Mal 3, 1-4. 23-24
Los
profetas post-exílicos son Ageo, Zacarías, Malaquías y muy seguramente, también
Joel. Ageo y Zacarías lideraron con su profética el retorno de Babilonia y la
reconstitución de la comunidad. No todos habían sido exiliados, el pueblo raso
y común había quedado allí sin sacerdocio, y sin “los escribas”, digamos sin la
autoridad que los acaudillaran. Atención a este detalle que viene: ¡no todos
los israelitas que estaban en el exilio en Babilonia regresaron con el decreto
de Ciro! solo aquellos cuyo espíritu Dios movió, que tenían el deseo y los medios
para hacerlo, mientras que otros se quedaron. Los que retornaron que traían el
propósito de la reconstrucción, poco a poco fueron enfriándose y retornando a
su fe tibia, sino fría. En la segunda mitad del siglo V a.C. aparecieron las
figuras de Nehemías y Esdras, en el período desde la caída de Babilonia en el
539 a. C. hasta la segunda mitad del siglo V a. C. -que es la época a la que
nos estamos refiriendo- levantan un lenguaje y un discurso patriótico y
nacionalista, que agitaba como banderas la santidad de los levitas, la
observancia del culto la moralidad de las costumbres y el matrimonio ideal
entre judíos por ambas partes de la pareja.
En
su afán de combatir los matrimonios mixtos, Esdras y Nehemías declararon la
disolución e invalides de los matrimonios mixtos, los obligaron a la separación
inclusive llegaron a vapulear y a arrancarles el cabello como sanción a esta
conducta conyugal trans-judaica. Estos textos tienen que leerse- hoy día- por
fuera de todo fundamentalismo y de su pretendida aplicación literal. La clave está en el respeto al amor, pero
también en no pretender traicionar el credo propio y las propias convicciones.
El
fanatismo necesita urgentemente ser derrotado, pero no se puede caer en dejar
este aspecto esencial completamente al margen, reservándolo al “libre albedrio”
de los individuos, porque el matrimonio, es -en definitiva- una institución que
articula y abisagra la pareja a la comunidad en sus relaciones interpersonales.
A la hora de presentar el matrimonio, no es posible dejar estos asuntos al
margen y restarles importancia.
El
mensaje de esperanza que trae la perícopa de Malaquías que leemos hoy. Mal-Aki,
es un nombre que significa Mi-mensajero, o sea, “Mensajero de Yahweh”. Este es
el personaje que la perícopa de hoy nos quiere presentar.
Para
anunciar la llegada de un tiempo nuevo se requiere alcanzar una espiritualidad
altamente ecuménica. Este personaje es el “ángel de la Alianza” que cumple una
función purificadora que es explicado por medio de dos figuras:
a)
la lejía de lavandero, que lava y blanquea como ningún otro jabón, y
b)
el fuego del crisol imagen tradicional por la misión purificadora que cumple el
fuego.
El segundo bloque de la perícopa de hoy, los versos 3, 23-24 (en otra nomenclatura aparece como 4, 5 un solo versículo), presenta al Profeta Elías, como precursor de la era Mesiánica. El versículo anterior 3,22 en la otra nomenclatura 4,4 se menciona a Moisés, como el mediador que recibió la Ley que Dios les dio en el Horeb, para que la acataran.
Sal
25(24), 4-5a. 8-9. 10 y 14
Se
trata de un salmo de súplica. En cuanto a su forma este es uno de los ocho
salmos alefáticos que contiene el salterio.
En la primera estrofa de la perícopa suplica
a) Que le enseñé Sus
Caminos
b) Que le haga conocer
sus sendas.
c) Que lo dirija con
Su Verdad
d) Que sea Él quien le
enseña porque Él es quien Salva.
En
la segunda estrofa
a) Enseña porque Él es
bueno y Recto
b) Hace caminar
inclusiva a los humildes
c) Enseña a los
humildes sus caminos.
En
la Tercera estrofa señala que
a) Sus sendas son
misericordia y lealtad
b) El Señor se confía
a los que le temen y dan a conocer su Alianza.
La
antífona responsorial nos anima a “levantar cabeza”, porque ya adviene nuestra
“liberación”. Como se hace notar, el tema de la בְּרִית [berith] “Alianza”, del “pacto” entre Dios
y su pueblo sigue vigente.
Lc
1, 57-66
Queremos
empezar señalando que el nacimiento de Juan el Bautista no es sólo causa de
dicha para Isabel y Zacarías, lleva jolgorio a toda la comunidad, son todos los
vecinos los que se alegran. Esta situación no es solamente la de Juan el
Bautista, él, en realidad, nos representa a todos, cada niño que nace es un
himno de esperanza a la Vida que es un regalo de Dios. La vida es un gran kit
de esperanzas que se siembra en la historia.
Esas
esperanzas se empiezan a materializar a través de un dato: Zacarías recobra el
“habla”. No empieza simplemente a decir “cotidianidades”, sino que -así como lo
hiciera María al pronunciar el Magnificat-
aquí también Zacarías desborda en gozo, y pronuncia el Benedictus. Y, pronuncia una fórmula que lo
reconoce como “precursor”: “Él ira delante del Señor a preparar sus caminos”.
Con esta sentencia con la que abre el Benedictus, se deja ver cómo Juan el
Bautista es el Elías que el judaísmo esperaba.
“Los
cristianos no estamos tan acostumbrados a hablar de la alegría del gozo, creo
que muchas veces nos gustan más las quejas… Quien nos da la alegría es el
Espíritu Santo. Y esta alegría en el Espíritu Santo, nos da la verdadera
libertad cristiana. Sin alegría, nosotros los cristianos no podemos ser libres,
nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas”. (Papa Francisco)
Este
asunto del nombre, que es el eje de la perícopa, nos vuelve a poner ante la
vista la enorme importancia que tiene en la cultura semítica el nombre y el
significado del nombre, el nombre es como un resumen de lo que va ser la
persona y de la misión que Dios le dio al venir a la vida. El nombre es una
palabra y esa palabra sale de la boca de Dios para configurar su existencia. No
es un mapa pormenorizado de lo que va a ser, sino un eje vital, mejor visto, es
como un pivote que llena de sentido la historia personal.
Juan viene de Yohannan que significa “el que está lleno de la gracia de Dios”, (favorecido por Yah) es por tanto un nombre teofórico. Este favoritismo de Dios por él, da buena cuenta de por qué se debe llamar así este bebé. La gente no sabe de etimologías, pero intuían con claridad que todo esto formaba parte del lenguaje de Dios que lo tenía preparado para cosas magnificas, por eso decían: “Pues ¿qué será de este Niño? Porque la Mano del Señor estaba con Él.





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