domingo, 29 de marzo de 2026

Lunes Santo


Is 42, 1-7

Una perícopa tomada del Segundo Isaías (caps. 40 – 55), que es un profeta exilico (para nosotros esto es fundamental para poder adentrarnos en la Lectura), sus oráculos aluden a los finales de la cautividad en Babilonia, (es más, los capítulos 49 – 54, posiblemente datan de las proximidades del 539, puesto que hacen referencia a la “restauración” de Israel, como algo que se va a dar enseguida).

 

Mientras en el primer Isaías, se presenta al Mesías con un enfoque “regio”, en el Segundo Isaías, la imagen presentada es la del Siervo Sufriente, que redime por medio de sus dolores y padecimientos, sufridos en favor del pueblo. Lo que nos presenta la perícopa de hoy se remite al Primer Cantico del Siervo de Yahvé (que está integrado por cuatro canticos presentados a lo largo de este Segundo Isaías). (No sabemos si ayude a una mejor intelección de su Mensaje, añadir que algunos estudiosos dudan que estos Canticos sean del propio Segundo Isaías, se ha llegado a afirmar que son de otro autor, y que fueron añadidos allí. Mientras otros autores afirman que posiblemente si pertenezcan a él, pero que su distribución -dispersa- a lo largo del Segundo Isaías fue a capricho del “editor del profeta”, aún -una “tercera línea de estudiosos”- ratifican que pertenecen al Segundo Isaías y dicen que están exactamente donde su autor los puso y dónde les corresponde estar).

 

En el primer cantico del Siervo Sufriente, Dios infunde su Espíritu en el Siervo, esta infusión se hace con Amor incomparable e inefable, YHWH destina a su Siervo para que sea legislador, a través suyo le entregará su Ley a las Naciones. Se presenta aquí el tema de la Unción, como dato mesiánico característico y se consagrará de lleno a la proclamación y al anuncio de esta Ley. En su Mesianismo será “Maestro” de la Sabiduría que viene de Dios. Enseñará con dulzura, con paciencia, sin arrogancia ni ínfulas, sin poderío sino con mansedumbre. Y no flaqueará, muy a pesar de la persecución y la tortura a las que será sometido.

 

A continuación, Dios se identifica, “Él Es” YHWH, el Creador, Único Señor, El que sostiene al Siervo de la mano, que ha sido puesto como Luz y Alianza. Y su embajada no será exclusividad de los judíos. Cuando se habla de Luz -y esto se mantendrá como la manera de interpretar la Luz Divina, significa Vida, Libertad y Dicha, a partir de esta imagen de claridad que vence a las tinieblas de la opresión y la esclavitud su resplandor correrá más allá de las fronteras del pueblo elegido. Será Dios quien libere, pero, esto lo obrará por medio de su Siervo.


 

Hay una declaración firme en el Tercer Oráculo (y es que la perícopa completa es Is 42, 1-9, los versos 8 y 9 no se incluye en la perícopa de hoy, pero es propio que los referenciemos aquí para poder co-textualizar a cabalidad esta Primera Lectura) con la que parece querernos desentelarañar los ojos, es una repulsa a todas las idolatrías mostrando esta obra liberadora como exclusividad de su Poder y su Bondad: אֲנִ֥י יְהוָ֖ה ה֣וּא שְׁמִ֑ [aní Yahwe hu shemi] “¡Yo-Soy el Señor! ¡Este es Mi Nombre! No daré mi Gloria a otros, ni mi honor a los ídolos”. Esa Bondad se extiende a la revelación de las Novedades Venideras que nos dará a conocer a su debido Tiempo (el tema de la “hora” de San Juan evangelista). No acapara Su Omnisciencia, sino que compartirá con nosotros -en su momento- lo que necesitemos saber, (no que lo llegaremos a saber todo, pero sí que nos manifestará lo requerido para nuestra Salvación).

 

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Sal 27(26), 1bcde. 2. 3. 13-14

El huésped de YHWH es la persona que vive con Dios, alojado en su Templo, nosotros que siempre decimos que el Verdadero-Templo es Jesús -que fue destruido y en tres días re-construido- pretendemos alojarnos siempre en su Sacratísimo Corazón. Vivir en ese Templo requiere vivir con un estilo sacralizado de vida, para honrar los pasillos, las instancias, los Altares donde todos convergen en el Único-Altar, vivir acordes a Su Culto, caminar dulce y suavemente para no profanar el Majestuoso silencio donde reverbera su Palabra. Vivir como consagrados, como Discípulos, recordando siempre que todo discipulado verdadero está en misión, lo que conlleva el Envío.


El primer paso que nos indica en la primera estrofa, consiste en depositar nuestra entera confianza en el Señor, porque Él reúne las dos cualidades que pueden y bastan para ser los pilares de una vida santificada; ¡Él es Luz y Salvación!

 

El segundo paso: ver que nuestros enemigos vienen con todo su armamento, con flechas envenenadas y chorros de fuego llameante, y -como prodigio del Poder de su Brazo, ¡caen vencidos! ¡Derrotados!

 

Los atacantes pueden parecernos un ejército multitudinario acechando nuestras frágiles murallas; pero hay un esfuerzo que corresponde a la militancia de nuestro ser fortalecido en el Señor; no temblar, no amedrentarse, ¡mantenernos siempre tranquilos! Nuestro corazón reposa en el nido de la Paz que Dios da, no como la que da el mundo.

 

Alcanzar este discipulado consiste pues en ver nuestra victoria presente y celebrarla. Y mirar el futuro, llenos de confianza, porque la Victoria de Mañana será mayor; y esto se llama Esperanza.

 

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Jn 12, 1-11

Testimonio, Servicio y Amor

Bernanos solía decir que todos tenemos un “lugar” en el Evangelio; que todos, una vez en Palestina, nos cruzamos hace dos mil años, con Cristo en alguna esquina; que todos debíamos olfatear las Escrituras buscando esa frase que se dijo “por” cada uno de nosotros, ese rincón donde su mirada y la nuestra se cruzaron.

José Luis Martín Descalzo

La estructura del Evangelio joánico, en su primera parte, se descifra, como lo hemos insinuado anteriormente en Seis días -semejantes a la campaña de la semana de Creación en el Génesis, luego siete “signos”; y otra vez seis días, esta vez, en una especie de conteo regresivo: del sexto al primero.


Hoy con la perícopa del Evangelio de San Juan, consideramos el sexto día antes de la Pascua. Ya hemos dicho que בית עניא [Betanya] significa “Casa de los frutos” (algunos traducen “casa del oprimido”), muy a propósito encontraremos un “banquete”, una preparación anticipada del rito mortuorio, de la Unción del Salvador para bajar a su tumba; y, allí, tres personajes que representan la Iglesia entera con sus frutos: Lázaro, a los que llevan el Testimonio a todas partes, los que invitan a muchos mostrando las Bondades que hace Dios; Marta representa todas las diaconías, los servicios que las diversas pastorales prestan a la Comunidad; y, María, representa el pueblo fiel que le da su Amor a raudales, que le unge los pies y se los seca con su propio cabello.

 

Observemos que no hay -como en cierta narrativa hoy en día muy en boga- un héroe o una heroína y los demás son figurantes, extras, hacen bulto o mueven un paquete; en este tipo de literatura bíblica, cada quien tiene un rol, cada uno representa un carisma o una diaconía en particular, cada persona tiene un espacio propio en el corazón de Dios. El puesto que cada quien ocupa en el Amor-Divino no depende de la extensión de sus parlamentos, ni de los títulos que se le asignen, ni de los ducados y prebendas que esgrime, mucho menos de las medallas que penden en su pecho. Todos van recibiendo del destello resplandeciente de Jesús, un haz de brillo para reflejar. Y nadie se queda sin el suyo, propio.

 

Aún tenemos una cuarta presencia que la consideramos aparte porque es la presencia traidora: la mentalidad mercantilista, representada por Judas, este quiere revender el Perfume autentico y costoso de 300 denarios, y escasamente recibe 30 monedas de plata. Dice que deberían ser para los pobres, pero, el Evangelio nos revela que no se interesaba por ellos, sino que, se adueñaba para sí de los fondos que se recolectaban: Acapara para generar mayor pobreza.

 

En el verso 8, se nos muestra a quienes tendremos siempre para Ungir, dice: “Porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen”, la palabra griega aquí, para pobres, es πτωχοὺς [ptochous] alguien que se ovilla, que se acurruca, que se arrincona, que se encoge, que se reduce a su mínima expresión para no molestar, para no estorbar a nadie, para no ofender con su presencia, para pasar desapercibido, para hacerse pequeño, para minimizarse, para invisibilizarse. Aquel día María pudo ungir a Jesús, a nosotros nos quedan “los que siempre tenemos con nosotros”, de alguna manera, ellos son sus delegados, sus representantes plenipotenciarios.


Jesús es consciente que se trata de una preparación para su sepultura. Y la gente acudía para ver, no sólo a Jesús sino también al que Él había resucitado. Los Jerarcas del Templo (los Sumos Sacerdotes) deciden matar también a Lázaro, por los muchos nuevos discípulos que atraía el cristianismo naciente.

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