domingo, 21 de diciembre de 2025

Lunes de la Cuarta Semana de Adviento

 


1S 1, 24-28

שְׁמוּאֵ֔ל [Shmuel] “Samuel”, “Dios ha escuchado”, es el último de los Jueces y llamado al profetismo, fundador de una escuela profética. Era hijo de Elcaná “Dios ha redimido” y Ana “gracia”, “favor”. Elcaná -de la tribu de Efraín- vivía en Ramatayin de Zofim era polígamo, tenía dos esposas:  Peninná y Ana, Peninná tenía hijos, pero Ana no. Al inicio del Libro se narra cómo Ana, llegada al Templo oró rogándole a Dios para que fructificara su maternidad. Su ruego incluyó consagrar “nazir” al bebé que le concediera (Cfr. 1S 1,11). Como movía los labios en sus oraciones, el sacerdote Elí, la acusó de “borracha”, cuando ella le explicó y lo corrigió, Elí bendijo sus ruegos, y ella se llenó de confianza y alegría.

 

En cumplimiento de la promesa de nazireato que hizo Ana, encontramos hoy, en la perícopa, que tan pronto Ana destetó a Samuel, lo llevó al Templo de Siló -tomemos en cuenta que el Templo, en la era de los Jueces, estaba en Siló-  y lo cedió -en calidad de esclavo- al Señor de por vida. O sea que se lo cedió al Templo, de hecho, la palabra Samuel proviene de la palabra שָׁאַל [shaal] “concedido”. O que “se había rogado para que viniera”.

 

Al entregarlo, presentó una ofrenda al templo consistente en

a)    Un novillo de tres años,

b)    Cerca de 45 kilos de harina

c)    Un odre de vino.

Al novillo lo inmolaron.

 

Elcaná (el padre) y Ana (la madre) cumplen el rol de donantes y cumplidores de un voto nazireo, entregando a su hijo Samuel al servicio de YHWH en la Casa del Señor, en Silo, desde pequeño, mientras que Eli, el sumo sacerdote, funge como el mentor y guía, instruyendo a Samuel en el ministerio al Señor, aunque sus propios hijos fallaron, Samuel aprendió a servir bajo la tutela de este gran profeta y juez.

 

Eli, el sacerdote en el Tabernáculo, recibió al joven Samuel y lo instruyó en los caminos del Señor, enseñándole los aspectos religiosos y litúrgicos.

 

Valga notar cómo la madre tiene potestad sobre la vida de su hijo, para poderlo consagrar y tomar la iniciativa para que Samuel viva una vida acorde al servicio que podía brindarle al Señor en el Templo, en Silo; allí fue el primer lugar central de adoración para los israelitas, donde se estableció el Tabernáculo y el Arca del Pacto durante un siglo, en el periodo de los Jueces, sirviendo como capital espiritual de Israel antes de que se construyera el Templo de Jerusalén, La madre reconoce en esta donación que, el hijo que adornó sus entrañas, estuvo en ellas por la Voluntad de Dios que fue quien le dio vida, y a ella el regalo de negar la maldición de la infertilidad.

 

De alguna manera, Elí había perdido a sus hijos: חָפְנִי֙ [chofni] “Ofni” y וּפִ֣נְחָ֔ס [Pinechas] “Finehas”; quienes se desempeñaban como sacerdotes en Silo, y cuya falla principal fue su iniquidad y falta de respeto hacia Dios y sus deberes sacerdotales, lo que se manifestaba en robar la mejor carne de las ofrendas -incluso cruda y por la fuerza- y en tener relaciones sexuales con las mujeres que servían en el Tabernáculo, pecando gravemente contra el Señor y causando que el pueblo menospreciara los sacrificios, resultando en el castigo divino y la caída de su casa.  (Ver 1 S 2, 12-25).


 Todos estos detalles tendrán un paralelismo cuando veamos la presentación de Jesús en el Templo.

 

En otra parte hemos comentado que al referirnos a Samuel I y II, no se trataba de “dos Libros”, sino de un rollo, muy extenso, que por comodidad se dividió en dos rollos y de ahí, la nomenclatura.

 

Samuel vendría a ser el noveno “Libro” en nuestro canon, 9º y 10º si tomamos en cuenta su separación en dos rollos.

 

1S 2, 1- 4-5. 6-7. 8abcd

El salmo de hoy, se toma del Canto de Ana, que ensaya con su Gratitud la que mostró María Santísima en el Magnificat.

 

Estos canticos, sobretodo, hacen resaltar cómo el Poder-Misericordia de Dios puede y es lo que muchas veces hace, convertir una determinada situación en todo lo contrario.

 


Por ejemplo:

a)    Los valientes portaban arcos, ahora, los que actuaban “cómo” cobardes, resultan ser los que portan las armas con valentía.

b)    Los hartos tienen que trabajar y sólo obtiene por paga un mendrugo de pan; en cambio, los que antes eran los hambrientos, ahora, son los que engordan.

c)    La mujer que era mal mirada por estéril, acuna bebés en sus brazos; por otra parte, la que se pavoneaba con su múltiple descendencia, tiene vacíos y lánguidos sus brazos.

d)    Lleva hasta el abismo o levanta hasta la Gloria.

e)    Mientras a unos los hace pobres; a los que otrora eran pobres, ahora los levanta en la abundancia.

f)     A los que ayer los mecía en la humillación, ahora se complace en enaltecerlos.

g)    Los que eran los pobres, son ahora los que los príncipes buscan cosechar su amistad con afán y son conducidos en andas de triunfo hasta la mismísima Gloria.

 

El versículo responsorial da cuenta de esto: Cuando uno cae en la cuenta de esto, el corazón se le convierte en un jardín florecido de dicha porque descubre que Dios es nuestro Rey, nuestro Tiernísimo Pastor, el que se deshace en desvelos, en consentimientos, en muestras de cariño y protección; pero no se queda ahí, si lo descubre a uno en aprietos, Él, personalmente toma cartas en el asunto y derrocha Salvación. Dios quiso revelarnos que Él se hizo para nosotros Salvación y nos lo desveló asignándole a Su Hijo el Nombre sobe todo Nombre: ישוע [Yeshua] "YHWH es Salvación”. Nosotros lo proclamamos exultando “Mi Salvador”.

 

Lc 1, 46-56

Aquí, como anillo en el anular, reiteramos el Cantico de María “Engrandeciendo” al Señor. Su estructura corresponde a un Salmo de Acción de Gracias. Es, entonces, un gesto Eucarístico. Desde siempre se ha resaltado su similitud con el Cántico de Ana.


Es muy interesante estudiar en paralelo el Cantico de Ana (recordemos que Ana, de origen hebreo y arameo, es un nombre que significa “favorecida”, “agraciada”) junto con el Magnificat. El cantico de Ana ocupa 1S 2, 1-10 del. Ambas madres están llenas de dicha y bendicen a Dios, pero una cosa es ser madre de profeta y otra es ser la Madre del Salvador. ¡La Teotokos!

 

 En ambos casos, son canticos de contrastes profundos, y cada situación que valoran nos deja ver un salto abismal, cómo la Misericordia va de la Tierra al Cielo.

 

Nos parece pertinente insertar un par de notas de Gerhard Lohfink: «…  el autor no se contentó con tomar del Antiguo Testamento unas fórmulas estereotipadas (ejemplo: “Nada hay imposible para Dios”); ajustó además su narración a un esquema ya existente en el Antiguo Testamento, o mejor dicho, se atuvo a dos esquemas veterotestamentarios combinándolos…» ; y, la otra cita: «el análisis estructural del texto muestra, pues, con meridiana claridad que el momento cumbre y el sentido central de nuestra narración se cifran en la frase: ”Será grande y llamado Hijo del Altísimo; el Señor le dará el Trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin (Lc 1, 32-33)».

 

María (cuyo nombre significa “Eminente”, “Excelsa”, “Elegida”, “Amada de Dios”.) en el Magnificat ha destrancado la puerta de la Eternidad para que podemos mirar hacia adentro y descubrir -con mirada profética-, cómo es el Reino.

 

Muchas veces, intentando que los Pequeños del Señor no puedan ver, hay quienes descuelgan un pesado y oscuro velo, decretando la imposibilidad de vislumbrar lo que es “tan secreto”: olvidando lo que dijo Jesús a este respecto: “Te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los sencillos” (Mt 11,25)

 


Sabemos muy bien que cuando la gente nos dice lo inaccesible que es la “verdad Divina”, lo hacen de muy buena fe, para significar la Enorme-Descomunal-Grandeza de Dios; es su manera de realzar el Esplendor de YHWH.  Sin embargo, a quién se refiere Jesús con la expresión νηπίοις [nepiois] “sencillos”, a las “personas de mente simple”, “los que piensan con el candor del bebé”: a los débiles, los marginales, los desechados, los pecadores, los eternamente despreciados los por siempre expulsados. Ellos con su visión, llena de simplicidad, puede traspasar la cortina más densa y oscura: Para nosotros la opacidad fue rasgada de arriba a abajo. Veremos que fuimos los invitados a estar en torno a la cuna de humildes pajas en Belén.

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