Gn 22, 9-18
Juro
por mí mismo, oráculo del Señor por haber hecho esto, por no haberte reservado
tu hijo, tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus
descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa”
Dios ha contraído una lealtad con sus criaturas, ha asumido
frente a ellas el rol de Padre. Abrahán nos presenta un paralelismo, él tiene a
su cargo desempeñar el rol de padre con Isaac. Pero, Abrahán como criatura,
tiene otra fidelidad que podemos precipitarnos excesivamente a declarar mayor:
una fidelidad hacia Dios, de cumplir todo, absolutamente todo lo que Él le pida
o le mande, porque como padre-en-la-fe tiene que cumplir -con lujo de detalles-
aquello de amar a Dios sobre todas las cosas, inclusive por encima de la vida y
supervivencia de su propio hijo. Así que dios le pide que le dé lo que más ama:
¡la vida de su único hijo! ¿a ver? ¿Quién, en uso de sus facultades, tomará de
la mano a su hijo y lo llevará al Monte Moria para ofrendarlo?
¿Qué hizo Abrahán? Pues ni corto ni perezoso, ¡cogió todo
lo necesario para un sacrificio, y puso manos y pies a la obra! Camine a ver
para el monte Moria. Nosotros nos imaginamos un jovencito, un niño… Los exegetas
nos corrigen: si podía cargar la leña para el sacrificio tenía que ser ya un
joven crecidito… Los estudiosos le han calculado alrededor de 30 años…
Bueno, ustedes ya saben lo que pasó. Dios, a última hora
mando al ángel a detenerle la mano y le dio, a cambio, un carnero que estaba
trabado por la cornamenta entre los matorrales. “Cambiemos de víctima;
ofréndame mejor ese carnero”.
El filósofo danés, Søren Kierkegaard, nos enfrenta a una triple perspectiva:
- ¿Cuál sería la relación en lo sucesivo del
padre y el hijo? ¿Podría, aquel jovenzuelo, alguna vez, dejar de ver en aquel
hombre a su dispuesto asesino?
- ¿Cómo visualizaría Sara, la mamá, a su
marido, el que había estado a punto de cegar la vida del hijo de sus entrañas?
- ¿Pudo alguna vez Abrahán perdonarse a sí
mismo que no había vacilado por un instante ante la perspectiva de apuñalar al
hijo que el mismo Dios le había regalado ya en sus años de vejez?
Si leemos la página con un mínimo de seriedad,
no podemos acallar estos interrogantes sin pasar nosotros mismos por el
doloroso rio de lava que seguramente vivieron los tres: Isaac, Sara y el propio
Abrahán.
Y -tendríamos que añadir las espinas de otro
corazón atribulado- ¿Qué tuvo Dios en su Mente cuando envió a Jesús al Calvario
y lo obligó a apurar la copa, todo por redimirnos?
La perícopa concluye en el verso 19 -que no lo
leemos- nos informa que el papá, el hijo
y los dos esclavos, se fueron después a באר שבע [Beer sheva] que se puede traducir como
“el pozo del Juramento” o “el pozo de los siete”.
Sal
40(39), 6-7. 8-9. 10. 11
Estamos
ante un Salmo de Acción de Gracias, domina el propósito de ser agradecido.
Acompaña esa gratitud una especie de asombro. El Salmista no logra entender
adecuadamente, cómo ha sido posible que Dios haya obrado con tanta Bondad. El
Plan de Salvación implica toda una sucesión de Generosidades, que nadie,
absolutamente nadie se habría comprometido. Salta como un resorte totalmente
comprimido la palabra “Misericordioso”. Si tratáramos de enumerar los favores
recibidos, son tantos y tan incontables, que ni nos acordamos, sólo podemos
resumir diciendo ¡Cómo hemos salido favorecidos siempre y al final de cuentas?
Hay
otra idea, y esta, está en el corazón de la perícopa proclamada, tanto es así
que, se convirtió en el responsorio: En
la tercera estrofa, se nos lleva a reflexionar ¿qué pasa cuando la Ley que Dios
ha puesto la consideramos ajena, algo impuesto desde el exterior?; y, ¿qué pasa
cuando la Ley es tan propia que es como un hijo nuestro, o como uno de nuestros
órganos, y todavía más, un órgano vital. Aquí la Ley habita nuestras propias
entrañas: Por eso, es lo que le da sentido a nuestra vida. Es el norte de
nuestro ser, cumplir con el “querer” de Dios no es hacer los que otro quiere,
es ¡hacer lo que nos hace ser lo que somos!
Otra
declaración es que Dios no quiere sacrificios ni ofrendas. Ah, Dios ha cambiado
de opinión, ahora pide otra cosa distinta de la que pedía ayer. ¡Nada de eso!
Revisando en los profetas, vemos que nunca ha querido que se le maten animalitos,
Él lo ha aceptado, como al tierno infante se le acepta un matachín hecho con
dos rayas; pero conforme el hijo crece, se le exige más, y con calidad. En la
infancia de la humanidad nos tuvo paciencia y se recreaba con nuestros torpes
dibujos. Ahora, espera que nuestro talento haya madurado: Que seamos capaces de
hacer su Voluntad.
El
Mesías, no vino a gobernar con cetro de hierro, ha venido a “comunicarnos” la
Palabra de su Padre. Él mismo es la Palabra. Al abrir sus labios, cada epifanía
ha sido para deslumbrarnos con su Misericordia Inefable.
Mt 26, 36-42
¿Cuáles fueron los preparativos, -los momentos previos al
interrumpido sacrificio de Isaac?
“A la madrugada del día siguiente, ensilló su asno, tomó
consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña
para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde
lejos, y dijo a sus servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y
el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a
reunirnos con ustedes". (Gn 22, 3-5).
Ahora comparemos los prolegómenos en el caso de Jesús:
“Llegó Jesús con ellos a un
lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo
voy más allá a orar.» Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y
comenzó a sentir λυπέω [lypeo] “tristeza”, “tan
triste que al borde del llanto” y ἀδημονέω [ademoneo] “angustia”, “profunda depresión”. Y les dijo: «Siento una tristeza de
muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» Fue un poco más
adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si
es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero,
sino lo que quieres tú.» Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y
dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora
conmigo?".
(Mt 26, 36-40).
No tenemos noticia sobre cuáles serían los sentimientos de
Isaac; aquí por el contrario sabemos que, a Jesús, en aquella hora previa, la
tristeza lo estaba matando. Conviene entender la fuerza simbólica del nombre
del lugar donde Jesús hizo consciencia de la “hora pavorosa” que se le venía
encima. El lugar se llama Getsemaní; esta palabra viene del arameo, Gath-Šmânê, en hebreo se llama Gat
Shemanim, se traduciría por “prensa del aceite”. Para liberar el aceite de la
aceituna, se le somete a prensado, con enorme presión se destripa, y ella va
dejando manar su oleo. Pues Jesús, allí, estaba sufriendo esa terrible presión.
Es la Pasión. La pasión puede ser por el trago, por un deporte, por un vicio,
podemos elegir entre diversas pasiones: Jesús nos eligió como motivo de su
Pasión, se apasionó por nosotros: fue una Pasión que su Padre le inculcó, Él e
la enseñó.
Lo que Jesús nunca negó fue su filiación.
Esta Pasión es la del Hijo que no niega a su Padre. A este Hijo el Padre le ha
encomendado el rebaño, y Él no cede, los defiende de leones, tigres, lobos y
osos. Pero los discípulos no pueden vencer el sueño una y otra vez Jesús los
despierta, se supone que ellos están allí para testimoniar frente “a los que
creerán”, así como ellos mismos lo habían visto “transfigurarse”; ahora están
llamados a ver como es victimizado hasta la “desfiguración”. Lo primero fue
pintoresco, lo de ahora es insoportable.
Tenemos que darnos cuenta que Jesús no
buscó este dolor. Tampoco nos podemos inventar que el Padre era algún tipo de
sádico que buscó el dolor de su hijo para saborear en su paladar el degusto de
la venganza, haciendo padecer al inocente. ¡No! ¡Dios-Padre no es ninguna clase
de torturador!
Miremos nuestras propias manos y
descubramos si hay en ellas gotas de sangre del Crucificado. Qué genes
compartimos con Judas Iscariote.
Jesucristo es Sacerdote porque entró en el Sancta Sanctorum llevando su sangre -extraída a fuerza de prensa- para derramarla -como lo hemos repetido varias veces- sobre el כַּפֹּרֶת
[Kapporet]
(se traduce literalmente "cubierta" o "tapa".
Históricamente hablando, era la tapa de oro macizo, flanqueada por dos
Querubines, también de oro macizo, que cubría el Arca de la Alianza en el
antiguo Mishkán “Tabernáculo judío”).





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