jueves, 13 de agosto de 2026

Viernes de la Décimo Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ez 16, 1-15. 60-63

Los capítulos 4 al 24 se ocupan de la predica del profeta hasta cuando Jerusalén caiga y sea tomada. Aquí, se hace la historia de Jerusalén desde su nacimiento hasta su prostitución. Jerusalén es presentada como una joven de ninguna prosapia. Más bien una abortada que estaba ahí, tirada, como salida del vientre materno y abandonada a su orfandad, todavía envuelta en cuajarones de sangre:

-No tuvo quien le cortara el ombligo

-No tuvo quien la bañara y la frotara con sal

-No tuvo quien la fajara

-La dejaron tirada en el campo, dirigiéndole el desprecio del asco

 

Lo primero que hace es señalar que entre sus antepasados lo que se encuentra son gentiles, adoradores de ídolos, de la estirpe de Canaán, habitada por jebuseos, de padre amorreo y madre hitita; como señales premonitorias de su estirpe infiel, “la cabra tira pa´l monte” y “el que ha sido, no deja de ser”.

 

Fue Dios el que, al pasar y verla en tan pesarosa situación, se compadeció

-Él decidió que viviera

-La hizo crecer como frondosa planta del campo

-Permitió que se hiciera mujer

-Que se le desarrollara el busto y el vello le creciera

-Pero se mantenía desnuda.

 

Esa era su dolorosa condición cuando se hizo adolescente y llegó a la edad del amor. Y Dios la vistió con su Mano, pactó compromiso con ella y pidió su mano, para hacerla suya. Fue el propio Señor quien

-la bañó

-limpio su sanguaza

-la perfumó

-La vistió con traje de variados y lucientes colores

-La calzó con finas y elegantes sandalias de fino cuero

 

Cubrirle la desnudez es en este lenguaje metafórico el equivalente a sellar con ella una Alianza.

 

Aquí, para esta metáfora, la Alianza se contrae por medio de un cierto ritual que el propio Dios nos describe:

-       La ungió con aceite

-       La vistió con traje bordado, como son los trajes de bodas.

-       La calzó con zapatos de cuero fino

-       Su traje de novia era de lino y seda

-       Las joyas vienen a ser el regalo de bodas: pulseras y collar.

 

Como se puede notar este proceso de engalanarla es un ritual de dignificación y honra. Luego viene la convivencia, donde el alimento es flor de harina, miel y aceite, los mejores manjares y los más deleitosos platos.

 

Continuando la metáfora, viene el mal uso que ella le da a su bienestar, a su belleza, a su buena vida: Andar por ahí con todo tipo de aparecidos, darle sus favores a cualquiera degradando la nobleza de su matrimonio legítimo y usar de su buena fama y su belleza para atraerse amantes que la mancillaran.

 

Cualquier cosa que diga, aumentará su deshonra y la infamaran de peor manera. Ante el perdón maravilloso de su Celestial-Consorte lo único que le queda es el silencio penitente.


 

Detrás de ese silencio, Dios deposita frente a nosotros su petición de reconciliación. Espera que brote de nuestros labios la gentil reconstrucción de este maravilloso Eterno-Amorío. Él nos regala su Magnifico Perdón esperando que venga de nuestro ser la conversión definitiva hacia Él. ¡Y ya la Alianza no se quebrante nunca más!

 

Sal Is 12, 2-3. 4bcde 5-6

El proto-Isaías, para su estudio, lo hemos subdividido en seis partes: La primera contiene los Mensajes relacionados con Judá y en particular con Jerusalén. Esta pieza lirica que leemos hoy, cierra esta primera parte y está puesta justamente después de otro trozo poético que habla del regreso de los desterrados.

 

Hay un referente a tener en cuenta: se alude al linaje de David, mencionándolo, por el nombre de su padre, Jesé, así como se hace, también mención de ese “resto”, el remanente que vuelve.

