Dt
4, 1. 5-9
Quien la cumpla y
enseñe será grande en el Reino de los Cielos.
Mt 5, 19
Este
Libro, el quinto de la Torah, es fundamental en su enfoque teológico y en su
propuesta magnifica de fraternidad: Dios es llamado Padre (1, 31) y en
consecuencia todos los del pueblo de Dios son “hermanos”. Así que hemos sido
convocados a vivir fraternalmente y llamados a ser co-participes. Entonces el
meollo del Libro radica en que Israel será feliz y próspero si guarda su
fidelidad con la Alianza; así también será infeliz si la quebranta y entonces
acarreará perder la tierra que Dios le ha entregado. Esta Enseñanza se trasmite
con base en discursos, que Moisés les dirige.
El
Libro empieza repasando los viajes del pueblo en éxodo, así que los capítulos
1-4 se toman como el Primer discurso de Moisés, allí Moisés analiza ese
recorrido.
En
particular la perícopa de hoy es una exhortación que les hace su Líder. Moisés
no va a entrar a la Tierra de Promisión, entonces les da un conjunto de pautas
que dirijan su comportamiento para posesionarse de la tierra que el Señor les
dará.
Lo
que les dice podría intentar resumirse con la expresión “obediencia”, como que
Moisés les aconseja ser “obedientes”. Pero rápidamente nos damos cuenta que el
punto de partida y de enfoque es evitar la manía de añadir y quitar cosas a lo
que Dios ha hablado (y nos sigue diciendo cada vez que vamos a la Palabra de
Dios). Los previene de no añadir ni suprimir nada al Mandato. Cuando digo “obediencia”
ya estoy añadiendo y quitando algo a lo que dice el Deuteronomio.
¡Cada
vez que pasamos por encima de Su Palabra y -en cambio ponemos nuestra propia
ideología- estamos yendo contra lo que precisamente nos dice aquí. ¿Qué hacemos
para curarnos de esta enfermedad de meter lo que nos parece y sacar lo que se
nos antoja? ¿Nos alcanzamos a dar cuenta que estamos teniendo el atrevimiento
de corregir a Dios? ¡Si, así como suena, cambiar lo que dice la Palabra es
corregir a Dios, porque lo que estamos haciendo es decir que lo que Dios dijo
está mal dicho, y que vale más lo que a mí me parece!
Pues
bien, hacer de la Palabra de Dios espacio para introducir mis opiniones como
verdades de fe, lejos, pero lejísimos, ya no es religión, ya no es coherencia
con la Palabra; lo que es, es “idolatría”. Ese añadido, o esa supresión generan
un “ídolo”, porque ya no estoy honrando lo que Dios me confió, sino que estoy
poniendo en su lugar lo que se me ocurrió.
En
la perícopa se nos da como ejemplo de castigo por esa clase de desobediencia y
por irse detrás de ídolos, lo que asoló a los Moabitas, que fueron exterminados
a causa de su idolatría hacia el ídolo de Fegor. Moisés les indica que él no
les enseña por su cuenta, sino que sus discursos contienen una Enseñanza venida
del Cielo.
Si
hay fidelidad a la Ley Divina por parte de su pueblo, todas las naciones de la
tierra los respetarán y los admirarán por tener leyes tan prudentes y sabias.
Se darán cuenta que respetar la Ley es caminar con el Señor y bajo su amparo y
protección.
Hay que estar muy alertas para que todas estas experiencias que ellos han vivido no caigan en el olvido, que no se les vayan a borrar de la memoria (textualmente dice que no se nos escapen del לֵבָב [lebab] “corazón”), y para preservarlas -como nos enseñó Santa María Virgen, tenemos que conservarlas en el corazón (Lc 2, 19. 51). Pues bien, vamos a resaltar que no se trata de ponerlas en la caja-fuerte de la memoria y dejarlas ahí, con formol; el sentido de este atesoramiento es narrárselas a nuestros hijos, nietos y a nuestro linaje entero (Dt 4, 9). La memoria se preserva contándola, y esta salvaguarda será “de generación en generación” (Cfr. Dt 6, 6-7 y Sal 78,4-6).
Sal
146-147(147), 12-13. 15-16. 19-20
Jerusalén
es un elemento del imaginario de las culturas antiguas que -por oposición al
campo-, era símbolo de la seguridad por estar resguardadas por murallas, por
puertas, por cerrojos y dentro de su amurallada tutela, se trasparentaba la
Gloria de Dios, en el Templo, en el דְּבִיר [dvir] “Sancta Sanctorum”.
Con
la mejor harina amasaban su pan, otra vez Dios estaba presente en la calidad de
sus nutrimentos, no comían pan de harina ordinaria, ni de cereales mezclados.
Su pan era manjar del Cielo. Tenemos que entender que este pan es figura de
Dios, porque ellos vivían en un contexto donde la hambruna y escases los
acosaba. Verdaderamente que la Ciudad Fortificada era imagen de Dios que velaba
por ellos.
Estamos, pues, en presencia de un himno que agradece los privilegios otorgados por Dios. Allí está cumplida la promesa, de abundancia, de pan de bendición si la alianza era cumplida.
Y
en su generosidad, el Señor va más allá porque atiende sus corazones y los
sana. La Sabiduría Divina es inconmensurable porque Dios les ha dado todavía un
regalo mayor: La Ley. Para que puedan cultivar la fraternidad y caminar juntos
-inclusive atravesar desiertos- en sinodalidad, porque la Ley del Señor es
Eterna y su Bondad redunda en armonía de convivencia.
No
hay otro pueblo que haya recibido trato tan preferencial y legislación tan
perfecta.
El
verso responsorial es un llamado a sostener esta actitud hímnica, que sabe
valorar la munificencia salida de las Manos de YHWH. El Salmo inicia así: הַ֥לְלוּ יָ֨הּ [aleluya]
“Glorifica al Señor”, a la letra “Alaba a YHWH”.
Como podría el corazón del creyente ignorar el flagelo fatal
de las guerras y los pueblos que hoy por hoy se ven azotados por ella, y no
elevar nuestra humilde voz al Señor para que sea Él-Único que puede en su
Bondad sembrar Treguas Verdaderas- para que sea Él quien derrame en esos
territorios desangrados, el Tierno Rocío de la Paz. Permítenos Señor, que
nuestras sencillas gargantas, entonen el Aleluya, porque Tú sembrarás allí donde
tanto dolor se cosecha el Maná de Tu-Misericordia, así como soplaste Tu-Santo-Espíritu
-de-Paz sobre ellos, encerrados bajo llave en el Cenáculo (Cfr. Jn 20, 19-23).
Mt
5, 17-19
Dos lógicas: Marginar o reintegrar
Jesús revoluciona y
sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios.
Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a su plenitud,
declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión;
declarando que Dios no se complace en la observancia del sábado que desprecia
al hombre y lo condena; o, cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino
que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para
lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.
Papa Francisco
Uno
se figuraría que, con tantas traiciones a la Ley Divina, el Señor estaría
retirándose y dándonos por ovejas definitivamente descarriadas. Pero así es la
paternidad- el hijo más díscolo, el más desorientado, es siempre el más
tutelado por el Padre. ¡Cuanto más daño nos causamos, más Amor nos derrama el
Señor!
Todo
descarriado se rebela contra le Ley. Para el que vive el extravío, la Ley no es
una brújula, sino la causal de su mal comportamiento. Para ese, si no hubiera
Ley, lo que él obra sería lo virtuoso.
Los
fariseos veían en Jesús a un culpable, y su culpabilidad estaría en eso, en ser
un Dios tan Comprensivo, tan Lento a la Cólera, y Tan Rico en Clemencia. Hoy en
día también muchos pregonan y claman para que el Señor apriete su Mano en torno
a nuestro cuello, hasta hacernos sacar la lengua y ponernos morados,
imposibilitados de respirar. No hemos logrado entender Su Palabra, Él ya la ha
pronunciado y no la retirará. Por eso se llama Alianza.
«Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos,
curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y
eso escandaliza a algunos. Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él
no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación,
que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus
esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no
corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido
integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento
(cf. Jn 10).
Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y
el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la
encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea,
alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios
que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal
en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio». (Papa Francisco)
Jesús
ha puesto un Mandamiento de Amor, y Él es coherente con su Ley. Lo que Él ha
legislado se obedecerá primero en su corazón aun cuando nosotros seamos
testarudos y no queramos acatar. “Cumplir es practicar poniendo en juego la raíz
del ser. La Ley ya no son mandatos, sino cláusulas de libertad en la vida”
Él
le da firmeza a su enseñanza. No andemos rogándole que se arme de un garrote y
nos apalee. “En verdad les digo que antes pasará el Cielo y la tierra que deje
de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley”.
Vivimos
en la cultura de lo precipitado y queremos que Dios contraiga su virus. Talvez
el logotipo de esa cultura sea la “comida rápida”. Pero Dios no se atraganta,
Él come lentamente, degustando, paladeando, saboreando.
¡Bendito
sea Dios que se toma Su Tiempo! ¡Que no tiene premura, que nos tiene paciencia!
¡Enséñanos a amar el ritmo que tu llevas en Tu Corazón!
¡Enséñanos
Señor a tener en cuenta hasta las letras más pequeñas de cada palabra que Tu
Pronuncies! ¡Guíanos para no pasar por alto ni la más mínima puntuación, ni el
matiz más leve, ni el susurro más discreto!”
Y, sobre todo, Tú que eres el Dios Todopoderoso, Dios-de-Toda-Fuerza, concédenos la fuerza de corazón para ser dóciles a tu guía, para “dejarnos llevar la mano”, danos la agudeza de oído para escucharte -aun cuando tu Ternura es un Susurro-, y la Voluntad para aplicarnos a cumplirla con amor, con pasión, con disciplina, con resistencia de empeño para no menguar en el propósito. ¿En qué consiste ponernos de parte de la Edificación de Tu Reino? En que nosotros, mientras estemos aquí, en la tierra, logremos que se haga tu Voluntad como reflejo exacto de tu Voluntad cumplida en el Cielo.
Amén.





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