sábado, 25 de noviembre de 2023

Sábado de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 


1Mac 6, 1-13

Por lejos, por ocultos que se encuentren, aquellos que se ponen contra Dios terminan por encontrarse con Él, y terminan por descubrir en su consciencia el mal que han sembrado. Hay quienes, ni siquiera al final, logran situarse coherentemente y siguen parapetándose en las disculpas de las presiones, del callejón sin salida de sus vidas que los obligó a actuar como lo hicieron, pero no tiene que esperar tanto para ver que hubo opciones, que hubo alternativas, que nada es tan inevitable para llevar a alguien a la maldad, a la crueldad, al saqueo y al hurto; que no hay manera de justificar el atropello y la violencia; no es tan tarde que uno se da cuenta que debió caminar por los caminos de la Justicia y el derecho, y siempre hay ese momento reflexivo de darse cuenta que no tenía ninguna “obligación” de ser parte de una maquinaria de ignominia cuyo único pretexto -sinceramente hablando- era el egoísmo y la decisión de sacar a Dios de la propia vida por pura “rebeldía”.

 

Antíoco se da cuenta que algunos éxitos lo llevaron a creerse el ombligo del cosmos, y que se habituó a vivir así, haciendo de las suyas, tratando de apoderarse de las riquezas que otros habían reunido, a veces con un legítimo sentido patrio. Uno ve el ánimo expoliador de Antíoco que iba y venía y se paseaba por toda la tierra conocida de ese entonces, incluso allende las fronteras de su hegemonía, por ejemplo, cuando se dirigió a territorio de los Ptolomeos, que dominaban la región de Egipto y la zona africana que a ellos tocaba; ¿y que era lo que iba buscando?, apoderarse de lo “ajeno”. En esta perícopa se nos muestra paseándose a sus anchas por la región del norte, al sureste de los Montes Zagros y Persis (o sea, la región occidental del antiguo Reino de Elam). Allí se dirigía su voracidad sin pensar que los regionales estaban prevenidos y salieron a oponer resistencia, y le ofrecieron duro combate, hasta el punto de obligarlo a devolverse.

 

Había comisionado a uno de sus “generales para que invadiera a Judea, pues, los hebreos rechazaron al general Lisias, comisionado para esta invasión, sacándolo en desbandada. Y era que los Macabeos se habían fortalecido con sus victorias, se habían hecho duchos en el combate, habían adquirido pertrechos y armas suficientes para rechazar al usurpador, y se sentían sólidamente acompañados por el Señor que era la Cabeza de su Ejército. Esto fue un durísimo golpe en el talón de Aquiles de la arrogancia y prepotencia de Antíoco: Le sobrevino la desmoralización y con ella, la melancolía y la depresión severa.

 

Ese fue su fin, sumido en honda nostalgia, reconociendo su alevosía, arrepentido del mal innecesario que había sembrado, y de la mucha ignominia que pesaba en su conciencia, apagó su vida, mordido por terribles dolores estomacales carcomido por la enfermedad que somatizaba su fétida consciencia.

 

De esta manera nos graduamos de nuestro breve curso sobre los Libros de los Macabeos. La semana entrante, tendremos un cursillo de cinco lecciones, sobre la Profecía de Daniel, que se verá interrumpido el jueves 30, cuando celebraremos al Apóstol Andrés y tendremos las Lecturas propias de esta fiesta, con una Primera Lectura tomada de Romanos.

 

Y así terminará nuestro estudio Bíblico de las Primeras Lecturas de este ciclo impar. E iniciaremos el ciclo litúrgico 2024 saludando el Adviento.

 

Sal 9, 2-3. 4 y 6. 16 y 19

El cordón medular que atraviesa de parte a parte este salmo es un ruego para detener a los agresores de la fe, a los torturadores, a sus verdugos. Aquí la figura del infiel pagano, del profanador constante, del mancillador del Templo está descrita con la figura del preso que diseñó e instalo una jaula donde él mismo vino a caer preso.

 

Los paganos y su sequito, la corte de los idolatras será juzgada, porque son sembradores de terror, porque se les mostró la Divinidad verdadera del Creador, pero ellos prefirieron vivir enclaustrados en sus humanos límites y desconocer a YHWH.

 

La perícopa de hoy empieza con una voz de gratitud, es un agradecimiento que ocupa todo el ser del Salmista. El hagiógrafo es un revestimiento de la voz del Profeta, que proclama su oráculo.

 

En la segunda estrofa reconoce -poniendo en sus ojos la imagen del enemigo derrotado, y en la memoria la lealtad que le adeuda- porque el enemigo sucumbió, ante la Fuerza Incontenible de Dios.

 

Los que no creen y no aceptan al Señor son los pueblos -aquí nombrados con la voz גוֹיִ֑ם [goyim] “naciones extranjeras”; pero con esta palabra que sugiere un enjambre de langostas destructivas- hundidos en la fosa con el pie trabado en la trampa. En cambio, Dios no descuida jamás a sus elegidos: sus pobres, la esperanza de los humildes.

 

Sus pequeñuelos se gozan y hallan solaz en la Salvación que viene de Dios.

 

Lc 20, 27-40



Los interlocutores son los saduceos, se trata de un grupo humano acomodado, poseedores de la tierra, o por lo menos, terratenientes que usufructuaban de ella, que vienen a plantearle a Jesús el tema del levirato, según el cual, una viuda sin hijos debía contraer nupcias con su cuñado, hermano de su esposo fallecido, La viuda no tenía ningún derecho a casarse fuera de la familia. Había que buscar, de alguna manera, que esta mujer perpetuara el nombre del fallecido, en el hijo que tuviera.

 

Pero evidentemente, el relato pasa -por razones hiperbólicas- al dominio de la pura fantasía, porque son 7 hermanos, los cuales, uno tras otro mueren, sin tener descendencia, y luego, -donde más se hace evidente que el interés era hacer incurrir a Jesús en alguna respuesta que pudieran mostrarse como abandono de la ley mosaica, para así, denunciar a Jesús como blasfemo- y tener pretexto para darle muerte.

 

Aquí, Jesús revela tener un conocimiento directo de lo que ocurría al otro lado de la muerte. Verdaderamente a la cuestión planteada sólo podía contestar alguien que hubiera estado más allá de la muerte y hubiera regresado.


 

Jesús es consciente que en la otra vida es innecesario el matrimonio porque allá no hay muerte, y entonces no es necesario engendrar prole, si no es necesario tener hijos, quiere decir que, en el Paraíso Celestial, los hombres y las mujeres no se casan -carentes de apetitos carnales “no tiene que tomar esposa”, así que la viuda del ejemplo, no tendrá que ir ante algún tribunal de lo contencioso-conyugal para dirimir a cuál de los siete se le asignará.

 

Es interesante mirar hacia las conclusiones que saca Jesús de la oración pronunciada por Dios al hablarle a Moisés: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. Si los llama, es porque aún viven, porque si estuvieran muertos, significaría que Dios puede ser el Dios de cadáveres. ¡Esto es absurdo! ¡Dios es Dios de vivos, y no de muertos!

 

Los escribas -mayoritariamente del partido fariseo- intervinieron allí, porque ellos si eran partidarios de la resurrección y la adoptaban como elemento de su fe; interrumpieron para apoyar a Jesús, alabando su argumento y la lógica con la que lo exponía. Obligando así a los saduceos a abandonar el campo de disputa. Nadie se atrevió a hacerle otra pregunta.

viernes, 24 de noviembre de 2023

Viernes de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 




1Mac 4, 36-37. 52-59

Ya hemos contado la profanación del Templo por parte de Antíoco y su dictadura que se hacía sentir en lo que más afectaba al pueblo judío: su fe, y el punto álgido sobre el que hacía presión, la fe, las normas de pureza ritual, en particular a los alimentos considerados impuros y haber desacralizado el Templo poniendo una estatua de Zeus en el Altar de los sacrificios.

 

Ayer, dejamos a Matatías dando inicio a una resistencia contra el agresor-profanador, y generando una guerrilla como respuesta, mecanismo para mantenerse en la fe, firmes, “sin torcer ni a derecha ni a izquierda”. Está guerrilla fue golpeando aquí y allá, y fue debilitando al imperialista atropellador, ganando terreno y probando y contrastando su poder de lucha, desmoralizando y acobardando al enemigo.

 

Algo que encontramos a cada paso, es la fe como soporte y fortaleza en la lucha. Cada acción era ofrecida al Señor, reconociendo que no eran ellos los que alcanzaban las victorias, sino el Señor mismo que combatía a su lado. Y, cuando la situación en la lucha desigual, era más apremiante, ellos invocaban al Señor, con la seguridad que Él los atendía y golpeaba por ellos. Aun cuando las tropas de los extranjeros y sus recursos técnico-bélicos fueran muy superiores, no se amedrentaban, pues confiaban en que sus ruegos siempre eran escuchados por la Fidelidad Divina.

 

Sus acciones estaban puestas a la Sombre del Señor que era su verdadero Adalid y Líder; y el referente histórico, recordando como Dios los había asistido cuando los sacó de Egipto y los llevó por el desierto y los condujo a la conquista de los territorios cananeos, estaba muy presente en su memoria -probando que un pueblo debe conservar y atesorar sus recuerdos como basamento de su estructura- y, enseñándonos que una de las caras de la fe es la זכרון [Zikaron] “memoria”. Téngase en cuenta que Jesús, al instituir la Eucaristía, nos enseñó este aspecto del sacramento, que es banquete, es sacrificio, paro además es memorial: “Haced esto en memoria de mí”, este aspecto anamnético de la Eucaristía contextualiza el Sacramento en la Existencia del Hijo, que se da en el marco de la “Eternidad”, que es la verdadera metafísica de la Presencia-Real.

 

Si no se cuida este aspecto “memorial” de la historia -en particular de la bíblica- se terminará cayendo en tenerlos como una colección de cuentos, quizás adecuados para adormecer niños propios para leérselos al llevarlos a la cama; historias pintorescas que pronto se olvidan y cuyo único valor consiste en generar héroes religiosos -no muy diferentes de los héroes cinematográficos y televisivos-; que no en dar a conocer, trasmitir y conservar verdaderamente la Alianza.

 

Un paso necesario y lógico era -alcanzadas estas victorias y habiendo hecho retroceder al enemigo-, era “purificar el Templo”, por así decirlo, re-sacralizarlo. El antiguo Altar que había sido profanado, no existía ritual alguno capaz de volverlo a sacralizar, así que lo que hicieron fue demoler el anterior, y levantar uno nuevo.

 

La celebración -es decir la congregación para festejar el resurgimiento de su Fe- se revistió de la magnificencia que estampaba en la memoria la recordación del significado del Templo en el conjunto de la vida y la cultura del este pueblo. No sólo cantar, bailar y beber y una lectura desatenta de la Palabra, sino una atenta y muy devota meditación de lo que había pasado, a la luz de la Escritura. Postrarse, adorar, alabar e impregnar la fiesta con el aroma de religiosidad más intenso.

Judas Macabeo, instauró la celebración anual, en esta fecha, la celebración de חנוכה [Janucá], que algunos traducen por “inauguración”, pero que verdaderamente significa “re-dedicación”. También llamada “Fiesta de las Luces”, o “Festival de las Luminarias”, dura -como nos lo informa la perícopa- ocho días, Este año Hanukkah comienza el 18 de diciembre y termina el 26 de diciembre (obsérvese el parentesco con nuestro Novenario de Aguinaldos).

 

Sal 1Cron 29, 10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd

Este no es propiamente un Salmo. Tiene un valor hímnico y se ha tomado del Primer Libro de las Crónicas. El Primer Libro de las Crónicas tiene 29 capítulos, es decir, que este Salmo está construido con fragmentos tomados de este último capítulo.

 

El último capítulo del Primer Libro de las Crónicas podría dividirse como sigue:

1)    Donde David invita a apoyar a Salomón con donativos y ofrendas para el Templo vv. 1-9

2)    La oración final de David, oración de Bendición y de invitación a ofrecer sacrificios. vv. 10-22

3)    Se señala que Salomón se sentó -como sucesor- en el Trono de David, su padre. vv. 23-25

4)    Se resume en una pincelada gorda, la vida de David y se enuncia su muerte. vv. 26-30.

 

Se echa de notar que el Salmo de hoy se estructuró con fragmentos de la oración de David.

 

Lo primero que hace es Bendecir al Señor. Y declarar la perdurabilidad de esa bendición.

 

Luego, lo declara Dueño y Señor de toda la Creación, descubriéndonos que a Él le pertenecen la Grandeza, el Poder, la Gloria, el Esplendor, y la Majestad.

 

Luego, al mirar su Frente, descubre en Ella la corona, símbolo de su Realeza, A Él le pertenece la Soberanía, de Él dimana toda riqueza y toda Gloria.

 

Su Reinado no se limita a cierto territorio, sino que su Reinado es un Reinado Universal.

 

Lc 19, 45-48



Acabamos de ver a Jesús llorar porque no nos damos cuenta que es el Tiempo de su Visita. En diciembre, y durante el Adviento, vamos a la Iglesia, hacemos la Novena y nos damos regalos. Pero gran parte de la celebración se hace de espaldas al verdadero Protagonista, solemos olvidar que lo que motiva la Navidad es Su Nacimiento.

 

¿Por qué la celebración gira en torno a la Iglesia? La edificación que solemos llamar iglesia es un espacio, donde nos damos cita para congregarnos en torno al Recién Nacido. Pero lo que no podemos descuidar es que la verdadera Iglesia es el conjunto de las personas bautizadas que entienden y viven la dicha del nacimiento.

 

La perícopa de hoy, debemos entenderla como una Janucá, esta vez no protagonizada por Judas Macabeo, sino por el propio Jesús. Lo primero que hace Él, es arrojar a los profanadores, y resignificar que el Templo no es para otra cosa, es un espacio donde se congregan los “adoradores” para reconocer a Dios como el Señor de sus vidas. Celebrar no es visitar un lugar, sino cobrar consciencia que están presentes todos los de nuestra “familia en la fe”, es un “entrar en comunión”, es un ejercicio de la más celebrativa sinodalidad. Vamos allí a encontrarnos todos los que tenemos la misma fe, las mismas Esperanzas y una misma Caridad-Ágape.

 

Jesús no puede nacer en una “cueva de bandidos”, no puede darse la Segunda Venida en el contexto de una sociedad que lo llama a Él “Príncipe de la Paz” y -por el otro lado- impulsa el armamentismo y declara guerras aquí y acullá, tejiendo embustes para justificarla.

 

Observemos qué hacen los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo: nos dicen por favor, váyanse a su Iglesia, canten muchos villancicos, y no se metan en estas cosas que ustedes no entienden. Eso hacen y dicen los “importantes”. ¿El común que hace? Estamos pendientes de Jesús y lo escuchamos. 

jueves, 23 de noviembre de 2023

Jueves de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 


1Mac 2, 15-29

No se puede pasar del terreno religioso al político insospechadamente. Es más, cuando este paso se produce, siempre hay fuerzas e intereses en todos los bandos que se irritan y reaccionan. La unidad en la fe puede sostener alianzas y pactos para trabajar juntos, pero tan pronto se da el salto al plano político se suscitan tiranteces y alguien se siente maltratado en sus propios callos.

 

Este episodio al que se refiere la perícopa de hoy, tiene por escenario Modín, donde vivía Matatías, que era de la casta sacerdotal, - fuera de los límites de Judea- allí llegaron los funcionarios de Antíoco IV que se ocupaban del cumplimiento del edicto de paso al culto Romano que obligaba a los judíos a apostatar

 

Como era persona importante y ejercía liderazgo en la comunidad, le pidieron que diera el ejemplo, y fuera de las primeros en pasar a presentar su víctima sacrificial. ¿Cuál fue su reacción? Les dijo: “Yo y mis hijos y mis parientes viviéramos según la Alianza de nuestros padres”, y concluye su breve alocución diciendo que no se desviarían ni a derecha ni a izquierda”.

 

Como tratando de desmentirlo con acciones, algún “regalado traidor” se adelantó a presentar su ofrenda y Matatías, poseído de ira santa, degolló al apostata sobre el Altar de los Sacrificios; y, acto seguido, mató al funcionario real.

 

Así nació un movimiento de resistencia contra los gobernantes Seleucidas, Matatías con su parentela lo abandonaron todo y se fueron al “monte”. Este movimiento de resistencia por parte de Matatías, repercutió en muchos, que decidieron irse a la zona desértica donde pudieran seguir adelante con su culto y su fe, y pudieran vivir acordes con la justicia y el derecho que los llamaba a vivir santamente.

 

Sal 50(49), 1b-2. 5-6. 14-15

Este es un Salmo de renovación de la Alianza. Siguen la estructura de los antiguos tratados de Alianza, cuyo estereotipo se ha hallado en numerosos documentos -como es el caso del tratado de Qadesh suscrito entre el faraón egipcio Ramsés II y el rey hitita Hattusili III, todo permite pensar que data del 1259 a.C.- que llevaba a un desenlace de paz para estos contendientes.

 

Ahora bien, ¿qué hace este salmo aquí? Una renovación de la Alianza, ¿qué tiene que ver? Es que tiende un puente con el Evangelio, nos permite interpretar el llanto de Jesús, que Él con sus lágrimas, está sellando una Nueva Alianza, una Alianza que supera la conversión, la reconciliación, y llega a la mismísima Redención.

 

Muchas veces la fe se nos va quedando cautiva en la materialidad, de las imágenes de santos, de las veladoras, de las pulseras y los denarios, y no logra alcanzar el corazón y conectar el Alma. De verdad que lo que enseña este salmo sobre el culto “interior”, sobre la espiritualidad, es el Camino que nos dejará conocer la Salvación que proviene de Dios. Aquí, lo que el salmo nos exhibe es a Jesucristo suscribiendo la Renovación de la Alianza y firmándola con sus lágrimas.

 

Para esta renovación de la Alianza se lanza una convocatoria que parte de Sion, y llega hasta los confines de la tierra, y convoca en todas las direcciones: el universo de las gentes vuelve su mirada viendo hacia el que levantaron.

 

¿Quién se ocupará de Juzgar?, ¿Quién se sentará en el Trono de Gloria a impartir la verdadera Justicia? Será el Señor, el Rey de la Gloria en persona quien juzgará.

 

¡Sólo tendremos que darle Gloria! ¿Cómo lo glorificaremos? Con el culto que es Fuente y Culmen de la fe: ¡Eucaristizando nuestra vida toda!

 

Lc 19, 41-44



Somos el Cuerpo Místico, desde aquel Monte de la Crucifixión, somos convocados para ser discípulos-misioneros y llevar el anuncio de la revelación -Salvífica a todas las naciones de la tierra, sin discriminación, sin sectarismos. Es una convocatoria a la Paz. Triste es tener que evidenciarlo: “Pero ahora está escondido a tus ojos”.

 

El lunes lo vimos, nuestros ojos -que creen ver muy bien- en realidad, están enceguecidos; nuestra condición es más nefanda que la condición de los que sufren de “invidencia”. La única manera de sanar la vista es reconocer su afección e iniciar un tratamiento de “sanación”. No esperamos curarnos si primero no aceptamos que frente a nosotros pasan tantos y tantos hechos de la “espiritualidad” que nosotros ignoramos y a los que no damos ninguna importancia. Hay que reconocer la enfermedad para, enseguida, tratarse.

