Is 52, 7-10
El
Tercer Cántico del Siervo Sufriente es Is 50, 4-9. El Cuarto Cántico lo
constituye la perícopa Is 52,13 – 53, 12. Como transición entre aquel y este,
tenemos la perícopa 51,1 – 52,12 que nos habla de la restauración de Jerusalén.
Los exegetas han fraccionado esta perícopa en 6 bloques bien diferenciados que
estructuran -procesualmente- la importancia de Jerusalén como sede del Reino
Mesiánico.
1. 51,1-3
2. 51, 4-8
3. 51, 9-11
4. 51, 12-16
5. 51,17 – 52,6
6. 52, 7-12
De
este último bloque se toma la Primera Lectura de hoy. Se trata del Anuncio de
la Llegada del Mensajero de la Paz y del inminente Reinado de YHWH. Este es una
verdadero Evangelio Isaíano: Anuncia que “Tu Dios reina”, no es algo que se
haya de aguardar, ha empezado el ejercicio de este nuevo Rey el que nos libera,
יְהוָה֙ אֶת־זְרֹ֣ועַ קָדְשֹׁ֔ו
[Yahweh jet serowa qadesou] “el Santo-Brazo de YHWH”. De la
decepcionante serie de los reyes terrenales, ocupados en la edificación de sus
intereses personales, pasamos, ahora, al Reinado Directo del Señor,
cumplimiento de todas las expectativas proféticas. Y ¿Quién es Este Dios que
Reina? El Dios de Jerusalén, el Dios que se honra en el Santo Templo.
El
Señor
i.
Ha Consolado a su Pueblo
ii.
Ha גָּאַ֖ל [Gaal] “redimido” a Jerusalén, reaparece aquí la
idea de “Redentor”.
No
es algo a futuro, ¡ya lo estamos viviendo! Este anuncio abre las puertas al
Anuncio del Nuevo Éxodo, que será el tema del cuarto Cántico, ¡Él nos sacará
del cautiverio!
Este
suceso salvador no ha ocurrido en lo recóndito, el Señor no ha obrado a
escondidas, ni siquiera se ha esforzado por disimular o silenciar su Prodigiosa
Intervención: ¡Ha obrado abiertamente y al descubierto! Todos los pueblos de la
tierra han presenciado el Poderío del brazo de Dios. חָשַׂ֤ף יְהוָה֙ אֶת־זְרֹ֣ועַ קָדְשֹׁ֔ו [hasap Yahweh et
serowa qadesou] “El Señor-Dios ha desnudado su santo brazo”, así, ¡con su
brazo al aire, podemos contemplar toda su inenarrable musculatura! Se nos habla
de la fuerza por encima de toda fuerza. La Fuerza más poderosa del universo. El
Señor la blande como liberación para todos los pueblos.
El avance no es posible sin el aporte de los
pies, los pies se encargan de caminar las zancadas para acercar la realidad del
futuro predicho, al presente que aguardaba impaciente. ¿Cuál es el Mensaje que
viene sustentado en estos “hermosos” pies? La Buena Noticia de la Paz. Pero no
de la Paz de los demagogos, que se llenan la boca hablando de paz, mientras
bajo la mesa urden la belicosidad más exuberante. Este Mensajero anuncia la paz
Verdadera, la Paz tan soñada, la Paz que el mundo siempre ha anhelado.
Se habla de un regreso, pero ¡es un regreso
muy raro! Por lo general, cuando decimos “regreso” pensamos en una “vuelta al
mismo lugar”; sin embargo, hay otra clase de “regreso”: La que vuelve es la
misma persona que se había ido, peo vuelve a otro lugar. Si se lee con una
atención promedio la Escritura, en particular el Nuevo Testamento, prontamente
advertimos que Jesús anuncia que regresará a otra parte, no al mismo Jerusalén
bélico, engarzado en un sinfín de contiendas, Jesúsd anuncia sin adulteraciones
que su vuelta anunciada será a una Nueva Jerusalén, una Jerusalén que ¡no
tendrá Templo!
la
ciudad celestial donde Dios habitará con su pueblo, y no tendrá templo porque
el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son el templo mismo (Cfr. Ap 21).
¿Se
trata de otro dato curiosos sobre la Biblia? ¡De ninguna manera! Se trata de
invitarnos a un “cambio de perspectiva”, lo que en griego se dice μετάνοια [metanoia],
tenemos que empezar a “ver las cosas desde otro ángulo”. ¿Por qué no regresa el
Señor si tanto le imploramos Marana Tha? Porque seguimos empecinados en
esperarlo con armamento, con ejércitos, con misiles, cabalgando en tanquetas.
Prácticamente lo que le impide llegar es nuestra obstinación por esperar un
héroe de ciencia ficción y Noel prometido en la escritura, el que nos enseña
nuestra fe.
Mientras
sigamos enfrascados en esa óptica, el permanecerá a la puerta, llamando, a ver
si por fin, le abrimos.
Sal
98(97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6
Estamos
hablando del reinado del Señor, luego, corresponde un Salmo del Reino. Como lo
hemos -tantas veces- repetido, se trata de marchar en la Procesión que lleva al
Arca rindiéndole homenaje de entronización, reconociendo que la Ley es la
Presencia de Dios en medio de nosotros. Inclusive cuando el Arca desapareció,
el corazón de los judíos seguía intuyendo Su Presencia en el vacío.
Este homenaje es un Himno que hace pie en la Liberación pretérita como referencia de la Liberación Definitiva que traerá el Mesías. El Mesías es homenajeado como Rey-Libertador: El Redentor.
Dios
ha obrado maravillas a favor nuestro, eso da pie a Estudiar la palabra y
reaccionar a ella con Cánticos Nuevos que loen su Poder-Infinito, que nos ha
traído en su Encarnación la Victoria: la Victoria del Señor señala el Poderío
de su Santo-Brazo.
Hay
una realidad que se tiene que reiterar porque muchas veces la dejamos y pasamos
a su lado sin advertirla: El Señor no nos oculta esta Victoria; si bien es
cierto no presume de ella, también es cierto que no nos la vela, la descubre,
le revela -palabra que quiere decir halar el velo para destapar, para descubrir.
Nos la revela para que caigamos en la cuenta de que Él es sinónimo de Amor,
lleno de Justicia; y, que su Justicia no es retaliativa, sino Misericordiosa y
Fiel. Insistimos que no es algo de algún futuro incierto, es -como se suele
decir- un “ya” que “todavía no” ha sido completado y llevado a
perfeccionamiento. Pero si nos fijamos bien, podremos testimoniar que la
semilla ya está germinando.
Esta
revelación llega de un extremo hasta el otro de la tierra, así que todos los
habitantes del planeta se dan cita para aclamar al Señor.
Todos
los instrumentos que han existido, y los que aún no se han inventado, todos -a
una sola voz- se unen en una sinfonía infinita, omni-abarcante, -varias veces
al hablar de este salmo, recordamos esa palabra hebrea תְּרוְּעָה
[Teruah] “que significa “proclamación de alegría, grito de júbilo,
especialmente toque de alarma dado con trompetas”-, aclamando al Rey-y-Señor,
al Mesías. Es un gigantesco ruidaraje, para que a nadie le pueda pasar
desapercibida la Victoria de nuestro Dios. La Teruah tiene un objetivo
“proclamatorio”, refleja la Gratitud hacia el Redentor. La Teruah es en griego
“el Kerix”
Hb
1, 1-6
Atravesar
el Velo del Templo para entrar ante La שכינה Shekina,
no es algo complicadísimo, El Señor en Persona, ha rasgado el Velo, de arriba
abajo, para que todos -sin exclusiones- podemos ingresar al Sancta Sanctorum:
¡Atención, es el fin de las exclusiones!: Se acordó de su חָ֫סֶד [Chessed] que es a la vez “Misericordia” y
“Fidelidad”, en el diccionario dice también “clemencia”, “piedad”,
“benignidad”, “belleza”.
