lunes, 3 de agosto de 2026

Martes de la Décimo Octava Semana del Tiempo Ordinario

 

Jr 30, 1-2. 12b-15. 18-22

Podemos pensar el Libro de Jeremías como una obra en cuatro secciones:

1ª sería la conformada por los capítulos del 1 al 25, con un conjunto de mensajes proféticos dirigidos a Judá y en particular a Jerusalén.

2ª integrada por los capítulos del 26 al 45, algunos relatos biográficos y anuncios de salvación.

 

Es en esta segunda parte, donde vamos:

En el capítulo 26 tenemos las amenazas de muerte que se ciernen sobre el profeta Jeremías.

En el capítulo 27 y 28 -que vimos ayer- el tema era el Yugo de madera y el de hierro como símbolos de la duración del sometimiento a Babilonia, y la cuestión de las promesas de Jananías que anunciaba una pronta liberación y un regreso a lo de antes en muy breve plazo.

En el capítulo 29 Jeremías les escribe a los desterrados invitándolos a “acomodarse” a las condiciones del destierro porque la cuestión va para largo. En la segunda parte del capítulo 29, Jeremías le envía un mensaje a Semaías para desmentir lo que él le decía a Sofonías azuzándolo en contra suya, para que lo tratara como a un loco, por lo que Jeremías les había recomendado construir casas y acomodarse a la vida de expatriados. Dios le da como respuesta una promesa de esterilidad a Semaías y le augura que no tendrá descendencia que retorne a su tierra, ni dicha que lo acompañe junto a su pueblo.

En el capítulo 30, cambia la tinta que Dios le da al profeta y le encarga divulgar un mensaje esperanzador. donde, a lo lejos, se vislumbra “el amor eterno del Señor”. Por fin, el Señor:

a)    Aplacará su enojo

b)    Le sanará las heridas a su pueblo,

c)    Y lo reúne de su desparrame en la diáspora para traerlos de nuevo a su patria.

 

Pero le muestra las dos caras de su penuria

1.

i)      La fractura es incurable

ii)     La herida se ha infectado

iii)   La llaga no tiene curación

iv)   No hay medicina para que cicatrice

v)    Sus amantes lo han olvidado y ni siquiera preguntan por él

vi)   El propio Señor lo hirió como si Él fuera su enemigo

vii)  Con dureza sin par lo escarmentó

viii) La causa está en muchos crímenes, en sus incontables pecados

 

2. Pero ahí no pararan las cosas, porque el Señor se compadece:

«La verdadera libertad tiene una finalidad “servir a Yahweh” según las leyes de la Alianza del Sinaí. Y la Alianza de Dios con David fundamenta también el servicio al rey davídico, pero suscitado por Dios. Tanto la salida de Egipto como el regreso de la cautividad son un paso “de la esclavitud del servicio a los extranjeros a la libertad del servicio a Dios”.» (Salvador Carrillo Alday M.Sp.S.)

i)      Cambiará la suerte de las tiendas de Jacob

ii)     Se compadecerá de sus moradas

iii)   Podrán reconstruir su ciudad sobre las ruinas de la antigua

iv)   En el mismo puesto de antes levantarán de nuevo su palacio.

v)    Y desde allí se elevarán voces festivas.

vi)   Se les volverá a tratar dándoles importancia

vii)  Sus hijos serán como lo eran antes

viii) Se reunirán en congregación estable delante de los Ojos de Dios

ix)   Y Dios mismo dará castigo a sus anteriores opresores.

x)    Y de su propio seno surgirá un príncipe que les permitirá acercarse, ya no querrá sujetarlos en el distanciamiento. Nos quiere congregados en la fraternidad.

 

Esta libertad ofrecida como promesa, tiene un propósito: darle sentido a la vida orientándola hacia Dios. Ese sentido de vida conlleva una práctica donde se construye la persona como comunidad en el ejercicio de la fraternidad: Un Padre común nos constituye en hermanos.


¡Ustedes serán para Mí, mi pueblo y Yo -para ustedes- seré su Dios!

 

Sal 102(101), 16-18. 19-21. 29 y 22-23

Salmo de súplica. El ser-humano no se mueve en el vacío. Podríamos pensar que Dios ha puesto un “escenario” para que nosotros vivamos en él nuestra “historia”. Y podríamos llamar el escenario con la palabra Sion. Sion no es un lugar para buscar en el mapa. Sion es el escenario de nuestras vivencias.

 

La parte que se proclama hoy, consta de 9 versículos agrupados de tres en tres para conformar tres estrofas:

1.

i.i. Los gentiles “temerán” su Nombre

i.ii. Los reyes del mundo “temerán” su Gloria.

i.iii. ¿Cuándo será eso? Cuando el Señor reconstruya a Sion y aparezca triunfal

i.iv. Y se ocupará de los ruegos de los indefensos.

i.v. Y no desatenderá sus súplicas

2.

ii.i. Se escribirá el registro de este salmo para que en el futuro se tenga a mano.

ii.ii. por su influjo se constituirá un pueblo que se ocupará de alabar a Dios

ii.iii. El Señor nos dirige su Mirada desde su Morada: el Santuario Excelso.

ii.iv. No solamente nos mira, además oye nuestro clamor aun cuando somos presidiarios (del pecado).

ii.v. Él viene a conceder amnistía especialmente a los que están condenados a muerte.

 

3.

iii.i. Los siervos suyos estarán seguros y tendrán acceso a su Presencia.

iii.ii. Tendrán una ocupación preferencial: Proclamar el Santo Nombre de Dios

iii.iii. Sus alabanzas resonaran por toda la Ciudad-Sagrada.

iii.iv. Allí habrá una asamblea verdaderamente “católica” por su unanimidad.

iii.v. Los reyes no se considerarán “asunto aparte”, estarán hombro a hombro y codo a codo con su pueblo, fundidos en uno para dar “Culto”.

El verso responsorial nos consuela con respecto a la tristeza del Templo demolido: En Aquel Lugar estará Radiante su Presencia.

 

Mt 15, 1-2. 10-14

¡Hipócritas! Qué bien profetizó Isaías cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; el culto que me dan es inútil, pues las doctrinas que enseñan son preceptos humanos.

Mt 15, 7s

Uno diría -así, de velocidad, que se trata del tema de la contaminación. Bueno si, pero esa es solo la exterioridad de la cuestión:

 En este pasaje podemos mirar cuatro momentos

1)    Unos fariseos y unos escribas se le acercan a Jesús para hacerle una pregunta.

2)    Jesús formula una “consigna” donde muestra de dónde sale el mal.

3)    Los discípulos vienen a decirle a Jesús que escribas y fariseos están “escandalizados” con esa afirmación

4)    “Déjenlos”, que tiene una connotación de ¡Cuánto lo siento, pero no puedo acomodar las coas de Dios a su antojo! Pero ellos arrastran una enorme responsabilidad, se ponen a comunicar su mensaje, y no atienden al daño que están haciendo, pues al llevar la contraria a Dios, no solamente se hunden ellos, sino que arrastran detrás suyo a todos los que se alinean con sus falsedades. Esa es la tremenda responsabilidad de los guías espirituales que, al ponerse en ese sitial, se hacen responsables no solo de sus vidas y sus consciencias, sino de todos los que les prestan atención, creyéndolos “buenos guías”.

 


El aspecto central consiste en entender que el mal no es algo que entra, como una mota de polvo que no se lavó bien; lo que destruye y aniquila, es lo que se hornea en el propio corazón. Si uno recibe una “mala enseñanza” pero en el horno del corazón la acrisola, perfectamente la puede depurar de su “vicio” y sacarla purificada. El corazón es como un horno donde el fuego del discernimiento puede sacar de una oscuridad un ascua brillante y luminosa.

 

Por qué se ofenden los “aquellos” y se escandalizan. Porque ellos tenían como propuesta la minuciosidad del baño, cuando ese lavabo es más bien simbólico del discernimiento que compete al corazón. No basta lavarse con piedra pómez hasta sacarse sangre, si lo que dejamos de hacer es la “purificación del corazón hasta hacerlo “bien intencionado”. La buena intención del corazón se puede explicar diciendo que todas nuestras acciones deben ser amorosas, llenas de propósitos dulces, cariñosos, nobles, modelados por la virtud cristiana. El acrisolamiento consiste en desvelarse como Jesús por el bien del “otro”: ¡Tener los mismos sentimientos del Señor!

 

Hay una parábola muy curiosa que siempre me ha tocado el corazón porque me interpela en cuanto a qué quiere Dios de nuestra parte y que le alegraría ver en nuestra respuesta de vida. Aquí os la compartimos:

El abad de un monasterio se hallaba muy preocupado. Años atrás, su monasterio había visto tiempos de esplendor. Sus celdas habían estado repletas de jóvenes novicios y en la capilla resonaba el canto armonioso de sus monjes. Pero habían llegado malos tiempos: la gente ya no acudía al monasterio a alimentar su espíritu. La avalancha de jóvenes candidatos había cesado y la capilla se hallaba silenciosa. Sólo quedaban unos pocos monjes que cumplían triste y rutinariamente sus obligaciones.

 

Un día, decidió pedir consejo, y acudió a un anciano obispo que tenía fama de ser hombre muy sabio -como siempre ocurre en estas parábolas- en su avanzada edad. Emprendió el viaje, y días después se encontró frente al buen hombre. Le planteó la situación y le preguntó: "¿A qué se debe esta triste situación? ¿Hemos cometido acaso algún pecado?". A lo que el anciano obispo respondió: "Sí. Han cometido un pecado de ignorancia. El mismo Señor Jesucristo se ha disfrazado y está viviendo en medio de ustedes, y ustedes no lo saben". Y no dijo más.

 

El abad se retiró y emprendió el camino de regreso a su monasterio. Durante el viaje sentía como si el corazón se le saliese del pecho. ¡No podía creerlo! ¡El mismísimo Hijo de Dios estaba viviendo ahí en medio de sus monjes! ¿Cómo no había sido capaz de reconocerle? ¿Sería el hermano sacristán? ¿Tal vez el hermano cocinero? ¿O el hermano administrador? ¡No, el no! Por desgracia, él tenía demasiados defectos… Pero el anciano obispo había dicho que se había "disfrazado". ¿No serían acaso aquellos defectos parte de su disfraz? Bien mirado, todos en el convento tenían defectos… ¡y uno de ellos tenía que ser Jesucristo!

 

Cuando llegó al monasterio, reunió a sus monjes y les contó lo que había averiguado. Los monjes se miraban incrédulos unos a otros. ¿Jesucristo… aquí? ¡Increíble! Claro que si estaba disfrazado…. Entonces, tal vez… Podría ser Fulano.. ¿O Mengano? ¿O….?

 

Una cosa era cierta: Si el Hijo de Dios estaba allí disfrazado, no era probable que pudieran reconocerlo. De modo que empezaron todos a tratarse con respeto y consideración. "Nunca se sabe", pensaba cada cual para sí cuando trataba con otro monje, "tal vez sea éste…"

 

El resultado fue que el monasterio recobró su antiguo ambiente de gozo desbordante. Pronto volvieron a acudir decenas de candidatos pidiendo ser admitidos en la Orden, y en la capilla volvió a resonar el jubiloso canto de los monjes, radiantes del espíritu de Amor.

 

Aquí es interesante que lo que está en juego son dos enfoques distintos: El de loa tradición judaica y el que trae Jesús. La propuesta de Jesús lo que hace es recuperar la Voz de Dios expresada proféticamente. No es que Jesús venga con una idea novísima, a barrer con todo. Lo que pasa es que Dios ha venido mostrándole a su pueblo que hay cosas más importantes, y que lo más importante porque fortalece la vida y solidifica la comunidad, es poner las relaciones interpersonales en el proscenio, dejando de lado un aspecto egoísta y solipsista que se había exagerado en la religión, un cierto mecanicismo ritual. El culto y la relación con Dios puede cimentarse en la higiene, en la cuestión racial y en la atención sobre aspectos alimentarios.


O, podemos fijarnos en cómo nos tratamos los unos a los otros. Habrá, entonces, un Gozo desbordante porque su Presencia estará en medio.

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