Hch 17, 15.22-18,1
ΑΓΝΩΣΤΩ ΘΕΩ [Agnosto teo]
Dios desconocido
El discurso de Atenas … se presenta como un esfuerzo para
expresar la fe en términos exclusivamente “paganos”, por así decirlo, sin hacer
nunca referencia a las Escrituras, a las esperanzas, a la historia o a la
experiencia de Israel.
Michel Gourgues
Cómo es y cómo funciona el
politeísmo que tiene tantos y tantos dioses que llega a preocuparse que, de
pronto, haya alguno o algunos por ahí que se les haya escapado, y de ser así,
podría ofenderse y enviarles un castigo; pues, entonces, había que erigirle un
altar y -preventivamente- saludar a ese “ignoto”, algo como echarle una porción
de agua adicional a una sopa, por si acaso llegara un invitado extra.
Pero, lo interesante para
nosotros es el esfuerzo que hace Pablo por partir de “su punto de vista”, él
hace lo que puede para mirar desde su óptica, y, aprovecha este detalle para
plantear un razonamiento y abrir la puerta a un entendimiento y dialogo con
aquella cultura. No es cualquier
enunciado, es uno que busca como presentarles a Jesucristo, desde sus
referentes, para hacerse entendible.
Así, pasa a mostrarlo como
el Autor de toda la realidad, y mostrarles que Dios no es muchos, sino que es
Uno, y apunta hacia su Unicidad. De allí
pasa a mostrar que Dios es como el medio natural en el que se desenvuelve
nuestra existencia aun cuando lo pasemos desapercibido. Este referente continúa
teniendo profunda validez, también hoy, -pasamos inconscientes- y miramos para
todas partes, pero no somos capaces de ver su Presencia constante.
Continua con otro
argumento, que también retoma de su visión del mundo; somos del linaje divino (este
poeta citado aquí por San Pablo era Arato de Soli, de Cilicia, vivió en el
siglo III antes de nuestra era) y, por tanto, no hemos de adorar cosas,
fabricadas por mano humana, aun cuando estén hechas de “metales preciosos”,
sino que la dirección a la que debe apuntar nuestra fe es la de la superación de
los errores, a la que Pablo llama μετανοεῖν [metanoein] “conversión”, “cambio de mentalidad”.
Pasa a presentar la idea
de “juicio” que Pablo señala como “juicio universal”, juicio que se
caracterizará por su “Justicia”, y que Dios ha entregado para que sea conducido
por Su Designado”, a Quien Él ha ἀναστήσας [anastesas] “resucitado”, “levantado” de entre los
muertos. Al llegar a este punto, el auditorio encuentra punto de evasión y la
asamblea se disuelve con un contra-argumento inane: “De esto te oiremos hablar
en otra ocasión”, no hay argumento, en realidad, “sacan el cuerpo”, pues su
apertura, no llega a más.
El fruto recogido de este
esfuerzo fue de tan sólo algunas personas, de las cuales el hagiógrafo señala dos:
Dionisio el Areopagita y Dámaris. Así termina el episodio de Pablo en Atenas.
Muchas veces la exegesis
que se intenta habla de “fracaso”, San Pablo habría perdido su tiempo en aquel
intento y San Lucas, también habría malbaratado su aplicación al contarnos esta
anécdota. Hay, no obstante, otro enfoque del asunto: A medida que se ampliaba
el circulo de influencia del cristianismo para ir cumpliendo el itinerario que
se le había trazado (cfr. Lc 24,
47s), se
planteaba la urgencia de mirar otras estrategias de evangelización. Porque no
es lo mismo dirigirse a los judíos -el círculo originario, más reducido-; que
pasar a tener como interlocutores a los samaritanos -segundo circulo con
amplitud mayor; y, con toda seguridad, la exigencia y el nivel de dificultad
iba a ser mayor cuando el espacio de dilatación los llevara “hasta los confines
de la tierra”.
