miércoles, 13 de mayo de 2026

SAN MATÍAS


Hch 1, 15-17. 20-26

Precisamos entender bien la expresión “estaba escrito” porque a primera vista puede entenderse como una fatalidad, y si la vida del ser humano está sometida a la fatalidad, este pierde su libertad, porque ya todo estaría predeterminado y el hombre estaría “programado” para inexorablemente cumplir su predestinación. En cambio, podemos captarlo como unos nodos inevitables por los que pasa la economía de la Salvación, a los que el sujeto no está sometido, sino el decurso del Plan soteriológico que diseñó Dios desde siempre independiente de la opción humana sobre cada momento de su historia personal. Sea cuál sea la elección humana, la vena del tiempo pasará por los nodos, esos nodos garantizan que la voluntad de Dios se cumple y que su Economía Salvífica ¡es!

 

En uno de los nodos estaba previsto que Judas Iscariote sería reemplazado, y “otro ocuparía su lugar”. Ese nodo tiene la coordenada 12 como cardinalidad inexorable, como se ha dicho, el número de la “elección”. Se postulan personas idóneas -que cumplan claramente los requisitos-, paro se busca la manera que nuestra voluntad decisoria quede bloqueada y, en último término sea Dios quien se exprese por medio de la aleatoriedad.

 

La actuación del hombre en la historia, la modulación del hombre que el albedrío humano maneja, pide que el elegido sea candidatizado por nosotros; pero -poniéndose en las Manos de Dios- para que Él señale por donde debe circular el nodo histórico, es la manera aquiescente con la que, en suma, decimos ¡Hágase Señor tu Voluntad!

 

Es silenciar nuestra “rebeldía” para dar acogida a lo que Su Voz quiera Hablar. Algo así como si Dios dijera: “Paraos en la cabeza, si eso os place”, y nosotros poniéndonos en Su Escucha, le respondiéramos: “¡No Señor! dinos cómo quieres que estemos, ¡de pie? o ¿sentados? ¡Es dejarnos llevar de la Mano, y rehusar al correteo “autónomo”!

 

¿Dónde está la idoneidad aquí? En que Matías había conocido a Jesús, había estado con Él y sus discípulos, según todo indica, perteneció al equipo de los 70 o 72 de circuito ampliado de discípulos que Él mismo envió.

 

Aparece, y nunca antes había sucedido, la designación de “hermanos” para aludir a los miembros de la Comunidad cristiana. Dejarse guiar de la Mano es lo que hace de alguien “hijo”. Y si todos guiados por la misma Mano, todos hermanos.

 

Cuando hablamos de la tradición, podemos clasificarla en tradición mayor y tradición menor. En la mayor estarían aquellos que lo oyeron de viva voz, que lo acompañaron, que fueron instruido personalmente por Jesús. A este muy selecto grupo de la tradición mayor lo distinguiremos señalándolos con la T mayúscula: Matías era miembro de la Tradición. El nombre Matías proviene de Mattatyah o Mattityahu y se traduciría “Don de Yahweh”, como diríamos nosotros -muy coloquialmente- “un regalo del Cielo”.

 

Para esta designación, de alguna manera análoga a la de nombrar Sanedrín (la Corte Suprema de la ley judía cuya misión era administrar justicia interpretando y aplicando la Torah. Competente en temas tanto religiosos como penales y también civiles), se requería un mínimo de 120 personas (10 por cada tribu, pero no se contaba que fueran de diversas tribus, sino que el quorum mínimo para validar la elección era ese número); Lucas, nuestro hagiógrafo de turno, nos muestra que la elección de Matías se hizo respetando los cánones de una Asamblea Judía regular con ἑκατὸν εἴκοσι [ekatón eicosi] “120” personas que estaban allí congregadas.

 

-Ya en el verso 15 del capítulo primero de los Hechos-, encontramos la designación: ἀδελφῶν [adelfón] “hermanos”. Nos parece importante resaltar que los medios hermanos también entraban -sin discriminación- en esta categoría.


Según la tradición popular, Matías predicó el Evangelio en Judea, en Etiopía, en Colchis (Georgia), cerca al Mar Negro -conocido como Ponto Euxino- región donde se afirma que murió crucificado.

 

Sal 113(112), 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

En el Seder de Pesaj (cena Pascual Judía), después de servir la Segunda Copa se daba inicio al Canto del Hallel egipcio, que empieza con el Salmo 113 y se continuaba con los siguientes Salmos hasta el 118 inclusive. Estos seis Salmos conforman el Gran Hallel (también se pronuncia Halhel). Es un Salmo Pascual, también recitado en Pentecostés y en la Fiesta de las Chozas (Sucot). Este entonar de la serie de los salmos va hasta la Cuarta Copa.


Nosotros hoy tenemos cuatro estrofas, configuradas con 8 versículos.

 

En la primera, Se nos convida a Alabar: El Santo Nombre de Dios, y que continúe esa Alabanza por los siglos de los siglos.

 

Durante todo el día, nos indica la segunda estrofa; el Señor se eleva, envuelto en Su Gloria hasta Su Morada Eterna (Alusión muy explícita -prácticamente profética- a la Ascensión del Señor).

 

Pero, así como Se Eleva, El Señor también se sigue Abajando. Se va, pero vuelve, y no siglos después, sino que de inmediato suple su Presencia con el Santo Espíritu Paráclito,  para llenarlo todo con su Presencia.

