Hch 18, 23-28
Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no
es verdad que sois carnales y vivís a lo humano? Cuando dice uno "Yo soy
de Pablo", y otro "Yo soy de Apolo", ¿no procedéis al modo
humano? ¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los
cuales habéis creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio.
Yo planté, Apolo regó; más fue Dios quien dio el crecimiento.
De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace
crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual
recibirá el salario según su propio trabajo.
1Cor 3, 3-8
Cuando
seguimos a Pablo, en su periplo, y ahora que entramos ya en su “Tercer Viaje”
(Hch 18, 23 – 20,38) como ya lo habíamos enunciado previamente; hay un dato que
recogemos de su herencia enmarcado en su compromiso evangelizador y pastoral:
Él no hace proselitismo, no recurre a presiones psicológicas, y mucho menos a
chantajes. No es un conquistador, tampoco un colonizador de consciencias, es un
“misionero”. Hoy va por Galacia. Frigia, en la Turquía central de nuestros
días.
En
Éfeso, encontramos el rostro evangelizador de Apolo, protagonista de nuestra
perícopa de hoy -que debió llegar a esta ciudad a finales del año 52 o a
principios del 53, de nuestra era-: un judío alejandrino -su ser de alejandrino
ya implicaba una cultura muy erudita, la principal ficha de reputación de
aquella ciudad era su biblioteca, había sido fundada en el siglo III a.C. por
Ptolomeo albergaba una colección de hasta 700,000 rollos de papiro, lo que
atraía las mentes más brillantes de la época; el nicho cultural-intelectual era
el Museellón -templo de las Musas-, un complejo donde científicos y filósofos
vivían becados por el estado para dedicarse a la investigación. La idea de que
la biblioteca desapareció en un único y gran incendio intencional es mayormente
un mito. Su fin se dio en un proceso de declive gradual que debió llevar varios
siglos.
De
Apolo diremos varias cosas:
-Era un judío-cristianizado
-Predicador elocuente
-Muy docto en la Escritura,
-Conocía a Jesús: había sido bautizado
según el rito de Juan el Bautista y partiendo de su conocimiento difundía la
Buena Nueva.
En
nuestra perícopa se nos dice allí que se puso a hablar públicamente en la
sinagoga: pero, no dice que públicamente sino παρρησιάζομαι
[parresiazomai], o sea “abiertamente”, “con toda franqueza y sin tapujos”, con
“parresia”, “con la valentía necesaria”. Lo oyeron Áquila y Priscila, que le
explicaron con mayor detalle “el Camino de Dios”.
Pasó
luego, a Acaya, donde otros cristianos lo recomendaron para que fuese bien
recibido y bien tratado. Apolo aportaba a los aqueos, refutando los argumentos
que los judíos esgrimían, y apoyándose en les Escrituras, iba demostrándoles
que Jesús era el Mesías.
Indudablemente
Apolo había sido provisto por el Espíritu de carismas propios para la
predicación evangelizadora, sin embargo, esto repercutió en la formación de
“grupúsculos” de seguidores, que se oponían a las enseñanzas de San Pablo, y
empezó a surgir en los intersticios de la comunidad la tendencia a reclamarse:
unos de Pablo y otros de Apolo, otros de Cefas y otros de Cristo (cfr. 1Cor 1,12s
and 3,4-11). Esto conllevaba infortunadamente tendencias separatistas y
sectarias. Pablo -en la segunda cita que invocamos- señala que todos son
simples “ministros de la fe, cada uno según el don de Dios”.
San Pablo nos da una fórmula que ha de servir a la identidad de nuestra fe empapada de la suficiente sinodalidad: “Nosotros somos colaboradores de Dios y ustedes, el campo de Dios, el edificio de Dios”.
Sal
47(46), 2-3. 8-9. 10
Salmo
del Reino, esta alabanza y aclamación la Iglesia la ha seleccionado para
enmarcar el Ascensión del Señor. Encontramos en este cantico tres momentos: 1)
el señor -que bajó a la tierra- ha luchado denodadamente, a brazo partido, o
mejor, a manos taladradas y costado traspasado; 2) Victorioso, Asciende al
Cielo; 3) Allí reina y reinará por toda la Eternidad. Ya presentamos la
relación con la Fiesta de las Chozas, hemos mencionado la Procesión que
figurativamente escoltaba el Arca hasta el Corazón cultual del Templo, y su
entronización. Aquí, el Ascenso es el de Jesús a la Presencia del Padre, pero
allá -y lo comentamos ayer- se refería desde el fondo del valle Cedrón,
remontando la colina de Sion.
Ayer
las tres estrofas eran: 2-3. 4-5. 6-7. Hoy son 2-3. 8-9. 10. Mañana serán: 2-3.
6-7. 8-9. El responsorio de hoy, es igual al de ayer: “Dios es el Rey del
mundo”. En cambio, mañana diremos: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor,
al son de trompetas”.
La primera estrofa, versos 2-3 nos llama a acompañar la revivificación con batir de palmas, lo primero que se retrotrae, gracias a la memoria-revivificadora, llamada -en hebreo- zijron, es la dicha que los acompañó entonces, y que hoy vuelve a llenar nuestra vida.
En
la segunda estrofa se nos pide tocar los instrumentos, no de cualquier manera,
no es una banda para hacer bulla, hay que tocar con todo arte, con toda
técnica, con total pericia; porque este “toque” es aclamación y adoración al
Dios-Rey, digno de toda Alabanza. Rey del Mundo, Rey de todas las naciones, y
que se sienta en su Real-Trono.
Concluye
el salmista hoy con el verso 10: Hay un ensamblaje de los gentiles con los
judíos, porque dios es Dios de ambos, no hay discriminación, no hay
selectividad: La realeza de Dios es -para todos- Realeza en su máxima
expresión.
Jn
16, 23b-28
Volvemos
a un tema esencial en la despedida. Hemos tratado de despertar la consciencia
de la importancia del Nombre como representativo y compendio de la persona
total. El Nombre lo encierra todo, lo contiene todo; se llega al extremo de
poder dominar a la persona cuando conocemos su nombre. Nombre y Persona tienen
un vínculo tan estrecho, que están más ligados que la persona y su fotografía.
En algunos midrash, esta identificación es tan total que un muñeco de barro, se
anima si se le introduce un papel donde está escrito su nombre, pero cae y se
desintegra, si se le retira la tarjeta que lo contiene.
Dice
Jesús que nosotros no le hemos pedido nada al Padre en su Nombre; es como si
nos dijera: “Miren de lo que se están perdiendo: Tiene todo el Poder, y
despilfarran ese “poderío”, porque no lo aplican.
Salta
a otra instancia: un rasgo característico de Jesús es darse a entender por
medio de παροιμίαις [paroimiais] “parábolas”, “comparaciones”,
“alegorías”, “proverbios”. Una parábola -geométricamente hablando- es una curva
particular, con forma acampanada, podríamos hablar de una especie de “n”. La parábola
-aprovechando las leyes físicas, nos permite llegar, con algún objeto -una
pelota, una piedra- al otro lado, cuando no podemos pasar directamente porque
algo -una pared, por ejemplo- se interpone en la ruta directa. En realidad esta
palabra tiene por etimología griega pasar al otro lado “para”, lanzando
o arrojando, “bolein”; y -desde el punto de vista semántico-así es:
estando uno a este lado, valga decir, partiendo de algo conocido, se propulsa
la “pelota”, hacia el otro lado -hacia lo “desconocido”; y, a pesar de no tener
elementos comprensivos para captar lo del “otro lado”, se cumple el objetivo de
comunicar, superando la barrera que se interpone, apelando al poder analógico
que conecta lo desconocido con su referente conocido. Jesús hablaba en
parábolas para ilustrar las realidades “espirituales” apoyándose en elementos
de la cotidianidad más corriente.
Pero,
¡atentos! Esta modalidad va a ser
abandonada. Ahora, pasará a hablarnos sin figuras, sino directa y escuetamente.
Nos va a mostrar al Padre con παρρησίᾳ [parresia] “abiertamente”, “claramente”,
“con toda libertad de expresión”.
Jesús
va más lejos (se lo permite la parresia que está aplicando), no dice que Él
vaya a interceder ante el Padre por nosotros, porque no es necesaria ninguna
intercesión, el Padre ya lo quiere, Él ya nos φιλεῖ [filei] quiere,
Jesús no tiene que abogar; y, Él nos quiere porque nosotros queremos a Jesús, y
hemos captado que ἐγὼ παρὰ τοῦ Θεοῦ ἐξῆλθον. [Ego pará toú Theoú exilthon] “Yo salí de
Dios”, Jesús es
“consustancial” con el Padre, porque Jesús ha “manado”, ha “brotado”, es de su
Propia-Sustancia. Este “desprenderse” de Su Misma Sustancia es su “Filialidad”;
por eso es Hijo. Se ha desprendido, se ha “desgajado” de Él, para venir al mundo,
(en este caso “mundo” significa el “espacio de nuestra dimensionalidad humana,
lo que conocemos), y ahora, completará su ciclo histórico, retornando a Él. Su
consustancialidad lo “aspira”, lo “absorbe”, tiene que volver a Su Lugar, ir a
llenar un “vacío”, porque al Encarnarse, dejó “ese vacío”.
Eso es lo que significa ἐξέρχομαι [exerchomai], “salió”, “procede de”, “se ha desprendido de”.




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