 

Vamos a dar un pequeño salto para hablar de la profecía que contiene esta perícopa, que nos dice qué sucederá en Jerusalén, en algún futuro, quizá próximo, quizás ahora mismo, aunque parezca una re-edición de calamidades ya sufridas.:

a)    Los enemigos la rodearan de trincheras

b)    Será sitiada

c)    Le irán cerrando el cerco, paulatinamente, por todas partes

d)    La arrasarán, sin dejar antes que los niños puedan ponerse a salvo.

e)    Y, no quedará ni una huella que permita recordarla.

 

¿Por qué toda esta destrucción? Porque apretaban duro los ojos para no ver, para no darse cuenta, para no reconocer que Dios con su Amor había venido a Visitarlos.

 

Entonces, ¿todo esto es el castigo? No, las lágrimas de Jesús desmienten esa torpe concepción: ¡Dios no castiga! ¡Dios sufre y busca a toda costa la Salvación! Aumenta los plazos y levanta excusas ante el Padre, y siempre conserva la fe en que reaccionaremos.

 

Hay en las inmediaciones de Jerusalén un pozo de aguas venenosas y ellos sus habitantes- muy a pesar de las voces preventivas del Salvador, se empeñaron en ir a surtirse en esas fuentes, ¿qué más podía hacer para detenerlos? hizo todo cuanto pudo, hasta se entregó en sus manos. Así que -digámoslo de nuevo- no hay nada de castigo, ni nada parecido, ellos se empecinaron en irse risco abajo y despeñarse.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Miércoles de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario



2Mac 7,1-20-31

Otra vez el déspota se expande en crueldad con tal de imponer su dominio sobre las conciencias, para ese tirano se trata de profanar el santuario más sagrado del ser humano -no importa las razones políticas que esgrima, aquí los que se descubre es la arrogancia del que se atreve a invadir el territorio más sagrado, allí donde sólo Dios puede pisar se desvela que este autócrata lo que quiere es elevarse a la dignidad Divina- hasta allá quiere alcanzar su usurpación. Las armas que usa son de tortura: látigo y nervios, es decir, rejos hechos con los nervios de las reses. No hay límite a su expolio, lo que importa es quebrantar, invadir alma y pensamiento, profanar el Templo del Ser humano, el taladro se clava en el consumo de “comidas impuras”.

 

La comida kosher (que en yiddish significa “puro”), es una característica de la alimentación judía en lo referente al consumo de alimentos de origen animal, es un reglamento llamado kashrut, el que estipula y segrega lo que se puede y lo que no se puede consumir porque conduce a la “impureza”. Sea el caso de los rumiantes -para dar un ejemplo- que para ser comestibles deben tener la pezuña partida.

 

Aquí tenemos una madre y sus siete hijos que no dudan en entregarse al tormento, con tal de preservar su fe y su coherencia de consciencia. La madre reconoce que ella les prestó el vientre como primer alojamiento, pero fue la Maravilla del Creador quien los formo, los configuró, tejió sus órganos y dispuso su ser-organismos para llegar a ser humanos, así que -los anima a soportar, porque lo que Dios da nadie lo puede quitar, si atentan contra su vida, el Señor los resucitará.

 

Ya, llegado el más joven de ellos, Antíoco no sabía qué más ofrecerle; amistad, honores, un puesto en el consejo, en el senado, una morcilla, un tamal y una camiseta; dado que el joven no cedía, llamó a la mamá para que lo convenciera; la madre, no obstante, le pone de presente la fidelidad debida a Dios y -en vez de amilanarlo- le infundía la presencia de ánimo, a la manera de sus hermanos.

 

No cejó para nada el joven, y proclamo su desobediencia al tal reyezuelo, verdugo al servicio de su propia injusticia, propalando su sola obediencia a la Ley de Dios que fue entregada a su pueblo por medio de Moisés.

 

No murió sin advertir al tal Antíoco (nombre que significa, “caprichoso”, “terco”, “cabezota”, etimológicamente significa “el que va en contra del defensor”); con la que Dios le pagaría sus abusos e ignominias.

 

Sal 17(16), 5-6. 8y 15

Este es un salmo de súplica que, a veces, es muy mal entendido si se le saca de contexto. Una lectura descontextuada hace pensar en un corazón tirano, pero lo que se encuentra en realidad es un llamado a la Justicia Divina, contra aquel que soporta las imposiciones violentas de un opresor. La historia de la madre y los siete hijos puede -perfectamente- servir de contexto a este salmo y hacer entendible sus reclamos.

 

El primer argumento defensivo del salmista en su invocación es poner de manifiesto su honestidad ya que sus labios no profieren engaños.

 

Por el sendero justo avanzó y no piso en zonas de perdición, infidelidad o desvío. Sabe que Dios lo escucha, que Él nunca muestro oídos sordos y por eso, clama a Él.

Bajo su manto de Protección él se refugia, se presenta ante Él y le ruega que sea su Cuidador, su Defensa, la Muralla Infranqueable en torno suyo, dormirá sereno, como un niño en los brazos de mamá, y al despertar, lo primero que va a contemplar, será el Rostro de su Dios-Protector.

 

Todo el salmo respira confianza, seguridad en el Señor: Que hermosos es despertarse y darse cuenta que Quien veló nuestros sueños fue el propio YHWH. Abrir los ojos y ver que el esplendor matutino no es otro que Papá-Dios.

 

Lc 19, 11-28



La capa real suelo ser un Manto Purpura-encendida. Estamos ad portas de celebrar la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo, y quizás esperamos que suenen las trompetas y que todas las bandas de guerra se hayan dado cita para acoger al Rey-de-reyes. Vamos a descubrir, lejos, muy lejos de un manto de armiño y piel de ante de lana escarlata, el rey lleva como capa una bayetilla, teñida con su Propia Sangre.