 

Todo el salmo (Isaíano) no cesa de convocar al pueblo de Sion a dar gracias por la Misericordia Infinita que Dios ha mostrado con esta repatriación. Para nosotros es supremamente recordad la salida de la esclavitud de Egipto, pero para este pueblo, el regreso de la expatriación en Babilonia, se poder afirmar que revestía mayor emoción.


El hagiógrafo se refiere a su Salvador nombrándolo con profunda gratitud porque Él ha sido su refugio, su fuerza y su salvación.

 

Hay esa misión tan clara para el salmista que encomienda a todos sus oyentes, llevar el relato de estas proezas que Dios ha obrado en favor de su pueblo.

 

El versículo responsorial proviene del primer verso del salmo: “Te doy gracias, Señor, porque aun cuando estuviste אָנַ֖פְתָּ [anepta] “enojado”, “airado”, “furioso” (la etimología de esta palabra hebrea es “respiraba duro”, “tan bravo que rugías”) conmigo, tu ira ya pasó y me has נָחַם [nacham] “devuelto la paz”, “consolado”.

 

Mt 19, 3-12

Para Dios el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto, el miedo de unirse a este proyecto para liza el corazón humano.

Papa Francisco

Este trozo mateano es de la más alta metafísica: “… y serán los dos una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”; qué afirmación tan maravillosa, había dos personas, y, de pronto, prodigiosamente, los que eran dos, se hacen uno, porque Dios lo ha querido, porque descubrió una oculta afinidad que habrá que -por medio de una especie de minería-, desentrañarla, sacarla de su escondite y revelarla. Seguramente una obra paciente y persistente: como una labor arqueológica. Como el que busca un misterio milenario que no se ha vuelto a ver por siglos: ¡al principio era así! Y nosotros lo convertimos en algo que “ahora ya no es así”. Hablamos de la magia del amor y permitimos que dure lo que un flash. ¡Valiente magia! Pero, recuerden: “Al principio no era así”.


Dios no quiere que pasemos de largo y botemos el prototipo. Él nos entregó un “modelo” perfecto de lo que quería que fuera el amor de pareja. No se trata de un recuerdo de un bonito pasado. Se trata de la imagen que Dios nos propuso construir entre dos. Es una realidad para fraguarla pacientemente, construyéndola contra viento y marea. Debajo de este modelo-ideal hay otra parábola: la travesía del desierto tras el Éxodo. Noes la salida de Egipto sino la larga continuidad de cuarenta años vagando entre serpientes “quemantes”; y aun después -no se coge el cielo a dos manos- hay que seguir, después de los primeros cuarenta años, está la conquista de la tierra prometida.

 

Todo parece indicar que -lo que somos capaces de amar hasta el límite, consiste en llevarle la contraria a Dios: Dios lo hizo de una manera y nosotros queremos hacerlo, al contrario. Nos acomoda muy bien la propuesta mosaica porque nos permite hacerlo como se nos viene en gana, y poder saltar por sobre la Voluntad de Dios que, en su tierna propuesta, se había imaginado “un poema de amor”; nosotros preferimos, en vez de papeles románticos, escribir “líbelos de repudio” (Cfr. Dt 24,1).

 

La Primera Lectura nos habla de la paciente persistencia de Dios con su pueblo amado. “La persistencia de Dios es la del avance milímetro a milímetro, contra todos los obstáculos, incluida la prostitución de su amada “puebla”. Incluso a los discípulos les parece que el matrimonio amerita demasiado esfuerzo, y prefieren recusarlo.

 

Para los que las metas del matrimonio son muy altas, el Señor propone la vida consagrada. Pero, esto no es para todo el mundo, podría pensarse que la vida consagrada es todavía más compleja que la conyugal. Recuerden aquello de “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda idónea para él” (Cfr. Gn 2, 18bcd).

 

«Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan– permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.

 

En efecto, “ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito” (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73).» (Papa Francisco)


Cuando todo lo queremos para ya, no queda nada para después, ni siquiera el gusto de haberse esforzado para avanzar paso a paso, milímetro a milímetro, hasta llegar a la meta.

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