Jr 30, 1-2. 12b-15. 18-22
Podemos pensar el Libro de Jeremías como
una obra en cuatro secciones:
1ª sería la conformada por los capítulos
del 1 al 25, con un conjunto de mensajes proféticos dirigidos a Judá y en
particular a Jerusalén.
2ª integrada por los capítulos del 26 al
45, algunos relatos biográficos y anuncios de salvación.
Es en esta segunda parte, donde vamos:
En el capítulo 26 tenemos las amenazas de
muerte que se ciernen sobre el profeta Jeremías.
En el capítulo 27 y 28 -que vimos ayer-
el tema era el Yugo de madera y el de hierro como símbolos de la duración del
sometimiento a Babilonia, y la cuestión de las promesas de Jananías que
anunciaba una pronta liberación y un regreso a lo de antes en muy breve plazo.
En el capítulo 29 Jeremías les escribe a
los desterrados invitándolos a “acomodarse” a las condiciones del destierro
porque la cuestión va para largo. En la segunda parte del capítulo 29, Jeremías
le envía un mensaje a Semaías para desmentir lo que él le decía a Sofonías
azuzándolo en contra suya, para que lo tratara como a un loco, por lo que
Jeremías les había recomendado construir casas y acomodarse a la vida de
expatriados. Dios le da como respuesta una promesa de esterilidad a Semaías y
le augura que no tendrá descendencia que retorne a su tierra, ni dicha que lo
acompañe junto a su pueblo.
En el capítulo 30, cambia la tinta que
Dios le da al profeta y le encarga divulgar un mensaje esperanzador. donde, a
lo lejos, se vislumbra “el amor eterno del Señor”. Por fin, el Señor:
a)
Aplacará su enojo
b)
Le sanará las
heridas a su pueblo,
c)
Y lo reúne de su
desparrame en la diáspora para traerlos de nuevo a su patria.
Pero le muestra las dos caras de su
penuria
1.
i)
La fractura es
incurable
ii)
La herida se ha
infectado
iii)
La llaga no tiene
curación
iv)
No hay medicina para
que cicatrice
v)
Sus amantes lo han
olvidado y ni siquiera preguntan por él
vi)
El propio Señor lo
hirió como si Él fuera su enemigo
vii) Con dureza sin par lo escarmentó
viii) La causa está en muchos crímenes, en sus
incontables pecados
2. Pero ahí no pararan las cosas, porque
el Señor se compadece:
«La verdadera libertad tiene una finalidad
“servir a Yahweh” según las leyes de la Alianza del Sinaí. Y la Alianza de Dios
con David fundamenta también el servicio al rey davídico, pero suscitado por
Dios. Tanto la salida de Egipto como el regreso de la cautividad son un paso
“de la esclavitud del servicio a los extranjeros a la libertad del servicio a
Dios”.» (Salvador Carrillo Alday M.Sp.S.)
i)
Cambiará la suerte
de las tiendas de Jacob
ii)
Se compadecerá de
sus moradas
iii)
Podrán reconstruir
su ciudad sobre las ruinas de la antigua
iv)
En el mismo puesto
de antes levantarán de nuevo su palacio.
v)
Y desde allí se
elevarán voces festivas.
vi)
Se les volverá a
tratar dándoles importancia
vii) Sus hijos serán como lo eran antes
viii) Se reunirán en congregación estable delante de
los Ojos de Dios
ix)
Y Dios mismo dará
castigo a sus anteriores opresores.
x)
Y de su propio seno
surgirá un príncipe que les permitirá acercarse, ya no querrá sujetarlos en el distanciamiento.
Nos quiere congregados en la fraternidad.
Esta libertad ofrecida como promesa,
tiene un propósito: darle sentido a la vida orientándola hacia Dios. Ese
sentido de vida conlleva una práctica donde se construye la persona como
comunidad en el ejercicio de la fraternidad: Un Padre común nos constituye en
hermanos.
¡Ustedes serán para Mí, mi pueblo y Yo -para ustedes- seré su Dios!
