viernes, 24 de julio de 2026

Santiago el Mayor

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de Santiago y se fue aparte con ellos a un cerro muy alto. Allí, delante de ellos, cambio la apariencia de Jesús. Su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz.

Mt 17, 1s

Hch 4, 33; 5, 12. 27-33: 12,2

Como se nota esta perícopa está estructurada con fragmentos tomados de tres capítulos distintos: 4. 5. 12. de los Hechos de los apóstoles.

 

Del capítulo 4 tomamos la idea del trabajo incesante que los apóstoles asumieron con su encargo de testimoniar la Resurrección. No era algo secundario en sus vidas, era algo que obraban con valentía y acompañando la predicación con “signos y prodigios”.

 

Luego, se señala -y la manera como está dispuesto dentro de la perícopa lo convierte en una “razón” para que fueran llevados ante el Sanedrín, que, queremos reiterar era la Corte Suprema de la ley judía cuya misión era administrar justicia interpretando y aplicando la Torah, que era el código referencial en el que apoyaban sus decisiones. Allí se enfoca el interrogatorio preguntándoles: ¿Si les habían prohibido, por qué -sin embargo- andaban enseñando en nombre de “ese”? Habían hecho todo lo contrario de lo establecido en la tal prohibición, ya que no sólo enseñaban la Resurrección, sino que, de paso, los señalaban a ellos, como los asesinos responsables del crimen de darle muerte a un Inocente.

 

Pedro les da una respuesta contundente: La prohibición de predicar el Santísimo Nombre de Jesús era una disposición humana, por lo tanto ¡no obligaba! En cambio, la tarea que ellos ejercían y a la que daban cumplimiento, era una tarea impuesta por Dios; inaplazable, siendo una comisión Divina, estaban obligados a satisfacerla porque había pasado a ser el sentido de sus vidas.

 

Ellos lo colgaron del madero de la cruz, pero Dios no se quedó impávido ante tamaña injusticia, sino que lo Resucitó y lo “exaltó” a su Diestra, lo que significa que lo constituyó Jefe Supremo de la Economía Salvífica, y con esta acción le entregó -a su Pueblo Elegido- la conversión. La conversión es el lado esencial de la moneda, pero la otra cara de la moneda es el perdón de los pecados: ¡ninguna moneda existe con un solo lado!

 

Esta “moneda” es la Gracia del Espíritu Santo, la reciben todos aquellos que le son obedientes.

 

Las piezas de esta respuesta encajan con total solidez, lo que hacía de ella una respuesta incontrovertible. ¿Qué opción le quedaba al Sanedrín? Hoy en día, cuando la historia nos ha dejado ver la corrupción de tantos y tantos Tribunales Gubernamentales, ya sabemos la respuesta: ¡Segar vidas! ¡Poner en acción sus aparatos sicariales!


La perícopa concluye señalando a una de sus víctimas: Santiago, el hermano de Juan, al que para distinguirlo del otro Santiago (llamamos el Mayor), sucumbió bajo la orden de Herodes Agripa I.

 

Sal 67(66), 2-3. 5. 7-8

Ese es un salmo de bendición, lleno de gratitud (una verdadera “acción de Gracias”). El espíritu que anima el salmo es que pide una “Sonrisa celestial” y se ofrece a hacerse evangelizador como gesto de Gratitud. Es muy interesante que recurre a la Misericordia de Dios y la relaciona directamente con la Misión de proclamar el Santísimo Nombre para que todos los pueblos lleguen a saber dos cosas esenciales

1)    Los caminos que llevan a Dios.

2)    Que Dios es un Dios-Salvador.

En la segunda estrofa, da continuidad en la misma línea de pensamiento: El Señor es Digno de ser conocido allende las fronteras, porque Él, es un Dios-Justo, es un Dios que regenta aplicando la Rectitud en su manera de Gobernar. Cómo se puede entender tal Rectitud, el camino Derecho es el de cuidar prioritariamente la vulnerable.


La visión hebrea de la fe la relaciona directamente con el temor, a Dios se la ama, pero ese Amor conlleva el sentimiento de Temor, Dios -cuya imagen en la mente de estos pueblos era análoga con la que se tenía de los reyes de la tierra, que con cualquier gesto disponían de la vida y daban muerte a sus súbditos. (Hay una predisposición -prácticamente ancestral y automática- a pensar que Dios es nada más que el rey del Cielo y, también un germen atávico a identificar a los gobernantes de la tierra como parientes muy cercanos del Dios Celestial, en muchos casos, su propio Hijo).

 

El verso 5, dice más exactamente, canten a Dios, alaben al que cabalga sobre las nubes. El verso 7, se traduciría “los rebeldes vivirán en tierras estériles”.

 

Si Dios tuviera tarjetas de presentación, según este salmo diría: “Dios de los despreciados”. Todo el salmo está en una atmosfera de celebración de una Victoria. Y, por su género literario podemos clasificarlo como una “oda épica”.

 

La universalidad de este Dios es el tema que inspira el verso responsorial: “¡Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben!”. No es Dios exclusivo del “pueblo elegido”, es un Dios mundial.

 

Mt 20, 20-28

Es importante que la autoridad en la Iglesia no la ejerzan según los criterios, evangélicamente estúpidos, de la vanagloria.

Silvano Fausti


Las mamás siempre se empeñan en la defensa y el bienestar de sus hijos. Ellas -sin importar donde tengan que ir, acuden a defenderlos, a “palanquearlos”, a abogar a su favor, a pedir para ellos ascensos y promociones. Es -prácticamente lógico- que busquen los mejores puestos para sus hijos, y no escatiman ningún esfuerzo que pueda propulsarlos. La mujer del Zebedeo es de esta clase de madres, aprovecha que Jesús se dirige a Jerusalén para interceptar su paso y venir a pedir que ellos ganen los puestos de los dos ministros más prestantes del Reino cuando Jesús se siente en su Trono. Esta madre no es la excepción, ella también quiere que sus hijos sean los de mayor importancia en toda la corte, sólo por debajo del Rey.

 

Tal vez nos parezca muy prosaico, inclusive una petición ingenua; nosotros acostumbrados a espiritualizar a Jesús, instantáneamente lo visualizamos como un Rey de Arriba, cuando es cierto, y muy cierto, que la mayoría lo que entendían y esperaban era un Mesías terrenal, un caudillo semejante al César, a los Emperadores de la época.

 

Cuando Jesús les pregunta – a lo que para ellos sería seguramente como el “examen” de admisión al cargo, sí ellos podían beber la copa que Él iba a beber, ellos se apresuraron a responder afirmativamente: ¡Podemos! Se imaginarían que estaba relacionado con los repetidos brindis del día de la coronación y entronización.

 

El pecado aquí está en sobrevaluar nuestras capacidades y talentos. La clave de nuestros sueños y anhelos es el egoísmo, ese es el líquido que llena toda la piscina de nuestra existencia, es el aire de nuestra atmosfera, es el riel que encamina el tren de todas nuestras aspiraciones: es la cultura del ¡Usted tiene que ser el mejor! (Bajo ese lema subyace el principio ¡todos los demás tienen que ser “peores”).

 

Él lo que les pregunta es si podrían sumergirse en el bautismo de sangre que le aguarda, si serían capaces de asumir el dolor propio como dolor redentor. Ellos lo que entienden es ¿serían capaces de beber la bebida muy fina y elegante que beben los reyes? ¿El vino de la más refinada importación? Ellos creían que les estaban preguntando si les gustaban los vinos de solera

 

Recordemos que antes de tener reyes, Dios -por boca de Samuel- los previno de todos los males que les acarrearía ser gobernados por un rey; sin embargo, ellos pensaban que esa era la gran solución. Hoy Jesús les repasa la lista de los inconvenientes que conlleva la realeza como estilo gubernamental: “Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.

 

Po les advierte muy claramente que nuestro “gobierno” tiene que ser diferente. Nuestro gobierno será de “abajamiento”, de “servicio”, de “abnegación”, que se caracteriza por ser “oblativo”.

 

Hay palabras tan exigentes que, para eliminar su carácter tan fuerte, tan demandante, se han sacado de circulación: Entre ellas está esta: “oblativo”, que nos señala hacía la capacidad de ofrecerse, de entregarse, inclusive de sacrificarse por el bienestar de los demás ¡sin esperar algo a cambio! Su etimología está entrelazada con dos palabras que entendemos bien: “ofrenda” y “sacrificio”.

 

“No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.

Aquí resuena la clave de nuestra sublimación: ¡El sacrificio! Como nos ejemplificó Jesús. ¡El Servicio! En vez del mando, del dominio o la opresión; está el servicio que nos enaltece, el que, de verdad, puede llegar a exaltarnos. 

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