Ya una sugerencia muy
aclaradora, es el hecho de encontrarnos en la presente obra lucana con tres
Pentecostés diversos:
-En el primero, 2, 1-41 los interlocutores eran judíos,
bien es cierto que llegados de los quince lugares que se mencionan para decir
que eran judíos de todos los lugares donde los había llevado la diáspora: Partos, Medos, Elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, regiones de Libia -cerca de Cirene-, residentes de
Roma, Cretenses,
árabes.
-En el segundo
Pentecostés, 8, 5-25, donde Felipe extiende el campo de acción al territorio
Samaritano
-La apertura al círculo
universal, se gatilla a partir del capítulo 10, y el Pentecostés a los paganos
se nos presenta en la perícopa 10,1 – 11,18, el Espíritu Santo adviene en el verso
10, 44s.
Si en los otros círculos
era posible partir de la Escritura y hacer pie en las sinagogas, ahora San
Pablo tiene que referirse a coordenadas culturales de la literatura y de la
filosofía griega. Lo que descubrimos es una adecuación del lenguaje y de la
perspectiva para hacerse entendible, para tocar la comprensión de los que no
conocían, ni siquiera, al Dios judío, sino que provenían del más variado
politeísmo.
Miremos con atención el versículo 17,33s: “Entonces Pablo los dejó. Pero algunos lo siguieron y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio -que era uno de los miembros del Areópago-, y también Dámaris, y otros más”. Como se citó arriba.
¡No fue un fracaso! Por
alguna parte había que empezar y había que descubrir el “cómo”. Todavía hoy, encontramos
estas pautas de inagotable riqueza para llevar el conocimiento de Jesucristo a
todas las naciones.
Sal 148, 1bc – 2.11-12. 13. 14
La
alabanza es el lenguaje del Cielo.
Aprendámoslo
en la tierra para ir ensayando la eternidad.
La
alabanza es la oración del momento presente.
Ni
perdón del pasado ni preocupación del futuro.
Carlos
G. Vallés s.j.
Este salmo es un himno. Toda la Creación llamada a bendecir
al Señor. Todos, vivos e inertes, están convocados a alabar. Parece un tratamiento
contra la pedigüeñería, aquí se alaba, se bendice, se gloría, se ensalza, todo
el salmo es una plegaria de ADORACIÓN.
En le Primera Estrofa va por lo Alto, los convidados son
los cuerpos celestes y los ángeles, todas las huestes Celestiales, convidadas a
entonar la Alabanza.
En la Tercera Estrofa se invita a los gobernantes -ellos
que acaudillan los pueblos, son los primeros en ser convidados, para que den el
buen ejemplo, que agradezcan y bendigan; si ellos no lo hacen, todos sus
subordinados pensaran que es por la inteligencia, la habilidad y la sagacidad
de sus líderes que llegan los dones. Esa irreverencia tendrá su paga, más
temprano que tarde. ¡No saben ustedes que la ingratitud cunde peor que una
pandemia? Muy pronto todos los gobernados desplazaran la gratitud y la
trasmutaran en egoísmo; la virtud de reconocer nuestra supeditación a la
Generosidad y la Providencia Divinas, redundará en esterilidad y penuria por
descuidar la Fuente de la Gracia. Aun cuando bien sabemos que Dios no es rencoroso
ni castigador, pero esa actitud nos desconecta de la Fertilidad Real. Después
de convocar a los Reyes, príncipes, jueces, y -se entiende, a toda autoridad,
se invita a todas las edades, y a todas las categorías humanas a entrar en
tónica de alabanza e incorporarse a los Coros Celestiales y Angélicos.
Finalmente, hace apelación al pueblo elegido, y subraya la idea que esbozamos arriba: El vigor (ha llenado nuestra cornucopia) del pueblo proviene -y no hay que buscarle otra fuente, Él es la Fuente.