 

Y viene la declaratoria de su Amor Preferencial:

-al desvalido

-al pobre

A ellos los alza para ponerlos a la altura de los נְדִיבֵ֥י [nadibin] “príncipes”, “gobernadores”, “capitanes” del pueblo.

 

Jn 15, 9-17

Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre nuestra vocación.

Papa Francisco

“… el Espíritu de Dios, la savia, el que permite a cada miembro percibir e intuir las necesidades concretas de la comunidad, de cada persona, y entrar en la lucha por la vida. Una lucha que supone un riesgo de vida. Y sólo aceptamos correr ese riesgo cuando amamos. Por tanto, la comunidad de Juan trata de mantener vivo el amor, el único mandamiento de Jesús para la comunidad”. (Centro Bíblico Verbo)


Para nosotros cobra muy especial realce el verbo con el cual Jesús nos envía al ejercicio del amor reciproco. ¿Con qué verbo lo hace? ἀγαπᾶτε ἀλλήλους, καθὼς ἠγάπησα ὑμᾶς ἵνα καὶ ὑμεῖς ἀγαπᾶτε ἀλλήλους.            [agapate allelous kathos egapesa umas ina kai umeis agapate allelous]. El verbo es ἀγαπάω [agapao] que significa dirigir el amor con total obediencia a lo que Dios disponga. Es un amor teologal. Su empuje nos lleva a cumplirlo al estilo de Jesús. ¿Cómo es ese estilo? Es un estilo totalmente desinteresado. No espera ninguna gratificación. No busca ninguna propina. No se hace por pago contra entrega. Su único móvil es que el otro esté bien, que se beneficie de esa donación. Que lo preserve de todo mal y de todo daño. Es un amor que tutela, pero que no exige nada.  ¡Es total donación! ¡Es absolutamente gratuito!

 

El amor ágape significa que la persona que lo da es movida por el mismísimo soplo del Espíritu Santo. Pero tiene la suficiente inteligencia para discernir que busca el bienestar del destinatario, no el bienestar subjetivo de quien da, sino la urgencia de quien recibe. No cree que como a mí me gustan las uvas, al otro le gustaran también; sino que indaga, qué frutilla le complace a su prójimo. El amor-agape tiene un sesgo muy preciso, es “oblativo” -como lo vio Papa Benedicto XVI- «superando el carácter egoísta que predominaba claramente en la fase anterior (la del amor erótico). Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca».

 

La palabra oblativo proviene del latín oblatus "ofrecido" o "presentado en sacrificio”, hunde su antecedente en la palabra offerre que es lo que hace quien lleva una donación al Altar Sacrificial: Llevarlo y ponérselo en frente a la deidad.

           

Nos hallamos ante el tema de la “permanencia”, valga decir, la fidelidad en el seguimiento. Esa fidelidad es una perseverancia en el Amor, también en el “dejarse amar”.

 

Añadiremos aun otra cita de Papa Benedicto que nos trasporta del Amor-Ágape a la Eucaristía: “El gran escritor cristiano Tertuliano († después de 220), cuenta cómo la solicitud de los cristianos por los necesitados de cualquier tipo suscitaba el asombro de los paganos. Y cuando Ignacio de Antioquía († ca. 117) llamaba a la Iglesia de Roma como la que «preside en la caridad (agapé)», se puede pensar que con esta definición quería expresar de algún modo también la actividad caritativa concreta”.

 

Se da un enlace luminoso, se especifica que permanecer en el amor no es alguna idea vaga, general, abstracta, algo que hay que hacer, pero no se sabe qué es. Jesús lo dice con todas las letras: Significa permanecer en el cumplimiento de sus Mandamientos (que no se han de reducir a las Tablas Mosáicas). ¡Claro que hay que guardar los Diez Mandamientos! pero hay que profundizar en sus otros Mandamientos, expresados, por ejemplo, en el Sermón del Monte, en las Bienaventuranzas, en sus parábolas en la tarea de edificar el Reino, pero específicamente en su Mandamiento: el Mandamiento del Amor.

 

Así lo dice y así nos lo recuerda hoy: Que nos amamos unos a otros como Él nos ha amado. ¿Cómo nos ha amado? ¡Llegando al límite de “entregar su vida entera por nosotros”! Así se constituyó en Amigo nuestro y así probó, más allá de toda duda que somos sus Amigos.

 

¿Cómo se ha edificado esa Amistad? Revelándonos y compartiéndonos todo cuanto su Padre le ha Revelado. No acaparó con egoísmo, ¡me lo dio mi papá luego tengo derecho a quedármelo! ¡Él no es así! Sus manos son como un “canal”, sólo sirven para dirigir la donación de Manos del Padre a nuestras manos. 

 

¡Él nos ha elegido! No hay que andar por ahí desesperado tratando de adquirir su Amistad. Tras su amistad está la Gratuidad del Don. El Don no se puede vender ni comprar. Si pudiera comercializarse no sería Don, sería “meretricio”, falso amor -en búsqueda de lucro- por puro interés económico. Como cuando le prendo una vela para comprometerlo a que cumpla mis deseos.


La amistad que es Don Suyo, no propone la entrega de “poderes”, pero conlleva el Poder máximo, la capacidad de donarse en gratuidad. No se puede ser más poderoso que dando la vida por Amor. Cualquier otro poder es alucinación, es seducción demoniaca.

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