Para llevar a este desvelamiento se ha recorrido un “proceso” histórico por parte del “pueblo elegido”.
a) En el pasado Dios
hablo por medio de Patriarcas y Profetas
b) Ahora, se da el
salto “culminante”, y Dios nos pasa a hablar por Boca de su propio Hijo.
El
Hijo -enviado como un Delegado Plenipotenciario de YHWH- portador de unos
Títulos que constituyen sus Cartas Credenciales:
i.
Heredero de Todo
ii.
Por su medio ha dado génesis a la historia ya que de Él
dimana el tiempo y -en consecuencia- la sucesión de todos los eventos los
simultáneos y los diacrónicos, -o sea- la mismísima historia: Sin Él no habría
antes ni después y los hechos estarían -irrealizados- en el caos de la
intemporalidad. Por eso leemos la historia tomando su Ser-Encarnado como punto
referencial.
iii.
Ha traslucido su Gloria
iv.
Lleva en Sí la “impronta” característica de la Divinidad
v.
Su Palabra Portentosa sostiene el Universo Entero.
vi.
En tanto que redentor, ha alcanzado la Cima y ha sido
Entronizado a la Derecha del Creador
vii.
Encumbrado por encima de los Ángeles por la Sublimidad de
Su-Santo-Nombre-de-Hijo; se ha ordenado a todos los Ángeles que le tributen
adoración.
Jn
1, 1-18
… te veré en tu belleza
y yo me veré en tu belleza. Que yo me vea en tu belleza y tú te veas en mi
belleza, y mi belleza sea la tuya y la tuya sea la mía; así yo estaré en tu
belleza y Tú estarás en mi belleza, porque tu misma belleza será la mía.
San Juan de la Cruz
Hemos
sido creados a imagen y semejanza de Dios. Bastaría con mirarnos al espejo para
ver a Dios; sin embargo, por algún extraño fenómeno -bastante extraño y
bastante inevitable- aun cuando pasemos horas al espejo, no logramos verlo.
Sospechamos que esa ceguera está directamente conectada con el “pecado
original”. El pecado original sería algo así como la toxina que enceguece
nuestra vista y nos incapacita para ver más allá de lo aparencial.
De otra parte, uno encuentra maravilloso mirarse al espejo, y sabemos que hay personas que pasan largas horas mirándose, contemplándose, solemos criticarlos acusándolos de ególatras-; cabe la posibilidad de que semejante manía esté relacionada con la fascinación de la intuición divina; esta intuición se ve “nublada” -de nuevo- por el “pecado original”.
En
suma, nadie ha visto nunca a Dios -después de Adán- si lográramos tener una
mirada contemplativa de Jesús, tendríamos una Visión Mística. Lo cierto es que
ha pasado frente a nosotros y no lo supimos ver.
De
cierto que este fenómeno es muy curioso: Estamos tentados a decir que en realidad
no lo queremos ver. Cada vez que Él se pone a nuestro alcance, nosotros huimos
de su mirada como le pasa al chico tímido ante le mirada de la chica de su
alma.
Otra cosa importante al hacer esta reflexión es recordar la celebérrima frase de Antoine de Saint - Exupéry, puesta en los labios de un zorro: «Lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve bien con el corazón».
Hay
alguna relación muy especial de la mirada con el tiempo que se “gasta mirando”.
Cuando hablamos de contemplación, la clave parece ser el tiempo dedicado, no
escatimado, y no cronometrado que gastamos -por ejemplo- mirando a la “amada”.
Sin querer dirigirnos a la “idolatría”, alcanzamos a entender que hay una
fascinación “inexplicable” en mirar a la amada por horas. Cuánto más la miramos,
más crece el amor, … ¡es inexplicable! Quizás si vemos, pero nadie nos ha
ayudado a darnos cuenta de lo que “contemplamos”.
Si
seguimos muy atentos la Lectura de este Evangelio, vemos que su autor no usa
verbos relacionados con la vista; más bien, prefiere verbos relacionados con la
“escucha” … reflexionando esto,
podríamos aventurarnos a decir que el sentido de la vista ha sido atacado,
quizás el oído también, pero en mucho menor grado.
Cuando
el Malo cae en la cuenta de esta invulnerabilidad del oído, y -por ejemplo-
ataca con el estruendo, con el fastidio por el silencio, invadiendo el oído con
“groserías”, con lo disonante, con lo feo para este sentido.
En general, el propósito es lograr que nosotros, al escucharlo y acogerlo, podamos llegar a ser hijos de Dios. Esto se trabaja en tres facetas del “Prologo”:
·
Al principio se refiere al “logos”, junto a Dios, y su
intervención en la Creación y en la redención
·
Al medio, la Encarnación
·
Y, al final, su Misión: darnos a conocer al Padre.
Una
idea capital es que, al iniciarse la Creación, el “logos” ya existía, porque es
Dios. La Palabra, cuando logramos “captarla” se hace Luz en nosotros. El
Evangelio joánico pone en escena el Encuentro de la Palabra con el hombre, nos
advierte cómo nos “primerea”.
¿Cómo
nos primerea? Pasando de ir segundo en la fila, a ser primero. Este “salto”
solo a Él le es posible, por razón de su Unigenitura. Solamente se puede poner
Primero al que ha existido desde siempre, ningún hombre, ni el más grande
nacido de mujer puede liderar la Redención, solo el-propio-Dios puede ser
primero y ponerse delante, para recibir en su pecho la lanzada.
Parece
una inoportunidad hablar hoy de “lancetadas”, hoy que quisiéramos concentrarnos
en el Pesebre y mirar solo al recién-Nacido; suena a sacrilegio mencionar la
Muerte-en-Cruz.
No
obstante, no podemos amputar la historia de la Salvación y -por hoy, solo por
hoy- arrancar las páginas de la Crucifixión. De rodillas, ante el pesebre,
mirando la escena bucólica del nacimiento, hemos de ser capaces de remontarnos
en el tiempo, para asumir la totalidad Evangélica y descubrir en María y el
Niño, la escena-potencial de la Pietá,
la Virgen María, Madre sosteniendo
el cuerpo muerto de Jesucristo. El Misterio de la Redención no es una
novela por capítulos, sino una unidad-soteriológica.
Un
proceso integral y unificado donde aspectos como la natividad, la vida, pasión
y muerte, la justificación, la redención, la santificación y la reconciliación
no son partes aisladas, sino elementos interconectados de la obra de Dios a
través de Jesucristo para restaurar la relación del ser humano con Él, logrando
la paz y la vida eterna, especialmente en el contexto cristiano donde se
enfatiza que todo es por gracia a través de la fe en Jesús.
De
aquí, queremos resaltar hoy los siguientes siete puntos:
·
El Verbo Encarnado es la Verdadera Luz que alumbra a todo
hombre
·
El mundo se hizo por medio de Él.
·
Vino a su casa, pero los suyos no lo ἔγνω [egnó]
“conocieron”, “percibieron”, “reconocieron”, “recibieron”.
·
De Jesucristo hemos recibido todos Gracia tras Gracia.
·
La Gracia y la Verdad nos han llegado por Jesucristo.
·
Jesús es quien no ha dado a conocer el verdadero Rostro del
Padre
·
A cuantos lo recibamos se nos ha dado el poder de ser hijos
en el Hijo.
«Dejemos que nuestro corazón se conmueva, se
enardezca con la ternura de Dios; necesitamos sus caricias. Las caricias de
Dios no producen heridas, las caricias de Dios nos dan paz y fuerza,
necesitamos las caricias de Dios. El amor de Dios es grande; a Él la Gloria por
los siglos». (Papa Francisco)







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