Valga la invitación a leer el Salmo integro, mucho nos
nutrirá el espíritu, daremos grandes pasos si profundizamos en él. En este
himno encontramos una escuela de oración y una órtesis para ser mejores amigos
del que nos brinda su Amistad. Triste y lúgubre un culto que hemos deformado,
enseñando a solicitar milagros, pero incapaz de dar Adoración. No es el pueblo
el que falla, hemos sido los “formadores” (no sé si la cuestión es tan grave
que tenemos que llamarnos “deformadores”), los que hemos sesgado y mutilado
este sentido esencial de la religión: Es tan difícil deshacer entuertos y, sin
embargo, procurando educar en la gratitud y la alabanza, repetiré aquí con el
Salmista: “Alaben el Nombre del Señor, el Único Nombre Sublime. Su Majestad
sobre el Cielo y la tierra”.
Jn 16, 12-15
Leer
con la Luz de las Lenguas de Fuego, la Verdad del que Vendrá.
Él me dará Gloria,
porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a
ustedes.
Jn 16, 14
«La verdad es algo que se
ha perseguido a lo largo de la historia de la humanidad. La filosofía, por
ejemplo, desde tiempos antiguos, la ha perseguido y se ha ufanado de haberla
encontrado. Pero la verdad plena es la que nos presenta el Evangelio, es Jesús
mismo quien a su vez nos revela quien es el Padre y cuáles son sus designios
salvíficos. Pero nuestra comprensión sobre esta verdad, sobre este misterio
siempre será limitada». (Papa Francisco)
Siguiendo la Lectura de la Sagrada Escritura, nos vamos encontrando con un sentido de gradualidad. Dios, en su Misericordia Infinita, hacia su criatura, no nos descarga de golpe y porrazo la Revelación, sino que, nos la entrega con moderación y procesualidad, en un paso a paso, que va sólo un poco más allá de nuestra posibilidad, para expandir el área iluminada, día tras día, y en la misma medida que nos hacemos capaces de contenerla.
Si se hubiera mostrado
intempestivamente, nos habría aniquilado. Su Grandeza nos habría fulminado. Por
eso, había y hay un halo de Misterio en torno suyo, hasta que -con la llegada
de Jesús entre nosotros- el velo del Templo se rasgó. Ahora, todo está allí,
pero aún hay -como nos lo expresa hoy San Juan en el Evangelio-, cosas que ἀλλ’ οὐ δύνασθε βαστάζειν ἄρτι· [all ou dynaste bastazein
arti] “no pueden cargar con ellas, por ahora”. (La expresión encierra,
en griego, un sentido de no tener aun la fuerza suficiente para poder mover el
peso de esa carga. Como un bebé cuyas débiles fuerzas no le dan para levantar
un objeto muy pesado).
Así, la zona de influencia
del Malo, se reduce paulatinamente, y el Espíritu Santo va generando una
campana de Luz cada vez más extensa. El Mentiroso va siendo desenmascarado, y
nuestra inserción en la Verdad Total, va cristalizando: ¡La Verdad de Dios es
una Verdad Dinámica! Siempre nos imaginamos en esto, la Ternura del Padre, que
no pretende a los 10 meses, enseñar a su bebé a resolver una pesada ecuación de
turbulencia en fluido, pero se complace en pasarle el balón y se enorgullece
que sea capaz de detenerlo y re-enviarlo, a manos de su Progenitor.
Ahora bien, ¿vendrá el
Espíritu Santo a darnos lo que Jesús no? El Evangelio nos declara que no será
así. Todo viene de Jesús, a Quien el Padre instituyó y desde el Principio hizo
todo pensando en Él. Pero -en cambio- si obra como una especie de Traductor,
que pone en nuestro idioma, que ajusta a nuestras capacidades y nos da, y nos
anuncia según nuestro nivel de asimilación se acrecienta, proceso al cual
contribuye también el Santo Espíritu, que nos lleva, con su pedagogía, a
ensanchar nuestras competencias espirituales.
“Todo lo que tiene el Padre es mío. El Hijo es uno con el Padre (10,30): tiene la misma vida y la misma gloria, el mismo amor y la misma voluntad de salvar el mundo. El Espíritu transmite todo esto a nosotros y nos introduce en el misterio de la Trinidad que es amor entre el Padre y el Hijo que se derrama sobre todas las criaturas”. (Silvano Fausti)





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