martes, 3 de marzo de 2026

Miércoles de la Segunda Semana de Cuaresma


 Jer 18, 18-20

Contra las mitologías del dios impertérrito

יִרְמְיָ֙הוּ֙ [Yirmayahu] “Jeremías” este nombre significa “YHWH exalta”, nació en 645 y en el 626 fue llamado a ejercer el profetismo hasta el año 586 (estas tres fechas son de a.C.). así que su período profético cubre los reinados de Josías, Joacaz, Yoyaquim, Joaquín y Sedecías.

 

La obra tiene 52 capítulos, y la perícopa que proclamamos hoy está tomada del primer bloque, (Caps. 1-25) sacadas de lo que predicó Jeremías en el primer periodo -20 primeros años de su profetismo- en este bloque encontramos los Mensajes proféticos sobre Judá y Jerusalén.

 

Al terminar este período, Dios le ordenó registrar por escrito la continuidad de sus oráculos, y para el cumplimiento de esta tarea encargó a un escribano -Baruc- que fungió como amanuense, para que se encargara de trascribir toda su experiencia profética. Está orden está registrada en el capítulo 36 del Libro de Jeremías.

 

Su ´predicación encontró dolorosa y obstinada resistencia. Detectó que este pueblo de dura cerviz tenía un corazón de piedra. Y, como a nadie nos gusta que se nos canten las verdades, contra él se agruparon todas las fuerzas oscuras -sacerdotes, profetas y sabios- que conspiraron contra su vida, y en cuyas manos se hallaba el monopolio de la autoridad y el poder.

 

El gran interrogante para Jeremías es: ¿cómo puede suceder que se atente contra aquel que les ha procurado el bien y se ha afanado por redirigirlos y sacarlos del error? ¿es, acaso posible, que se pague el bien con maldad? Y, ni tuvieron en cuenta que el profeta había abogado ante Dios por ellos. Hasta allí va nuestra Primera Lectura.

 

Si continuáramos leyendo los tres versículos siguientes (18, 21-23) veríamos ante todo el rencor y el veneno que destiló este profeta. Salió a flote todo el rencor que cupo en su pecho contra los que le hicieron la guerra. ¡Qué lejos estamos de Esteban, que -según está relatado en los hechos de los Apóstoles, mientras sus contradictores lo lapidaban, imploraba al Cielo perdón para ellos! (Hch 7, 54-59)

 

Es ahí donde Jeremías clama al Señor para que los castigue con todo rigor, que los entregue al hambre y a la muerte, que se oigan desde sus casas salir los gritos desgarradores, que los ladrones se ceben robándoles todas sus propiedades. No ahorra en rencor y en animo vengativo. En conclusión, él pide que Dios los ejecute en el momento en que Dios está más airado para que tengan una muerte encarnizada.

 

El profeta no está nada afanado por apiadarse y reconocer el valor del perdón como derrotero por dónde camina el Justo.

 

¿Con qué argumento se presenta Jeremías ante el Señor? poniéndole de presente que él ha abogado a su favor, que él ha reclamado al Cielo para que les socorra su Misericordia, para que los alumbre con su Clemencia, para “apartar de ellos el חֵמָה [chemah] “furor”, “enojo”, “encono”, “ira”; al extremo de significar también “veneno”.

 

Encontramos como una carga de sorpresa mezclada de desasosiego; Jeremías no puede reconocer a Dios que permite que alguien que ha procurado hacer tanto bien y pastorear al pueblo del Señor, pueda recibir como contraprestación la impiedad y el encono.

 

Esta visión de un Dios lleno de ira, con corazón retaliativo la comparte con el profeta Ezequiel. Se debe tener en cuenta que Dios no se enoja como lo seres humanos que son víctimas del enojo que llega a fluir en ellos como una inundación intempestiva. Es el ser humano el que va rellenando la represa hasta que el agua se desborda y corre a raudales, arrasando todo a su paso. No es el corazón de Dios el que añade ira sobre ira; es el ser humano el que violenta la represa hasta reventar las compuertas.

