martes, 26 de mayo de 2026

Miércoles de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 18-25

Convocados a vivir en santa hermandad

El oro y la plata son cosas perecederas, no hacen brotar la vida nueva, sino la Palabra de Dios, que tiene fuerza creadora: “Él habla y la cosa sucede”.

Sal 33, 9; Gn 1, 3

Aparece aquí la palabra ἐλυτρώθητε [elytrothete] “rescatados”, derivada de la palabra λυτρόω [lutroo] “rescatar”, “pagar completamente el monto exigido para liberar a una persona secuestrada, o, a un esclavo”, “devolverle algo a su legítimo dueño”. Aquí está el quid el asunto, en que Jesús, nuestro redentor, nos redimió, pago por ostros el rescate total, hemos sido adquiridos de nuevo (es curioso que קַיִן [Qayín] “Caín” significa eso precisamente “adquirido”, con el pecado somos des-adquiridos, entregados en empeño, comprados para la esclavitud, enajenados. Necesitamos que alguien pague el “rescate” para volver a pertenecernos en legitimidad ¿Quién sería nuestro legítimo “dueño”? La Libertad, nos debemos a la Libertad con la que Dios al crearnos nos dotó. Nosotros hemos sido redimidos (rescatados) de nuestros comportamientos sin fundamento, irrazonables, carentes de un propósito firme y claro. O sea, que hemos sido liberados del “pecado”.

 

Entrando en la órbita del perdón de los pecados, entramos en una verdadera hermandad, en la fraternidad y la sinodalidad, dando pasos afianzados en el Amor que Dios nos ha tenido, transparentado y patente en Su Hijo, que nos convoca en el amor de los unos por los otros, pavimentando la ruta de ser hermanos en Jesús. No seremos re-adquiridos pagando con monedas de oro o de plata. El precioso se pagará en sangre Divino-humana, con la sangre del Redentor.

 

Se piensa -y pudo ser así- que esta carta haya sido dirigida a judíos que se entendían y se visualizaban como anclados en la Ley, en la Torah. Pero la Ley es solo como un propietario provisional, puede escoltarnos hacia la “libertad” de los redimidos; o, puede mantenernos sujetos en una forma de sutil esclavitud. En vez de eso, hay una sangre liberadora que nos convoca a tomar el timón de nuestra nave y asumir las consecuencias de su dirección.

 

Se trata de una “regeneración”, hemos sido acrisolados, en el Fuego del Amor de Dios: Una llamarada de Espíritu Santo. Pasando por esta purificación, florecemos como Comunidad, en Cuerpo Místico. Ahí sí, quedan puestas las bases para que esa Comunión nos dé los planos para la edificación del Reino. No construimos a ciegas. Tenemos un sapientísimo diseño que guía las obras y nos señala dónde va cada ladrillo.

 

El Reino es la concreción de la Palabra, ya no será como la palabra humana -que es tan solo energía sonora que produce una modificación provisional del aire- será, por fin, Palabra Perdurable, Voz Creadora del Padre, que permanece por siempre. ¡Que hace todas las cosas nuevas!

 

Es preciso volver la mirada hacia el Redentor y descubrir con infinita gratitud que Él se entregó como Cordero sin tacha ni defecto y no escatimó nada de su Vida y su Ser en aras de donarnos vida en plenitud. Es hora de reconocer que ya no se precisarán más sacrificios, que no tendremos que estar día tras día degollando cabritos en los Altares del Señor, porque la Ofrenda Perfecta se ha inmolado, y se ha entregado en holocausto, holocausto significa “quemada íntegramente”, consumida en su totalidad. Así como repetimos siempre -porque es muy importante entender su donación total-, que el Señor se entregó enteramente sin reservarse nada para sí. Sus posesiones, su cuerpo, su sangre, su madre, su vida total.

 

En el crisol del Calvario, se ofrendó y Él nos devolvió nuestro ser totalmente libre en llamaradas de Espíritu Santo, ya no fuego para quemar la victima sino amor como fuego ardiendo en nuestro ser como fraternidad. Dios se ha Elegido la Hostia Perfecta: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

En el texto es muy claro que no se trata de una religión de palabra, sino de una Palabra que se hace vida. De lo que se trata es, de una Cristificación de la Existencia, traducida en hermandad. No se dice “hermano” o “hermana” a falta de otra palabra para llamarnos entre nosotros, sino con profunda consciencia de ser hijos todos del mismo Padre, hermanos en Jesucristo: “Ya que han purificado sus almas por la obediencia a la verdad hasta amarse unos a otros como hermanos, ámense de corazón unos a otros con una entrega total, pues han sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible, sino de algo ἀφθάρτου [afdartou] “incorruptible”, mediante la Palabra de Dios viva y permanente”. El kerigma tiene un corazón y si no palpita significa que el Mensaje Cristiano ha muerto y ya no tiene vida que comunicar a la humanidad.


 

Por eso dice el Salmo: «No dejarás a Tu Fiel conocer la corrupción» (Cfr. Salm 16(15), 10). Esta es la manera de decir que Dios no dejó a su Hijo muerto en poder de la descomposición, sino vivo para construir un mundo de fraternidad, su Reino.

 

Sal 147B, 12-13. 14-15. 19-20

Himno de alabanza para reconocer a Dios como el reconstructor de Jerusalén. En ese restablecimiento de la Ciudad que será ahora la Nueva Jerusalén, Dios coherente en sus cuidados, fundamenta esta Nueva Ciudad en dos soportes Divinos: Paz-y-Pan. Rodeada de un blindaje inexpugnable, Ella es sinónimo geográfico de Seguridad.

 

¿Qué traduce para Dios la palabra seguridad? La Alianza porque nuestra amistad, nuestras Nupcias con el Señor, materializan nuestra solidez permanente: El Esposo será siempre Nuestro Guardián y Nuestra Tibio Nido.

 

El Tibio Nido, nos informa el salmo, ha sido reforzado blindando, el Cerrojo de sus Puertas acerado y dando Amparo y Protección a todos sus hijos.


Envía su “Mensaje” y este Don nos llega sin tardanza alguna, las esperas se disuelven en inmediatez. No habrá más aplazamientos.

 

Pero hay un elemento que modula la Libertad y ese es la Ley. Si Dios hubiera entregado la Libertad sin modulador habrían incurrido en una irresponsabilidad paternal (los niños pueden hacerse daño con sus juguetes). Le dio todas las pautas a su pueblo elegido, porque había sido designado para la descomunal tarea de llevar el Anuncio a las demás naciones. Por eso lo privilegió. ¡No para establecer una hegemonía a plomo y misil!

 

Mc 10, 32-45

¿Rescatados para sentarnos en su Gloria?

¿Pueden bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Mc 10, 38d

 

Miramos hacia Jerusalén como promesa, cuando nos referimos a la Nueva Jerusalén la que se nos presenta en el Apocalipsis; pero en este caso estamos hablando, por el contrario, de la Jerusalén donde fue a morir Jesús, estamos mirando hacia una sentencia de muerte segura. ¡Y Jesús les advierte!


El contexto general nos presenta a Jesús como un “amigo comprometido”; Él no usó a su Pueblo Elegido, fue por delante poniendo en juego su propio pecho y su propio corazón. Como se diría popularmente, jugándose su propio “´pellejo”. Él -personalmente- fue a la vanguardia, y se entregó, Él, el Primero.

 

Muchas veces pensamos que “instrumentaliza” a alguien para que sea su “marioneta”, a veces decimos “los usó como instrumento”; pero ¡nunca es así! todo el que se une al Proyecto del Reino y participa, se une voluntariamente; por eso ha tomado tanto tiempo este proceso: No somos muy veloces, que digamos, para tomar la opción procedente. Sin embargo, Él resplandece con Su Paciencia.

 

Cuando mostramos el cobre y sacamos a relucir el miedo, lejos de ocultar o aminorar el riesgo, nos lo deja ver a la cara y que procuremos superarlo. Hoy nos muestra el tercer Anuncio de su Pasión.

 

Pero lo que más nos bloquea no es el miedo, es la ambición, el ansia de poder, el deseo de acomodarnos en el Trono, ocupar las curules y luchar por perpetuarnos en los sitiales de gobierno. ¿Qué le piden Santiago y Juan? “Sentarse con Él en la Gloria”, esa Gloria a la que se refieren es el Trono del Reino Davídico.

 

Dos componentes (que desgranaremos en tres aspectos) se declaran aquí:

a)    La Trinidad Santa se ha repartido según algún criterio -que no es de nuestra competencia- lo que cada Uno ha de hacer; y, asignar los sitiales Celestiales es Función Paternal. El Hijo no se va a poner a repartir lo que su Autoridad no le asigna.

b)    Y en este literal, hay algo que nos compete a fondo, a nosotros nos toca, tratarnos fraternalmente, no y nunca someter a nadie, lo que nos toca es ¡Servir!

c)    ¡El que quiera ser primero que se haga el último!

Es todo lo contrario de lo que imaginábamos: Luchamos y pataleamos por hacernos al Trono y lo que nos corresponde es el delantal del διάκονος [diakonos] “Servidor”, el que se pone las pilas y hace todo con tanta presteza que levanta una nube de polvo a su paso”. “El que ataca el polvo a fondo”. (El sirviente que se las ve con el polvo está al último en la “jerarquía”).

 

Llegamos al paradigma, aquí Jesús se pone como modelo para saber cómo se llega a ser el “Primero”: Subiéndose a la Cruz. Todo lo resume con exactitud en el último versículo de la perícopa de hoy: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en λύτρον [lytron] ‘rescate’ por muchos”. Por muchos, es la manera hebrea de decir “para beneficiarlos a todos”. La verdadera grandeza radica en el servicio. Jesús ve su muerte como otro acto de servicio en su vida: como entendemos muy bien, con su muerte sufragó el precio, y lo pagó -como bien sabemos- con su propia sangre, con la entrega de Él mismo en favor de nuestra liberación de la esclavitud del pecado.

 

Cuando hablamos de una “conversión”, descubrimos que los valores del Reino están en contravía de los valores mundanos.  Ni Santiago ni Juan habían remontado la lógica común, la de la codicia. Lo que pretenden es la superposición de los valores mundanos a la Voluntad del Cielo.

 

Habrá que llevar estas aspiraciones al bautismo (muerte por inmersión, es decir por ahogamiento) para llegar a ser los co-herederos del Hijo. A los otros discípulos, lo que les molesta no es que ellos estén pidiendo equivocadamente, sino que se les hallan colado en la fila de los que vienen a solicitar, poniéndose de primeras entre los peticionarios de los privilegios.

 

En nuestra sinodalidad, este dato se debe tener en cuenta, que también nosotros (los más cercanos en la Comunidad) podemos estar pidiendo mal y aspirando a las prerrogativas por las que Jesús no está “trabajando”.

 

Jesús deshecha los prestigios y las falsas aspiraciones, nos enseña que este tipo de objetivos de vida deben desecharse, y que seguirlo implica aprender a ponerse de ultimas en la fila. En realidad, el discipulado tiene que ver con la honra y el honor de hacerse servidor. Y no de engrosar las huestes de los que se agolpan para reñirse los puestos de opresores, de gerentes, de dueños, de monopolizadores: No apostarle al apego del poder y el mando, sino liberarse por medio de la entrega.

 

La perspectiva “mundana” es que todos me sirvan a mí, en cambio, el enfoque cristiano es hacerse servidor de todos los demás.


En que eje se mueve toda esta reflexión, en el eje de la verdadera autoridad. El discipulado es un poder constructivo que se recibe, no un aparato de constricción para oprimir y amoldar, sometiendo. Nadie tiene porque ser instrumentalizado, nadie tiene que servir de escabel para ascender. ¡Cada vez que aspiramos a las esferas gobernantes, Le pisamos Sus llagas las de sus Pies para -supuestamente- acercarnos a besarle el costado!

No hay comentarios:

Publicar un comentario