viernes, 21 de agosto de 2026

Sábado de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 43, 1-7a

Otro símbolo de Ezequiel -menos importante, pero igualmente conocido- es el símbolo del agua, que también es utilizado por la liturgia.

Schökel/Gutiérrez

 

Decíamos que este Libro, para estudiarlo se puede desglosar en cinco partes. La Quinta Parte, que abarca los capítulos 40-48 y se la ha dado como título “La Jerusalén del futuro”. Aquí nos encontramos con una serie de “normas” para orientar el curso del culto cuando regresen del exilio. Recordemos que Ezequiel pertenecía a la tribu sacerdotal.

 

Él plantea en esta quinta parte ciertas palabras “técnicas” que designan pautas de vida y pautas cultuales, pero que forman parte del idiolecto ezequiano y no sabemos con precisión qué designaban.

 

Gran parte de este tramo se ocupa de delinear el templo que según sus visiones estaría en la tierra de Israel, sobre un monte altísimo, hacia el lado sur, desde el cual se extendía una estructura parecida a una ciudad. Se precisan también otras edificaciones anexas al templo y en el capítulo 43, en los versos 1-12, se señala que la Gloria de YHWH regresa al Templo. Esta vez, el Señor se instala para siempre en el templo.

 

El Señor-Dios les pone de presente qué fue lo que los llevó a tamaña desgracia. ¿Cómo pudo ocurrir que fueran deportados y luego desmigajados en diáspora? El Señor lo tiene claro y nos lo muestra: “Deshonraron mi Santo Nombre con acciones que yo detesto; por eso me enojé con ellos y los hice morir. Que alejen ahora de mí sus infidelidades y los monumentos a sus reyes y yo viviré en medio de ellos para siempre”.

 

En su historia se ha reeditado múltiples veces la desgracia. Pero ellos no han podido deshacerse de sus manías idolátricas. Entonces, la Alianza se ha quebrado y una y otra vez el Señor ha tenido que abandonar el templo y han seguido construyendo monumentos a sus falsos dioses en la puerta contigua al templo, separados tan solo por un tabique, por una delgada pared.

 

Dios vela -sin embargo- por su Alianza y su palabra se mantiene de generación en generación, es la fidelidad de su pueblo, de nuestra parte, la que interrumpe el fluir de la Gracia y ahuyenta la Sacratísima Presencia.

 

Con esta Lectura, cerraremos el ciclo de las Lecturas de los profetas, y, a partir de la semana entrante -la vigésimo primera del tiempo ordinario-, volveremos a leer del Nuevo Testamento.

 

El capítulo 47 mostrará la grandeza de Dios manifestada en que allí donde imperaba la aridez y la sequedad más bravía; el Señor cambia y hace brotar el agua impetuosa, torrentosa, cuyo nivel asciende como para trasformar el desierto en un oasis total.


«A la concepción de la tierra como tierra-madre se une en paralelo otra concepción donde lo materno está simbolizado por el mar. Los paleontólogos afirman que, de hecho, es así: la vida comienza en el agua y no en la tierra firme. Es una coincidencia convergente. La Biblia no es argumento para apoyar la ciencia, ni viceversa.» (Schökel/Gutiérrez)

 

 

Sal 85(84), 9abc y 10. 11-12. 13-14

Es un salmo resplandeciente en varios momentos… En él se siente el clima del cautiverio de Babilonia, por el lenguaje y por las imágenes.

Marcelo de Barros

Podríamos hablar de la paz. Pero no se trata de la misma paz que contiene nuestra palabra en español. Para nosotros, en un mundo tan violento, la paz es -esencialmente- ausencia de guerra. En cambio, la palabra שָׁל֗וֹם [shalom], “paz” en hebreo, significa “en un ambiente amistoso", “rodeado de bienestar”, de “seguridad”, de “salud”, de “armonía total”, de “plenitud”, con la emoción de la “misión cumplida”. El trigrama que la origina con tiene sus columnas fundantes שָׁלם [shalem] “equilibrio”, “restauración”, “plenitud”.

 

La paz que Dios proclama aquí es un don reservado para sus amigos, para su pueblo, para los que le son devotos.

 

Vemos que está relacionada con la salvación, con la Gloria de Dios, con la fidelidad y con la misericordia. A propósito, no son cosas que se dan por separado: son duplas enamoradas entre sí: la Misericordia y la fidelidad se abrazan enamoradas; la fidelidad y la justicia se estrechan en tierno abrazo.

 

La una viene de arriba (catabática), del Cielo, como regalo para nuestro pueblo, pero, a nuestra vez, nosotros hacemos eco, como si fuéramos la caja de resonancia: nuestra respuesta a la Justicia que baja, es nuestra Fidelidad que asciende (anabática). (La fidelidad no es credulidad desapercibida, sino perseverancia).

 

Hay dos notas implícitas: el cuidado y la restauración. La Justicia va por delante -como adalid; y la salvación es como -digamos- la escolta, que va siguiendo cada paso, velando como protectora de la Justicia que necesita ser salvaguardada, tutelada, como un bebe que aprende a caminar y que requiere ser observado para que no se vaya de espaldas y se lastime.

 

Nosotros -en nuestro suelo reseco y árido-no podríamos frutecer, si no fuera porque Dios con su lluvia crea las condiciones propicias para hacer de la arenisca desértica, un limo fértil.


San Ireneo dice: “La gloria de Dios es el hombre vivo”. San Romero de América apunta: “El hombre vivo es el pobre de a pie”. El versículo responsorial asienta: “La Gloria del Señor habitará en nuestra tierra”.

 

Aún hay más, si observamos con detenimiento la Oración Colecta encontramos un enfoque muy preciso de la Gloria a la que nos estamos refiriendo: “Dios Todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre del Unigénito, concédenos que protegidos por su intercesión alcancemos la gloria de tus hijos en el Reino de los Cielos”.

