viernes, 15 de mayo de 2026

Sábado de la Sexta Semana de Pascua

Hch 18, 23-28

Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano? Cuando dice uno "Yo soy de Pablo", y otro "Yo soy de Apolo", ¿no procedéis al modo humano? ¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio.

Yo planté, Apolo regó; más fue Dios quien dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo.

1Cor 3, 3-8

Cuando seguimos a Pablo, en su periplo, y ahora que entramos ya en su “Tercer Viaje” (Hch 18, 23 – 20,38) como ya lo habíamos enunciado previamente; hay un dato que recogemos de su herencia enmarcado en su compromiso evangelizador y pastoral: Él no hace proselitismo, no recurre a presiones psicológicas, y mucho menos a chantajes. No es un conquistador, tampoco un colonizador de consciencias, es un “misionero”. Hoy va por Galacia. Frigia, en la Turquía central de nuestros días.

 

En Éfeso, encontramos el rostro evangelizador de Apolo, protagonista de nuestra perícopa de hoy -que debió llegar a esta ciudad a finales del año 52 o a principios del 53, de nuestra era-: un judío alejandrino -su ser de alejandrino ya implicaba una cultura muy erudita, la principal ficha de reputación de aquella ciudad era su biblioteca, había sido fundada en el siglo III a.C. por Ptolomeo albergaba una colección de hasta 700,000 rollos de papiro, lo que atraía las mentes más brillantes de la época; el nicho cultural-intelectual era el Museellón -templo de las Musas-, un complejo donde científicos y filósofos vivían becados por el estado para dedicarse a la investigación. La idea de que la biblioteca desapareció en un único y gran incendio intencional es mayormente un mito. Su fin se dio en un proceso de declive gradual que debió llevar varios siglos.

 

De Apolo diremos varias cosas:

-Era un judío-cristianizado

-Predicador elocuente

-Muy docto en la Escritura,

-Conocía a Jesús: había sido bautizado según el rito de Juan el Bautista y partiendo de su conocimiento difundía la Buena Nueva.

 

En nuestra perícopa se nos dice allí que se puso a hablar públicamente en la sinagoga: pero, no dice que públicamente sino παρρησιάζομαι [parresiazomai], o sea “abiertamente”, “con toda franqueza y sin tapujos”, con “parresia”, “con la valentía necesaria”. Lo oyeron Áquila y Priscila, que le explicaron con mayor detalle “el Camino de Dios”.

 

Pasó luego, a Acaya, donde otros cristianos lo recomendaron para que fuese bien recibido y bien tratado. Apolo aportaba a los aqueos, refutando los argumentos que los judíos esgrimían, y apoyándose en les Escrituras, iba demostrándoles que Jesús era el Mesías.

 

Indudablemente Apolo había sido provisto por el Espíritu de carismas propios para la predicación evangelizadora, sin embargo, esto repercutió en la formación de “grupúsculos” de seguidores, que se oponían a las enseñanzas de San Pablo, y empezó a surgir en los intersticios de la comunidad la tendencia a reclamarse: unos de Pablo y otros de Apolo, otros de Cefas y otros de Cristo (cfr. 1Cor 1,12s and 3,4-11). Esto conllevaba infortunadamente tendencias separatistas y sectarias. Pablo -en la segunda cita que invocamos- señala que todos son simples “ministros de la fe, cada uno según el don de Dios”.


San Pablo nos da una fórmula que ha de servir a la identidad de nuestra fe empapada de la suficiente sinodalidad: “Nosotros somos colaboradores de Dios y ustedes, el campo de Dios, el edificio de Dios”.     

 

Sal 47(46), 2-3. 8-9. 10

Salmo del Reino, esta alabanza y aclamación la Iglesia la ha seleccionado para enmarcar el Ascensión del Señor. Encontramos en este cantico tres momentos: 1) el señor -que bajó a la tierra- ha luchado denodadamente, a brazo partido, o mejor, a manos taladradas y costado traspasado; 2) Victorioso, Asciende al Cielo; 3) Allí reina y reinará por toda la Eternidad. Ya presentamos la relación con la Fiesta de las Chozas, hemos mencionado la Procesión que figurativamente escoltaba el Arca hasta el Corazón cultual del Templo, y su entronización. Aquí, el Ascenso es el de Jesús a la Presencia del Padre, pero allá -y lo comentamos ayer- se refería desde el fondo del valle Cedrón, remontando la colina de Sion.

 

Ayer las tres estrofas eran: 2-3. 4-5. 6-7. Hoy son 2-3. 8-9. 10. Mañana serán: 2-3. 6-7. 8-9. El responsorio de hoy, es igual al de ayer: “Dios es el Rey del mundo”. En cambio, mañana diremos: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”.


La primera estrofa, versos 2-3 nos llama a acompañar la revivificación con batir de palmas, lo primero que se retrotrae, gracias a la memoria-revivificadora, llamada -en hebreo- zijron, es la dicha que los acompañó entonces, y que hoy vuelve a llenar nuestra vida.

 

En la segunda estrofa se nos pide tocar los instrumentos, no de cualquier manera, no es una banda para hacer bulla, hay que tocar con todo arte, con toda técnica, con total pericia; porque este “toque” es aclamación y adoración al Dios-Rey, digno de toda Alabanza. Rey del Mundo, Rey de todas las naciones, y que se sienta en su Real-Trono.

 

Concluye el salmista hoy con el verso 10: Hay un ensamblaje de los gentiles con los judíos, porque dios es Dios de ambos, no hay discriminación, no hay selectividad: La realeza de Dios es -para todos- Realeza en su máxima expresión.

 

Jn 16, 23b-28

Volvemos a un tema esencial en la despedida. Hemos tratado de despertar la consciencia de la importancia del Nombre como representativo y compendio de la persona total. El Nombre lo encierra todo, lo contiene todo; se llega al extremo de poder dominar a la persona cuando conocemos su nombre. Nombre y Persona tienen un vínculo tan estrecho, que están más ligados que la persona y su fotografía. En algunos midrash, esta identificación es tan total que un muñeco de barro, se anima si se le introduce un papel donde está escrito su nombre, pero cae y se desintegra, si se le retira la tarjeta que lo contiene.

 

Dice Jesús que nosotros no le hemos pedido nada al Padre en su Nombre; es como si nos dijera: “Miren de lo que se están perdiendo: Tiene todo el Poder, y despilfarran ese “poderío”, porque no lo aplican.

 

Salta a otra instancia: un rasgo característico de Jesús es darse a entender por medio de παροιμίαις [paroimiais] “parábolas”, “comparaciones”, “alegorías”, “proverbios”. Una parábola -geométricamente hablando- es una curva particular, con forma acampanada, podríamos hablar de una especie de “n”. La parábola -aprovechando las leyes físicas, nos permite llegar, con algún objeto -una pelota, una piedra- al otro lado, cuando no podemos pasar directamente porque algo -una pared, por ejemplo- se interpone en la ruta directa. En realidad esta palabra tiene por etimología griega pasar al otro lado “para”, lanzando o arrojando, “bolein”; y -desde el punto de vista semántico-así es: estando uno a este lado, valga decir, partiendo de algo conocido, se propulsa la “pelota”, hacia el otro lado -hacia lo “desconocido”; y, a pesar de no tener elementos comprensivos para captar lo del “otro lado”, se cumple el objetivo de comunicar, superando la barrera que se interpone, apelando al poder analógico que conecta lo desconocido con su referente conocido. Jesús hablaba en parábolas para ilustrar las realidades “espirituales” apoyándose en elementos de la cotidianidad más corriente.

 


Pero, ¡atentos!  Esta modalidad va a ser abandonada. Ahora, pasará a hablarnos sin figuras, sino directa y escuetamente. Nos va a mostrar al Padre con παρρησίᾳ [parresia] “abiertamente”, “claramente”, “con toda libertad de expresión”.

 

Jesús va más lejos (se lo permite la parresia que está aplicando), no dice que Él vaya a interceder ante el Padre por nosotros, porque no es necesaria ninguna intercesión, el Padre ya lo quiere, Él ya nos φιλεῖ [filei] quiere, Jesús no tiene que abogar; y, Él nos quiere porque nosotros queremos a Jesús, y hemos captado que ἐγὼ παρὰ τοῦ Θεοῦ ἐξῆλθον. [Ego pará toú Theoú exilthon] “Yo salí de Dios”, Jesús es “consustancial” con el Padre, porque Jesús ha “manado”, ha “brotado”, es de su Propia-Sustancia. Este “desprenderse” de Su Misma Sustancia es su “Filialidad”; por eso es Hijo. Se ha desprendido, se ha “desgajado” de Él, para venir al mundo, (en este caso “mundo” significa el “espacio de nuestra dimensionalidad humana, lo que conocemos), y ahora, completará su ciclo histórico, retornando a Él. Su consustancialidad lo “aspira”, lo “absorbe”, tiene que volver a Su Lugar, ir a llenar un “vacío”, porque al Encarnarse, dejó “ese vacío”.

 

Eso es lo que significa ἐξέρχομαι [exerchomai], “salió”, “procede de”, “se ha desprendido de”.

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