martes, 17 de febrero de 2026

MIÉRCOLES DE CENIZA

 


Jl 2, 12-16

“Dios es compasivo y clemente, paciente y misericordioso”. Por supuesto que no nos podemos conformar con recitar dicha expresión y llevar una vida disoluta y corrupta.

Milton Jordán Chigua

El Profeta יוֹאֵ֖ל Joel (nombre que significa “Yahveh es Dios”), es tenido por el profeta de la penitencia y la oración. Dado que su obra no contiene menciones de Asiria o Babilonia, nos lleva a pensar que debe corresponder al periodo persa, es decir entre el 539 – 331 a. C. si continuamos profundizando para ubicarlo cronológicamente, llegaremos a pensar que su vida está situada entre el 400 y el 350 a.C. por tanto, dataremos esa obra profética en el 400 a.C. estaríamos tentados a datarlo en la era de la reconstrucción post-exilica, post Esdras-Nehemías. Este profeta está relacionado con el culto y era hijo de Petuel (que a veces se translitera Fatuel). Es posterior a Ageo y a Zacarías.

 

Joel es un sistemático conocedor de las Escrituras, y lo que busca es precisamente, articular sentido a todo lo que le ha ocurrido a Israel. La perícopa que nos ocupa es una exhortación penitencial. La sustancia es la identidad de Dios que es “compasivo y clemente, paciente y misericordioso”. Él no quiere nuestra perdición, todo lo contrario, lleva sus desvelos hasta el límite, para que ni uno sólo se pierda.

 

El alma de la penitencia es su esencia: esta puesta como columna vertebral de la perícopa: Es el verbo שֻׁ֥בוּ [shub] “convertíos”, “vuélvanse al Señor de todo corazón”, “retornen”, “regresen”; este concepto de conversión implica una vuelta atrás, un acercamiento, al Bien de Dios; y, a la vez, un alejarse, esa es la dialéctica de la conversión: uno se acerca a lo que antes estaba dejando lejos; y empieza a alejarse de los que antes atraía, llamaba, se acercaba.

 

No se trata de un pequeño cambio, se trata -por el contrario- de un cambio integral, involucra todas las dimensiones de la persona; no se logrará de la noche a la mañana, siempre enfatizamos que reviste un carácter procesual. (Cuarenta días es la duración de un “semestre” rabínico: Un taller de conversión, prepara su plataforma de despegue, en 40 días: Son cuarenta años condensados, de manera supremamente apretada. Permítasenos añadir que 40 “años” es la duración simbólica de una generación, luego, al decir cuarenta, se está diciendo “la totalidad del tiempo”, “toda una vida”. En este caso, la idea central que soporta el esquema Cuaresmal, es que el ayuno de Jesús en el desierto fue exactamente ese: Cfr. Mc 1,12s; siguiendo el esquema mosaico que estuvo 40 días en el Sinaí envuelto en la עָנָן [anan] “nube”, que simboliza la שכינה [Shekinah] “Presencia”, “que acampaba junto con ellos”, “que tenía su Morada con ellos”.(Cfr. Ex 24, 18). Uno podría traducir esos “cuarenta días” como que la tentación no fue sólo durante su estancia de ayuno en el desierto, sino que duró toda su vida, en la que estuvo tentado y amenazado constantemente por la σκανδαλον [skándalon] “piedra de tropiezo”, “trampa” puesta por todos cuantos lo acechaban.

 

Algo sustantivo es que no se refiere a cambios exteriores, a ritos. Se trata de rasgar el corazón, no de desgarrarse las vestiduras. Supera lo puramente aparencial.

 

En la ruta penitencial nos propone tres cánones:

1)    Ayunos

2)    Llantos y lamentos

3)    Rasquen su corazón y no sus vestidos.

 

Pero desarrolla la idea posteriormente, enumerando una serie de pautas que hacen realidad la ruta penitencial:

·         Toquen la trompeta en Sion

·         Proclamen un ayuno santo

·         Convoquen a la asamblea, reúnan a la gente, santifiquen a la comunidad.

·         Llamen a los ancianos, congreguen a los muchachos, y a los niños de pecho

·         Salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo

·         Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes

 

Notemos que el planteamiento de la penitencia no apunta a lo que cada cual hace por su cuenta, sino a congregarse, a celebrar la penitencia. A tener consciencia del carácter social del pecado, que cunde como una virosis. Notemos que, si unos evaden la cuaresma y su penitencialidad, otros, especialmente los jóvenes, dirán, no tiene nada de malo, mis mayores van por ahí, de espaldas a Dios, pues, haré lo mismo, caminaré por esas sendas que los mojigatos llaman “de perdición”.


El pecado es definitivamente pandémico; y estas “pestes” tienen sus incidencias destructivas en todo, en particular, sobre los recursos de vida: la figura que se aplica es la de las langostas que todo lo devoran y destruyen todas las cosechas y condenan a la gente a sufrir de hambre desesperada: Así fue la invasión que todo lo destruyó: la invasión militar que los llevó al exilio, los invasores venían y atacaban a caballo, donde sus cascos hollaban, el suelo quedaba estéril. Igual que las langostas, se colaron por sus ventanas para atacar a sus familias.

 

Este profeta post-exilico llama al “resto”, los que han regresado, a vivir penitencialmente, el signo penitencial por excelencia era cubrirse de saco y ceniza. ¡Convoquen un ayuno, santifiquen la comunidad! En este caso el ayuno tiene un carácter de purificación, de limpieza, de lavado de a corrupción.

 

Sal 51(50); 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17

El idioma tiene su evolución: a veces decimos “piedad” y “misericordia”, como si estuviéramos pidiendo dos cosas distintas. Antiguamente había una diferencia más o menos rotunda entre los uno y lo otro, actualmente, y sobre todo, en español, ha venido a significar estrictamente lo mismo. El Salmo inicia con esa petición de Misericordia: חָנַן [janan] “misericordia “… [janan] significa tener piedad, tener misericordia, tener benevolencia con alguien…

 

¿Por qué clama por misericordia? porque ha cometido tres desvíos: חָנַן [jataáh] “pecado”, la עָווֹן [avon] “iniquidad” (nosotros solemos traducirlo por “culpa”), y la פֶּ֫שַׁע [pesha]maldad”, “transgresión”, “rebelión”.

 

El pecado se limpia, la iniquidad se borra, la rebelión se controla y se restablece la juridicidad rota.


La reparación requiere que Dios obre un prodigio: acabe con el ser que falló y cree uno completamente nuevo. Además, que Dios lo vuelva a mirar con la mirada con la que se mira a los inocentes. Que lo cobije de nuevo con la Luz que emana de su Rostro. Que lo envuelva en su Shekinah.

 

Como resultado de esa re-creación, se recobra la herencia perdida: se recobra la alegría que trae la Reconciliación; y se siente uno sólido, inamovible, reforzado y remachado por la Gracia que proviene de Dios.

 

A uno se le nota que el milagro de la recreación se produjo, porque los labios no cesan de proferir alabanzas.

 

El responsorio enfatiza que esta no es una cuestión de individuos, así como el pecado inyecta sangre mala a en el organismo social, así la limpieza se recobra trabajando como comunidad en alcanzarla: ahí está la razón de ser de la sinodalidad. Nadie se salva solo, todos -a una- nos apoyamos e intercedemos los unos por los otros. La ayuda mutua es esencial y la comprensión del daño colectivo que genera el pecador individual, por muy solito y secreto que mantenga el daño generado.

