1S
1, 24-28
שְׁמוּאֵ֔ל [Shmuel] “Samuel”, “Dios ha escuchado”, es el último de los Jueces y
llamado al profetismo, fundador de una escuela profética. Era hijo de Elcaná “Dios
ha redimido” y Ana “gracia”, “favor”. Elcaná -de la tribu de Efraín- vivía en
Ramatayin de Zofim era polígamo, tenía dos esposas: Peninná y Ana, Peninná tenía hijos, pero Ana
no. Al inicio del Libro se narra cómo Ana, llegada al Templo oró rogándole a
Dios para que fructificara su maternidad. Su ruego incluyó consagrar “nazir” al
bebé que le concediera (Cfr. 1S 1,11). Como movía los labios en sus oraciones,
el sacerdote Elí, la acusó de “borracha”, cuando ella le explicó y lo corrigió,
Elí bendijo sus ruegos, y ella se llenó de confianza y alegría.
En cumplimiento de la promesa de nazireato que hizo Ana,
encontramos hoy, en la perícopa, que tan pronto Ana destetó a Samuel, lo llevó
al Templo de Siló -tomemos en cuenta que el Templo, en la era de los Jueces,
estaba en Siló- y lo cedió -en calidad
de esclavo- al Señor de por vida. O sea que se lo cedió al Templo, de hecho, la
palabra Samuel proviene de la palabra שָׁאַל [shaal]
“concedido”. O que “se había rogado para que viniera”.
Al entregarlo, presentó una ofrenda al templo consistente en
a) Un
novillo de tres años,
b) Cerca
de 45 kilos de harina
c) Un
odre de vino.
Al novillo lo inmolaron.
Elcaná (el padre) y Ana (la
madre) cumplen el rol de donantes y cumplidores de un voto nazireo, entregando
a su hijo Samuel al servicio de YHWH en la Casa del Señor, en Silo, desde
pequeño, mientras que Eli, el sumo sacerdote, funge como el mentor y guía,
instruyendo a Samuel en el ministerio al Señor, aunque sus propios hijos
fallaron, Samuel aprendió a servir bajo la tutela de este gran profeta y juez.
Eli, el sacerdote en el Tabernáculo, recibió al
joven Samuel y lo instruyó en los caminos del Señor, enseñándole los aspectos
religiosos y litúrgicos.
Valga notar cómo la madre tiene potestad sobre
la vida de su hijo, para poderlo consagrar y tomar la iniciativa para que Samuel
viva una vida acorde al servicio que podía brindarle al Señor en el Templo, en
Silo; allí fue el primer lugar central de adoración para los israelitas, donde
se estableció el Tabernáculo y el Arca del Pacto durante un siglo, en el
periodo de los Jueces, sirviendo como capital espiritual de Israel antes de que
se construyera el Templo de Jerusalén, La madre reconoce en esta donación que,
el hijo que adornó sus entrañas, estuvo en ellas por la Voluntad de Dios que
fue quien le dio vida, y a ella el regalo de negar la maldición de la
infertilidad.
De alguna manera, Elí había perdido a sus
hijos: חָפְנִי֙ [chofni] “Ofni” y וּפִ֣נְחָ֔ס [Pinechas] “Finehas”; quienes se
desempeñaban como sacerdotes en Silo, y cuya falla principal fue su iniquidad y
falta de respeto hacia Dios y sus deberes sacerdotales, lo que se manifestaba
en robar la mejor carne de las ofrendas -incluso cruda y por la fuerza- y en
tener relaciones sexuales con las mujeres que servían en el Tabernáculo,
pecando gravemente contra el Señor y causando que el pueblo menospreciara los
sacrificios, resultando en el castigo divino y la caída de su casa. (Ver 1 S 2, 12-25).
Todos estos detalles tendrán un paralelismo cuando veamos la presentación de Jesús en el Templo.
En otra parte hemos comentado que al referirnos a Samuel I y
II, no se trataba de “dos Libros”, sino de un rollo, muy extenso, que por
comodidad se dividió en dos rollos y de ahí, la nomenclatura.
Samuel vendría a ser el noveno “Libro” en nuestro canon, 9º y
10º si tomamos en cuenta su separación en dos rollos.
1S
2, 1- 4-5. 6-7. 8abcd
El salmo de hoy, se toma del Canto de Ana,
que ensaya con su Gratitud la que mostró María Santísima en el Magnificat.
Estos canticos, sobretodo, hacen resaltar
cómo el Poder-Misericordia de Dios puede y es lo que muchas veces hace,
convertir una determinada situación en todo lo contrario.
