viernes, 22 de mayo de 2026

Sábado de la Séptima Semana de Pascua

 

Hoy es el día 49º de Pascua -se completan las siete semanas: “una semana de semanas”, lo que quiere decir que mañana será el día 50º, este número ordinal en griego se dice Πεντηκοστός [Pentekostos], de ahí nuestra palabra para designar el día de mañana “Pentecostés” = “Quincuagésimo”.

                                   

Hch 28, 16-20. 30-31.

Y toda carne verá la σωτήριον τοῦ Θεοῦ [soterion tou Theo] “Salvación de Dios”.

Lc 3, 6

 

Se tiene la sensación de que San Pablo quiere abrirles los ojos a los “principales” del judaísmo en Roma. Denuncia que fueron los propios judíos los que lo entregaron a los romanos, muy a pesar de que él no había hecho nada contra las tradiciones de sus mayores y mucho menos contra su amado pueblo Israelita. Les relata que, al interrogarlo, los propios representantes de Roma, querían liberarlo; pero los judíos se empecinaron en contra suya, él tuvo que apelar al César -como ciudadano romano-. Les dice que precisamente por eso fue que los convocó porque les quiere presentar su coherencia con la causa judía y su confianza en las promesas que fueron hechas a su pueblo, él arrastra esta condena.

 

A veces, por algunas frases que se pronuncian, se puede y se ha llegado a pensar que Pablo dejó de lado a los judíos y se entregó por entero a la predicación entre los paganos. Lo que vemos aquí, en estas últimas páginas, es que el apóstol de los gentiles nunca los descuidó y los tuvo en su atención hasta sus últimos momentos. Ya el profeta Isaías lo había predicho, son tercos, duros de corazón, hay que anunciarles, pero te estrellaras y quebraras tus élitros contra la dura roca de su corazón (cfr. Is 6, 9-10). Otro detalle muy válido de señalar es que Pablo no ve el cristianismo como una secta del judaísmo -como lo veían los romanos que no observaban con detalle los pormenores de esta Buena Noticia y pasaron desapercibidos de la novedad y la diferencia del Evangelio respecto del Vino viejo en los odres viejos. Es esto lo que Lucas quiere destacar en estos versos. Haber apelado al César llevó el Anuncio Apostólico a Roma, indirectamente -los caminos de Dios son insospechados e insólitos- el Imperio tomó a su cargo llevar el Mensajero a aquellos dominios y anunciar la Noticia del Reino de Dios por los territorios imperiales.

 

El capítulo 28 inicia relatándonos de un naufragio que sufrió San Pablo cuando era conducido hacia Roma, ya puestos a salvo resultó que se hallaban en Malta. Allí fue víctima de una picadura de serpiente -cuando estaba recogiendo leña- la gente se quedó a la espera que Pablo se hinchara y muriera por el veneno inoculado, pero a Pablo no le pasó nada.

 

Por allá había un tal Publio que tenía el papá muy enfermo -con fiebre y diarrea-, pero San Pablo lo curo; cuando la gente vio esto le empezaron a traer todos los enfermos para que los sanara también.

 

Pablo vivíó en Roma en su condición de “casa por cárcel” bajo custodia militaris, lo que quiere decir que su mano derecha estaba encadenada a la izquierda del soldado que lo vigilaba como -en la época no había grilletes con señal electrónica-, tenía un guardia que lo controlaba permanentemente. Allí recibía a todos los que venían a visitarlo, a consultarle, aprovechando toda oportunidad de predicar, y testificar en favor de Jesucristo. Se cree que fue en este periodo cuando San Pablo escribió su Carta a los Colosenses y la Carta a los Efesios; tanto como la esquela que le dirigió a Filemón. Y así pudo enseñar «lo que se refiere al Señor Jesucristo con παρρησίας [parresias] “toda libertad”, ἀκωλύτως [akolytos] “sin estorbos”, “sin impedimentos”.» Esta es la palabra final de Los Hechos.


 

La tradición ha supuesto que Pablo -precisamente en esta época fue que viajo a España. La manera como concluye este Libro lucano ha permitido suponer que este no fue -por lo pronto- el final de Pablo, sino el comienzo de una nueva fase de predicación y de viajes. Época donde se ve la difusión del Evangelio por todo el corazón de mismísimo imperio Romano. 

 

Sal 11(10), 4. 5 y 7

Este salmo cae en el grupo de los salmos “proféticos”. De él -formado por 7 versos- se toman tres para organizar le perícopa de dos estrofas.

 

Dios está en su templo, en su Morada-Celestial, uno podría pensar que allí no le llega ninguna noticia de todo cuanto ocurre en esta tierra. Pero estamos muy equivocados, su Amor se expresa en su constante Mirada, tierna y cuidadora, que vela, así como un padre/madre terrenal vela por su criatura. Sus ojos no parpadean para cuidarnos y su Paternidad es constante en su Protección.


No quiere decir que Él no discierna entre nuestros comportamientos de buena o mala laya;

Distingue entre los que no tienen culpa de nada y el que ha sembrado las semillas de tormentas y está presto a cosechar tempestades. ¿hay alguien a quien Dios rechace? ¡Si! Al violento, al que usa la fuerza y su “autoridad” contra el desvalido, su sangre clamará el Cielo Eternamente y Dios no lo olvidará. Así que ¡Solo los justos contemplaran el resplandor de su Rostro!

 

¡Está es, lo reiteramos, una profecía!

 

Jn 21, 20-25

Ἐγώ εἰμι τὸ φῶς τοῦ κόσμου·

Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida.

Jn 8, 12

«En el capítulo 21 la cristología y la pneumatología se convierten en “eclesiología”: el que ha visto la carne de Jesús y ha acogido su espíritu, se convierte en el hijo y continua en el mundo la misión de revelar al Padre… más que una conclusión es una apertura. En efecto, abre al mundo entero el horizonte de la vida nueva que el Hijo ofrece a los hermanos». (Silvano Fausti)


Dejamos un poco a Pedro cumpliendo su Misión de pastorear. Nos acercamos al que tanto amaba al Señor y a su vez era amado por Él. No podemos olvidar que tenía la dicha de reclinar su cabeza en el pecho de Jesús. (Cfr. Jn 13, 23). A Él le entregó el Mandamiento del Amor, fue él el hagiógrafo a quien le cupo la dicha de consignar lo de la Amistad, porque Él no nos ve como “Siervos”, si del régimen de la servidumbre se trataba; no nos ve como esclavos, si el régimen imperante era el de la esclavitud, no nos ve como peones, si de labrar la tierra se ocupaba aquella sociedad. Nos ve como amigos (que viene del latín clásico amīcus, que a su vez se deriva del verbo amāre (amar), significa “el que es amado”), y llega a dar la vida para llegar al colmo del Amor por nosotros y dejar fundido a fuego el sello de la Amistad (Cfr. Jn 15, 13-17).

 

Pero nosotros siempre nos vamos por las ramas, nuestra dificultad para llegarnos a su Amistad consiste -no tanto en nuestra torpeza- más bien en esos desplazamientos, en esas evasivas para no mirar la realidad a los ojos. Jesús nos está hablando de que lo prioritario es el cumplimiento de Su Santísima Voluntad, totalmente conforme a la del Padre, y ellos en cambio, se ponen a cavilar si eso tal vez significa que el Discípulo Amado iba a ser inmortal. Estamos estudiando el cielo y volteamos los ojos hacia el abismo. ¡Qué tergiversación!

 

Sabemos que nuestro corazón no tiene que afanarse por el destino de los compañeros de fe enfocados en el qué será de ellos, sino preocuparnos y atenernos a cuidar a los hermanos y hermanas velando por su bienestar y no distraernos en celos por los dones y bondades que Dios distribuye -con toda seguridad- con la mayor justicia y equidad: Justicia que nos puede resultar incomprensible pero no por eso es cuestionable.

 

Cualquier cosa es buena para desviar la atención y pasar al territorio de lo mágico, de lo pueril, de lo esotérico, de los mistérico. ¡Nuestra debilidad consiste en una obcecada dificultad para sacar el “tren de aterrizaje” y, en cambio, preferimos quedarnos en un sobrevuelo a distancia sideral!

 

En estas páginas donde se habla del “discípulo amado” Una exégesis entiende una identidad entre el Apóstol San Juan y el “discípulo amado”. Sin embrago, otro enfoque ve en el “discípulo amado” la personificación de todos los que han descubierto en Jesús al Salvador. Hay, por lo menos, cinco menciones del “discípulo amado” -donde no nos consta que se esté hablando del Apóstol que actuó como hagiógrafo de este Evangelio:

i)              Un discípulo de Juan el Bautista que pasó acompañando a Jesús junto con Andrés (Jn 1, 36).

ii)             El discípulo que en la Última Cena reclinó la cabeza en el pecho de Jesús (Jn 13, 23-25).

iii)           En la crucifixión: El que estuvo de pie al lado de la Cruz (Jn 19,25)

iv)           El que fue corriendo con Pedro al Santo sepulcro y que al ver las venas enrolladas “entendió” (Jn 20, 4-8).

v)            El que reconoció al hombre que asaba un pez en la playa, y afirmó con certeza: “Es el Señor” (Jn 21, 4-7)

 

Otro ejemplo es este de los libros sin cuenta que se podrían escribir si el empeño consistiera en reparar en todos los detalles y anécdotas de la vida de Jesús. Y no podemos aterrizar en que ya está todo lo necesario, que si algo faltara Él lo habría hecho incluir. Que Él, que lo hace todo Bien y Completo, juntó todas las piezas indispensables, todas las enseñanzas necesarias para alcanzar la “Vida Eterna”. No se trata de desvelarse calculando si tendría que ser una biblioteca como la de Alejandría, o la del Congreso en Washington, o la británica, o la Beinecke en la Universidad de Yale (en New Heaven). O, dadas las técnicas actuales de almacenamiento de la información, si se podría constituir, por fin, la biblioteca exhaustiva sobre Jesús: la biblioteca de Babel.


«La Iglesia a través del testimonio apostólico recibido vitalmente y trasmitido viene a ser una nueva escritura progresiva del Evangelio eterno de Dios en el mundo: es realmente “el quinto” Evangelio, el Evangelio vivo». (Silvano Fausti)

 

Es muy seductor sobrevolar a distancia y despistarse. Pero el amor, nada tiene que ver. El amor consiste en dar testimonio, y en que el “testimonio” sea ἀληθὴς [alethes] verdadero. Quepa destacar que este concepto entraña -no tanto un acuerdo con la “realidad”- sino más bien, una concepción ética de estar conduciendo una información que no se puede ocultar, sino que se ha de difundir, algo que se tiene el deber de compartir, algo que sería “pecado” acaparar, porque todos dependen de Él para poderse Salvar: La verdad. Aquí, de lo que se trata es de la responsabilidad de poner la Luz en lo alto para que a todos ilumine. Exactamente como lo hizo Jesús que no se quedó debajo de un celemín, sino que resplandeció en lo alto del Calvario para darnos a todos de su Luz.

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