Os 10, 1-3. 7-8. 12
Recordemos
el co-texto en el que estamos, en la parte del Libro del Profeta Oseas donde
(4,1 – 13,16) El profeta denuncia los pecados y anuncia los castigos que se
atraerá Israel. Podríamos decir que la perícopa de hoy está en la zona donde el
profeta visualiza la agonía de Israel y lo previene que “está para morir”. La
primera y mayor parte 10, 1-3. 7-8 aparecen en nuestra Biblia con el título ‘Destrucción
de los altares de Israel’, el verso 12 que cierra la perícopa pertenece a la
segunda parte del capítulo 10, que en la Biblia se titula ‘Castigo de Dios
contra Israel’. Pero en realidad anuncia y concluye afirmando que el Señor los
bañará con la Generosidad de su Justicia. En resumidas cuentas, no escaparan a
las consecuencias de sus faltas idolátricas pero el corazón de Dios aguarda a
la primera oportunidad que den para asistirlos con su צֶ֖דֶק [tsedeq] “Justicia”,
“Rectitud”, “Derecho”. ¡Sí, es cierto! el Señor no los olvida y está dispuesto
a Donarse de Nuevo, pero el corazón del hombre tiene que ser arado de nuevo y
abrir en él nuevos surcos.
El
pecado tiene un brillo, es el brillo del engaño, uno se acerca y cuando se ha
aproximado lo suficiente, entonces, descubre que es demasiado tarde para
retroceder y cae en la cuenta que es un brillo autodestructivo, que se lo traga
a uno, que lo engulle hasta conducirlo al foco de la perdición.
Nos
damos de boca con una de las imágenes más tradicionales para simbolizar a
Israel, la de la Viña: Con vides bien cargadas de las mejores uvas. Pero este
exceso, esta abundancia de frutos, son frutos de perdición porque con la
abundancia, lo que hacen, es construir altares paganos y sembrar el territorio
de estelas. Las estelas eran monumentos monolíticos, más altos que anchos; es
famosa la estela que se encontró en Ras Shamra, que representa a Ba´al como un
novillo, con figura humana, pero con cuernos, este megalito simboliza la
potencia sexual y habla de fertilidad. Estas estelas son nombradas en esta
perícopa como “piedras sagradas” y el Señor sentencia que las demolerá, que
hará crecer sobre esos monumentos -se cumplirá que ellos han sembrado la maldad
y cosecharan- los frutos de la injusticia, por haber comido los resultados de
la mentira.
A
la época de abundancia de Israel, este pueblo de dura cerviz correspondió con
idolatría, y cuanto más generosas eran las cosechas y el lujo del que gozaban,
en vez de agradecer al Señor, agudizaron su idolatría. En vez de confiar en Su
Dios jugaban cara y sello para ver si se aliaban con Asiria o con Egipto,
quebrantando así la Alianza que habían pactado con Yahweh. Verdad, Amor y
Justicia no compaginan con los valores mundanos, el materialismo, desenfreno
sexual desenfrenado, hedonismo, consumismo, corrupción y abuso de poder. El
mundo no nos ofrece nuevos valores lo que nos propone son Senderos de anomia,
su carencia, quedarnos ausentes de valores y expulsar los valores cristianos.
Dios
permitirá que los pueblos se coliguen contra ellos. El Señor ha puesto una
yunta en el hermoso cuello de su pueblo para que halen del arado y tengan que
sufrir el contrapeso del rastrillo. ¿Qué quedará de esta viña frondosa? ¿Qué harán
cuando les llegue el Día del Señor?
La
tarea que el Señor les había dado era la de sembrar justicia para que
cosecharan frutos de amor. Así irán padeciendo por su desamor. Hasta que se
cumpla el tiempo de su sanción. Sobre sus altares paganos han crecido cardos y
espinos.
La
cosecha es el fruto lógico de su idolatría. Han coronado la fidelidad con la
espinosa corona del adulterio. Tal vez la famosa alusión a la deslealtad con la
fórmula de “ponerle los cuernos”, se remonte a la imagen cornuda de Ba´al
esculpida en las estelas.
Hoy leemos: “Dirán a las montañas: ’Cúbrannos’ y a las colinas, ‘caigan sobre nosotros”. Este verso aparece citado dos veces en el Nuevo testamento en Lc 23, 30 y en Ap 6,16.
Sal
105(104), 2-3. 4-5. 6-7
… lo que protege al
pueblo de Israel no son murallas ni cercas de piedras, sino la fidelidad del
Señor. Sin esa lealtad valdrán muy poco las murallas. Brechas contra esa
fidelidad son la idolatría, la injusticia, la explotación…
Luis Alonso Schökel /
Guillermo Gutiérrez
Este
salmo es un salmo de la alianza. Como Él es nuestro Aliado, nos pide que nos
apoyemos en Él, invita a que nos guarezcamos en Él, que busquemos refugio como
si Él fuera una fortaleza amurallada, donde encontramos amparo de nuestros
enemigos.
No
es una moda, no es algo pasajero, no se trata de encomendarnos en sus Manos en
cierto momento; se trata de buscar siempre, ininterrumpidamente dirigir
nuestros ojos y mantenerlos fijos en Él, confiando todo el tiempo, toda la
vida, en Él.
La
Primera estrofa nos llama a cantarle acompañando nuestra voz con el sonido de
los instrumentos, de tal manera que nuestro canto evoque su Maravilla, que
sintamos de manera patente que Él nuestro Alcázar es Su Nombre, y que, con
nuestro canto, se alegran todas las gentes que lo buscan, que reconozcan que
van en la buena dirección porque nuestro cantar lo manifiesta.
En
la segunda estrofa se nos dice que podemos recurrir al Poder del Señor
dirigiendo nuestra mirada a su Rostro; y al mirarlo, veamos en sus facciones
claramente sus maravillas, sus prodigios, la sabiduría de toda Palabra que mane
de su Boca.
La
tercera estrofa nos vincula a la estirpe de Abraham y nos recuerda que su
Gobierno cobija a los de toda la tierra, y no se limita a alguna etnia: Él es
Dios de Toda la Tierra.
Mt
10, 1-7
Tengamos
siempre en mente cómo estructuró San Mateo su Evangelio: así como Moisés es
recordado por sus cinco discursos, así el Evangelista también asigna a Jesús
cinco discursos: hoy damos inicio al Segundo Discurso de Jesús según el
Evangelio mateano. En este Segundo Discurso -así como el Primer Discurso, el
Sermón del Monte, mostraba que el Reino de Dios tiene unas constituciones “Las
Bienaventuranzas”, que sostienen y fundamentan toda su Justicia- ahora, vemos
cómo se nos participa el Reino, recibiendo una vocación para co-laborar en la
edificación de ese Reino. Podríamos entender que Jesús, Arquitecto y Piedra Angular,
nos hace entrega del Plan General, de la economía salvífica- para que nosotros,
los obreros, nos hagamos cargo de poner todas las piedras en su respectivo
lugar.
Estamos comparando la edificación del Reino con una obra de mampostería, pero pasando a nuestro rol de “discípulos-misioneros”, nos remangamos y preguntamos: ¿qué hay que hacer? Para entenderlo tenemos que adentrarnos en esta función de “maestros de obra”, de “albañiles”.
Para
acometer la misión el Señor nos hizo entrega de autoridad para,
a) Expulsar espíritus
inmundos
b) Curar toda
enfermedad y dolencia
En
la primera fase, mientras se edifica el Primer piso no había que ocuparse de
los paganos, era la fase eminentemente judía, no siquiera estaba destinada a
los samaritanos. Sólo habíamos de dirigirnos a las “ovejas descarriadas” de
Israel.
En
ese momento, ¿cuál era el kerygma? ¡La llegada del Reino de Dios! Esa es la
médula del Anuncio. Observemos que el verbo lo hemos puesto en presente, lo que
quiere decir que se mantiene, el tema del Reino está en el corazón del Anuncio,
y ese anuncio se cimienta en unos “Pilares”
a) El Hijo de Dios se
Encarnó
b) El Hijo vivió,
predicó, obro milagros
c) El Hijo de Dios fue
perseguido y llevado a la muerte, y una muerte de cruz
d) Pero la muerte que
era una terrible injusticia cometida con Dios, no lo venció: El Hijo de Dios
Resucitó
e) Ascendió a los
Cielos, desde donde continua “cuidándonos”
f) Para guiar ese
Cuidado, le dio Alma a la Iglesia, la Tercera Persona de la Divinidad, que vino
en la Cincuentena Pascual, que en griego se llama “Pentecostés”.
Nos
“envía” a κηρύσσετε [keryssete] “proclamar”, “asumir el rol
de heraldos”; viene del verbo κηρύσσω
[kerysso] que significa “predicar”, pero con fervor, con convicción, no es ahí
un anuncio por cumplir, es ponerle todo el “cacumen”, “con alma vida y
sombrero”. Del sustantivo κήρυɣμα [kerygma]
“proclamación”, en la proclamación no cabe la tibieza, está repleta de
parresia, que es franqueza y valentía.
Muchas veces los laicos nos vemos a nosotros mismos como discípulos y dejamos de lado, inconscientemente, pensando que ya la cuestión del apostolado, del “envío”, atañe a los religiosos, los sacerdotes y los obispos. «La Iglesia no es solamente el papa y los obispos, ni tampoco el papa junto con los obispos y sacerdotes, ni siquiera el papa con los obispos, los sacerdotes y los religiosos. También los laicos son la Iglesia y tienen en ella una misión que cumplir. Una misión que les es propia e irremplazable…» (Dom Helder Câmara)





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