 

2Cor 5, 20 – 6, 2

Los falsos agentes de pastoral … defienden sus intereses para conservar sus privilegios: actúan secretamente, con astucia, falsificando la Palabra de Dios y predicándose a sí mismos. Son agentes de pastoral exhibicionistas que no anuncian a Jesucristo…

José Bortolini

Hay una religión de apariencias, que se revuelca en su “poderío”, siempre que vemos a alguien que se conforma con su “fuerza”, podemos asumir que en vez de acercarse a Dios se está revelando contra los valores cristianos. La humildad no consiste en humillar al otro poniendo en su nuca el pie (y que el otro lo permita ingenuamente, pensando que hay algún mandamiento que él desconoce y que obliga a dejarse avasallar), la humildad verdadera consiste en renunciar a todo recurso a la “fuerza”, al “poder”. No le pidamos a otro que sea humilde, de eso no se trata; se trata de que nosotros mismos no recurramos a la violencia, a la cultura de la muerte, no pongamos en vigencia aparatos de opresión para subyugar.


Los que se ranchan en la violencia, el fanatismo, la intimidación y todo tipo de terrorismo, han equivocado el camino y no siguen los senderos de Jesucristo, que murió por todos para que ya no vivan para sí. No hay caminos rápidos que nos llevan a la Salvación aun cuando la guerra y la beligerancia parezcan resolverlo todo muy prontamente.

 

¿Cuántas veces descuartizamos nuestra fe y reprochamos que otros usen la violencia, pero nosotros argumentamos que “ese tal por cual se merece un tiro en la frente”? Y, en el cine saludamos con generosos aplausos que la violencia se imponga. Suenan como el eco de cadenas, los discursos guerreristas que arrastramos pesadamente -pero que lustramos con pomada brilla metales- porque nuestra “justicia” detenta el monopolio legal de hacer relucir la muerte como argumento definitorio. Para eso ¡Somos los “justos”!

 

Rechazamos todo eso porque “el que está en Cristo, es una nueva creación”. Cesen pues las palabras altisonantes que llaman a la humildad muy emocionadas con la Nueva Creación y esconcen, tras la espalda, las cananas provistas de toda clase de municiones.


“Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él.”

 

Mt 6, 1-6. 16-18

El Señor no se cansa nunca de tener misericordia con nosotros, … invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, por las lágrimas, …

Papa Francisco

¿Cuál es la justicia que no debemos alardear delante de los demás? La justica de mostrarnos muy “dadores de limosna”, limosna que acompañamos con fanfarrias para que todos lo presencien y chorreen babitas por la comisura, porque es increíble esa generosidad, ese desprendimiento. Esos no recibirán ningún premio en el Cielo, ya con su publicidad se han pagado por derecha.


¿Qué hay que hacer entonces? Prodigar la caridad con suprema discreción, sin que nadie lo note. 

 

Ese es el primer punto que trae el Evangelio según San Mateo.  A continuación, nos plantea el tema de la oración: Oran de pie, en la sinagoga para que todos los vean. O rezan en las plazas con actitud beligerante y provocativa, en vez de paz tratan de poner a otros quisquillosos. No se trata tanto de orar como de retar.


Entonces ¿siempre que oremos tenemos que hacerlo en nuestro dormitorio a puerta cerrada, bajo llave? Consideramos que no es esa el alma de esta perícopa, sino que podemos orar juntos, pero sin aspavientos, sin buscar broncas, sin dar la cachetada con el guante para pactar el desafío.  No podemos concebir que orar juntos sea malo, en cambio nos parece muy sinodal, la oración comunitaria está en lo vivo de la médula de la oración.

 

Finalmente, se toca el punto del ayuno: y otra vez el problema es hacerlo por apariencias, como dijo el profeta: “No se rasguen las vestiduras, lo que hay que rasgarse es el corazón” (Cfr. Jl 2, 13) ante tanto dolor y tanto sufrimiento que se ha sembrado.

 


Ante cada recomendación se añade: Dios se da cuenta, Él no ignora nada, Él ve tu bondad y la pagará con la preciosa moneda de su Bondad. No te afanes Él ve en lo escondido y no quedará estéril tu gesto cristiano. 

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