1Cor 1, 1-9
Vamos
a iniciar un cursillo sobre la Primera Carta a los Corintios, en diez y nueve
sesiones. Esta misiva fue escrita por el año 55-56 a.C. poco más o menos cinco
años después de las cartas a los Tesalonicenses, a finales de su permanencia en
Éfeso, que duró cerca de tres años. Por aquel entonces, Saulo había desmontado
su fariseísmo recalcitrante y ahora, estaba convencido que sólo los marginales
estaban dispuestos a aceptar el Evangelio. Pablo debió quedar un tanto
desinflado de los atenienses con la experiencia que vivió con ellos en el Areópago,
donde los identificó recalcitrantes y cerrados a la profundidad del mensaje
cristiano, dado por entero a otro tipo de inteligencia impermeable a las
“verdades” del Evangelio.
De
otro lado, hay que afirmar que, si uno pensaba en la sede de la perdición, por
su corrupción, inmoralidad y paganismo, lo primero que se vendría a la mente
sería Corintio. Era un puerto importante para el comercio griego, situado
aproximadamente a 80 kilómetros de Atenas.
«La que visitó Pablo a comienzos de los años cincuenta era la nueva
ciudad de Corinto fundada por Julio César en el año 44 a.C. a partir de un
núcleo de ciudadanos romanos». (Rinaldo Fabris) «En el siglo I d.C. estaba
habitada principalmente por excombatientes romanos y por antiguos esclavos
libertados, procedentes de Italia, o por sus descendientes» (La Biblia de
Estudio - Dios habla hoy). Allí Pablo encontró fuerte rechazo por parte de la
comunidad judía que veía a Jesús como un proscrito del judaísmo, que, por haber
muerto crucificado, había caído en la condición de maldito.
De
la visita de Pablo y la fundación de la Comunidad Corintia, nos habla Hch 18,
1-17 (Segundo viaje). Fue allí donde Pablo conoció a Aquila y Priscila que
eran, como él, fabricantes de tiendas de campaña que vendían al ejército romano
(lo que explicaría su doble nacionalidad). La carta fue escrita como reacción a
la información que por Cloe le había llegado, de las crisis que allá se
cocinaba.
La
carta se inicia con una introducción que indica los destinatarios, los saluda y
presenta su acción de Gracias. Esto ocupa los primeros 9 versículos de la
Epístola.
«Pablo
tiene la costumbre de
- iniciar sus cartas
con un destinatario y un saludo (1, 1-13).
- En la mayoría añade
una oración de agradecimiento a Dios por los dones que la comunidad ha recibido
o por las victorias obtenidas en su lucha (1, 4-9)
En
pocas palabras, intenta resumir los temas más importantes que desarrollará a lo
largo de la carta». (José Bortolini)
En
los versos 10-16 -que no leeremos- desglosa los partidos y tendencias que se
estaban dando en Corintio.
Para
su estudio, esta Carta se puede dividir en:
-La
introducción, la que leemos hoy.
-Siete
partes, que iremos desglosando a medida que progresemos en la Lectura.
-Y
una conclusión (16, 1-24)
En
la Lectura de hoy, se introducen siete conceptos:
i) -El de remitente:
Dos, Pablo y Σωσθένης Sostenes
ii) -El de ἀπόστολος
[apostolos] “apóstol”, “enviado”.
iii) -El de ἐκκλησίᾳ [eklesia]
“Iglesia”, no que hubiera una edificación o una jerarquía instituida; lo que
hay es una comunidad.
iv) -Los destinatarios:
El de ἁγίοις [hagios] “santos”, no quería decir dotados de especial
virtud, sino que con esta palabra se designa a todos los que han optado por ser
miembros de esa “Comunidad”, son los que invocan el santo Nombre de Dios.
v) -el mensaje de χάρις ὑμῖν καὶ εἰρήνη [charis umin kai eirene] “Gracia y Paz”
que proviene de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo.
vi) -El regalo que se
las ha otorgado: ἐν παντὶ λόγῳ καὶ πάσῃ γνώσει
[en panti logo kai pase
gnosei] “en toda Palabra y en toda Ciencia”.
vii) -El de “Parusía”: τῇ ἡμέρᾳ τοῦ Κυρίου [te hemera tou Kyrion]
“el Día de nuestro Señor”, “el advenimiento glorioso de Jesucristo al final de
los tiempos para juzgar a la humanidad y consumar el reino de Dios”.
Aquí
podemos apreciar que, hundiendo sus raíces en la tradición judía, y valido de
vocablos griegos, se empieza a desarrollar un lenguaje técnico, con la
destinación especial de, permitir con él, hablar de las cosas de Dios y
comunicárselas a la Comunidad Eclesial.
Sal
145(144), 2-3. 4-5. 6-7
Este
es un salmo de la Alianza. ¿Cuál es su propuesta? Que todo hombre alabe al
Señor. ¿Hay motivo para alabarlo? Que es un Rey Justo y Poderoso; y ahí va lo
raro, no solo es justo y poderoso, sino que también es compasivo y
misericordioso. Cuando lo que registra la historia es todo lo contrario: El Rey
que es poderoso es un déspota despiadado. Parecería que poderío y justicia son
características inconsistentes, no pueden ir juntas. Pero en el caso de Dios,
su Reinado aúna esas características aparentemente incongruentes: ¡El Señor es
grande y muy digno de alabanza! Su grandeza excede a nuestro entendimiento.
El
salmo total tiene 21 versículos. La perícopa que se proclama hoy solo recurre a
seis de ellos. Es un salmo que los judíos incluyen siempre en sus oraciones
matutinas, ellos lo llaman אשרי [Ashrei],
“bienaventurados”, “dichoso”. Es un salmo alefático, también llamados “acróstico”,
cuyos versos inician en orden sucesivo con las letras del alfabeto hebreo,
porque se quiere loar la Alianza en forma total.
Hay una transmisión de este saber: de modo tal que el pueblo elegido va transmitiendo de padres a hijos y de hijos a nietos -en una sucesión que no tiene fin- la ponderación de la enorme bondad de Dios.
El
salmista se identifica como un miembro de la cadena ininterrumpida que traza la
historia de la Grandeza de Dios y conserva su tradición: Y se propone una meta
para su vida: “Bendeciré tu nombre por siempre, Señor”.
La
tarea consiste en conservar indemne la Memoria de un Dios que es de ilimitada
bondad y que resplandece por su Justicia paradigmática. Expresa la confianza total en la bondad y el
sustento de Dios para toda la creación.
Mt
24, 42-51
De nuevo, la espera activa
Aquí
empalma el Evangelio con la Primera Lectura, en cuanto se toca el tema de la
Parusía: Dice Jesús, que uno tiene que estar γρηγορεῖτε [gregoreite] “en vela” o sea “alerta”,
“vigilante”, como se dice ahora 24 x 7, porque esta Segunda Venida, no tiene
fecha en nuestros calendarios humanos. ¡Llegará, cuando menos se la espere!
Miren lo que pasa normalmente, por ejemplo, con los estudiantes, así sean universitarios, se les encarga una “tarea”, y por lo regular, se va postergando su desarrollo, de manera tal que, casi siempre terminamos cumpliéndola a última hora, o -todavía más grave- incumpliéndola. Podríamos llamarla “la manía postergatoria”. Y si Él llega, y estamos desapercibidos ¿qué será de nosotros?
Que
no seamos como ese amo de casa que, maneja los sofismas, y ve en la pared un
boquete propicio para los ladrones y resuelva inmediatamente… que lo arreglará,
por ahí … el año entrante ¿qué afán hay?, porque mientras, es muy improbable
que algo pase, … y le parece que el boquete ha estado ahí por años, y ¡nunca ha
pasado nada! Entonces, “nunca va a pasar nada, tendría uno que ser muy de
malas”. Esa es una falacia lógica.
O,
aquel otro empleado, que ha sido muy especialmente contratado para pagar
salarios, y bonificaciones y entregar los “paquetes alimentarios” a los
subalternos, pero él dice, no creo que ahora a finales de agosto, o en
septiembre tengan hambre, o cuentas por pagar, en octubre menos, y noviembre es
un mes muy tranquilo, casi no se gasta nada; decide -por su sola cuenta- que va
a adelantar un programa de ahorro -obligatorio- y dejará pagos para diciembre,
o tal vez para más adelante, quizá para el año entrante; y él le ve dos
ventajas: a) cuando reciban paga los empleados tendrán una buena suma una sobre
otra, y b) se evitará llevar tantas planillas contables, porque se puede
resumir todo por cuatrimestres… o más. Y ¿dónde queda el espíritu de la letra
cuando Dios, ya en el Génesis, mandó: “Si alguien toma en prenda el manto de su
prójimo, deberá devolvérselo al caer la noche. Ese manto es lo único que tiene
para abrigarse; no tiene otra cosa ...” (Cfr. Gn 22, 26s) ¡Sabed que el salario es lo
único que tiene el pobre para allegar su sustento! ¡Pagádselo a tiempo!
Viene aquí, en esta perícopa, una bienaventuranza, en Mt 24, 46, para el criado fiel y prudente, (es un ritornelo sobre el tema de la fidelidad hacia Dios), es decir la práctica de la sensatez -que en el buen sentido significa aplicar el sentido común- no hay que hacer un curso de lógica avanzada, por pura intuición podemos suponer que la dicha la tendremos si el Día de la παρουσίᾳ [parusía] cuando el Señor Vuelva, estamos cumpliendo a cabalidad el encargo, nos entregará las “Llaves del Reino”, nos constituirá עַל הַבַּיִת [al habayit] “Mayordomos de la Casa Real” del Rey de reyes y Señor de señores.





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