 

Mt 23, 1-12

No tienes que lucir humilde para que un avivato se trepe en tu nuca

Gran parte del problema para esta caterva saduceo-farisaica está en el temor de perder la hegemonía, ellos que se había aferrado a la catedra mosaica para acaparar los privilegios teologales (o tal vez sería más exacto llamarlos teocráticos), parece que ya van a convulsionar porque Jesús indica que ellos padecen de fingimiento, que carecen de coherencia entre su decir y su hacer. Les proponen a otros tareas y metas prácticamente inalcanzables, mientras Jesús simplifica, facilita, acoge.


En medio de la cultura del espectáculo, del reflector, de los “realities”, de los programas de concurso y las múltiples telerrealidades, así como la política ventrílocua y la manipulación mediática ¿cómo se puede desdeñar la preocupación por la imagen, por los gestos ampulosos, por los desplantes cínicos?, si todo esto está embalsamado precisamente por el culto a la personalidad. ¿Cómo evitar que estemos muy afanados por el qué dirán? ¿Qué se podría hacer para que la fe no se pierda entre todos estos vericuetos terminando por degradarse en puro show?

 

¡Con razón pulula tanta desconfianza! Muchos “predicadores” velan más por la imagen que por la solidez del mensaje, para muchos la fe debería lindar con el espectáculo circense o, por lo menos, apropiarse de los mejores recursos de la espectacularidad de los grandes conciertos. Hay una flagrante sustitución de la fe por el estruendo y los reflectores, la fanfarria y la algazara.

 

A estas alturas, los escribas y los fariseos han tenido que ceder sus puestos a las luminarias del entretenimiento y a los magnates del show. Quiere decir que la humildad quedó desplazada, ¡no, y mil veces no!

 

Lo que quiere decir es que, de la humildad no se hace tele-realidad. Las categorías de la fe no se emparentan con las prestidigitaciones lúdicas. Hay que hacer desaparecer la angustia que se cierne sobre muchos “preocupados” por el futuro de la Iglesia, y no desbocarse tratando de reservarse los “primeros puestos”.

 

Los mass-media tienen nuevas estrategias, pero nosotros, no estamos interesados en aprenderlas ni en competir con ellas. No vamos a caer en la trampa. El parámetro que nos ha fijado Jesús no tiene nada que ver con su superficialidad. Donde está le médula de la vida está el servicio, el amor, la ternura, la comprensión, la fraternidad; y si se procura continuar este elenco, se ve como la vida va taladrando la superficialidad y nos reclama cada vez un más hondo compromiso de sensibilidad humana: Humano-integral.

 

Ellos pueden alongar hasta el infinito las filacterias. Pueden alzar sus tarimas como Torre de Babel, pueden -porque su concepción farandulera de la fe los obliga- contratar the best amplified professional horn-speaker para lograr aturdir hasta el último rincón del Coliseo y retrasmitir -de modo que nadie se lo pierda- el postrer gemido del gladiador derrotado; pero ese no es nuestro problema, ni como personas, ni como comunidad de fe.

 

Recomendaciones prácticas, muy actuales: no se hagan llamar “maestros”, no llamemos a nadie “padre”, “ni jefe”, ni “patrón”, no subamos a nadie a la jerarquía de “director”. Muchas dinámicas empresariales dependen de estos títulos y jerarquías; tristemente en su dinámica ponen en juego la estabilidad laboral de los subalternos. Si no queda más remedio, usémoslas, conscientemente, recordando que Uno solo es Maestro y nosotros todos somos “hermanos”; que Padre es el del Cielo, y que el Único verdadero Director es Jesucristo.

 

Lo que Jesús quería superar y a la vez cuestionaba eran los modelos patronales del clientelismo romano y las magistraturas de los rabinos que se daban -precisamente- en las escuelas rabínicas. ¿Qué es lo que a nosotros compete? La fraternidad, la solidaridad, el servicio entre hermanos, la vivencia y la práctica del respeto, el amor, el cuidado mutuo, la comprensión y el perdón. Nosotros también hemos sido permeados por modelos -no solo machistas-, ultra-patriarcales y arribistas que, estamos llamados a desechar.

 

No hagamos de la humildad otro concurso, ni de la santidad un reality. Y si alguien logra tocar la santidad mejor o más rápido que nosotros, alegrémonos porque descubrieron vías más ágiles y eficaces. Quizás, y no por competir, imitemos esos caminos que llevan más cerca de Dios (sin pagar derechos de autor, que gratis se nos dan, y gratis hemos de compartir), y -sin reatos de vergüenza- reconozcamos que su luminosidad nos hará bien, porque todo lo que Dios regala es carisma, traduzcámoslo: virtud que sirve a todos y no a uno solo.


Pero si lo que te anima es otra cosa, creemos que la participación en el Juego del Calamar todavía tiene inscripciones abiertas. Pero, eso es algo totalmente distinto a lo que Dios nos propone y a lo que al pueblo de Dios le preocupa. A los escribas y fariseos lo que les preocupa es que les toquen su protagonismo. Lo que inquietaba a los fariseos, saduceos y maestros de la Ley no es propiamente su doctrina, sino lo que se denuncia en el verso inmediatamente siguiente a la perícopa que hemos leído hoy: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cierran a los hombres el Reino de los cielos, ni entran, ni dejan entrar a los que lo intentan” (Mt 23, 13). El problema está en los múltiples retenes que han puesto por el camino para impedir que los demás puedan acceder. Estas gabelas se han diseñado especialmente para que solamente ellos puedan pasar: es cosa humana y nada divina, puesto que se constituye en una ortodoxia discriminante y exclusivista, y no en un plan salvífico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario