viernes, 7 de agosto de 2026

Sábado de la Décimo Octava Semana del Tiempo Ordinario

Hab 1,12-2,4

En efecto, el Señor está por enviar “un pueblo feroz y terrible” que impondrá “su derecho y su grandeza”, a saber, los babilonios.

Gianfranco Ravasi

Estamos ante un episodio bíblico muy particular. Nadie se atrevió jamás a cuestionar a Dios en su gestión del mundo y de la historia. Como dice Gianfranco Ravasi, de Habacuc lo ignoramos casi todo: Estamos ante un profeta de quien se ignora su procedencia, en otros varios casos se nos da informes del papá o de su cuna, aquí, no tenemos ninguna información. Los estudiosos sitúan la composición de este Libro entre los años 605 – 594 a.C. después de la victoria de Karkemich -cuando los Babilonios derrotan la alianza egipcio-asiria- y la invasión de Nabuchadnezzar al reino del sur, que trajo consigo la caída de Jerusalén.

 

La perícopa de hoy se toma de un bloque, el primero del Libro que va de 1,2 hasta 2,4; donde la temática es la de un dialogo entre Dios y el profeta. La profecía que hay aquí se refiere a un episodio previo a la caída de Nínive en el 612 a.C. El rol que cumplen los babilonios es instrumental: Dios los ha usado para castigar a su pueblo; pero no por eso los abandona, sino que Él mismo saldrá a defenderlos.

 

Viene ahí la petición de cuentas que le hace el profeta a Dios: ¿Por qué precisamente los babilonios tenían que ser el fuete del castigo?: «Por qué castiga Dios a un malo por manos de otro más perverso? ¿Por qué parece que Dios ayuda al triunfo de la fuerza injusta?» (Salvador Carrillo Alday M. Sp. S.)

 

«Esa respuesta no satisface al profeta pues el invasor no surge para hacer justicia sino para sustituir una violencia por otra peor (1.12-17). Habacuc continúa esperando una respuesta satisfactoria de Dios. Esta llega y ahora, con una propuesta diferente pero difícil, que exige paciencia, pero no falla: “el justo vivirá por su fidelidad” (2,4)». (Ivo Storniolo. Euclides Martins Balancin).

 

En el verso 2,4 nos encontramos la palabra אֱמוּנָה [emunah] “fidelidad”, “firmeza”, “estabilidad” -pariente muy cercana de la palabra אמן [amén]- que al verterla al griego se tradujo por πίστις [pistis] “fe”, más exactamente “confianza”. No podemos permitir que la “fe” se interprete como un poder mágico. Lo que Dios nos dice es que la fe es poderosa, y la fe tampoco ha de verse como una ritualidad que recibirá premio si se sigue; lade lo que se habla aquí es de ese permanecer en la amistad de Dios, so es la fidelidad, la persistencia en que -pase lo que pase, muy a pesar de las dificultades- nunca nos alejemos del Gran Amigo.

 

«Los que sufren las consecuencias de la violencia son ahora llamados a ser agentes de la historia, oponiéndose firmemente a los que no son rectos. Esto solo será posible si ese grupo es fiel a la Voluntad de Dios, si está permanentemente vigilante en la realización de la justicia. En el momento en el que los que han sufrido se descubren no solo como victimas sino principalmente como agentes de una trasformación en la historia, surge la posibilidad y el valor de desenmascarar a los opresores y de celebrar su caída o el surgimiento de una nueva era, de un mundo nuevo.» (Ivo Storniolo. Euclides Martins Balancin). אֱמוּנָה es ante todo persistencia, mantenerse en relación con Dios, ¡amarlo por sobre todo y al prójimo!

 

Con toda seguridad vendrá y nos asistirá sin tardanza. Pero en nuestras manos está recibirlo y recibir sus dones. “El altanero no triunfará; pero, el justo por su fidelidad vivirá”. Y vivirá -no algunos años- sino con “vida perdurable”.


Ser llamado “justo” no es mera palabra, Dios no nos llama así porque no tiene otra alternativa para nombrarnos; podría llamarnos “injustos”, si no lo imitamos con nuestra imparcialidad, Él cambiará la palabra y nos designará “impíos”: el Justo es el que obra con justicia coherente, su fidelidad está comprometida con la rectitud.  Es siempre probo. ¡Es cabal!

 

Sal 9, 8-9. 10-11. 12-13

Este salmo tiene un doble carácter:

1.    Es un salmo de acción de gracias

2.    Pero, en cierto punto se vuelve una súplica

 

Desde el primer versículo de la perícopa proclamada del salmo 9, encontramos un ambiente forense: El Señor es un Alto Juez que ha fijado su Tribunal, poniendo su Trono como sede de Justicia: Ha establecido un lugar para su Juzgado. Desde allí impartirá su Entereza. Su justicia no es arbitraria: está definida y se guía por la rectitud: Valga decir, su recto enfoque.


En la segunda estrofa señala que en este tribunal hay equidad y los oprimidos no encuentran discriminación desfavorable. Saben a qué atenerse, porque Dios no favorece al poderoso, no tuerce ni adultera la balanza judicial. Dios es Justo y no abandona a los que lo buscan. Los que lo buscan conocen Su Nombre. El Nombre es Su-Ser-Entero, (para nosotros nombre es una palabra con la que determinamos a alguien; en hebreo no es así: el Nombre comprende todos los atributos de la persona, es una palabra que lo “globaliza”), con las virtudes que lo configuran. El Nombre en hebreo es la persona global con todos sus rasgos característicos.

 

En la tercera estrofa se precisan cuatro rasgos de Dios:

      i.        Cantar acompañándose al son de arpas y liras para alabar a Dios que vive en Sion.

     ii.        Nos propone narrarles a todos los pueblos las hazañas de Dios.

    iii.        La sangre que haya sido derramada, Él la cobrará

   iv.        Dios recuerda y nunca olvida la voz de los humildes que claman a Él

 

El versículo responsorial proviene del versículo 9, 10 del cual es su segunda parte: “Tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan". Es una promesa consoladora, que nos levante la moral. Proclama la fidelidad Divina.

 

Mt 17, 14-20

Pensar que la liberación depende de nuestra capacidad o esfuerzo es, como mínimo, una ingenuidad y como máximo, una gran pretensión. El Reino de la justicia es un don de Dios que se realiza a través de nuestra disponibilidad para con los interesas de Él, y no los nuestros.

Ivo Storniolo

A veces entendemos la fe de manera truncada. La fe sería un permiso que le concedemos a Dios para que el obre cómo y cuándo a Él bien plazca. Otra interpretación -también recortada- dice que Dios está ahí, mirando, pero que no hará absolutamente nada más que juzgar nuestra reacción y mirarnos.


Se nos ha ocurrido pensar: ¿por qué Dios nos creó libres? Pues precisamente para ver cómo entendemos nuestra calidad de hijos suyos. Un buen padre -a medida que el hijo crece- va delegándole tareas, que forman parte de la manera de ganarse la vida que tiene esa familia. A veces, son labores sencillas, sin mayor complejidad; pero, ciertamente a medida que el chico se hace mayor, su padre le delega más y mayor responsabilidad, hasta que aprenda el oficio entero y pueda decir que ha alcanzado un grado de pericia comparable al de su padre.

 

Cuando se lee este pasaje de Mateo, estamos muy dispuestos a decir: “se lo tienen bien merecido estos discípulos a los que Jesús con tanto esmero ha enseñado y les ha dado todos los poderes, pero, como han sido discípulos flojos, no han practicado todo lo necesario y no han aprendido a sostener la varita mágica con los dos dedos exactos”.

¡Por eso decepcionan a Jesús y no pueden expulsar el demonio aquel! Tráiganlos aquí que nosotros les arrojaremos tomates y huevos podridos para apoyar a Jesús en su “regaño”.

 

Aun añadimos otro apunte: ¡Que pesar que no aprendieron bien! ¡Cómo nos habría gustado que trasladaran un monte de aquí para allá! ¡habríamos sido los primeros en aplaudir a rabiar!

 

Pensemos dos veces ese tema: ¿en qué parte de la Sagrada Escritura se cambian los montes de ubicación? ¿Qué utilidad o que gracias tendría trastear un monte de aquí para allá? ¡Nos encantan los actos espectaculares aun cuando inútiles!

 

Lo que pasa es que Jerusalén estaba en la Montaña de Sion, donde estaban los poderosos en lo económico, en lo político y en lo religioso. Es ese poderío el que hay que desplazar. ¡Es Sion la que tiene que ser movida! ¡la fe no se ha de confundir con un acto circense!

 

Como se dice por ahí: “Poseemos problemas”. Y Jesús es muy claro al desenmascararnos: “Generación incrédula y perversa”; esta segunda palabra en griego es διαστρέφω [diastrefo] que significa “que entienden mal”, “que mal interpretan”.

 

¿Hasta cuándo tendré que estar a su lado enseñándoles? Aparece la palabra ἀνέχομαι [anechomai] que traducimos como “soportar”. “¡Hasta cuándo tendré que soportarlos? Pero esta palabra significa ¿Cuándo les falta para estar enteramente capacitados? “¿cuánto les falta para completar su formación? ¿por cuánto tiempo más tendré que prolongarles su discipulado?

 

¿Qué hizo Jesús con el “demonio”? La palabra en griego es ἐπιτιμάω que significa “redirigirlo”, “corregirlo”, “señalarle que va por mal camino”. Y, ¿el demonio? ¿qué pasó con él? “¡Salió!”

 

Aquí hay dos elementos que completan su formación, aparecen en el verso 21 (aun cuando en muchos manuscritos este versículo no aparece), que no se incluye en la liturgia de hoy (tal vez por eso), sin embargo, nos hemos atrevido a mencionarlos: el ayuno y la oración.

 

El ayuno rompe con uno de los trucos del Malo para mantenernos sujetos a su dominio: El consumismo. El ayuno es como la oración del cuerpo.


Y, ¿la oración? Como con una brújula, con ella nuestra mente y nuestro corazón dirigen la mirada hacia el norte de la fe, hacia la Voluntad que Dios ha preparado desde siempre, como heredad, para nosotros. 

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