viernes, 10 de julio de 2026

Sábado de la Décimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

Is 6, 1-8

Iniciamos hoy un cursillo en seis secciones sobre el Proto-Isaías. Mañana tendremos una Lectura de Isaías -en la Primera Lectura- pero no es del proto-Isaías, sino del Trito-Isaías, por eso no la incluimos en el conteo de este cursillo. Recientemente dimos un vistazo al profeta Amós, cabe decir que el Proto-Isaías puede entenderse como un discípulo de Amós en lo tocante a los géneros literarios que trabaja, en los que descubrimos una poética vital, que los profetas posteriores quisieron copiar.

 

ישעיה [Yeshayah] “Isaías”, “Salva Yah”  recibió su vocación hacia el 734 a.C. La perícopa que estudiamos hoy es un oráculo del Libro del Immanu-El, que da marco a un momento histórico muy preciso, la guerra Siro-efraimita, entre los años 734 – 732 a.C. ¿Qué contemplamos en esta visión? ¡Dios-Santísimo sentado en su Trono en el Templo! ¡Rodeado de criaturas celestiales (los Serafines)! Son los Ángeles más cercanos a Dios, su nombre deriva de la palabra שָׂרָף [saraf] que traducida del hebreo significa “ardientes”, “quemantes”.

 

Si recordamos las “quemantes” que atacaban a los israelitas en el desierto, entendemos que ellas fueron -como en el caso de Eva-, las que introdujeron la “muerte” y a eso se debe que aparezcan en nuestra cultura, como seres verdaderamente deleznables. Pero antes, y en muchas tradiciones, las serpientes eran seres con poderes celestiales y ayudantes de Dios, y estaban allí para velar y proteger, incluso de los ataques demoniacos. Eran símbolo de la sabiduría y el conocimiento; portadoras de los conocimientos herméticos.

 

Al dios egipcio Tot, se le atribuían conocimientos esotéricos y de alquimia. Esta veta cultural del hermetismo está poderosa y directamente emparentada con las religiones mistéricas, a las que les gusta apelar a los “místicos” que, presentan “misterios” que no se pueden explicitar, y donde las verdades doctrinales sólo pueden conocerse por medio de una experiencia iniciática ritual, y no mediante la palabra o la razón. Este enfoque es el propio de los que quieren hacer, de la fe, su exclusivo monopolio, consanguíneos de los gnósticos.

 

En cambio, aquí, los Serafines revelan que Dios es El-Santísimo, que llena la tierra de su Gloria: Contemplar esta imagen de Gloria Excelsa, se yuxtapone a la realidad de pecado e idolatría en la que nadaba el pueblo. Esa Gloria que llenaba el Templo tiene aquí su expresión Teofánica en el temblor de las jambas de las puertas y de sus umbrales, y el humo, otro signo emparentado con el de la Nube que era signo de la Presencia de Dios, de su Shejiná.

 

Como suele suceder con estas Manifestaciones, quienes las reciben se creen amenazados de muerte, Isaías se siente “perdido”, fatalmente condenado a perder la vida; pero un Serafín tomo uno de los carbones del Altar (lo que simboliza el poder purificador de los sacrificios que se quemaban en aquel fuego, le purificó la boca, tocando sus labios con la brasa-ardiente). El carbón en ascuas tiene -aquí- poder absolutorio. Al quemarle los labios sus pecados quedan expiados.

 

Al quedar los labios purificados, su boca podrá repetir, a la gente, lo que Dios le revele: se trata de una vocación al profetismo, acompañada de una absolución, sin la cual, sus labios no podrían hablar las Palabras que Dios le decía. Yahvé le da la autoridad para que sea su “ventrílocuo”: esta quemadura de los labios se los purifica para que, “comunicara” a los seres humanos, los “Pensamientos de Dios”.

 

Hasta aquí nos trae la perícopa de hoy. ¡Dios no busca personas “dignas”! ¡Nadie es digno! Pero a quien Él decide llamar, ¡¡¡lo hace digno!!!


Este es el esquema: la dignidad no proviene del hombre. ¡Siempre es Dios el que se adelanta y nos “primerea”! ¡Él hará aplicar el carbón, al rojo, donde y a quien le plazca!

 

Sal 93(92), 1ab. 1c-2. 5

Cuando los judíos fueron llevados a Babilonia en deportación, tuvieron la oportunidad de ver que Marduk, que todo parece indicar que se pronunciaba Marutuk, que significa “becerro del dios sol, Utuk; o sea que Amar-utu, era re-elegido, anualmente, después de enfrentarse a Tiamat, deidad del Mal; y -en virtud de su victoria- llevado al templo de Esagila: Se trataba de un ritual de entronización. Este salmo entra en esa órbita, Yahweh no necesitaba ser entronizado una y otra vez, porque Él es Dios-Eterno, nunca abandona ni es desplazado de su Trono; pero el honor que le querían dar se le tributaban parodiando estas procesiones.

 

Este salmo es un "salmo del reino". ¡YHWH reina! Por su vestido y su fajón, se nota que está vestido de rey.

 

El Universo entero reposa sobre la firmeza de su trono. Sobre el Trono de Yahweh reposa la firmeza de toda la Creación: Todo está firme porque Su Trono Real está firme.


 

Qué diremos en la antífona: reconoceremos que Dios, por sus Vestiduras, es identificado como rey, porque su atuendo es vestidura de Majestad.

 

Mt 10, 24-33

Metodología de la usurpación del Reino

Repito mucho esto. Una Iglesia que no sale es una Iglesia “de exquisitos”. Un movimiento eclesial que no sale en misión es un movimiento “de exquisitos”.

Papa Francisco

Jesús continúa desarrollando las bases del seguimiento para todos los que recibirán y acogerán el llamado a ser constructores del Reino, Discípulos-Misioneros. «Es decir, salir de nosotros mismos. Una Iglesia o un movimiento, una comunidad cerrada se enferma. Tiene todas las enfermedades de la cerrazón y se equivoca». (Papa Francisco) Callar la proclamación es lo mismo que negarlo; ¡tenemos que anunciarlo, proclamarlo, anunciar a tiempo y a destiempo!


La base de este discipulado no puede acurrucarse debajo del pretexto de ser tratados -porque somos sus discípulos-, mejor de lo que trataron al Maestro. No podemos sacar la excusa que los tiempos son muy difíciles y la persecución desalentadora.

 

Muchas veces pensamos que el asunto está en el buen entendimiento del Mensaje. Que los perseguidores sanguinarios son los que no han podido entender el Mensaje y que la dificultad se superaría fácilmente si supiéramos traducir las ideas del cristianismo al nivel de las comprensiones lentas. Pero la dificultad va más lejos. Los “puntos ciegos” son insalvables para cada individuo. Por eso la custodia de esta “heredad” no fue entregada a personas, sino a una Comunidad, es el trabajo sinodal, hombro a hombro el que nos edifica en la fe verdadera, no la acumulación y almacenamiento personal de doctrinas, sino la aplicación al anuncio evangelizador lo que nos hace sus “fieles”. La Iglesia, la comunidad de los creyentes iluminados por el Espíritu Santo, que originalmente eran los que habían asumido el discipulado, los que caminaron con Él, los que fueron llamados y aceptaron el envío. Y muchísimas veces el envío era coronado por la diadema del testimonio: Ese ha sido el camino abnegado del martirio, palabra esta que -no nos cansamos de revalidar- significa “testimonio”. Se trata, entonces, de entregar la vida para llevar ese testimonio hasta el límite de nuestras fuerzas, siempre y sólo gracias a la fuerza que nos comunica el Espíritu Paráclito. (¡Atención! no confundir “testimonio” con “fanatismo”).

 

Desconfiar o tartamudear en la firmeza de la fe, esa sí que es una derrota para nuestro ser total, que pierde pie para afianzar su paso en la convicción de su creencia. La escapatoria es la seducción del “papá de la mentira”: Haciendo gala de sus engaños -el Evangelio nos relata- que, a Jesús se le llegó a llamar Belcebú; una de las peores blasfemias que cabe, dado que este era un dios de los filisteos el que se le rendía culto en Ecrón, era una de las manifestaciones del Baal de los cananeos. Para los judíos y los cristianos terminó siendo el nombre del demonio. Con esa misma palabra los cristianos, significamos a Satanás. Esta es una falsedad usual del mentiroso, uno de sus trucos favoritos, llamar con el nombre del malo, al que es el Sumo Bien. Es la táctica del “Golpista Asesino”. Cambiarle el rotulo al frasco para que caigamos en la trampa y bebamos el veneno.

 

Con estas falsedades, el Malo va llevándonos la mano, para que tracemos los mapas de la violencia y de la destrucción letal, la cartografía de la ignominia. Con ese disfraz la confusión llega a obnubilar nuestro pensamiento haciéndolo incapaz de la real distinción entre el bien y el mal. Entonces el Malo echa a andar la máquina de la confusión. Y nosotros quedamos incapacitados para reconocer el lobo tras la piel de oveja con la que se cobija.

 

No nos dejemos inmovilizar por tanta mentira desparramada. Jesús nos lo ha dejado trasparente y nítido: “A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los Cielos; pero el que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los Cielos”.


Hay un detalle muy importante que nos puede orientar para discernir la fidelidad al anuncio del fanatismo, nos lo propone Papa León XIV en el 213 de la Magnifica Humanitas: «“No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza” La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización». 

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