miércoles, 20 de mayo de 2026

Jueves de la Séptima Semana de Pascua


Hch 22, 30; 23, 6-11

Se me juzga por mi confianza en la resurrección de los muertos

Al iniciar el capítulo 21 de los hechos de los Apóstoles, entramos en una nueva fase: Pablo viaja a Jerusalén -deteniéndose, brevemente, en Cos, Rodas y Patara, y continúan, pero sin entrar a Chipre, llegan directo a Tiro- muy a pesar de los ruegos de los de Jerusalén que ahora se repiten en Tiro, así como en Cesarea, donde se aloja en casa de Felipe, el que evangelizó al Eunuco, le insisten para que no se vaya, pero él es consciente que, si esa es la Voluntad del Señor, así ha de ser. Pasa por Ptolemaida Cirenaica -en la actual Libia-.

 

Llegado a Jerusalén es acogido con cariño por la comunidad, donde visita a Santiago, líder de aquella comunidad hierosolimitana. Allí -entre líneas- se percibe una atmosfera de descontento porque no se exige a los conversos del paganismo la adopción al pie de la letra del judaísmo mosaico. No faltó quien sugiriera una práctica ecléctica parta calmar y apaciguar a esos.

 

Recordaran ustedes que anteriormente se dijo que Pablo repetía el ritual Nazireo de raparse junto con 4

 

Es apresado en su visita al templo, donde unos judíos provenientes de la provincia de Asía azuzando a la gente, lo sacaron del Templo y cerraron las puertas, luego lo hicieron prisionero, El apóstol Pablo fue presentado y puesto bajo custodia ante el tribuno romano Claudio Lisias, es ahí cuando dirige un discurso ante el pueblo y como la gente seguía alborotando lo llevaron ante la presencia del comandante, y él apeló a su condición de ciudadanos romano, y aprovechó la disensión entre saduceos -recordemos que estos sólo reconocían como Escrituras los cinco libros de la Torah, la que nosotros llamamos en griego “Pentateuco” donde nunca se habla de Resurrección, ni de espíritus, ni de ángeles-  y los fariseos -estos últimos estaban en mayoría, y Pablo ganó su respaldo mostrándose como ellos favorable a la resurrección de los muertos.  Esto contado a trazos gruesos. Sin embargo, queremos desmenuzar algunos componentes de la perícopa de hoy.

 

Habiendo llevado a Pablo a la fortaleza Antonia, Pablo, muestra que él es ciudadano romano y, como tal, no podía ser juzgado ni arrestado si no se había sometido antes a juicio y era condenado. Para los romanos, esto de acusar a Pablo y las razones religiosas que los motivaba, no eran comprensibles. Entonces el Tribuno resuelve llevar a Pablo ante las autoridades judías, los Sumos sacerdotes y el Sanedrín. San Pablo sabía que allí se encontraban dos facciones contradictorias: los fariseos y los saduceos. Pablo se declara fariseo y creyente en le resurrección: Decían los fariseos: “…  no encontramos nada erróneo en lo que dice este hombre; y ¿qué tal que se le haya manifestado un ángel?” (Hch 23, 9ef)

 

Al observar este texto encontramos un evidente paralelismo con el Juicio de Jesús; Lucas recurre con frecuencia a estos ejercicios sincréticos como al principio del Evangelio en su paralelo de Jesús con juan el Bautista cuyo nacimiento es puesto lado a lado; o en el caso de la muerte de Esteban y los actos que acompañaron su muerte, y aquí entre el juicio de Pable relacionándolo con el de Jesús.

 

Con estas palabras, los judíos quedan enfrentados según sus dos bandos, porque los saduceos no creen en la resurrección, ni en ángeles, ni en espíritus. Siendo así, se armó la algazara, los fariseos declararon inocente a Pablo, enardeciendo a sus contradictores. El tribuno, azorado por las acciones de alta violencia a las que quedaba expuesto Pablo, lo hizo llevar al cuartel escoltado por la guardia.


Se le apareció el Señor -la noche siguiente- y le dijo que, así como había testimoniado su fe en Jerusalén, otro tanto haría en Roma. Y lo animó.

 

Sal 16(15), 1b-2a y 5. 7-8. 9-10.11

Este es un Salmo del Huésped de Yahvéh. El huésped del Señor, se asombra, no entiende que encanto se puede encontrar en el paganismo. Estamos rodeados de paganismo, hay paganismo religioso, pero a su lado un océano completo de paganismo laico: la publicidad, el centro comercial, los ídolos del fútbol, las personalidades de la farándula, de los diversos deportes, las sacerdotisas de la moda y el buen vestir, la bebida llevada siempre más allá del límite y las bebidas energizantes; las drogas psicotrópicas, los gritos, los aullidos, los parlantes atronadores ,… en fin, el culto a la violencia, pero también a lo feo, a lo malsonante, la veneración de lo que de ningún modo es venerable.

 

Para el fiel discípulo, sólo la fidelidad tiene sentido. Para la tribu sacerdotal, sólo el Servicio al Señor vale. Sólo Él tiene poder “real” para bajar hasta el territorio de la muerte a rescatarnos, y sacarnos del Sheol, y llevarnos a Su Lado, hasta la Dimensión Inmortal.


En la primera estrofa el salmista se entrega a su Amado, se declara su entera propiedad, y lo nombre “Refugio”. Como a él no le ha tocado tierra cultivable, su única tierra, la parcela asignada es su Amadísimo Señor.

 

En la segunda estrofa, muestra al Señor como tutor, como maestro y consejero. Sus lecciones no cesan nunca, hasta durante el sueño lo está enseñando y Su Enseñanza es arrojo, valentía, decisión.

 

Todo él está pletórico de dicha. Su alegría recorre sus entrañas, sus terminales nerviosas, sus haces musculares, su digestión, su respiración. Nada en él está destinado al sepulcro; la Vida Eternal se adueña de cada una de sus moléculas.

 

¿Cómo avanzar con certeza por la ruta salvífica? ¡El Señor nos va señalando la ruta, nos muestra donde pisar -que sea terreno firme- nos lleva de la mano, nos socorre con un mapa y nos lo va decodificando! Es nuestro Guía, el Baqueano, el Único que nos lleva al País de la Vida.

 

¿Cómo no refugiarnos en Él?

 

Jn 17, 20-26

Reconocimiento transitivo

El mundo no te ha conocido,

Pero yo te he conocido

y estos han conocido

que Tú me has enviado.

Jn 17, 25

Hoy empieza de una manera conmovedoramente hermosa.: No se limita a rogar por los que, en cierta época, los que vivían en su tiempo, por los discípulos que lo rodeaban en aquella época, en torno al año 30. Ruega también por nosotros, por los que en el futuro creerán y lo aceptarán como Hijo de Dios, Redentor y Salvador nuestro. En el verso 17,24 leemos: “… quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen tu Gloria”. Seis veces dice Padre, ¿dónde está la séptima vez? ¿La de la plenitud? La dejó para que nuestros labios la pronunciaran.


¡Igual sigue la historia plagada de paganismo! «El odio, la mentira, la vanagloria, el vivir para sí mismo, el no estar dispuestos a seguir a Jesús que se da por completo a los demás, el buscar privilegios y dominar sobre los demás, dividen a la comunidad y oscurecen la Presencia del Padre y de Jesús en ella.» (José Cárdenas Pallares)

 

Pero, un leve murmullo de nuestros labios acalla el fragor de miles de generaciones. Con sólo musitarlo, Dios lo oye. No porque seamos muy meritorios, sino porque nuestro Hermano, se lo ha pedido al Padre en la Oración Sacerdotal. Ese significa “sacerdocio”, que cualquier susurro nuestro vale por todo el griterío y cancela el alboroto. Tenemos que cubrirnos la cara -como Moisés- porque nuestro rostro resplandece. ¿No ven que hemos mirado su Santa Faz? ¿No se dan cuenta que nuestra Amistad no sale de nosotros sino de la Suplica del Hijo del hombre, que entró al Sancta Sanctorum, de una vez para siempre, llevando su propia sangre para regarla sobre el Kapporeth? (Cfr. Ex 34, 35) ¡quién ha hecho la mediación? ¡La Palabra!

 

El ruego no es un ruego general e indiscriminado. Jesús ruega por los que acogen la Palabra. La Palabra Lo transparenta, es Su Nueva Encarnación. Sigue hablando por Siempre, por toda la Eternidad, para todas las generaciones. Pero, se nos ofrece un criterio, se nos propone una pauta de discernimiento, todo se juega y todo se prueba con la Unidad. «Cómo alcanzar la verdadera unidad entre los que creen en Jesús y en el Padre? ¿Será que debemos pensar todos del mismo modo, expresar la fe en forma igual en todos los lugares del mundo, como si la humanidad fuera un gran cuartel uniformado? (José Bortolini)

 

La unidad no está en la uniformidad, está en la diversidad. En la consciencia fraternal que es capaz de sobrevolar las barreras. Malhaya el que hace división, el que se cree más fiel porque es más obcecado, en mala hora los fundamentalistas que quieren pasarlos a todos por un molde. Si a Dios le gustara la uniformidad nos habría hecho con una impresora 3-d.

 

Que haya división es victoria del Malo: «La comunión es esencial. El enemigo de Dios y del hombre, el diablo no puede nada contra el Evangelio, contra la humilde fuerza de la oración y de los sacramentos, pero puede hacer mucho daño a la Iglesia tentando nuestra humanidad. Provoca la presunción, el juicio sobre los demás, las cerrazones y las divisiones. Él mismo es “el que divide” y a menudo comienza haciéndonos creer que somos buenos, quizá mejor que los demás: así tiene el terreno listo para sembrar la cizaña». (Papa Francisco)

 

Cantamos la Glorificación de Dios en nuestra lucha valerosa por la Unidad. Tiene que dolernos profusamente que estemos separados. Llenar las brechas, acercarnos, construir la Unidad, que no es superficial, que tiene que ser sincera, aun cuando el avance sea milimétrico en su lento progreso.

 

Tomemos muy en cuenta como en esta oración sacerdotal de Jesús intercediendo por su discipulado, proyecta hacia el futuro -incluyéndonos también a nosotros, como destinatarios de su intercesión protectora, en particular al decir que no sólo ruega “por estos” (v. 20) sino que pide que ese mismo cobijo protector del Padre alcance para los que en el futuro serán sus creyentes, seguidores, discípulos a la vez que enviados (apóstoles). Tengamos en esto presente la expresión que nos legó Aparecida: “Discípulos-misioneros”.


Esta meta propuesta se nos dice, es la única fuerza que convence, que mueve a otros a creer: “Como Tú Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”. (Jn 20,21)

 

La Palabra del Padre es el Hijo unigénito que nos manifiesta el Nombre del Padre.

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