martes, 12 de mayo de 2026

Miércoles de la Sexta Semana de Pascua

                    

Hch 17, 15.22-18,1

ΑΓΝΩΣΤΩ ΘΕΩ [Agnosto teo]

Dios desconocido

 

El discurso de Atenas … se presenta como un esfuerzo para expresar la fe en términos exclusivamente “paganos”, por así decirlo, sin hacer nunca referencia a las Escrituras, a las esperanzas, a la historia o a la experiencia de Israel.

Michel Gourgues

Cómo es y cómo funciona el politeísmo que tiene tantos y tantos dioses que llega a preocuparse que, de pronto, haya alguno o algunos por ahí que se les haya escapado, y de ser así, podría ofenderse y enviarles un castigo; pues, entonces, había que erigirle un altar y -preventivamente- saludar a ese “ignoto”, algo como echarle una porción de agua adicional a una sopa, por si acaso llegara un invitado extra.

 

Pero, lo interesante para nosotros es el esfuerzo que hace Pablo por partir de “su punto de vista”, él hace lo que puede para mirar desde su óptica, y, aprovecha este detalle para plantear un razonamiento y abrir la puerta a un entendimiento y dialogo con aquella cultura.  No es cualquier enunciado, es uno que busca como presentarles a Jesucristo, desde sus referentes, para hacerse entendible.

 

Así, pasa a mostrarlo como el Autor de toda la realidad, y mostrarles que Dios no es muchos, sino que es Uno, y apunta hacia su Unicidad.  De allí pasa a mostrar que Dios es como el medio natural en el que se desenvuelve nuestra existencia aun cuando lo pasemos desapercibido. Este referente continúa teniendo profunda validez, también hoy, -pasamos inconscientes- y miramos para todas partes, pero no somos capaces de ver su Presencia constante.

 

Continua con otro argumento, que también retoma de su visión del mundo; somos del linaje divino (este poeta citado aquí por San Pablo era Arato de Soli, de Cilicia, vivió en el siglo III antes de nuestra era) y, por tanto, no hemos de adorar cosas, fabricadas por mano humana, aun cuando estén hechas de “metales preciosos”, sino que la dirección a la que debe apuntar nuestra fe es la de la superación de los errores, a la que Pablo llama μετανοεῖν [metanoein] “conversión”, “cambio de mentalidad”.

 

Pasa a presentar la idea de “juicio” que Pablo señala como “juicio universal”, juicio que se caracterizará por su “Justicia”, y que Dios ha entregado para que sea conducido por Su Designado”, a Quien Él ha ἀναστήσας [anastesas] “resucitado”, “levantado” de entre los muertos. Al llegar a este punto, el auditorio encuentra punto de evasión y la asamblea se disuelve con un contra-argumento inane: “De esto te oiremos hablar en otra ocasión”, no hay argumento, en realidad, “sacan el cuerpo”, pues su apertura, no llega a más.

 

El fruto recogido de este esfuerzo fue de tan sólo algunas personas, de las cuales el hagiógrafo señala dos: Dionisio el Areopagita y Dámaris. Así termina el episodio de Pablo en Atenas.

 

Muchas veces la exegesis que se intenta habla de “fracaso”, San Pablo habría perdido su tiempo en aquel intento y San Lucas, también habría malbaratado su aplicación al contarnos esta anécdota. Hay, no obstante, otro enfoque del asunto: A medida que se ampliaba el circulo de influencia del cristianismo para ir cumpliendo el itinerario que se le había trazado (cfr. Lc 24, 47s), se planteaba la urgencia de mirar otras estrategias de evangelización. Porque no es lo mismo dirigirse a los judíos -el círculo originario, más reducido-; que pasar a tener como interlocutores a los samaritanos -segundo circulo con amplitud mayor; y, con toda seguridad, la exigencia y el nivel de dificultad iba a ser mayor cuando el espacio de dilatación los llevara “hasta los confines de la tierra”.

