Hch 16, 1-10
El segundo viaje misionero de San Pablo va de Hch 15, 36 al
18,22. Esto quiere decir que la perícopa que hoy trabajamos ya entre
completamente en este bloque. Lo primero que hoy se va a plantear se refiere a
la llegada de San Pablo y de Silas a Derbe y Listra. Donde encontraron a cierto
creyente que nos va a ser presentado y que se unirá a Pablo y Silas en este
viaje.
“El que siente adoración por Dios”, “el que honra a Dios”,
este es el significado del nombre (de raíces griegas) Timoteo, este nuevo
personaje hace su aparición, aquí, en el capítulo 16. Era de Licaonia, hijo de
un matrimonio mixto, de padre griego, y madre judía; de acuerdo a la tradición
judía, el hijo de un matrimonio mixto debía ser educado en la tradición de la
mamá. Timoteo llegará a ser uno de los mayores -si se nos permite la analogía
con el lenguaje militar- “lugartenientes” de san Pablo, así las cosas, se
comprende porque este último le dirigió dos Cartas que, han llegado hasta
nosotros. Fue ordenado Obispo de Éfeso según nos informa Eusebio de Cesarea en
su Historia de la Iglesia, por el propio San Pablo. Algunos estudiosos llegan a
verlo como autor de la Epístola a Filemón.
Nótese que, a pesar de todo, Pablo tiene una deferencia con
los judíos de la región de Listra, y hace circuncidar a Timoteo. No se trata de
una componenda, o de una hipocresía, San pablo hace gala de una flexibilidad espiritualmente
inteligente: Se debe tener en cuanta, como se ha dicho arriba que, siendo hijo de
madre judía, Timoteo era, desde la óptica del judaísmo un judío verdadero, y
San Pablo, en eso, no juega al dogmatista. En realidad, su propósito es muy claro,
hace todo cuanto viabilice la expansión del Evangelio para que este no tropiece
con trabas innecesarias. Timoteo tenía que servir de puente con comunidades de
raigambre judía, convenía pues no obstruirle el ejercicio de su misión.
Luego, la perícopa nos informa que por donde iban pasando
iban, además, comunicando lo que el Concilio de Jerusalén había decidido, se
divulgaban sus “decretos”. Las Iglesias
crecían y se robustecían en la fe. Aquí descubrimos una dialéctica a tener en
cuenta, no se trabajaba exclusivamente por un crecimiento numérico; además, se
buscaba la profundización y elevación progresiva de la fe de todos los miembros
de la Iglesia.
Viene ahora, un detalle especial, san Pablo tiene una ὅραμα [orama] “Visión”, “sueño”, “aparición”: el Espíritu Santo les impide predicar en Asia. Los
lleva directamente a Europa. ¡Ojo! El Evangelio entra en Europa. ¿Cómo? Por esa
visión que tuvo Pablo en Troade, se trata de un Macedonio que se le apareció de
pie y le rogó llegarse a Macedonia. Así, de Troade ira a Filipos y
sucesivamente a Anfípolis a Berea y a Atenas.
«Allí
es donde la Voluntad de Dios se hace clara, por medio de la visión o sueño de
pablo. En aquel tiempo, la visión plástica o intuitiva y e sueño se veían como
medios por los que Dios se comunicaba con los hombre -cosa que la moderna
psicología profunda estudia cada vez más-». (Ivo Storniolo)
Sal 100(99), 1-2. 3. 5
Salmo del ritual de la Alianza. Está muy en la línea de lo
que nos está narrando Hechos, de la catolicidad, de la apremiante necesidad de
llevar la buena Noticia hasta los confines del orbe. Para la perícopa a proclamar se tomó caso todo el salmo,
sólo se exceptúa el verso 4.
La primera palabra del
salmo es ר֫וּעַ
[ruá] que se ha traducido por “Aclamad”, con
exactitud quiere decir “armen un ruidaraje ensordecedor”, “revienten los oídos
de la gente”. Y llama a todo el mundo, sin discriminación, sin excepciones. Ese
ruidaraje no se arma para hacer alarde de lo escandalosos que somos, sino para
externalizar la alegría rebosante. Al presentarnos delante de Él, llamémoslo
“Victorioso”, digámosle, gritemos: ¡Eres el Vencedor!
Declaramos que el Señor es
Dios en Persona, que Él es nuestro Creador, que Él es nuestro Dueño, que nosotros
somos “ovejas de su rebaño”, porque Él es nuestro Pastor: ¡Pastor Hermoso!
La tercera estrofa resalta tres cualidades que Dios nos ha dado a conocer:
a)
Es
Bueno
b)
Su
Misericordia es Eterna
c)
Igual
que lo es su Fidelidad, que dura por siempre.
Hay una alusión tácita:
Cada Eucaristía es el cumplimiento de esta Liturgia, querida y mandada.
Jn 15, 18-21
El mundo secular
No
amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama el mundo, el Amor del
Padre no está en él.
1Jn
2, 15
Se nos recomienda tener cuidado con la palabra “mundo” en
el Evangelio joánico porque cobra distintos significados.
- El
sentido natural y lógico de “realidad creada”
- Algo
completamente ajeno a Jesús, como de otra “dimensión”, lo que le pertenece a
Dios.
- Lo
que se enfrenta a Jesús y se le contrapone, mostrando una abierta discrepancia.
En esta tónica el Malo es visto como “jefe del mundo”.
Por ejemplo, en este contexto de hoy, significa todo lo que rechaza y persigue la fe cristiana y a la vez, todo lo que nos aparta o nos puede llegar a alejar de nuestro Credo y de nuestra firmeza en Él. Es, por así decirlo, el “enemigo total”. Es el poder del Mal. Hemos de notar que, si Él fue perseguido, también sus discípulos lo serán, así como es perseguido todo su Mensaje.
Esta persecución tiene su
razón de ser en el desconocimiento del Padre. Si alguien supiera que Jesús es
Sacramento del Padre, se le respetaría y se le amaría, pero no sólo nuestros
sentidos están embotados, sino que, además, el Malo narcotiza nuestra
espiritualidad para impedirnos reconocerlo.
«San Ignacio de Loyola, en los ejercicios espirituales, estigmatiza la estrategia de satanás como avidez de riqueza, cuya acumulación lleva a la vanagloria y a la soberbia, que son el principio de todos los males. En cambio, la estrategia del Reino consiste en llevar a los hombres a apreciar la pobreza y el desprecio que ella implica, para llegar a la humildad, que es el principio de todos los bienes». (Silvano Fausti)
“…Es necesario que ellos hagan una elección precisa
entre el amor de Dios, que se traduce en el cumplimiento de su voluntad, y el
amor a la mundanidad”.
Enzo Bianchi
Si quisiéramos desertar,
bastaría con engancharnos al mundo, entregarnos a lo que él nos pide, nos
sugiere, y automáticamente el mundo nos aceptaría -se ve todos los días-, es
más nos prodigaría todo su amor-veneno que mata al son del griterío, aplausos,
escandalo y risotadas ramplonas.
Por el contrario, si
queremos mantenernos fieles a Jesús, tendremos que “guardar su Palabra”. Si
nosotros guardamos “la Palabra” quienes reciban el Mensaje, también sabrán
guardarla.
Veamos, entonces, sobre qué base está cimentado nuestro discipulado. Hay algo que está detrás de todo esto, detrás del Amor, del odio, de la persecución, del discipulado, del anuncio de la Palabra, de la construcción de Comunidad: ¡El Santo Nombre de Dios!






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