 

La parábola nos habla de los que hace antes de partir, nos clarifica la memoria, que no se va así no más, y dejarnos como desocupados hasta su vuelta; no es así, tenemos un encargo Magnífico. Pero la parábola también pone en la mesa nuestra visión ante su partida, algunos dicen (de dientes para afuera) que lo aguardan impacientes, pero lo cierto es que, tras de Él, enviaron una embajada, advirtiéndole que no volviera, que ellos no quieren que “llegue a reinar sobre nosotros”. En realidad, de verdad, es lo que menos desean, y así lo han manifestado durante toda su historia, hacen guerras -negocio muy especulativo con pingües ganancias, siempre ha sido así, las guerras tiene la finalidad  de enriquecerse-, matan gentes de hambre, roban y asesinan para lucrarse, engañan y mienten disfrazados de ovejas y mansos corderos, les quitan a otros la tierras que ellos con fatigas sin nombre han hecho fértiles y que desde siempre les han pertenecido a ellos y a sus ancestros, hacen propaganda de las riquezas de cierta zona geográfica, para conseguir fuerzas coligadas y lanzarse a su conquista solapada que ellos saben que no los podrán detener, y que si chillan mucho, ya probaran de su látigo y sus rejos hechos de nervios. Cuando dicen que podemos enorgullecernos de nuestra riqueza, sabemos que debemos más bien llorar ante la pronta llegada del expoliador, por donde ha pasado su imperio sólo ha quedado aridez y ruina.

 

La parábola nos enseña que el Señor llegará y nos pedirá cuentas: Ya sabemos que al que más se le dio más se le exigirá: Muchos de estos que han recibido abundantes dones, los han malbaratado, no tiene nada con qué responderle al Señor; aunque ellos pretextan la falsa imagen que se había fraguado de Dios, como disculpa de su ignominia, los dejará mirándose las manos absolutamente vacías.

 

Es muy lógico, a los que tengan obras de caridad llenándoles las manos, el Señor les dará muchísimo más, y los pondrá al frente del Reino por ser grandes administradores; a quienes lo reciban con las manos carentes de bondad, de fraternidad, de projimidad, a esos  se les quitará hasta el último céntimo y probaran en carne propia las penurias que los heridos al borde del camino sufrieron agonizando sin una mano que suavizará su desangramiento -con vino y aceite- y sin el auxilio de alguien que se habría bajado de su cabalgadura y lo habría llevado al “hospital de campaña” más próximo. Esos recibirán como premio, lo que aquí se designa con una palabra metafórica: “el degüello” de su vergüenza, ante los Ojos de Dios-Justicia: Nuestro Rey, cuyo reinado Justamente ha recibido pues lo dio todo por nosotros y nos hizo Justicia con exceso. 

martes, 21 de noviembre de 2023

Martes de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario


 

2Mac 6, 18-31

Es muy importante recordar que la palabra “martirio” tiene su origen en la palabra griega que significa “testimonio”. Hoy abordamos la historia de Eleazar (nombre que significa “Dios es mi ayuda”).

 

Ya hemos visto que Antíoco Epífanes les impuso el paganismo, como religión obligatoria a los judíos. Profanó el Templo poniendo en el Altar una estatua de Zeus, y los puso a quemar incienso en las puertas de sus casas rindiendo culto a estos ídolos de su cultura. En el colmo del atropello, para reforzar la apostasía de su fe, los obligaba a comer alimentos impuros, y la perícopa de hoy, nos cuenta como le abrían la boca a la fuerza para que Eleazar -un principal maestro de la Ley- comiera de aquellos alimentos, en particular, carne de cerdo.

 

Escupió aquellos alimentos y se mantuvo firme -a pesar de las amenazas de muerte que le hacía por no dar su brazo a torcer en este asunto. Los amigos y judíos que habían cohonestado con esta profanación, le decían que simulara -comiendo comida Kosher- que estaba comiendo el bocado de cerdo que le exigían, pero Él esgrimió varios puntos:

a)    Ya era muy mayor, así que de hacer aquellos solo aumentaría un breve tiempo su vida.

b)    Él quería que su conciencia ante Dios -a Quien no se puede engañar- se mantuviera firme en la fidelidad para presentarse incólume ante el Señor.

c)    Qué pésimo ejemplo sería para su pueblo -y en especial para la juventud- que él pretendiera estar cediendo por debilidad a la apostasía.

d)    La edad que él tenía no era momento para andarse con engaños.

 

Así fue como él asumió su “testimonio”, coherente hasta el último minuto, muy a pesar de la violencia con la que se cebaron sobre él: queriendo -ya que no había cedido “por las buenas”- convencerlo con el atropello, el ultraje, la flagelación.

 

La herencia de Eleazar, concluye diciendo la perícopa de hoy, fue de heroísmo y virtud y no sólo para la juventud sino para todo el pueblo de Dios.

 

Sal 3, 2-3. 4-5. 6-8a

Este Salmo es un oráculo aplicable a todos los que han llegado como victimas al Martirio. Ya hemos dicho que el nombre Eleazar significa “Dios es mi ayuda”, pues los enemigos -en este caso personificados en el Imperio Griego de los Seleucidas-, lo que querían era reducirlo por la fuerza y probar que no había nadie ayudándolo.

 

En la primera estrofa dice, precisamente, que ellos lo que gritan es que “Ya no lo protege Dios”, muchos se alzaron en su contra y como una jauría trataron de hacerlo flaquear, pero el Señor lo sostuvo con firmeza y decisión.

 

Una cosa tienen, muy clara, los Mártires: Dios no abandona, es comparable a la Muralla más sólida, es un Alcázar firme, y un Escudo invulnerable. Está en la Altura del Monte Santo, pero ha establecido una resonancia que le permite oír muy nítidamente las voces de los que clamamos a Él.

 

Puede que una multitud conspire en contra nuestra, no nos acobardan, sabemos que Dios se encarga de salvarnos. ¡Él nos sostiene!

 

Lc 19, 1-10



Al entrar por el noreste en Jericó rumbo a Jerusalén, Jesús sanó un ciego, como vimos ayer. Ahora, encuentra en su camino a uno de los Jefes de los Publicanos, como lo comentamos anteriormente, los cobradores de impuestos conformaban una jerarquía, estaban los que habían negociado con Roma el ejercicio del recaudo y un combo de mandos medios y de cobradores en las pequeñas localidades, que ponían su banco en la calle y se exponían al sol, al viento y al frio y atendían personal y directamente el recaudo. Este Zaqueo era un jefe de publicanos y “rico”.

 

La manera de relatar del Evangelio, no entra en sicologismos, no suele -muy rara vez lo hace- contarnos los diálogos interiores que cada personaje sostiene consigo mismo, y que es un mecanismo literario muy corriente en nuestros días, para dejarnos saber -a los lectores- las razones, los móviles, las motivaciones, a veces muy secretas del personaje. Aquí no sabemos qué movía a Zaqueo para querer ver a Jesús, a tal punto que no temía hacer el ridículo y treparse al sicomoro.