Sal 102(101), 16-18. 19-21. 29 y 22-23
Salmo de súplica. El ser-humano no se
mueve en el vacío. Podríamos pensar que Dios ha puesto un “escenario” para que
nosotros vivamos en él nuestra “historia”. Y podríamos llamar el escenario con
la palabra Sion. Sion no es un lugar para buscar en el mapa. Sion es el
escenario de nuestras vivencias.
La parte que se proclama hoy, consta de 9
versículos agrupados de tres en tres para conformar tres estrofas:
1.
i.i. Los gentiles “temerán” su Nombre
i.ii. Los reyes del mundo “temerán” su
Gloria.
i.iii. ¿Cuándo será eso? Cuando el Señor
reconstruya a Sion y aparezca triunfal
i.iv. Y se ocupará de los ruegos de los
indefensos.
i.v. Y no desatenderá sus súplicas
2.
ii.i. Se escribirá el registro de este
salmo para que en el futuro se tenga a mano.
ii.ii. por su influjo se constituirá un
pueblo que se ocupará de alabar a Dios
ii.iii. El Señor nos dirige su Mirada
desde su Morada: el Santuario Excelso.
ii.iv. No solamente nos mira, además oye
nuestro clamor aun cuando somos presidiarios (del pecado).
ii.v. Él viene a conceder amnistía
especialmente a los que están condenados a muerte.
3.
iii.i. Los siervos suyos estarán seguros
y tendrán acceso a su Presencia.
iii.ii. Tendrán una ocupación
preferencial: Proclamar el Santo Nombre de Dios
iii.iii. Sus alabanzas resonaran por toda
la Ciudad-Sagrada.
iii.iv. Allí habrá una asamblea
verdaderamente “católica” por su unanimidad.
iii.v. Los reyes no se considerarán
“asunto aparte”, estarán hombro a hombro y codo a codo con su pueblo, fundidos
en uno para dar “Culto”.
El verso responsorial nos consuela con
respecto a la tristeza del Templo demolido: En Aquel Lugar estará Radiante su
Presencia.
Mt 15, 1-2. 10-14
¡Hipócritas! Qué bien profetizó Isaías cuando
dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; el
culto que me dan es inútil, pues las doctrinas que enseñan son preceptos
humanos.
Mt 15, 7s
Uno diría -así, de velocidad, que se
trata del tema de la contaminación. Bueno si, pero esa es solo la exterioridad
de la cuestión:
En este pasaje podemos mirar cuatro momentos
1)
Unos fariseos y unos
escribas se le acercan a Jesús para hacerle una pregunta.
2)
Jesús formula una
“consigna” donde muestra de dónde sale el mal.
3)
Los discípulos
vienen a decirle a Jesús que escribas y fariseos están “escandalizados” con esa
afirmación
4)
“Déjenlos”, que
tiene una connotación de ¡Cuánto lo siento, pero no puedo acomodar las coas de
Dios a su antojo! Pero ellos arrastran una enorme responsabilidad, se ponen a
comunicar su mensaje, y no atienden al daño que están haciendo, pues al llevar
la contraria a Dios, no solamente se hunden ellos, sino que arrastran detrás
suyo a todos los que se alinean con sus falsedades. Esa es la tremenda
responsabilidad de los guías espirituales que, al ponerse en ese sitial, se
hacen responsables no solo de sus vidas y sus consciencias, sino de todos los
que les prestan atención, creyéndolos “buenos guías”.
El aspecto central consiste en entender
que el mal no es algo que entra, como una mota de polvo que no se lavó bien; lo
que destruye y aniquila, es lo que se hornea en el propio corazón. Si uno
recibe una “mala enseñanza” pero en el horno del corazón la acrisola,
perfectamente la puede depurar de su “vicio” y sacarla purificada. El corazón
es como un horno donde el fuego del discernimiento puede sacar de una oscuridad
un ascua brillante y luminosa.
Por qué se ofenden los “aquellos” y se
escandalizan. Porque ellos tenían como propuesta la minuciosidad del baño,
cuando ese lavabo es más bien simbólico del discernimiento que compete al
corazón. No basta lavarse con piedra pómez hasta sacarse sangre, si lo que
dejamos de hacer es la “purificación del corazón hasta hacerlo “bien
intencionado”. La buena intención del corazón se puede explicar diciendo que
todas nuestras acciones deben ser amorosas, llenas de propósitos dulces,
cariñosos, nobles, modelados por la virtud cristiana. El acrisolamiento
consiste en desvelarse como Jesús por el bien del “otro”: ¡Tener los mismos
sentimientos del Señor!
Hay una parábola muy curiosa que siempre
me ha tocado el corazón porque me interpela en cuanto a qué quiere Dios de
nuestra parte y que le alegraría ver en nuestra respuesta de vida. Aquí os la
compartimos:
El abad de un monasterio se hallaba muy
preocupado. Años atrás, su monasterio había visto tiempos de esplendor. Sus
celdas habían estado repletas de jóvenes novicios y en la capilla resonaba el
canto armonioso de sus monjes. Pero habían llegado malos tiempos: la gente ya
no acudía al monasterio a alimentar su espíritu. La avalancha de jóvenes
candidatos había cesado y la capilla se hallaba silenciosa. Sólo quedaban unos
pocos monjes que cumplían triste y rutinariamente sus obligaciones.
Un día, decidió pedir consejo, y acudió a un
anciano obispo que tenía fama de ser hombre muy sabio -como siempre ocurre en
estas parábolas- en su avanzada edad. Emprendió el viaje, y días después se
encontró frente al buen hombre. Le planteó la situación y le preguntó: "¿A
qué se debe esta triste situación? ¿Hemos cometido acaso algún pecado?". A
lo que el anciano obispo respondió: "Sí. Han cometido un pecado de
ignorancia. El mismo Señor Jesucristo se ha disfrazado y está viviendo en medio
de ustedes, y ustedes no lo saben". Y no dijo más.
El abad se retiró y emprendió el camino de
regreso a su monasterio. Durante el viaje sentía como si el corazón se le
saliese del pecho. ¡No podía creerlo! ¡El mismísimo Hijo de Dios estaba
viviendo ahí en medio de sus monjes! ¿Cómo no había sido capaz de reconocerle?
¿Sería el hermano sacristán? ¿Tal vez el hermano cocinero? ¿O el hermano
administrador? ¡No, el no! Por desgracia, él tenía demasiados defectos… Pero el
anciano obispo había dicho que se había "disfrazado". ¿No serían
acaso aquellos defectos parte de su disfraz? Bien mirado, todos en el convento
tenían defectos… ¡y uno de ellos tenía que ser Jesucristo!
Cuando llegó al monasterio, reunió a sus monjes
y les contó lo que había averiguado. Los monjes se miraban incrédulos unos a
otros. ¿Jesucristo… aquí? ¡Increíble! Claro que si estaba disfrazado….
Entonces, tal vez… Podría ser Fulano.. ¿O Mengano? ¿O….?
Una cosa era cierta: Si el Hijo de Dios estaba
allí disfrazado, no era probable que pudieran reconocerlo. De modo que
empezaron todos a tratarse con respeto y consideración. "Nunca se
sabe", pensaba cada cual para sí cuando trataba con otro monje, "tal
vez sea éste…"
El resultado fue que el monasterio recobró su
antiguo ambiente de gozo desbordante. Pronto volvieron a acudir decenas de
candidatos pidiendo ser admitidos en la Orden, y en la capilla volvió a resonar
el jubiloso canto de los monjes, radiantes del espíritu de Amor.
Aquí es interesante que lo que está en
juego son dos enfoques distintos: El de loa tradición judaica y el que trae
Jesús. La propuesta de Jesús lo que hace es recuperar la Voz de Dios expresada
proféticamente. No es que Jesús venga con una idea novísima, a barrer con todo.
Lo que pasa es que Dios ha venido mostrándole a su pueblo que hay cosas más
importantes, y que lo más importante porque fortalece la vida y solidifica la
comunidad, es poner las relaciones interpersonales en el proscenio, dejando de
lado un aspecto egoísta y solipsista que se había exagerado en la religión, un
cierto mecanicismo ritual. El culto y la relación con Dios puede cimentarse en
la higiene, en la cuestión racial y en la atención sobre aspectos alimentarios.
O, podemos fijarnos en cómo nos tratamos los unos a los otros. Habrá, entonces, un Gozo desbordante porque su Presencia estará en medio.





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