martes, 10 de marzo de 2026

Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

 


Dt 4, 1. 5-9

Quien la cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.

Mt 5, 19

Este Libro, el quinto de la Torah, es fundamental en su enfoque teológico y en su propuesta magnifica de fraternidad: Dios es llamado Padre (1, 31) y en consecuencia todos los del pueblo de Dios son “hermanos”. Así que hemos sido convocados a vivir fraternalmente y llamados a ser co-participes. Entonces el meollo del Libro radica en que Israel será feliz y próspero si guarda su fidelidad con la Alianza; así también será infeliz si la quebranta y entonces acarreará perder la tierra que Dios le ha entregado. Esta Enseñanza se trasmite con base en discursos, que Moisés les dirige.

 

El Libro empieza repasando los viajes del pueblo en éxodo, así que los capítulos 1-4 se toman como el Primer discurso de Moisés, allí Moisés analiza ese recorrido.

 

En particular la perícopa de hoy es una exhortación que les hace su Líder. Moisés no va a entrar a la Tierra de Promisión, entonces les da un conjunto de pautas que dirijan su comportamiento para posesionarse de la tierra que el Señor les dará.

 

Lo que les dice podría intentar resumirse con la expresión “obediencia”, como que Moisés les aconseja ser “obedientes”. Pero rápidamente nos damos cuenta que el punto de partida y de enfoque es evitar la manía de añadir y quitar cosas a lo que Dios ha hablado (y nos sigue diciendo cada vez que vamos a la Palabra de Dios). Los previene de no añadir ni suprimir nada al Mandato. Cuando digo “obediencia” ya estoy añadiendo y quitando algo a lo que dice el Deuteronomio.

 

¡Cada vez que pasamos por encima de Su Palabra y -en cambio ponemos nuestra propia ideología- estamos yendo contra lo que precisamente nos dice aquí. ¿Qué hacemos para curarnos de esta enfermedad de meter lo que nos parece y sacar lo que se nos antoja? ¿Nos alcanzamos a dar cuenta que estamos teniendo el atrevimiento de corregir a Dios? ¡Si, así como suena, cambiar lo que dice la Palabra es corregir a Dios, porque lo que estamos haciendo es decir que lo que Dios dijo está mal dicho, y que vale más lo que a mí me parece!

 

Pues bien, hacer de la Palabra de Dios espacio para introducir mis opiniones como verdades de fe, lejos, pero lejísimos, ya no es religión, ya no es coherencia con la Palabra; lo que es, es “idolatría”. Ese añadido, o esa supresión generan un “ídolo”, porque ya no estoy honrando lo que Dios me confió, sino que estoy poniendo en su lugar lo que se me ocurrió.

 

En la perícopa se nos da como ejemplo de castigo por esa clase de desobediencia y por irse detrás de ídolos, lo que asoló a los Moabitas, que fueron exterminados a causa de su idolatría hacia el ídolo de Fegor. Moisés les indica que él no les enseña por su cuenta, sino que sus discursos contienen una Enseñanza venida del Cielo.

 

Si hay fidelidad a la Ley Divina por parte de su pueblo, todas las naciones de la tierra los respetarán y los admirarán por tener leyes tan prudentes y sabias. Se darán cuenta que respetar la Ley es caminar con el Señor y bajo su amparo y protección.


Hay que estar muy alertas para que todas estas experiencias que ellos han vivido no caigan en el olvido, que no se les vayan a borrar de la memoria (textualmente dice que no se nos escapen del לֵבָב [lebab] “corazón”), y para preservarlas -como nos enseñó Santa María Virgen, tenemos que conservarlas en el corazón (Lc 2, 19. 51). Pues bien, vamos a resaltar que no se trata de ponerlas en la caja-fuerte de la memoria y dejarlas ahí, con formol; el sentido de este atesoramiento es narrárselas a nuestros hijos, nietos y a nuestro linaje entero (Dt 4, 9). La memoria se preserva contándola, y esta salvaguarda será “de generación en generación” (Cfr. Dt 6, 6-7 y Sal 78,4-6).

 

Sal 146-147(147), 12-13. 15-16. 19-20

Jerusalén es un elemento del imaginario de las culturas antiguas que -por oposición al campo-, era símbolo de la seguridad por estar resguardadas por murallas, por puertas, por cerrojos y dentro de su amurallada tutela, se trasparentaba la Gloria de Dios, en el Templo, en el  דְּבִיר [dvir] “Sancta Sanctorum”.

 

Con la mejor harina amasaban su pan, otra vez Dios estaba presente en la calidad de sus nutrimentos, no comían pan de harina ordinaria, ni de cereales mezclados. Su pan era manjar del Cielo. Tenemos que entender que este pan es figura de Dios, porque ellos vivían en un contexto donde la hambruna y escases los acosaba. Verdaderamente que la Ciudad Fortificada era imagen de Dios que velaba por ellos.


Estamos, pues, en presencia de un himno que agradece los privilegios otorgados por Dios. Allí está cumplida la promesa, de abundancia, de pan de bendición si la alianza era cumplida.

 

Y en su generosidad, el Señor va más allá porque atiende sus corazones y los sana. La Sabiduría Divina es inconmensurable porque Dios les ha dado todavía un regalo mayor: La Ley. Para que puedan cultivar la fraternidad y caminar juntos -inclusive atravesar desiertos- en sinodalidad, porque la Ley del Señor es Eterna y su Bondad redunda en armonía de convivencia.

 

No hay otro pueblo que haya recibido trato tan preferencial y legislación tan perfecta.

 

El verso responsorial es un llamado a sostener esta actitud hímnica, que sabe valorar la munificencia salida de las Manos de YHWH. El Salmo inicia así: הַ֥לְלוּ יָ֨הּ [aleluya] “Glorifica al Señor”, a la letra “Alaba a YHWH”.

 

Como podría el corazón del creyente ignorar el flagelo fatal de las guerras y los pueblos que hoy por hoy se ven azotados por ella, y no elevar nuestra humilde voz al Señor para que sea Él-Único que puede en su Bondad sembrar Treguas Verdaderas- para que sea Él quien derrame en esos territorios desangrados, el Tierno Rocío de la Paz. Permítenos Señor, que nuestras sencillas gargantas, entonen el Aleluya, porque Tú sembrarás allí donde tanto dolor se cosecha el Maná de Tu-Misericordia, así como soplaste Tu-Santo-Espíritu -de-Paz sobre ellos, encerrados bajo llave en el Cenáculo (Cfr. Jn 20, 19-23).

 

Mt 5, 17-19

Dos lógicas: Marginar o reintegrar

Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a su plenitud, declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del sábado que desprecia al hombre y lo condena; o, cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.

Papa Francisco

Uno se figuraría que, con tantas traiciones a la Ley Divina, el Señor estaría retirándose y dándonos por ovejas definitivamente descarriadas. Pero así es la paternidad- el hijo más díscolo, el más desorientado, es siempre el más tutelado por el Padre. ¡Cuanto más daño nos causamos, más Amor nos derrama el Señor!

Todo descarriado se rebela contra le Ley. Para el que vive el extravío, la Ley no es una brújula, sino la causal de su mal comportamiento. Para ese, si no hubiera Ley, lo que él obra sería lo virtuoso.

 

Los fariseos veían en Jesús a un culpable, y su culpabilidad estaría en eso, en ser un Dios tan Comprensivo, tan Lento a la Cólera, y Tan Rico en Clemencia. Hoy en día también muchos pregonan y claman para que el Señor apriete su Mano en torno a nuestro cuello, hasta hacernos sacar la lengua y ponernos morados, imposibilitados de respirar. No hemos logrado entender Su Palabra, Él ya la ha pronunciado y no la retirará. Por eso se llama Alianza.

 

«Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos. Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10).

 

Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio». (Papa Francisco)

 

Jesús ha puesto un Mandamiento de Amor, y Él es coherente con su Ley. Lo que Él ha legislado se obedecerá primero en su corazón aun cuando nosotros seamos testarudos y no queramos acatar. “Cumplir es practicar poniendo en juego la raíz del ser. La Ley ya no son mandatos, sino cláusulas de libertad en la vida”

 

Él le da firmeza a su enseñanza. No andemos rogándole que se arme de un garrote y nos apalee. “En verdad les digo que antes pasará el Cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley”.

 

Vivimos en la cultura de lo precipitado y queremos que Dios contraiga su virus. Talvez el logotipo de esa cultura sea la “comida rápida”. Pero Dios no se atraganta, Él come lentamente, degustando, paladeando, saboreando.

 

¡Bendito sea Dios que se toma Su Tiempo! ¡Que no tiene premura, que nos tiene paciencia! ¡Enséñanos a amar el ritmo que tu llevas en Tu Corazón!

 

¡Enséñanos Señor a tener en cuenta hasta las letras más pequeñas de cada palabra que Tu Pronuncies! ¡Guíanos para no pasar por alto ni la más mínima puntuación, ni el matiz más leve, ni el susurro más discreto!”


Y, sobre todo, Tú que eres el Dios Todopoderoso, Dios-de-Toda-Fuerza, concédenos la fuerza de corazón para ser dóciles a tu guía, para “dejarnos llevar la mano”, danos la agudeza de oído para escucharte -aun cuando tu Ternura es un Susurro-, y la Voluntad para aplicarnos a cumplirla con amor, con pasión, con disciplina, con resistencia de empeño para no menguar en el propósito. ¿En qué consiste ponernos de parte de la Edificación de Tu Reino? En que nosotros, mientras estemos aquí, en la tierra, logremos que se haga tu Voluntad como reflejo exacto de tu Voluntad cumplida en el Cielo.

 

Amén.

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