Lo primero que hay que decir es que esta fiesta (memoria obligatoria) no tiene fecha fija, se celebra el lunes después de Pentecostés, o sea que, por su relación con la Pascua diremos que se celebra el día πεντηκοστός πρώτος [pentikostos protos] 51o “quincuagésimo primero”.
Gn
3, 9-15.20
¡El
pecado se ha cometido! El ser humano tiene consciencia de su culpabilidad. Es
consciente de haber desoído la advertencia. Dios, en su desvelo por el ser
humano lo previno indicándole cual era la “kryptonita” que lo podría matar, y
que, en diversas variantes, podría adulterar los enormes poderes con los que
Dios lo creó.
Por
haberse hecho pecador, cobra súbita consciencia de su estado de desnudez. Tener
“vergüenza” de la desnudez constituye de por sí una anomalía excesivamente
curiosa. ¿Qué puede tener de “malo” algo que Dios hizo perfecto? Fenómeno bien
curioso, no ha habido ninguna trasformación especial en el ser, pero su corazón
da a sus ojos otro “enfoque” que le hace reconocer en su propio ser algo
“malo”. La maldad hace que queramos ocultarnos, sin saber qué ocultamos. Tal
vez, en medio de nuestro afán de “tapar”, corremos a poner el “trapo del
ocultamiento” allí donde no hay nada que ocultar. Ese descubrimiento lo conduce
a quererse ocultar. Al percatarse de la Presencia de Dios, a Quien ya no ve
como un Amigo que llega a compartir con él, a gozar de su amistad. Ahora, hay
algo que interfiere esta cariñosa armonía entre Creador y criatura. Y siente
que es necesario ocultar este “algo” de su-ser-humano, propio de su humanidad.
Otra
fragilidad humana se nos descubre en este relato: se trata de un
desplazamiento. El hombre achaca la culpa a la mujer; él, bien habría podido
negarse a “comer del fruto prohibido, no vemos en el relato que Eva haya
coaccionado de alguna manera a Adán a seguirla en el consumo del “pecaminoso
pasa-bocas”, ella simplemente se la נָתַן [nazan] “dio”, “convidó”, ofreció”.
Esto
da también inicio a una “fractura” en las relaciones interpersonales de la
pareja; no sólo se ha afectado la relación Dios-ser humano, sino que esto,
además, ¡ha traído un resquebrajamiento entre el hombre y la mujer!
Se
confeccionaron חֲגֹרֹֽת [jagorot] “taparrabos”, “especies de delantales que cubrían sus
partes pudendas”.
La
acción de la נָחָשׁ
[nakjash] “serpiente” es presentada indudablemente como de נָשָׁא [nashó] “engaño”; algo parecido a lo que
hacen los magos de feria que “prestidigitan” para conducir -aparentemente- hacia
un “prodigio”. Obsérvese el parentesco fonético entre los dos vocablos, que
tienen en común dos letras, el sonido [n] y el sonido [sh]. Dios mira hacia
ella – la serpiente” como primera merecedora de sanción. La palabra serpiente
deriva de un étimo latino “serpens” que significa “la que se arrastra”;
arrastrarse la envilece, ella recibe esta condición como castigo “te
arrastraras sobre el vientre”, y “comerás tierra” (3,14). Nos parece importante
anotar que -en la cultura egipcio-faraónica- era la fuerza vital pero también
la fuerza de destrucción; la representación gráfica que se ha conservado de Neheb-Kau nos la muestra con brazos,
piernas y pene. Además, Neheb-Kau era larga y sinuosa y devoraba almas humanas. Neheb-Kau tenía un
papel específico en el examen de la pureza y la impecabilidad de los
fallecidos: el caro tema del juicio post-mortem.
La
perícopa se salta 4 versos (16-19), y se va directo al nombre que Adán le da a
la mujer: la llama חַוָּה
[chavah] “vida”, porque ella fue madre de todos los חָֽי
[kjay] “vivientes”, lo que tiene “vida”, lo que tiene “vitalidad”. Esta letra
hebrea reúne tres factores habla-pensamiento-acción, que remiten a lo
que hace el ser humano-existente, a lo que “puede”.
Su
grafía alude al hombre-la mujer-y-el-hijo, su grafía tiene, pues, un valor
trinitario. Esto vale la pena relacionarlos con el astuto argumento que le dio
la serpiente a Eva: Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de
ese árbol podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces
serán como Dios (Gn 3,5). Si confundimos al Creador con la criatura, todo
el resto del análisis estará viciado. Es muy importante que comprendamos que
somos “a imagen y semejanza de Dios”, pero definitivamente no somos los
creadores. Tenemos un “parentesco” a valorar y respetar. Pero, definitivamente
la b no es la A.
Observemos
que la mujer “erró la puntería” (eso es lo que significa la palabra “pecado”)
porque se quedó en la superficialidad, no fue a fondo, se fascinó con la
apariencia, lo que la convenció fue que, al mirar el fruto, “le pareció
hermoso”; ahí estuvo el “pecado”, en quedarse en la superficialidad y no
fijarse más a fondo. Quedó atrapada en la apariencia, esa es la cueva donde
habita la “idolatría”.
¿De
qué estaos hablando cuando decimos el “proto-evangelio”? Muy específicamente de
Gn 3,15. וְאֵיבָ֣ה ׀ אָשִׁ֗ית בֵּֽינְךָ֙ וּבֵ֣ין הָֽאִשָּׁ֔ה וּבֵ֥ין
זַרְעֲךָ֖ וּבֵ֣ין זַרְעָ֑הּ ה֚וּא יְשׁוּפְךָ֣ רֹ֔אשׁ וְאַתָּ֖ה תְּשׁוּפֶ֥נּוּ
עָקֵֽב׃ ס
A nuestro juicio, la médula de este versículo está en la expresión: זָ֫רַע [zerah] “descendencia”, “generación”, “linaje”, “simiente”, “posteridad”, uno podría decir “el que le sigue en la “serie”, genéticamente hablando: anuncio del Mesías, donde Dios promete que la descendencia de la mujer vencerá a la serpiente. Si se anuncia al Mesías, se implica el anuncio de la גְּבִירָה [Gebirah] “la reina Madre”.
Sal
87(86), 1b-3. 4-5. 6-7.
Este
es un Salmo de Sion. Este tipo de Salmos está relacionado con la fiesta de las
Succot, festividad que se celebra a finales de septiembre e inicios de octubre,
"Fiesta de las Cabañas" o "Fiesta de los Tabernáculos" que
celebra la memoria de los cuarenta años que los judíos pasaron en el desierto,
viviendo en cabañas; muy diferente de “la fiesta de las Semanas”, la que
nosotros llamamos Pentecostés y el judaísmo llama “Shavuot” que se celebra el
sexto día del mes de Sivan que cae en alguna fecha comprendida entre el 25 de
mayo y el 14 de junio (este año 2026 para los judíos se celebró desde la
madrugada del 21 hasta la puesta del sol del 23 de mayo).
Volvamos
a la fiesta de Succot El mandamiento dice que deben vivir una semana del año en
“chozas” (este año 2026 será entre el atardecer del viernes 15 de septiembre
hasta el atardecer del viernes 2 de octubre) para que no se olviden como les
tocó hacer durante su travesía por el desierto, y -sin embargo- Dios los fue
cubriendo de protección, de detalles, durante su pasaje por tan árida e
inhóspita zona. Se ha comentado que había una procesión para rememorar el
traslado del Arca -que hiciera David- a Jerusalén. Pero, esta procesión
-también lo hemos dicho no tenía escolta militar, como si la tenía la procesión
de Entronización. No es tanto un asentamiento del rey, como una subida a la
Jerusalén Celestial, por eso el valor de estos salmos es eminentemente
escatológico. Si releemos en el Apocalipsis del capítulo 21 el verso 2, se dará
una imagen más precisa del valor escatológico de este salmo: Nueva Jerusalén,
descendiendo del Cielo ataviada con traje Nupcial, engalanada para su Esposo.
Para nosotros este Salmo vaticina todo el sentido de la Iglesia en la vida de la Comunidad creyente. Está directa y muy estrechamente conectado con la Maternidad de María en relación con todos los fieles, sus hijos -entregados por Jesús en la cruz- a sus maternales cuidados. Esa maternidad se trasmite sin discontinuidad a la Iglesia.
Jerusalén
-casi como un absurdo- es presentada en este salmo como la cuna de los peores
enemigos de Israel: Egipto, Babilonia, Tiro, Filistea, precisamente los que la
atropellaron, la violentaron, la incendiaron, la saquearon y tanto daño le
hicieron a Jerusalén- son los mencionados en este salmo para que algún día la
reconozcan como su Madre, la ciudad construida en la ladera de Sion. Pero no
será por férula que será aceptada, sino porque sus habitantes sabrán
proclamarla de tal manera que esos -antiguos enemigos- reconocerán su cobijo maternal.
Sabrán mostrar a la Mamá como prodigadora de cariños universales. La Lumen
Gentium en el número 63 dice: “La Virgen Santísima, por el don y la
prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por
sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida con la Iglesia.
Como ya enseñó San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia
en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. Pues en
el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen,
precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como
modelo tanto de la virgen, como de la madre. Creyendo y obedeciendo, engendró
en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón, cubierta con la
sombra del Espíritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda
duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo,
a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), esto
es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno”.
Se
han tomado 6 versos y medio de sus 7 versos, para conformar la perícopa que se
proclama en esta fecha; con ellos se han agrupado 3 estrofas.
Empieza
enunciando la preferencia fundamental de Dios por esta Ciudad, por encima de
todas las otras localidades que los judíos hayan levantado. Luego enumera las
ciudades rivales, y dañinas que terminaran reconociéndola como la Ciudad que el
Propio Dios se construyó. No habrá mayor orgullo para los hijos de Dios que mostrar
su partida de nacimiento inscrita en los archivos de Su Despacho.
Jn
19, 25-34
Continuando
la relación estipulada entre Jesús, María y la Iglesia, queremos aquí, darle un
repaso al Concilio Vaticano II, que, en la Lumen Gentium, en el numeral 58 dice:
«En la vida pública de Jesús aparece reveladoramente su Madre ya desde el
principio, cuando en las bodas de Caná de Galilea, movida a misericordia,
suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cf. Jn
2, 1-11). A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo,
exaltando el Reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la
sangre, proclamó bienaventurados (cf. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28) a los que
escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf. Lc 2,
29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe,
y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin
designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn 19, 25), sufriendo profundamente
con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio,
consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había
engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús agonizante en la
cruz como madre al discípulo con estas palabras: «Mujer, he ahí a tu hijo» (cf.
Jn 19,26-27)».
El título de "Madre de la Iglesia" a la Santísima Virgen María fue una designación oficial del Papa San Pablo VI, efectuada el 21 de noviembre de 1964, durante la Tercera Sesión del Concilio Vaticano II.
Aquí
es muy importante mirar las dos palabras que pronunció Jesús en la Cruz, en su
penosa agonía: “Tengo sed” (Jn 19,28) y “Todo está cumplido” (Jn 19, 30). Cuando
dice “Tengo sed, cabe anotar lo que dicen los eruditos -aplicados estudiosos,
que encuentran que muy seguramente a Jesús se le dieron dos clases de vino: 1)
una mezcla con hiel, que él rechazó. 2) Otro que contenía mirra.
Aquí
lo que se menciona no es propiamente vinagre, sino ὄξος [oxos] “vino ordinario”, de pésima calidad,
quizás las sobras de los odres, el “cuncho”, se les donaba a los soldados para
sus juergas. ¡No se vaya a pensar en el delicado destilado que, por la
fermentación de los alcoholes, se transforman en ácido acético!
La
sed no se refiere a una sed de agua, sino al anhelo profundo de encontrar refugio
en nuestro corazón. Τετέλεσται [tetelestai], ¿cómo
traducirlo? Hay una “misión” que implica cumplir varios pasos, una secuencia de
etapas, se van cumpliendo una a una; al final, todo lo que se esperaba, se ha
hecho. ¡Eso es! Todo se ha hecho, ¡está cumplido! Lo que se alcanzó, puso las
bases para que -con el impulso dado- se produzcan -hasta la satisfacción- las
etapas pendientes.: Inclinando la cabeza παρέδωκεν τὸ πνεῦμα [paradoken to pneuma] “entregó el Espíritu”. Una cosa más de
la que se despoja. ¡Este es el despojo definitivo! ¡Ya no le queda nada que
entregar!
Junto a Jesús estaban las mujeres, las “marías”. Hay una
entrega, Jesús suele ir entregándolo todo, -como quien se va quedando con nada,
se trata de un “despojarse”- le entrega su madre el “discípulos amado”. Nada
nos impide leer este punto con una translación: “A ti, amado amigo, te va a ser
más necesaria que a mí, ahora”. Los amigos van a requerir una “Madre” ahora que
se van a quedar huérfanos de Hermano. ¿Cómo reacciona el “discípulo amado”?
Acaso le contradice, acaso trata de fabricarle un destino diferente a su Maestro
-como lo hizo Pedro- nada de eso; llanamente la toma como herencia, como si se
tratara de su propia madre. Y se la lleva consigo a casa, ¡como la cosa más
natural! ¿Qué podía haber de raro que un joven se llevara a casa a una mujer
que quedaba sola, sí él era su único pariente?
Juan llevo a María a su casa, y, después debió huir de Jerusalén
a Éfeso, en la actual Turquía. El lugar exacto, conocido como la Casa de la
Virgen María (Meryem Ana Evi), se encuentra en el monte Bulbul, a unos 7
kilómetros de las ruinas de la antigua ciudad de Éfeso y cerca del pueblo de
Selçuk.
Según la tradición religiosa, cuando Tierra Santa cayó en
manos de musulmanes a finales del siglo XIII, Dios ordenó a sus ángeles
desarmar pieza por pieza la casa donde vivió la Virgen María para ponerla a
salvo. Los relatos cuentan que, en el año 1294, los ángeles transportaron la
casa por el aire y la colocaron en Loreto, donde hoy se erige la famosa
basílica.
.
«Las palabras de Jesús en la cruz son un mensaje para el
creyente y revelan la teología del evangelista: la maternidad que ahora asume
la Iglesia en la figura del discípulo amado; la referencia a la sed ahora nos
remite de nuevo al agua; y, al hecho de que todo se ha cumplido son una prueba
clara de la misión de Jesús con los hombres».
El relato joánico nos da otros tres detalles:
1) Los
judíos pidieron que les descolgaran el cuerpo.
2) Que
a Jesús -como lo había anunciado la profecía- no le sería quebrado ningún hueso.
3) Al
traspasarle el costado broto “sangre y agua” cómo lo vemos en la imagen del
Señor de la Misericordia: Es lo que se deposita en el Cáliz: Donde en la Eucaristía prima siempre la
cantidad de Vino, y el agua que se añade, es apenas un par de gotas que nos
representan a nosotros: esas gotas de agua son el resto del Cuerpo Místico,
donde la mayor parte es toda la sangre que Él vertió como “sacrificio” para la “propiciación
de nuestros pecados”.
La beatísima función maternal de María está en el dolor que taladraba sus entrañas al ver a Su Hijo padecer la muerte redentora: ella no estaba a los pies de la cruz como presencia impávida, sino como dolorosa maternidad cuyo corazón era traspasado por la espada que simbolizaba el profundo dolor y sufrimiento emocional que ella experimentó a lo largo de la vida y la pasión de su hijo, en conformidad con la profecía de Simeón (Cfr. Lc 2,25).






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