viernes, 19 de diciembre de 2025

Sábado de la Tercera Semana de Adviento

 

Is 7, 10-14

El tema de la fe es la confianza en Dios; los profetas trabajan para corregir, para enderezar, para saberse “abandonar” en las manos de Dios. Querríamos remitirnos a la palabra fe en hebreo: אֱמוּנָה [emunah] “firmeza”, “fidelidad”; “confianza”. “seguridad con la que alguien apoya y podemos contar”. La fe no es una entidad abstracta, sino algo muy concreto, hay “algo” que apuntala la fe y donde nace esa convicción, eso es el “signo” o la “prenda” de la fe. Podemos “darnos cuenta del “signo” o ignorarlo y mirar a otro lado.  La cuestión política, en cambio, va en otra dirección, se trata de pactar con hombres, de confiar en hombres, de trabar fuerzas con otros hombres, de apostarle todo a los hombres, y garantizar que Dios quede fuera.

 

Bueno, si confío en Dios respeto su “ética”, la rectitud que Él propone; al político le estorba todo eso, para el político Dios tiene que ser relegado a la calidad de “embeleco”, de otra manera la propia consciencia estallaría porque los pactos con hombres, conllevan cierta deshonestidad. Pensemos, por ejemplo, iba a pactar con Asiria, en cabeza de Tiglat-Pileser, ¿se comprometería Asiria desinteresadamente en una guerra? Una de las jugadas que exigían los asirios era adorar los ídolos de su cultura, traicionando al Dios propio. Alguien puede pensar que no es tan gran compromiso, pero una vez se abandona a Dios, la alianza queda quebrantada y la tronera en la muralla permite la invasión total.

 

¿Porque la invasión progresa conforme se nos obliga y se impone renunciar a nuestra fe? La fe no consiste en la memorización de un elenco doctrinal, sino en mantenerse con el corazón incólume, fieles a sí mismos, conservando la sacralidad del santuario llamado “consciencia”. No es la defensa acérrima de una estatuilla sino la fidelidad con el Amigo, Rey de reyes. Rey del amor que impera en ese punto que conjuga mente y corazón.

 

En el capítulo 7, hay dos visitas distintas de Isaías a la corte de Acaz. La primera ocupa los versos 1-9, y la segunda es la perícopa que leemos hoy. Para esta visita, la misión es ejercitar la fe, confiarse en el Señor. Isaías debe llegarse a la corte son su hijo, Shear Yashub, (este nombre significa “un resto volverá”), entraña una doble promesa, el exilio ocurrirá, ya lo han adquirido, pero el exilio no será absoluto: “Un resto volverá”. (Lo sirios se había aliado con Efraín, quien optó por hacerse del lado del invasor y apoyar a los Asirios. Si carecen de una fe firme, también serán borrados del mapa, como Efraín.

 

En la perícopa de hoy, el Señor le dice a Acaz que pida una אוֹת [oth] “señal”, una bandera, un faro, una piedra, que están allí para señalar, para indicar que es el momento o el lugar, (es la piedra que se erige y se unge). La señal consistía en que “La doncella está en cinta y va a tener un hijo al que pondrá por nombre Emmanuel”.

 

Este texto es muy oportuno, se refiere precisamente el embarazo de María. Luego dice que en los primeros años de vida comerá leche cuajada y miel; nosotros nos saboreamos porque es un postre delicioso. Los investigadores, profundizando en el tema, nos aportan que esa era la alimentación de los pobres… O sea que alude a una dieta en tiempos de penuria, no es postre de natas para tiempos de bonanza; es un bocadillo para tiempos de inestabilidad. En todo caso, es una hermosa voz profética sobre la venida del Mesías, y añade que habrá congregación de los que habían sido dispersados, una anti-diáspora: retorno y convergencia, recomposición de las comunidades. ¡Re-unión!

 

En un parpadeo hagamos el balance del resultado: Tiglat-Pileser III, quien en lugar de fortalecer a Ajaz, lo sometió como vasallo, invadió y conquistó los territorios de Israel y Damasco, deportando poblaciones y llevándose todos los tesoros que encontró, quedó así sellada la dependencia de Judá respecto de los Asirios; Ajaz, como monigote de turno, cuyo síntoma más evidente fue que adoptó los cultos paganos que les exportaron los asirios. No acepto tener fe, prefirió ignorar la señal, y volteó a mirar hacia el lado opuesto.

 


La fe lo habría llevado a pedirle y aceptar la señal de Yahweh.

 

Sal 24(23), 1b-2. 3-4ab. 5-6

Enséñame la lección de tu Encarnación

Enséñame, a tratar contigo, Señor. Enséñame a combinar la intimidad y el respeto, la amistad y la adoración, la cercanía y el misterio. Enséñame a levantar mis dinteles y abrir mi corazón al mismo tiempo que me arrodillo y me inclino en tu Presencia.

Carlos González Vallés s.j.

En la primera estrofa se declara una verdad perfecta: ¡Toda la tierra tiene un Único Dueño, el Señor! ¡No sólo es su Dueño, es además su Fundador y su Fundamento!

 

No es sencillo estar en Presencia del Señor. El pueblo lo sabía y tenía “temor” de ver a Dios, se asustaban porque dada su indignidad sobrevendría su destrucción: Verlo sería su muerte.


En cambio, quien tenga las manos libres de sangre asesina y el corazón más limpio que un cristal, ese será bendito ese será bienaventurado. Y, no serán uno o dos, será toda una generación que estará confiada y atenta a Su Venida, en suspenso por su Adviento. No dice que serán los israelitas, en cambio, lo que dice es que esa generación será la del pueblo que adore al Dios de Jacob, en otras palabras, todos los que rindan culto a Yahweh serán bendecidos y Dios les hará Justicia así podrán reconocerlo como ¡Dios que Salva, como Jesucristo!

 

Abramos los ojos sin parpadear: ¡ya viene, ya llega, el Rey de la Gloria!

 

Lc 1, 26-38

María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes de dar a luz: se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del ángel y dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Papa Francisco

Cuando la mujer descubre que está embarazada entra en un ciclo, en una tónica, en clave de “espera”. Siendo así, la concepción está plena del aroma de la esperanza. Sin embargo, la gran mayoría de las cosas que nos da la sociedad es sólo desanimo, desconfianza y miedo al futuro, podríamos diagnosticar que nos han robado la esperanza. No se engendran hijos porque se teme el porvenir.


El sexto mes es el mes de Adar, (febrero-marzo), la palabra Adar significa "granero", "trilla" lo que está germinando es trigo eterno, por eso acaece en Belén, que es “la casa de pan”. En ese mes sexto (o sea casi séptimo), o sea casi perfecto, cuando llegue el mes séptimo será la plenitud, recordemos que el seis y el siete tiene esa connotación en la cultura semita, el sexto, “incompleto”, el séptimo, “plenitud”. Se podría traducir por “está cerca la hora”, o “el momento es casi llegado”. También podría decirse ¡es adviento! porque ya llega.

 

Dios envía al Jefe General del Departamento de Mensajes, o sea, como es un Mensaje tan importante, no envía a cualquier mensajero sino el General en Jefe de toda la Oficina de Correos Celestiales: al Ángel Gabriel: גַבְרִיאֵל [Gavriel] “Dios es mi hombre Poderoso”.

 

¿A dónde fue enviado? A Galilea. Y que es esto de Galilea, cuando la gente lee, se va directo al mapa de Tierra Santa a mirar, pero este topónimo posee un significado teológico: el lugar del discipulado de Jesús, el punto de partida de la misión de la Iglesia a todos los pueblos, porque esta Buena Noticia, -como hemos insistido hasta cansarlos- es el lugar desde donde se irradiara el Mensaje (la Buena Nueva) a todas las naciones de la tierra. Es notable que se entendía como región de la gentilidad. Valga entender que era un trampolín desde donde se daba el salto desde la idolatría a la fe.

 

A Nazaret, Nazaret está relacionado con la palabra Netzer, que significa "una rama", "retoño", "vástago", "flor" o "renuevo". Estos días previos hemos leído sobre los Nazoreos, que quiere decir “consagrado”, y hemos dicho que debían respetar ciertos rituales para preservar su consagración; vimos -por ejemplo- respecto a Sansón, y resaltamos el no-corte del cabello, probablemente de ahí proviene la imagen que a través de los tiempos hemos conservado de Jesús, con su cabello largo, como si no hubiera experimentado nunca en su vida los rigores de la barbera. Él, el Consagrado por excelencia, el Ungido. Nazaret sería, en ese sentido, la patria de los “consagrados”. A Jesús nuestro salvador nos remitimos a llamarlo “Nazareno”.

 

Cuando oramos, el Saludo del Ángel, decimos “Dios te Salve María”, hoy, al leer subrayamos que ese texto significa: ¡Alégrate!

 

Acto seguido el Arcángel utiliza una palabra infinitamente bella y diciente. Se dirige a María, llamándola: κεχαριτωμένη [kejaritomene] “llena de Gracia”; el tiempo verbal de esta expresión es el participio perfecto medio o pasivo que en griego indica una acción pasada cuyos efectos continúan en el presente, “ha sido llena de toda la Maravilla Divina, que es inefable”; y no “llena” por un momento, sino “llena de su Presencia Eternamente”, ya sucedió, pero no se interrumpe, ni se interrumpirá, en un eterno presente que no pierde vigencia.

 

Claro, ella se sorprende y no se puede explicar el cómo, no es una ignorante que desconoce el rol del hombre en la concepción. Pero, completamente diferente a Zacarías, ella no le pone condiciones, ni duda de su Promesa-Mensaje, se abre a la Fe. Por eso, ella no se hace acreedora a una penitencia de silencio.

 

Además, el Arcángel sabía que ella no era la clase de persona que va arrogante mostrando su carro nuevo o las fotos de su palacete, tratando de detonar la envidia del prójimo. No se necesita, en este caso, imponerle un silencio forzoso.  Si recordamos su modo de ser es el de “atesorar en el corazón”, talvez entendía que el beneficio de este alumbramiento no era privilegio para ella, era un Bien pensando en todos los que Lo necesitábamos y necesitaremos este Bien a lo largo de la historia y de toda la ancha geografía.

 

Parece oportuno mirar con cierto detenimiento el Prefacio IV de Adviento: «Te alabamos y te glorificamos por el misterio de la Virgen Madre. Porque, si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno virginal de la hija de Sion ha germinado aquel que nos nutre con el pan de los ángeles, y ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz.

 

La Gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María. En Ella, madre de todos los hombres, la maternidad, redimida del pecado y de la muerte, se abre al don de la vida nueva.

 

Así donde había crecido el pecado, se ha desbordado la Misericordia en Cristo, nuestro Salvador».


Ese “hágase” no es sólo aceptación, sino también apertura confiada al futuro. ¡Fe de la Buena! “Confianza total! ¡Este hágase está lleno de Esperanza y pletórico de Fe! ¡Preñado de Salvación!

No hay comentarios:

Publicar un comentario