversión: es un esquema que tiene puntos de contacto con la impostación de la historiografía deuteronómica (ver Jc 2, 11-19). La tradicional imagen nupcial ambientada en el desierto (Os 2) define las relaciones religiosas: “seguir” es verbo técnico tanto del matrimonio como de la adhesión de la fe. Por ello, en el v. 3 la imagen se vuelve totalmente cúltica: Israel es realidad sagrada (ver Ex 19,6 Dt 28,9) es “primicia” en sentido cualitativo además de cronológico (Nm 18,13; Lv 22,10). Como mano profana no puede violar las cosas sagradas, así también Israel es intocable y se halla sereno bajo la protección directa de Dios.» (Gianfranco Ravasi).


 Todo el capítulo es un poema.

-Los versos 1-3 rememoran el noviazgo de Dios con su pueblo y su travesía de enamorados por el desierto.

-Los versos 4-5 convocan a la casa de Jacob para que escuchen el oráculo Divino.

-Los versos 7-8 denuncian que han tratado a Dios como si Él les hubiese fallado, en vez de clamar agradecidos a su Libertador que los sacó de la esclavitud.

-Los versos 9-11, que no se incluyen en lo proclamado, donde Dios les dice que se fijen en los pueblos idolatras y vean las consecuencias de su comportamiento por haber renunciado a gozar de la Gloria que Dios les ofrecía compartirles.

-Se concluye la Primera Lectura delatando las dos maldades que han perjudicado al “pueblo elegido”:

i)      Abandonaron a Dios que es la fuente del agua vital que vivifica sus campos y sus vidas

ii)     Se cavaron pozos agrietados que, lógicamente, son inútiles para almacenar el agua.

 

Esto es -dicho con otras palabras- abandonaron su fidelidad al Dios Altísimo y prefirieron caer en brazos de la idolatría.

 

Sal 36(35), 6-7ab. 8-9. 10-11

La vida es la esencia de todas las bendiciones que Dios da al hombre, el roce del dedo de Dios que convierte un montón de arcilla en un ser viviente y hace de una sombra inerte el rey de la Creación.

Carlos G. Vallés, s.j.

Este es un Salmo del Huésped de Yahweh. Aquí el problema está en quien puede ingresar al Templo del Señor. No es un problema de “pasaporte”. No se trata de seguir alguna tramitología. Sino de una disponibilidad, de una apertura, de un deseo de ser iluminado por la Luz Esplendente de su Rostro.

 

Hay otra manera de plantearlo: ¿Quién tiene sed de su Presencia? ¿Quién quiere gozar de su amistad? Es el deseo de recobrar esos momentos “sinodales” cuando Dios caminaba por el Jardín del Edén, "a la hora del fresco de la tarde" (Gn 3,8). Este momento íntimo solía ser aprovechado por Adán y Eva para entrar en Comunión con Él. Lo que afana al huésped es el anhelo de entrar en ese estado relacional de dialogo con su יְהוָ֥ה Señor.


La primera estrofa (vv. 6-7ab), alaba la Grandeza inconmensurable de Dios: Su Misericordia, su Fidelidad, su Justicia, la Justicia que imparte.

 

La segunda estrofa (vv. 8-9) Compara la Misericordia con un ave gigantesca cuyas alas pueden dar cobijo a toda la humanidad. No solo es vivienda y da posada, sino que es también el alimento y la bebida que nos nutre.

 

La tercera estrofa descubre dos rasgos del Dios-Anfitrión:

a)    Es מָקוֹר [makor] “fuente”, “manantial” vivo, o sea que mana constante de Él. Teológicamente hablando es “de donde mana la felicidad”: La garantía de que no se secará.

b)    Es Luz

A partir de esos dos rasgos descifra que:

a)    Es fuente de Misericordia

b)    Es Luz de Justicia para los que se esmeran en vivir la rectitud de la Justicia.

 

«Yo quiero vivir, y Tú eres la fuente de la vida. Cuanto más me acerque a ti, más vida tendré. La única verdadera fuente es la que viene de Ti, y la única manera de participar en ella es estar cerca de Ti. Déjame beber de esa fuente, déjame meter las manos en sus aguas para sentir su frescura, su pureza y su fuerza. Que las aguas vivas de ese Divino Manantial fluyan a través de mi alma y de mi cuerpo, y su corriente inunde el pozo de mi corazón. Olas de alegría en carne mortal.» (Carlos G. Vallés, s.j.)

 

Mt 13, 10-17

Jesús … usa las parábolas, que ni clavan ni dejan perder, ni acusan ni excusan, sino que simplemente, sin respeto y discreción proponen de tal modo que el que quiere comprender, cuando quiere, puede pedir explicaciones. El que no quiere, es libre de hacerlo. Pero siempre queda abierto para Él el resquicio.

Silvano Fausti

Cuando uno le habla a la gente “llamando al pan, pan; y, al vino, vino” y no aceptan darse por enterados, hay que hablarles de otra manera. No se les pueden decir las cosas directamente, entonces, hay que hacer un circunloquio para que la imagen literaria que se emplea les sea más accesible. Por ejemplo, recurriendo a “parábolas”.


Está perfectamente claro que, si uno no puede hacerle un pase directo al jugador co-equipero, habrá que imprimirle al balón una trayectoria no directa, sino “curvada”, y esta curva es lo que se denomina en geometría una parábola: En geometría, una parábola es “una curva abierta y simétrica que se obtiene al cortar un cono con un plano paralelo a su generatriz”. Olvidémoslo, eso no es importante, ni necesario. para el entendimiento de lo que queremos expresar, baste recordar aquello del pase-directo-imposible, pero hecho posible por medio de una trayectoria de curva parabólica. Gracias a la parábola, el Señor llegaba a los que no habían aceptado y recibido los μυστήρια [misteria] “misterios” del Reino de los Cielos”.

 

O sea que una parábola en el sentido lingüístico es una especie de “rodeo”, es una perífrasis para facilitar la comprensión de algo que parece complicado, comparándolo con algo fácil y cotidiano, que precisamente por ser algo usual, nos llega y nos ilumina muchísimo mejor.

 

¿Cómo dice el Señor que ellos no logran entender?

Dice que ellos:

a)    Miran sin ver y,

b)    Escuchan sin oír ni entender.

 

Aquí se nos presenta un meollo epistemológico, con la palabra “misterio”. Eso se debe a que, para nosotros, en el lenguaje corriente, “misterio” significa “enigma”, “algo prácticamente imposible de entender”, “arcano”, “inaccesible”. En cambio, para nosotros, esto quiere decir -en el lenguaje teológico- que nosotros lo hemos llegado a adquirir como “regalo de Dios”, no por esfuerzo intelectual, sino por Gracia. No es para nada “ocultación”, ni sigilo, sino algo que Dios nos “revela”. No es algo que se alcanza poniéndonos de puntillas, sino que la con la inteligencia con la que Dios nos dotó puede guardarla y atesorarla. Dios que es Luz (ver el salmo) no nos creó para mantenernos en tinieblas. ¡Él nos participa entendimiento con su Revelación!

 

Algunos estudiosos dicen que misterio es “el designio de Dios en la historia”. Nosotros preferimos verlo como la Presencia de Dios que se trasparenta para nosotros.


Aquí estamos en lo esencial de la epistemología de la fe: el conocimiento teológico es teologal: Dios mismo nos lo entrega, Él no se oculta, sino que se nos Presenta y se manifiesta. Lo más interesante es que nos otorgó la Iglesia, para que ella “personalmente” nos abriera a su Conocimiento. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario