Hoy
es el día 49º de Pascua -se completan las siete semanas: “una semana de semanas”,
lo que quiere decir que mañana será el día 50º, este número ordinal en
griego se dice Πεντηκοστός [Pentekostos],
de ahí nuestra palabra para designar el día de mañana “Pentecostés” = “Quincuagésimo”.
Hch
28, 16-20. 30-31.
Y toda carne verá la σωτήριον τοῦ Θεοῦ [soterion tou Theo] “Salvación
de Dios”.
Lc 3, 6
Se tiene la sensación de que San Pablo quiere abrirles los ojos a los “principales” del judaísmo en Roma. Denuncia que fueron los propios judíos los que lo entregaron a los romanos, muy a pesar de que él no había hecho nada contra las tradiciones de sus mayores y mucho menos contra su amado pueblo Israelita. Les relata que, al interrogarlo, los propios representantes de Roma, querían liberarlo; pero los judíos se empecinaron en contra suya, él tuvo que apelar al César -como ciudadano romano-. Les dice que precisamente por eso fue que los convocó porque les quiere presentar su coherencia con la causa judía y su confianza en las promesas que fueron hechas a su pueblo, él arrastra esta condena.
A
veces, por algunas frases que se pronuncian, se puede y se ha llegado a pensar
que Pablo dejó de lado a los judíos y se entregó por entero a la predicación
entre los paganos. Lo que vemos aquí, en estas últimas páginas, es que el
apóstol de los gentiles nunca los descuidó y los tuvo en su atención hasta sus
últimos momentos. Ya el profeta Isaías lo había predicho, son tercos, duros de
corazón, hay que anunciarles, pero te estrellaras y quebraras tus élitros
contra la dura roca de su corazón (cfr. Is 6, 9-10). Otro detalle muy válido de
señalar es que Pablo no ve el cristianismo como una secta del judaísmo -como lo
veían los romanos que no observaban con detalle los pormenores de esta Buena
Noticia y pasaron desapercibidos de la novedad y la diferencia del Evangelio
respecto del Vino viejo en los odres viejos. Es esto lo que Lucas quiere
destacar en estos versos. Haber apelado al César llevó el Anuncio Apostólico a
Roma, indirectamente -los caminos de Dios son insospechados e insólitos- el Imperio
tomó a su cargo llevar el Mensajero a aquellos dominios y anunciar la Noticia
del Reino de Dios por los territorios imperiales.
El
capítulo 28 inicia relatándonos de un naufragio que sufrió San Pablo cuando era
conducido hacia Roma, ya puestos a salvo resultó que se hallaban en Malta. Allí
fue víctima de una picadura de serpiente -cuando estaba recogiendo leña- la
gente se quedó a la espera que Pablo se hinchara y muriera por el veneno inoculado,
pero a Pablo no le pasó nada.
Por
allá había un tal Publio que tenía el papá muy enfermo -con fiebre y diarrea-, pero
San Pablo lo curo; cuando la gente vio esto le empezaron a traer todos los
enfermos para que los sanara también.
Pablo
vivíó en Roma en su condición de “casa por cárcel” bajo custodia
militaris, lo que
quiere decir que su mano derecha estaba encadenada a la izquierda del soldado
que lo vigilaba como -en la época no había grilletes con señal electrónica-,
tenía un guardia que lo controlaba permanentemente. Allí recibía a todos los
que venían a visitarlo, a consultarle, aprovechando toda oportunidad de
predicar, y testificar en favor de Jesucristo. Se cree que fue en este periodo
cuando San Pablo escribió su Carta a los Colosenses y la Carta a los Efesios;
tanto como la esquela que le dirigió a Filemón. Y así pudo enseñar «lo que se
refiere al Señor Jesucristo con παρρησίας [parresias] “toda libertad”, ἀκωλύτως
[akolytos] “sin
estorbos”, “sin impedimentos”.» Esta es la palabra final de Los Hechos.
La
tradición ha supuesto que Pablo -precisamente en esta época fue que viajo a
España. La manera como concluye este Libro lucano ha permitido suponer que este
no fue -por lo pronto- el final de Pablo, sino el comienzo de una nueva fase de
predicación y de viajes. Época donde se ve la difusión del Evangelio por todo
el corazón de mismísimo imperio Romano.
Sal
11(10), 4. 5 y 7
Este
salmo cae en el grupo de los salmos “proféticos”. De él -formado por 7 versos-
se toman tres para organizar le perícopa de dos estrofas.
Dios
está en su templo, en su Morada-Celestial, uno podría pensar que allí no le
llega ninguna noticia de todo cuanto ocurre en esta tierra. Pero estamos muy
equivocados, su Amor se expresa en su constante Mirada, tierna y cuidadora, que
vela, así como un padre/madre terrenal vela por su criatura. Sus ojos no
parpadean para cuidarnos y su Paternidad es constante en su Protección.
No quiere decir que Él no discierna entre nuestros comportamientos de buena o mala laya;
Distingue
entre los que no tienen culpa de nada y el que ha sembrado las semillas de
tormentas y está presto a cosechar tempestades. ¿hay alguien a quien Dios
rechace? ¡Si! Al violento, al que usa la fuerza y su “autoridad” contra el
desvalido, su sangre clamará el Cielo Eternamente y Dios no lo olvidará. Así
que ¡Solo los justos contemplaran el resplandor de su Rostro!
¡Está
es, lo reiteramos, una profecía!
Jn
21, 20-25
Ἐγώ εἰμι τὸ φῶς τοῦ κόσμου·
Yo soy la luz del
mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la
Vida.
Jn 8, 12
«En
el capítulo 21 la cristología y la pneumatología se convierten en “eclesiología”:
el que ha visto la carne de Jesús y ha acogido su espíritu, se convierte en el
hijo y continua en el mundo la misión de revelar al Padre… más que una
conclusión es una apertura. En efecto, abre al mundo entero el horizonte de la
vida nueva que el Hijo ofrece a los hermanos». (Silvano Fausti)
Dejamos un poco a Pedro cumpliendo su Misión de pastorear. Nos acercamos al que tanto amaba al Señor y a su vez era amado por Él. No podemos olvidar que tenía la dicha de reclinar su cabeza en el pecho de Jesús. (Cfr. Jn 13, 23). A Él le entregó el Mandamiento del Amor, fue él el hagiógrafo a quien le cupo la dicha de consignar lo de la Amistad, porque Él no nos ve como “Siervos”, si del régimen de la servidumbre se trataba; no nos ve como esclavos, si el régimen imperante era el de la esclavitud, no nos ve como peones, si de labrar la tierra se ocupaba aquella sociedad. Nos ve como amigos (que viene del latín clásico amīcus, que a su vez se deriva del verbo amāre (amar), significa “el que es amado”), y llega a dar la vida para llegar al colmo del Amor por nosotros y dejar fundido a fuego el sello de la Amistad (Cfr. Jn 15, 13-17).
Pero
nosotros siempre nos vamos por las ramas, nuestra dificultad para llegarnos a
su Amistad consiste -no tanto en nuestra torpeza- más bien en esos desplazamientos,
en esas evasivas para no mirar la realidad a los ojos. Jesús nos está hablando
de que lo prioritario es el cumplimiento de Su Santísima Voluntad, totalmente
conforme a la del Padre, y ellos en cambio, se ponen a cavilar si eso tal vez
significa que el Discípulo Amado iba a ser inmortal. Estamos estudiando el
cielo y volteamos los ojos hacia el abismo. ¡Qué tergiversación!
Sabemos
que nuestro corazón no tiene que afanarse por el destino de los compañeros de
fe enfocados en el qué será de ellos, sino preocuparnos y atenernos a cuidar a
los hermanos y hermanas velando por su bienestar y no distraernos en celos por
los dones y bondades que Dios distribuye -con toda seguridad- con la mayor
justicia y equidad: Justicia que nos puede resultar incomprensible pero no por
eso es cuestionable.
Cualquier
cosa es buena para desviar la atención y pasar al territorio de lo mágico, de
lo pueril, de lo esotérico, de los mistérico. ¡Nuestra debilidad consiste en
una obcecada dificultad para sacar el “tren de aterrizaje” y, en cambio,
preferimos quedarnos en un sobrevuelo a distancia sideral!
En
estas páginas donde se habla del “discípulo amado” Una exégesis entiende una
identidad entre el Apóstol San Juan y el “discípulo amado”. Sin embrago, otro
enfoque ve en el “discípulo amado” la personificación de todos los que han
descubierto en Jesús al Salvador. Hay, por lo menos, cinco menciones del “discípulo
amado” -donde no nos consta que se esté hablando del Apóstol que actuó como hagiógrafo
de este Evangelio:
i)
Un discípulo de Juan el Bautista que pasó acompañando a
Jesús junto con Andrés (Jn 1, 36).
ii)
El discípulo que en la Última Cena reclinó la cabeza en el pecho
de Jesús (Jn 13, 23-25).
iii)
En la crucifixión: El que estuvo de pie al lado de la Cruz
(Jn 19,25)
iv)
El que fue corriendo con Pedro al Santo sepulcro y que al
ver las venas enrolladas “entendió” (Jn 20, 4-8).
v)
El que reconoció al hombre que asaba un pez en la playa, y
afirmó con certeza: “Es el Señor” (Jn 21, 4-7)
Otro
ejemplo es este de los libros sin cuenta que se podrían escribir si el empeño
consistiera en reparar en todos los detalles y anécdotas de la vida de Jesús. Y
no podemos aterrizar en que ya está todo lo necesario, que si algo faltara Él
lo habría hecho incluir. Que Él, que lo hace todo Bien y Completo, juntó todas
las piezas indispensables, todas las enseñanzas necesarias para alcanzar la “Vida
Eterna”. No se trata de desvelarse calculando si tendría que ser una biblioteca
como la de Alejandría, o la del Congreso en Washington, o la británica, o la
Beinecke en la Universidad de Yale (en New Heaven). O, dadas las técnicas actuales de
almacenamiento de la información, si se podría constituir, por fin, la
biblioteca exhaustiva sobre Jesús: la biblioteca de Babel.
«La Iglesia a través del testimonio apostólico recibido vitalmente y trasmitido viene a ser una nueva escritura progresiva del Evangelio eterno de Dios en el mundo: es realmente “el quinto” Evangelio, el Evangelio vivo». (Silvano Fausti)
Es
muy seductor sobrevolar a distancia y despistarse. Pero el amor, nada tiene que
ver. El amor consiste en dar testimonio, y en que el “testimonio” sea ἀληθὴς [alethes]
verdadero. Quepa destacar que este concepto entraña -no tanto un acuerdo con la
“realidad”- sino más bien, una concepción ética de estar conduciendo una
información que no se puede ocultar, sino que se ha de difundir, algo que se
tiene el deber de compartir, algo que sería “pecado” acaparar, porque todos
dependen de Él para poderse Salvar: La verdad. Aquí, de lo que se trata es de la
responsabilidad de poner la Luz en lo alto para que a todos ilumine.
Exactamente como lo hizo Jesús que no se quedó debajo de un celemín, sino que
resplandeció en lo alto del Calvario para darnos a todos de su Luz.





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