 

Jeremías no puede salir de su asombro, asombro que se traduce en desconcierto. Aspiramos a una realidad muelle, y hacemos venías al ídolo del confort. Detrás de eso -como sucede con todo fetiche, hallamos la Ausencia de Dios, no que Dios se haya ido, sino que lo hemos tapado con nuestro coloso de barro.

 

Intentemos con Albert Gelín, una revelación-deconstructiva: «… los fracasos humanos indican la existencia del pecado: pero acaso tengan un sentido mucho más profundo y sean el medio doloroso del que se sirve Dios para conducir al hombre a una renuncia absoluta, a una especie de desnudez completa ante Él, a una purificación dramática de la fe que hace exclamar finalmente: “De lo más profundo clamo a ti Señor” … El sufrimiento no destruye al hombre, pero nos revela lo que somos en realidad… Tenemos barreras que el pensamiento, por sí solo, jamás sería capaz de atravesar. Necesitamos para cruzarlas, la experiencia de la pobreza, de la cárcel, de la enfermedad… es como si viéramos una cara distinta de las cosas que hasta entonces ni siquiera habíamos sospechado».

 

Jesús ascenderá -cuando sea levantado- a la comprensión profunda de la dimensión humana -desconocida para el dios alexitímico, fabricado por la ideología de la agnosia interoceptiva, incapaz de compadecerse, tan cara a los que jamás han vivido o padecido ser descolgados al foso- tocando en su dolor la esencia frágil de la existencia humana, siempre refugiada detrás de los mitos de facilidades físicas, económicas y tecnológicas, con su apariencia de seguridad que, minimiza (o posterga) riesgos y esfuerzos, detrás de su fachada de bienestar y estabilidad.

Jeremías alcanzará su exaltación cuando sea arrojado en בֹּאר [bour] “la cisterna” llena de lodo.

 

Sal 31(30), 5-6. 14.15-16

Este salmo tiene 24 versos y se toman 5 de ellos para organizar la perícopa que se proclama. Con ellos se organizaron tres estrofas.

 

1)    El salmista que clama, compara su situación con la de un pajarito que ha sido capturado en una red tendida como trampa. El salmista se abandona en la Bondad del socorro divino.

2)    Verdaderamente que complotan contra él. El pacto es para quitarle le vida.

3)    Pero Dios que sujeta todos los hilos manejará su liberación, sus bondadosas Manos lo libertaran, en Él se abandona.

En el responsorio clama pidiendo Misericordia porque para los débiles el Señor es el Único recurso de Salvación.


Ebed-melec abogó por Jeremías y lo hizo sacar con sogas del pozo (Cfr. Jer 38, 71).

Se trata de un Salmo del Huésped de YHWH.  Este huésped que clama es un levita, o un profeta o alguien de la burocracia del rey.

 

Mt 20, 17-28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

Mt 20, 28

Abre la perícopa una enumeración, la tercera que les hace Jesús del final que le espera. Les da con suficiente detalle los momentos de su desenlace:

En el capítulo 19 están subiendo a Jerusalén

1)    El Hijo de Hombre va a ser entregado

2)    A los Sumos Sacerdotes y a los escribas.

3)    Lo condenaran a muerte

4)    Para que ejecuten esa sentencia se lo entregaran a los “gentiles”

5)    Se burlarán, lo azotarán y lo crucificarán.


Se los dice precisamente a los Doce, los de su “equipo cercano y más estable”

 

En ese preciso momento, lo aborda la madre de los “hijos de Zebedeo” y viene a pedirle que sus hijos se sienten a su derecha e izquierda cuando Él se siente en el Trono Mesiánico. Ella quiere para ellos los cargos privilegiados de Primer Ministro y Vice-Ministro respectivamente.

 

Y los otros se enfadaron con los hijos de Zebedeo porque ellos también codiciaban para sí la ocupación de los más altos ministerios del reino que el Mesías -según ellos lo entendían- venía a implantar. A veces suponemos que, en un momento dado, los discípulos -especialmente los más cercanos y, por supuesto, los Doce- se habrían sacudido esa idea triunfalista del Mesías-Rey-y-Guerrero para entender el mesianismo que hoy por hoy entendemos los cristianos. ¡Y no fue así, muy a pesar de las explicaciones frecuentes de Jesús y de sus anuncios de la pasión, ellos compartieron esa ideología hasta que Jesús bajó a la tumba y, luego, resucitó! Solo entonces se produjo la metanoia para enfocar hacia este Mesías que era Siervo Sufriente de YHWH. Por eso, en el momento del prendimiento, Simón Pedro sacó la espada y Jesús hubo de restañarle la oreja a Malco. Todavía ahí, los Apóstoles confiaban en las vías violentas para imponer su “autoridad”.

 

Destaca la comprensión exacta que tiene Jesús de la cadena de mando; Él no disimula, no disfraza de ninguna manera, que no es a Él a quien corresponde dar estos cargos. Su autoridad no supone hacer ocupar las vacantes. Es potestativo del Padre designar a quienes estarán cercanos al Mesías en el Trono de su Poder. Pero ya sabemos que todo el pueblo judío esperaba un Mesías de poderío y Majestad. ¡Todos sin excepción!

 

Es posible que Jesús ignorara que esos puestos ya estaban asignados a Gestas y Dimas.

 

Jesús les enfatiza que ellos no pueden ser como los gobernantes y reyes tradicionales que en todas las partes del mundo se agazapan tras su autoridad para cobrarse a precio de león, con dolor y crueldad. Todavía -en más de uno- sobrevive el corazón de torturador; y hay más de uno que suspira por implantar el reino por las vías de hecho. ¿Cuantos hay que pasan románticos momentos acariciando sus piezas de armamento y dándoles besitos?

 

“Los jefes de las naciones los tiranizan, y que los grandes las oprimen con su poderío. ¡Entre vosotros no debe ser así!”

 

Recordemos todas las desventajas que tener sobre si autoridades reales acarrea: padecer vejámenes y humillaciones sin término: el Profeta Samuel les advirtió el sufrimiento que las traerían los reyes, pero ellos se obstinaron, quisieron uno y Dios le dijo a Samuel: “Déselo”. (1Sam 8, 11-):

 

a) Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus caballos y tendrán que correr delante de su carro.

b) Los empleará como jefes de mil y jefes de cincuenta;

c) les hará labrar sus campos, segar su cosecha,

d) fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros.

e) Tomará vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.

f)  Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores.

g) Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores.

h) Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros mejores bueyes y asnos y les hará trabajar para él.

i) Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus esclavos.

 

Lo más grave es que no habrá vuelta atrás: “Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yahveh no os responderá”. Quizás las más graves consecuencias no se registran allí, cabe nombrar también que:

 

      i.        Perderían su dignidad de hombres libres

     ii.        Se harían idolatras y politeístas al uso de otras culturas según se les impusiera.

    iii.        Perderían su identidad cultural, sus usos y costumbres.

   iv.        Empezarían a pensar según modos ajenos

     v.        Terminarían por desconocer la Ley que Dios les había enseñado para plegarse a modas y caprichos pasajeros.

 

Concluyamos diciendo que el Mesianismo de Jesús era totalmente diverso del Mesianismo que ellos se habían figurado. Porque los tiranos y los opresores están lejísimos de querer construir el Reino de Dios, y sólo les mueve el ansia de riqueza y la sumisión de las gentes que ellos avasallaran.


Todo reinado sustentado en el dolor, la explotación y la tiranía cocina rebelión que más tarde o más temprano revierte en asesinato y venganza.

 

Sólo el amor construye permanencia, pero el amor pasa por los parámetros de la sinodalidad: a saber, el perdón, el servicio desinteresado y la bondad. Por lo tanto, nosotros no tiranizaremos a las gentes -y de hacerlo, estaremos sembrando tempestades- nuestro lenguaje mesiánico es el del Servicio, como claramente se nos enseña hoy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario