Hab 1,12-2,4
En efecto, el Señor está por enviar “un pueblo
feroz y terrible” que impondrá “su derecho y su grandeza”, a saber, los
babilonios.
Gianfranco Ravasi
Estamos ante un episodio bíblico muy
particular. Nadie se atrevió jamás a cuestionar a Dios en su gestión del mundo
y de la historia. Como dice Gianfranco Ravasi, de Habacuc lo ignoramos casi
todo: Estamos ante un profeta de quien se ignora su procedencia, en otros
varios casos se nos da informes del papá o de su cuna, aquí, no tenemos ninguna
información. Los estudiosos sitúan la composición de este Libro entre los años
605 – 594 a.C. después de la victoria de Karkemich -cuando los Babilonios
derrotan la alianza egipcio-asiria- y la invasión de Nabuchadnezzar al reino
del sur, que trajo consigo la caída de Jerusalén.
La perícopa de hoy se toma de un bloque,
el primero del Libro que va de 1,2 hasta 2,4; donde la temática es la de un
dialogo entre Dios y el profeta. La profecía que hay aquí se refiere a un
episodio previo a la caída de Nínive en el 612 a.C. El rol que cumplen los
babilonios es instrumental: Dios los ha usado para castigar a su pueblo; pero
no por eso los abandona, sino que Él mismo saldrá a defenderlos.
Viene ahí la petición de cuentas que le
hace el profeta a Dios: ¿Por qué precisamente los babilonios tenían que ser el
fuete del castigo?: «Por qué castiga Dios a un malo por manos de otro más
perverso? ¿Por qué parece que Dios ayuda al triunfo de la fuerza injusta?»
(Salvador Carrillo Alday M. Sp. S.)
«Esa respuesta no satisface al profeta
pues el invasor no surge para hacer justicia sino para sustituir una violencia
por otra peor (1.12-17). Habacuc continúa esperando una respuesta satisfactoria
de Dios. Esta llega y ahora, con una propuesta diferente pero difícil, que
exige paciencia, pero no falla: “el justo vivirá por su fidelidad” (2,4)». (Ivo
Storniolo. Euclides Martins Balancin).
En el
verso 2,4 nos encontramos la palabra אֱמוּנָה [emunah] “fidelidad”, “firmeza”,
“estabilidad” -pariente muy cercana de la palabra אמן [amén]- que al verterla al griego se
tradujo por πίστις [pistis] “fe”, más exactamente “confianza”.
No podemos permitir que la “fe” se interprete como un poder mágico. Lo que Dios
nos dice es que la fe es poderosa, y la fe tampoco ha de verse como una
ritualidad que recibirá premio si se sigue; lade lo que se habla aquí es de ese
permanecer en la amistad de Dios, so es la fidelidad, la persistencia en que
-pase lo que pase, muy a pesar de las dificultades- nunca nos alejemos del Gran
Amigo.
«Los que sufren las consecuencias de la
violencia son ahora llamados a ser agentes de la historia, oponiéndose
firmemente a los que no son rectos. Esto solo será posible si ese grupo es fiel
a la Voluntad de Dios, si está permanentemente vigilante en la realización de
la justicia. En el momento en el que los que han sufrido se descubren no solo
como victimas sino principalmente como agentes de una trasformación en la
historia, surge la posibilidad y el valor de desenmascarar a los opresores y de
celebrar su caída o el surgimiento de una nueva era, de un mundo nuevo.» (Ivo Storniolo. Euclides Martins Balancin). אֱמוּנָה es ante todo persistencia, mantenerse en relación con Dios,
¡amarlo por sobre todo y al prójimo!
Con toda seguridad vendrá y nos asistirá
sin tardanza. Pero en nuestras manos está recibirlo y recibir sus dones. “El
altanero no triunfará; pero, el justo por su fidelidad vivirá”. Y vivirá -no
algunos años- sino con “vida perdurable”.
Ser llamado “justo” no es mera palabra, Dios no nos llama así porque no tiene otra alternativa para nombrarnos; podría llamarnos “injustos”, si no lo imitamos con nuestra imparcialidad, Él cambiará la palabra y nos designará “impíos”: el Justo es el que obra con justicia coherente, su fidelidad está comprometida con la rectitud. Es siempre probo. ¡Es cabal!
Sal 9, 8-9. 10-11. 12-13
Este salmo tiene un doble carácter:
1.
Es un salmo de
acción de gracias
2.
Pero, en cierto
punto se vuelve una súplica
Desde el primer versículo de la perícopa
proclamada del salmo 9, encontramos un ambiente forense: El Señor es un Alto
Juez que ha fijado su Tribunal, poniendo su Trono como sede de Justicia: Ha
establecido un lugar para su Juzgado. Desde allí impartirá su Entereza. Su
justicia no es arbitraria: está definida y se guía por la rectitud: Valga
decir, su recto enfoque.
En la segunda estrofa señala que en este tribunal hay equidad y los oprimidos no encuentran discriminación desfavorable. Saben a qué atenerse, porque Dios no favorece al poderoso, no tuerce ni adultera la balanza judicial. Dios es Justo y no abandona a los que lo buscan. Los que lo buscan conocen Su Nombre. El Nombre es Su-Ser-Entero, (para nosotros nombre es una palabra con la que determinamos a alguien; en hebreo no es así: el Nombre comprende todos los atributos de la persona, es una palabra que lo “globaliza”), con las virtudes que lo configuran. El Nombre en hebreo es la persona global con todos sus rasgos característicos.
En la tercera estrofa se precisan cuatro
rasgos de Dios:
i.
Cantar acompañándose
al son de arpas y liras para alabar a Dios que vive en Sion.
ii.
Nos propone
narrarles a todos los pueblos las hazañas de Dios.
iii.
La sangre que haya
sido derramada, Él la cobrará
iv.
Dios recuerda y
nunca olvida la voz de los humildes que claman a Él
El versículo responsorial proviene del
versículo 9, 10 del cual es su segunda parte: “Tú, Señor, jamás abandonas a los
que te buscan". Es una promesa consoladora, que nos levante la moral.
Proclama la fidelidad Divina.
Mt 17, 14-20
Pensar que la liberación depende de nuestra
capacidad o esfuerzo es, como mínimo, una ingenuidad y como máximo, una gran
pretensión. El Reino de la justicia es un don de Dios que se realiza a través
de nuestra disponibilidad para con los interesas de Él, y no los nuestros.
Ivo Storniolo
A veces entendemos la fe de manera
truncada. La fe sería un permiso que le concedemos a Dios para que el obre cómo
y cuándo a Él bien plazca. Otra interpretación -también recortada- dice que
Dios está ahí, mirando, pero que no hará absolutamente nada más que juzgar
nuestra reacción y mirarnos.
Se nos ha ocurrido pensar: ¿por qué Dios nos creó libres? Pues precisamente para ver cómo entendemos nuestra calidad de hijos suyos. Un buen padre -a medida que el hijo crece- va delegándole tareas, que forman parte de la manera de ganarse la vida que tiene esa familia. A veces, son labores sencillas, sin mayor complejidad; pero, ciertamente a medida que el chico se hace mayor, su padre le delega más y mayor responsabilidad, hasta que aprenda el oficio entero y pueda decir que ha alcanzado un grado de pericia comparable al de su padre.
Cuando se lee este pasaje de Mateo, estamos
muy dispuestos a decir: “se lo tienen bien merecido estos discípulos a los que
Jesús con tanto esmero ha enseñado y les ha dado todos los poderes, pero, como
han sido discípulos flojos, no han practicado todo lo necesario y no han
aprendido a sostener la varita mágica con los dos dedos exactos”.
¡Por eso decepcionan a Jesús y no pueden
expulsar el demonio aquel! Tráiganlos aquí que nosotros les arrojaremos tomates
y huevos podridos para apoyar a Jesús en su “regaño”.
Aun añadimos otro apunte: ¡Que pesar que
no aprendieron bien! ¡Cómo nos habría gustado que trasladaran un monte de aquí
para allá! ¡habríamos sido los primeros en aplaudir a rabiar!
Pensemos dos veces ese tema: ¿en qué
parte de la Sagrada Escritura se cambian los montes de ubicación? ¿Qué utilidad
o que gracias tendría trastear un monte de aquí para allá? ¡Nos encantan los
actos espectaculares aun cuando inútiles!
Lo que pasa es que Jerusalén estaba en la
Montaña de Sion, donde estaban los poderosos en lo económico, en lo político y
en lo religioso. Es ese poderío el que hay que desplazar. ¡Es Sion la que tiene
que ser movida! ¡la fe no se ha de confundir con un acto circense!
Como se dice por ahí: “Poseemos
problemas”. Y Jesús es muy claro al desenmascararnos: “Generación incrédula y
perversa”; esta segunda palabra en griego es διαστρέφω [diastrefo] que significa “que entienden mal”, “que mal
interpretan”.
¿Hasta
cuándo tendré que estar a su lado enseñándoles? Aparece la palabra ἀνέχομαι [anechomai] que traducimos como “soportar”. “¡Hasta cuándo
tendré que soportarlos? Pero esta palabra significa ¿Cuándo les falta para
estar enteramente capacitados? “¿cuánto les falta para completar su formación?
¿por cuánto tiempo más tendré que prolongarles su discipulado?
¿Qué hizo Jesús con el
“demonio”? La palabra en griego es ἐπιτιμάω que significa
“redirigirlo”, “corregirlo”, “señalarle que va por mal camino”. Y, ¿el demonio?
¿qué pasó con él? “¡Salió!”
Aquí hay dos elementos que
completan su formación, aparecen en el verso 21 (aun cuando en muchos
manuscritos este versículo no aparece), que no se incluye en la liturgia de hoy
(tal vez por eso), sin embargo, nos hemos atrevido a mencionarlos: el ayuno y
la oración.
El ayuno rompe con uno de
los trucos del Malo para mantenernos sujetos a su dominio: El consumismo. El ayuno es como la oración del cuerpo.
Y, ¿la oración? Como con una brújula, con ella nuestra mente y nuestro corazón dirigen la mirada hacia el norte de la fe, hacia la Voluntad que Dios ha preparado desde siempre, como heredad, para nosotros.





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