 

Es interesante que, según el pensamiento egipcio, el sicomoro era el árbol que daba alimento a los “muertos”. Zaqueo -por su condición de “publicano”- era un zombi, estaba muerto en vida. Como si subirse al sicomoro revelara el hambre que poseía aquel cuerpo: hambre de vida, y no de cualquier vida, hambre de vida Eterna.

 

Que Zaqueo estuviera allí, encaramado, era un signo que para Jesús no pasó desapercibido. Lo llama y se hace el invitado a su casa, Al hambre, al apetito de Zaqueo, Jesús la atiende y hace poner la mesa en la propia casa del hambriento: esta es la acogida de Jesús, a Él no hay que ir, Él viene a nosotros, con sólo hacer un gesto de anhelo, Él responde con plena acogida, con total hospitalidad, y viene a “habitar con nosotros”, no le dice que va a visitarlo, a pasar un rato con él, dice que se va a δεῖ με μεῖναι [dei me meivai] “quedar en tu casa”. δεῖ [dei] “conviene”, “es lo preciso”, “es lo indicado”, “es lo mandado”.

 

¿Qué nos enseña Jesús? Nuevamente ratifica e insiste en no desdeñar a nadie, en no apartar a algunos como leprosos, como indignos, en no considerar co-religionarios sino a los judíos, a unos sí y a otros -no que pena- definitivamente no; para Jesús nadie está definitivamente perdido, todos y en cualquier momento, pueden solicitar el ingreso a la Comunidad de los Salvados, porque a eso -precisamente- fue a lo que vino Jesús.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Lunes de la Trigésimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario



1Mac 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62- 64

Esta semana haremos un cursillo en seis lecciones tomadas del Libro de los Macabeos, (excepto mañana martes, cuando celebraremos la Presentación de la Santísima Virgen María y leeremos de la Profecía de Zacarías). El miércoles haremos una breve visita al Segundo Libro de los Macabeos.

 

Estos Libros de los Macabeos, como nos han llegado en griego -aun cuando originalmente escritos en hebreo, sólo muy fragmentariamente han llegado a nuestras manos- por eso no tienen lugar en la Tanaj. En cambio, si están incluidos en nuestro canon. Su redacción fue efectuada por diversos hagiógrafos.

 

Al morir Alejandro en el 323 a.C., llamado Magno, el poder del imperio se repartió entre sus militares allegados y la aristocracia palaciega, la corte formada por los que lo acompañaban, lo adulaban y trataban de aprovecharse.  Más adelante, en el 261 a.C., el poder cayó en manos de Antíoco que reino hasta su asesinato, ocurrido en el 245 a.C.

 

Corrió el tiempo y en el 165 a.C. se sentó en el trono el protagonista de la perícopa de hoy Antíoco Epífanes (Epífanes quiere decir “que se manifiesta con esplendor”), aprovecho el surgimiento en Israel de la apostasía de algunos, de un grupo que vendió su independencia a este “vástago perverso”, promoviendo el pacto con el imperio seleucida, que promovió la idea que por no pactar y acoger los usos y mañas de los pueblos vecinos era que les iba mal, empezaron con la idolatría del cuerpo, del físico, pusieron gimnasios, y entrenaban desnudos; para ocultar su circuncisión recurrían a estrategias cosméticas, comprando mascaras-de-prepucio. Ahí ya se nota la perdida de la propia identidad y se deja ver el profundo debilitamiento y la corrupción que les había sobrevenido. Ocultaban lo que los hacía auténticos.

 

Entonces, Antíoco Epífanes hizo el siguiente movimiento, decretó que la religión oficial era el paganismo, y puso su “ídolo-monigote” en el altar del Templo, para los judíos que aún no habían caído, esta era una profanación de tono mayor: “la abominación de la desolación”. Pero, se mantuvieron firmes sin dejarse corromper, guardando la dieta en sus ingestas para no comer alimentos impuros. Su resistencia rayaba en morir antes que contaminarse.

 

Así progresivamente fueron abandonando las señas de su identidad. Sus pautas culturales y procuraron copiar descaradamente las perversiones del invasor, lo que suele suceder, que el invadido, le parece admirable y valioso lo que hacen el usurpador, y quieren hacer lo mismo, a como dé lugar. Lo que abría las puertas a cierto margen de aprobación y a una mejor manipulación por parte del tirano expoliador.

 

El invasor no se detuvo y -no solo profanó el Templo de Jerusalén-, sino que en todas partes fue erigiendo altares a los dioses de Antíoco.

 

Sal 119(118), 53.61.134.150.155.158

Existe el acatamiento, y por otra parte, también la subyugación, que es otra cosa. Cuando se da el sometimiento voluntario uno entrega su aquiescencia; en cambio el subyugado lo es porque ha sido forzado a llegar a esa situación, no le ha quedado otra alternativa, tiene que llevar el yugo porque una fuerza opresora se lo impone.

 

Imaginemos una persona totalmente confundida, que no sabe para dónde coger, que no sabe cómo responder ante cierta situación y que agradecerá mucho a alguien que venga en su socorro y lo oriente. Será agradable encontrarse con alguien que lo libre del extravío.

 

Este Salmo es una súplica; salmo alefático, pero no por versos sino por estrofas. Tiene una estrofa entera por cada letra del alefato. Hemos insistido que esta técnica se usa cuando se quiere dar la sensación que se ha examinado el asunto completamente, que no ha quedado nada que agregar, se han recorrido todos los vericuetos temáticos habidos y por haber, hasta agotar el asunto. Aquí, esa temática es la Ley.

 

Si la Ley es un “Armonizante” de las relaciones interpersonales, si lo que quiere traernos es la “concordia”, y suprimir la violencia, menguando el ánimo retaliativo, entonces, la Ley es otra cosa muy diferente a un instrumento para impedirnos hacer, para coartar la libertad y para generar “castigos”. La Ley, hay que saberla enfocar, para entender que es un Regalo de Dios, que actúa como un verdadero lubricante social para evitar la fricción al interior de la maquinaria social. Lo que Dios quiere -en Verdad- es que vivíamos como hermanos. Este salmo, con sus veintidós estrofas, quiere enseñarnos a mirar la Ley con gratitud, quiere lubricarlo todo con amor Fraternal: Entonces ¿qué es la Ley? ¡Un tratado de sinodalidad! ¿A dónde nos lleva? ¡A vivir en Comunión!

 


La Ley es el inicio y fundamento de un tratamiento para nuestra ceguera, para que no veamos en Dios a un déspota, y a nuestros hermanos, en “medios” para llevar al cumplimiento nuestro egoísmo y la satisfacción de nuestros solos intereses. Sólo después de poder vivir esto, podremos abrirle nuestra vida al Mesías para su segunda Venida, ya no a ser Víctima, sino para que sea Glorificado: Glorificado en nuestras vidas fraternales.

 

Lc 18, 35-43



Jesús avanza rumbo a Jerusalén, va llegando a Jericó, y se encuentra a un ciego. Los discípulos van sinodalmente con Él. Su situación podemos evaluarla en general como un estado de incomprensión, lo siguen sin entenderlo (será necesarios que Muera y Resucite para que puedan llegar a “ver”). Uno se va fraguando una idea de lo que Dios puede hacer con la situación en que vivimos. Y poco a poco le vamos añadiendo duro y rígido concreto a esa imagen. Sin saber, ni como, ni cuando, lo que era una idea se vuelve un esquema riguroso y severo que Dios tiene que seguir: Le hemos planeado la ruta a Dios, con nuestros planes muy estrictos, a Dios, le damos permiso -solo- de que lo cumpla.

 

El plano de esta salvación humanamente fraguada, está en papel cuadriculado, ¡ay de que Dios se corra un cuadrito¡: ¡queremos que vaya recto, por donde le hemos trazado!

 

Pero, detengámonos un instante: ¿Quiénes somos nosotros en esta perícopa? ¡Los ciegos! ¿Cierto? Y, ¿a pesar de nuestra ceguera queremos que Él se ajuste a nuestras ideas de Salvación? ¿Quizás, no sería mejor entregarle el timón y los frenos al-que-Ve?

 

Su proyecto Salvífico no se va a ir a pique porque nosotros demos una “opinión”, por ejemplo “quiero recobrar la vista”, Él tomará nuestras apreciaciones y las integrará a la ruta Salvífica, y si es acorde con el Proyecto real, lo “sumará” como el que “suma un vector”; si la petición está en contravía, la disolverá, la desvanecerá, pero el Proyectó ¡irá adelante!

 

¿Cómo se incorporó este vector -el que aportaba el ciego- al Gran Vector? Jesús se lo concedió, y él no se opuso al fluir de Jesucristo, siguió la misma ruta, la misma dirección y sentido (como les gusta decir a los físicos), y -en plena armonía- uniéndose a la sinodalidad de Jesús, iba gritando glorificación, iba proclamando su eukaristein, dando gracias por tan prodigioso “milagro”, ¿cómo no pregonar la grandeza de quien tiene el Poder de devolvernos la vista a nosotros los “ciegos”?

 

Lo que llama intensamente la atención en este relato es que los que decimos que vemos, no vemos “ni pio”, estamos absolutamente ciegos; por otra parte, el que está ciego, ¡si ve!, desde el principio distingue que Jesús es el Mesías.

 

Esto es así, porque precisamente como decía el Principito:Solo con el corazón se puede ver claramente. Lo. esencial es invisible a los ojos”. Tocamos una frontera, casi que podríamos decir, ¡Qué pesar que tenemos ojos! Los ojos son un “bloqueo”. Tenemos que pedir a Jesús que derrame su colirio en nuestros ojitos y un bálsamo en el corazón para que no vayamos a ser de los ingratos, que sólo quieren “sacar su tajada” y luego ¡ni las gracias dan! (Decimos esto haciendo memoria de los diez leprosos)

 

Es fundamental, que el ex-ciego, no sólo lo glorifica, sino que lo “sigue”. Pero hay más, no sólo lo sigue, sino que su testimonio atrae a otros, que se unen en alabanza. 

sábado, 18 de noviembre de 2023

NO APARTES TU ROSTRO DEL POBRE

 


Pro 31,10-13.19-20.30-31; Sal 127, 1b-5; 1Ts 5,1-6; Mt 25,14-30

 

Uno no improvisa instrumentos de misericordia. Es necesario un entrenamiento cotidiano, que proceda de la conciencia de lo mucho que necesitamos, nosotros los primeros, de una mano tendida hacia nosotros.

Papa Francisco

 

… no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras

1 Jn 3,18

 

«Tender la mano hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida. ¡Cuántas manos tendidas se ven cada día! Lamentablemente, sucede cada vez más a menudo que la prisa nos arrastra a una vorágine de indiferencia, hasta el punto de que ya no se sabe más reconocer todo el bien que cotidianamente se realiza en el silencio y con gran generosidad. Así sucede que, sólo cuando ocurren hechos que alteran el curso de nuestra vida, nuestros ojos se vuelven capaces de vislumbrar la bondad de los santos “de la puerta de al lado”, «de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), pero de los que nadie habla. Las malas noticias son tan abundantes en las páginas de los periódicos, en los sitios de internet y en las pantallas de televisión, que nos convencen que el mal reina soberano. No es así. Es verdad que está siempre presente la maldad y la violencia, el abuso y la corrupción, pero la vida está entretejida de actos de respeto y generosidad que no sólo compensan el mal, sino que nos empujan a ir más allá y a estar llenos de esperanza.»[1]


 

Este Domingo, como previmos en el anterior, forma -junto con el XXXII y el Domingo próximo, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo- una unidad escatológica. Los tres Domingos toman su perícopa evangélica del Capitulo 25º del Evangelio según San Mateo. Hablábamos –en ese sentido- de un retablo, mejor aún sería decir de un tríptico; ahora, en el Domingo XXXIII (A), preferimos hablar de una galaxia escatológica. Para esta vez, tomaremos de toda la galaxia sólo tres estrellas: la primera de la perícopa del Libro de los  Proverbios, se trata de la palabra חַ֭יִל (Prov 31, 10) “de carácter”, “fuerte”, “hacendosa”, “virtuosa”, “diligente”; la segunda y tercera estrellas están en la perícopa del Evangelio, se trata de la palabra Πονηρὲ que podríamos traducir como “malvado”, “flojo”, “inactivo por enfermedad”, como “invalido”, y, por eso, “negligente”, el antónimo de diligente; la tercera es ὀκνηρέperezoso”, “holgazán”, “atrasado”, “vacilante”. Esta galaxia tiene un “horizonte de eventos” (no hacia un hoyo oscuro, sino hacia un Foco de Luz Radiante) que es el versículo 20 del capítulo 31 del Libro de los Proverbios: “Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre”, que da el sentido a este Domingo, sentido que ha hecho expreso Papa Francisco, consagrándolo como fecha de la Jornada Mundial de los pobres, y es que la diligencia y la laboriosidad están enfocadas y han de volcarse hacia esa Misericordia que atiende a los pobres y se empeña en su redención porque verdaderamente la construcción del Reino está conectada y fundamentada en la remoción de todo aquello que des-dignifica al hombre, todo lo que impide su realización en plenitud, ya que “la Gloria de Dios consiste en que el hombre viva”, esa es la interpretación que damos a esta célebre frase de San Ireneo, que entendemos como moción y exhortación a vencer toda la cultura de la muerte y florecer rotundamente hacia una cultura de la vida. ¡Vida en Jesús! Dice Papa Francisco: «… quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados»[2]. Que se oferta a todos, sean o no cristianos. A nosotros se nos demanda y se impone responder, porque ¡fue a nosotros a quienes fueron entregados los talentos! que significa –como lo hemos visto- tener siempre listas las lámparas y tanqueadas las alcuzas; y, para los no creyentes, la propuesta es dejarse alcanzar por esa Luz y reconocer que liberta al hombre, que desata sus manos y sus pies para que pueda avanzar,  y se pueda levantar -la pobreza hace inválido a quien la padece, le niega realizarse, lo postra- y caminar hacia esferas Divinas, que de otro modo resultan inalcanzables. La oferta es erradicar toda alienación para que cada ser humano tenga la posibilidad de vivir en plenitud, una vida pleromizada, que es el tipo de vida que se propone y ha de vivirse bajo la Soberanía de Dios.

 


Volvamos sobre la palabra חַ֭יִל si la entendemos como “diligencia” significa el que ama, el que tiende con ardor hacia algo, el que profesa celo por algo o alguien. Si vamos hasta la fuente etimológica encontramos las raíces dis- separar y legere recoger, elegir, cosechar, leer; que, al ensamblarlo dará “hacer las cosas con premura y pasión”. En cambio, si la traducimos como “ser hacendoso” tendremos por significado tener hacienda o ayudar a adquirirla; y ¿qué es “hacienda”? una propiedad inmueble. Por lo general usamos la expresión “hacendoso” para referirnos al cuidado esmerado al ejecutar las tareas domésticas, pero su verdadero significado –en el origen- se refiere a cosechar “cribando” para garantizar que lo recogido tenga la más alta calidad, y sea todo bueno. Cuando se dice “tener o adquirir hacienda”, no vayamos a empobrecer también el concepto de “hacienda”, que no corresponde exclusivamente a los bienes materiales, porque hay pobreza de cultura, de principios y valores, de consuelo y amistad, de cercanía y comprensión, de disciplina y método, de acogida y solidaridad. La Iglesia nos ayuda a descubrir otros focos de pobreza y des-dignificación si estudiamos detenidamente y masticando una a una las Obras de Misericordia, en particular si detallamos lo que implican las obras de Misericordia espirituales que muchas veces quedan como cara oculta de la moneda (dejando sólo visible las obras de Misericordia Corporales como el lado espectacular de la moneda) y que, sin embargo, no son menos apremiantes y menos dolorosas.


 

Los antónimos están mencionados en el Evangelio: negligente y haragán. El haragán es el que no quiere trabajar. El negligente es el que no-legere. Arriba dijimos que legere significa recoger, elegir, cosechar, entonces neg-ligente es el que “no recoge la cosecha, o si la recoge no selecciona, sino que echa, revueltos, los frutos buenos con los de baja calidad”; usamos esa voz para designar al que no actúa, al indiferente, al que carece de amor por lo que hace y por quienes lo hace -o lo debiera hacer- ya que el amor es también diligente, y, si verdaderamente amo a mi prójimo, ¿podré ser negligente? «Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro.»[3]

 


Siempre está presente el riesgo de construir una fe “aislante”, fe de sólo oratorio, encerrada en una tipo de piedad solipsista que ignora al prójimo, que se reduce a una burbuja de indiferencia, fe que deshumaniza endureciendo el corazón, dirigiéndonos –constante- hacia un despeñadero de crueldad, llevándonos al vicio de inhumanidad, de  ser indolentes ante el padecimiento y hacia la ferocidad de ver bañarse en sangre o sufrimiento nuestro entorno, viendo sin pestañear las necesidades y penurias que otros atraviesan, pensando que se trata de una realidad distante o de una historia extraterrestre, tan remota, que seguramente sea pura ficción. « Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades,… »[4] No podemos incurrir en el pretexto de la lejanía ni en el de la incompetencia, achacando que eso no nos corresponde, que no nos compete. Cabe aquí retomar enfáticos la sentencia de Terencio “Soy un hombre, nada de lo humano me es ajeno” Y, no exclusivamente por filantropía, sino porque el interés preocupado por el otro es Mandamiento Divino y núcleo de nuestra fe. ¿A dónde se ha relegado –en esa “fe” a nuestros semejantes, ocultando al otro tras la imagen del Otro-y-yo que no es más que un ídolo egocéntrico? Semejante ocultamiento es el ocultamiento (enterramiento) del “Talento” entregado y recibido. La fe del negligente, del haragán está dibujada con las palabras de denuncia que consigna San Mateo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo". Este haragán le puso a Dios una máscara de exigencia inhumana sólo para ocultar su apatía y la resignación y negar el compromiso que había adquirido ante el don benévolo de haber recibido “un talento” o sea –aunque aparentemente poco- algo así como 34 kilos de oro, ¿era poco? Tengamos presente que Dios nos da ἑκάστῳ κατὰ τὴν ἰδίαν δύναμιν a cada uno según nuestras capacidades (Cfr. Mt 25, 15). «Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivo, ni tampoco resignado… Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.»[5]

 


«Vivimos un momento histórico que no favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más el volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian»[6]Hemos madurado la exigencia de una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y estima mutua. Este es un tiempo favorable para “volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo [...]. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad [...]. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente” (Carta enc. Laudato si’, 229). En definitiva, las graves crisis económicas, financieras y políticas no cesarán mientras permitamos que la responsabilidad que cada uno debe sentir hacia al prójimo y hacia cada persona permanezca aletargada.»[7] «En esta casa que es el mundo, todos tenemos derecho a ser iluminados por la caridad, nadie puede ser privado de ella»[8].



[1] Mensaje del Papa Francisco para la IV Jornada Mundial de los Pobres 2020, 5.

[2] Ibid

[3] Ibid

[4] Ibid

[5] Ibid.

[6] Mensaje de Papa Francisco para la VII Jornada Mundial de los Pobres. Roma, 13 de junio de 2023. #4.

[7]Mensaje del Papa Francisco para la IV Jornada Mundial de los Pobres 2020, 5.

[8] Mensaje de Papa Francisco para la VII Jornada Mundial de los Pobres. Roma, 13 de junio de 2023. #10