Por ejemplo:
a)
Los valientes portaban
arcos, ahora, los que actuaban “cómo” cobardes, resultan ser los que portan las
armas con valentía.
b)
Los hartos tienen que
trabajar y sólo obtiene por paga un mendrugo de pan; en cambio, los que antes
eran los hambrientos, ahora, son los que engordan.
c)
La mujer que era mal
mirada por estéril, acuna bebés en sus brazos; por otra parte, la que se
pavoneaba con su múltiple descendencia, tiene vacíos y lánguidos sus brazos.
d)
Lleva hasta el abismo o
levanta hasta la Gloria.
e)
Mientras a unos los hace
pobres; a los que otrora eran pobres, ahora los levanta en la abundancia.
f)
A los que ayer los mecía
en la humillación, ahora se complace en enaltecerlos.
g)
Los que eran los pobres,
son ahora los que los príncipes buscan cosechar su amistad con afán y son
conducidos en andas de triunfo hasta la mismísima Gloria.
El versículo responsorial da cuenta de esto:
Cuando uno cae en la cuenta de esto, el corazón se le convierte en un jardín
florecido de dicha porque descubre que Dios es nuestro Rey, nuestro Tiernísimo
Pastor, el que se deshace en desvelos, en consentimientos, en muestras de
cariño y protección; pero no se queda ahí, si lo descubre a uno en aprietos,
Él, personalmente toma cartas en el asunto y derrocha Salvación. Dios quiso revelarnos
que Él se hizo para nosotros Salvación y nos lo desveló asignándole a Su Hijo
el Nombre sobe todo Nombre: ישוע [Yeshua] "YHWH es Salvación”. Nosotros lo proclamamos exultando
“Mi Salvador”.
Lc
1, 46-56
Aquí,
como anillo en el anular, reiteramos el Cantico de María “Engrandeciendo” al
Señor. Su estructura corresponde a un Salmo de Acción de Gracias. Es, entonces,
un gesto Eucarístico. Desde siempre se ha resaltado su similitud con el Cántico
de Ana.
Es muy interesante estudiar en paralelo el Cantico de Ana (recordemos que Ana, de origen hebreo y arameo, es un nombre que significa “favorecida”, “agraciada”) junto con el Magnificat. El cantico de Ana ocupa 1S 2, 1-10 del. Ambas madres están llenas de dicha y bendicen a Dios, pero una cosa es ser madre de profeta y otra es ser la Madre del Salvador. ¡La Teotokos!
En ambos casos, son canticos de contrastes
profundos, y cada situación que valoran nos deja ver un salto abismal, cómo la
Misericordia va de la Tierra al Cielo.
Nos
parece pertinente insertar un par de notas de Gerhard Lohfink: «… el autor no se contentó con tomar del Antiguo
Testamento unas fórmulas estereotipadas (ejemplo: “Nada hay imposible para
Dios”); ajustó además su narración a un esquema ya existente en el Antiguo
Testamento, o mejor dicho, se atuvo a dos esquemas veterotestamentarios
combinándolos…» ; y, la otra cita: «el análisis estructural del texto muestra,
pues, con meridiana claridad que el momento cumbre y el sentido central de
nuestra narración se cifran en la frase: ”Será grande y llamado Hijo del
Altísimo; el Señor le dará el Trono de David, su padre; reinará sobre la casa
de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin (Lc 1, 32-33)».
María
(cuyo nombre significa “Eminente”, “Excelsa”, “Elegida”, “Amada de Dios”.) en
el Magnificat ha
destrancado la puerta de la Eternidad para que podemos mirar hacia adentro y
descubrir -con mirada profética-, cómo es el Reino.
Muchas
veces, intentando que los Pequeños del Señor no puedan ver, hay quienes descuelgan
un pesado y oscuro velo, decretando la imposibilidad de vislumbrar lo que es
“tan secreto”: olvidando lo que dijo Jesús a este respecto: “Te alabo, Padre,
Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes,
y las revelaste a los sencillos” (Mt 11,25)
Sabemos
muy bien que cuando la gente nos dice lo inaccesible que es la “verdad Divina”,
lo hacen de muy buena fe, para significar la Enorme-Descomunal-Grandeza de
Dios; es su manera de realzar el Esplendor de YHWH. Sin embargo, a quién se refiere Jesús con la
expresión νηπίοις [nepiois] “sencillos”, a las “personas de mente simple”,
“los que piensan con el candor del bebé”: a los débiles, los marginales, los
desechados, los pecadores, los eternamente despreciados los por siempre
expulsados. Ellos con su visión, llena de simplicidad, puede traspasar la
cortina más densa y oscura: Para nosotros la opacidad fue rasgada de arriba a abajo.
Veremos que fuimos los invitados a estar en torno a la cuna de humildes pajas
en Belén.





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