 

Ya una sugerencia muy aclaradora, es el hecho de encontrarnos en la presente obra lucana con tres Pentecostés diversos:

-En el primero, 2, 1-41 los interlocutores eran judíos, bien es cierto que llegados de los quince lugares que se mencionan para decir que eran judíos de todos los lugares donde los había llevado la diáspora: Partos, Medos, Elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, regiones de Libia -cerca de Cirene-, residentes de Roma, Cretenses, árabes.

-En el segundo Pentecostés, 8, 5-25, donde Felipe extiende el campo de acción al territorio Samaritano

-La apertura al círculo universal, se gatilla a partir del capítulo 10, y el Pentecostés a los paganos se nos presenta en la perícopa 10,1 – 11,18, el Espíritu Santo adviene en el verso 10, 44s.

 

Si en los otros círculos era posible partir de la Escritura y hacer pie en las sinagogas, ahora San Pablo tiene que referirse a coordenadas culturales de la literatura y de la filosofía griega. Lo que descubrimos es una adecuación del lenguaje y de la perspectiva para hacerse entendible, para tocar la comprensión de los que no conocían, ni siquiera, al Dios judío, sino que provenían del más variado politeísmo.


Miremos con atención el versículo 17,33s: “Entonces Pablo los dejó. Pero algunos lo siguieron y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio -que era uno de los miembros del Areópago-, y también Dámaris, y otros más”. Como se citó arriba.

 

¡No fue un fracaso! Por alguna parte había que empezar y había que descubrir el “cómo”. Todavía hoy, encontramos estas pautas de inagotable riqueza para llevar el conocimiento de Jesucristo a todas las naciones.

 

Sal 148, 1bc – 2.11-12. 13. 14

La alabanza es el lenguaje del Cielo.

Aprendámoslo en la tierra para ir ensayando la eternidad.

La alabanza es la oración del momento presente.

Ni perdón del pasado ni preocupación del futuro.

Carlos G. Vallés s.j.

Este salmo es un himno. Toda la Creación llamada a bendecir al Señor. Todos, vivos e inertes, están convocados a alabar. Parece un tratamiento contra la pedigüeñería, aquí se alaba, se bendice, se gloría, se ensalza, todo el salmo es una plegaria de ADORACIÓN.

 

En le Primera Estrofa va por lo Alto, los convidados son los cuerpos celestes y los ángeles, todas las huestes Celestiales, convidadas a entonar la Alabanza.

 

En la Tercera Estrofa se invita a los gobernantes -ellos que acaudillan los pueblos, son los primeros en ser convidados, para que den el buen ejemplo, que agradezcan y bendigan; si ellos no lo hacen, todos sus subordinados pensaran que es por la inteligencia, la habilidad y la sagacidad de sus líderes que llegan los dones. Esa irreverencia tendrá su paga, más temprano que tarde. ¡No saben ustedes que la ingratitud cunde peor que una pandemia? Muy pronto todos los gobernados desplazaran la gratitud y la trasmutaran en egoísmo; la virtud de reconocer nuestra supeditación a la Generosidad y la Providencia Divinas, redundará en esterilidad y penuria por descuidar la Fuente de la Gracia. Aun cuando bien sabemos que Dios no es rencoroso ni castigador, pero esa actitud nos desconecta de la Fertilidad Real. Después de convocar a los Reyes, príncipes, jueces, y -se entiende, a toda autoridad, se invita a todas las edades, y a todas las categorías humanas a entrar en tónica de alabanza e incorporarse a los Coros Celestiales y Angélicos.


Finalmente, hace apelación al pueblo elegido, y subraya la idea que esbozamos arriba: El vigor (ha llenado nuestra cornucopia) del pueblo proviene -y no hay que buscarle otra fuente, Él es la Fuente.

 

Valga la invitación a leer el Salmo integro, mucho nos nutrirá el espíritu, daremos grandes pasos si profundizamos en él. En este himno encontramos una escuela de oración y una órtesis para ser mejores amigos del que nos brinda su Amistad. Triste y lúgubre un culto que hemos deformado, enseñando a solicitar milagros, pero incapaz de dar Adoración. No es el pueblo el que falla, hemos sido los “formadores” (no sé si la cuestión es tan grave que tenemos que llamarnos “deformadores”), los que hemos sesgado y mutilado este sentido esencial de la religión: Es tan difícil deshacer entuertos y, sin embargo, procurando educar en la gratitud y la alabanza, repetiré aquí con el Salmista: “Alaben el Nombre del Señor, el Único Nombre Sublime. Su Majestad sobre el Cielo y la tierra”.  

 

Jn 16, 12-15

Leer con la Luz de las Lenguas de Fuego, la Verdad del que Vendrá.

Él me dará Gloria,

porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Jn 16, 14

«La verdad es algo que se ha perseguido a lo largo de la historia de la humanidad. La filosofía, por ejemplo, desde tiempos antiguos, la ha perseguido y se ha ufanado de haberla encontrado. Pero la verdad plena es la que nos presenta el Evangelio, es Jesús mismo quien a su vez nos revela quien es el Padre y cuáles son sus designios salvíficos. Pero nuestra comprensión sobre esta verdad, sobre este misterio siempre será limitada». (Papa Francisco)


Siguiendo la Lectura de la Sagrada Escritura, nos vamos encontrando con un sentido de gradualidad. Dios, en su Misericordia Infinita, hacia su criatura, no nos descarga de golpe y porrazo la Revelación, sino que, nos la entrega con moderación y procesualidad, en un paso a paso, que va sólo un poco más allá de nuestra posibilidad, para expandir el área iluminada, día tras día, y en la misma medida que nos hacemos capaces de contenerla.

 

Si se hubiera mostrado intempestivamente, nos habría aniquilado. Su Grandeza nos habría fulminado. Por eso, había y hay un halo de Misterio en torno suyo, hasta que -con la llegada de Jesús entre nosotros- el velo del Templo se rasgó. Ahora, todo está allí, pero aún hay -como nos lo expresa hoy San Juan en el Evangelio-, cosas que ἀλλοὐ δύνασθε βαστάζειν ἄρτι· [all ou dynaste bastazein arti] “no pueden cargar con ellas, por ahora”. (La expresión encierra, en griego, un sentido de no tener aun la fuerza suficiente para poder mover el peso de esa carga. Como un bebé cuyas débiles fuerzas no le dan para levantar un objeto muy pesado).

 

Así, la zona de influencia del Malo, se reduce paulatinamente, y el Espíritu Santo va generando una campana de Luz cada vez más extensa. El Mentiroso va siendo desenmascarado, y nuestra inserción en la Verdad Total, va cristalizando: ¡La Verdad de Dios es una Verdad Dinámica! Siempre nos imaginamos en esto, la Ternura del Padre, que no pretende a los 10 meses, enseñar a su bebé a resolver una pesada ecuación de turbulencia en fluido, pero se complace en pasarle el balón y se enorgullece que sea capaz de detenerlo y re-enviarlo, a manos de su Progenitor.

 

Ahora bien, ¿vendrá el Espíritu Santo a darnos lo que Jesús no? El Evangelio nos declara que no será así. Todo viene de Jesús, a Quien el Padre instituyó y desde el Principio hizo todo pensando en Él. Pero -en cambio- si obra como una especie de Traductor, que pone en nuestro idioma, que ajusta a nuestras capacidades y nos da, y nos anuncia según nuestro nivel de asimilación se acrecienta, proceso al cual contribuye también el Santo Espíritu, que nos lleva, con su pedagogía, a ensanchar nuestras competencias espirituales.


“Todo lo que tiene el Padre es mío. El Hijo es uno con el Padre (10,30): tiene la misma vida y la misma gloria, el mismo amor y la misma voluntad de salvar el mundo. El Espíritu transmite todo esto a nosotros y nos introduce en el misterio de la Trinidad que es amor entre el Padre y el Hijo que se derrama sobre todas las criaturas”. (Silvano Fausti)

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