1R 2, 1-4. 10-12
Los
dos libros de reyes, son uno sólo, lo mismo que los de Samuel y Crónicas, y
también en este caso es por el motivo de su extensión que sus rollos quedaron
permanentemente divididos. Su tema es cómo la serie de reyes que vinieron
después de David se encargaron de romper la unidad norte-sur que aquel había
logrado establecer.
Nos
estamos moviendo en la parte más antigua de la Sagrada Escritura, lo primero
que se registró por escrito y que se ha dado en llamar el “Libro de la Sucesión
de David” que va de 2S caps. 9-20 hasta 1R caps. 1, 1-2. Recordemos que allí se
introdujeron -emparedándolos- los apéndices (caps. 21-24 de Samuel, que no
pertenecen a aquella tradición y proviene de otra fuente Escritural). Este
primer Libro de Reyes inicia con la construcción del Templo (caps. 3-11); luego
viene la escisión del reino, la relación de los reyes con los profetas y el
papel que estos juegan, en particular Elías, luego tendremos el final del
reinado de Ahab y, en la segunda parte del capítulo 22, Josafat reinando en
Judá y a Ocozías reinando en Israel.
Como
esta obra empieza cronológicamente allí donde se interrumpió la del Segundo
Libro de Samuel, narrando la muerte de David y el reinado de Salomón, conviene
dar una mirada general y panorámica al reinado de Salomón para poder tener una
perspectiva equilibrada y no mítica de este personaje tan importante pero
también tan sesgadamente presentado evadiendo la real imagen que en la Biblia
se nos da.
Veamos
esos rasgos definitorios de su reinado y de su personalidad: En su conjunto se
percibe cómo, la construcción del Templo fue un andamiaje para justificar la
opresión.
1. David tiene
profetas a los que escucha y fortalecen la voz de su consciencia. Salomón, no.
2. Disuelve las
tribus, a fin de no tener ninguna cortapisa a su mandato. Y las disgregó en
aldeas que no pudieran ser objetoras eficaces.
3. Oblitera los
líderes populares y les nombra a las aldeas “gobernadores”, solidificando la
estructura piramidal, rotando el encargo de allegar los recursos indispensables
al sostén de su burocracia, su corte y su aparato “estatal”.
4. Introdujo otro
modelo de tributación, la del “trabajo forzado” (levas), formando brigadas de
trabajo de 30.000 hombres para traer la madera del Líbano, 70.000 cargueros y
80.000 canteros; con turnos de un mes.
5. Al concluir las
obras del Templo, destino toda esta fuerza de trabajo a la construcción de
ciudades-silos y de milicias (servicio militar forzado).
6. Se volvió
intermediario en la compra-venta de armas, caballos y carros de combate.
7. Todo este peso
recayó sobre el campesinado.
8. Trajo a formar
parte de su corte a escribas que redactaron la Historia de la Sucesión del
Trono y la parte del Pentateuco que identificamos como Yahvista. Esta capa de
“intelectualidad” concentrada en la corte trajo como consecuencia la producción
de una imagen de “sabiduría” que rodeara a Salomón
9. Desde el principio,
usa las tácticas conyugales como “matrimonios de conveniencia”, casándose con
esposas “paganas” y llevándoles la idea en sus “mañas” cultuales y
supersticiosas.
Cuando
David siente que se acerca su muerte, le da a Salomón una serie de órdenes que
deberán ser cumplidas después de su muerte:
a) Observar la ley
para tener éxito y mantener la dinastía.
b) Ocuparse de que
Joab muera a causa de crímenes cometidos anteriormente y en los cuales David
parecía culpable.
c) Cuidar y tratar con
benevolencia a los hijos de Barzilai como retribución por la ayuda que ellos le
prestaron en los momentos en los que Absalón lo acosaba.
d) Vengarse de Semeí,
quien lo maldijo ¿recuerdan? (Cfr. 2 S 16:5-23). David se había comprometido a
compartir, y juró no matarlo, por lo cual Salomón deberá darle muerte, tan
pronto falleciera David.
Correspondería,
dejar claro que el Libro inicia con la puesta en vigencia de viejos rencores
que llaman a ser actualizados para cobrar -a precio de sangre- las venganzas
correspondientes. Mala manera de morir y vergonzoso testamento para David; y, pésima
manera de iniciar su reinado, para Salomón. Sin embargo, Dios lo dejó
consignado en su Palabra. Es muy sano co-textualizar nuestra Lectura para
llegar a ver lo que Dios nos ha querido mostrar; a la vez que resulta “muy
interesante” reflexionar por qué motivo se han dejado al margen las otras
facetas del relato.
Pero
también se debe reconocer que David, tuvo 4 hijos con Betsabé, (Sima, Absalón, Adonías,
y Salomón), con los dos mayores muertos, el mayor de los sobrevivientes era
Adonías (otro muchacho muy hermoso, dice en la Biblia), a quien -en legalidad-
correspondería asumir la sucesión, entonces, él se dispone a tomar el trono,
prepara los sacrificios de toros correspondientes y se acaballa en le mula real
de David; pero, el profeta Natán le dice a Betsabé que le exija el cumplimiento
del juramento de darle el Trono a Salomón, juramento que no hemos podido
encontrar en ninguna parte, quizás aprovechando la senilidad del real
gobernante, que ya tenía una enfermera permanente de cabecera, que dormía con
él para calentarle las noches, se trataba de la sunamita Abisag. Lo que leemos
es que, David entregó la corona a Salomón y luego, cuando, Adonías cedió el
trono sin chistar a Salomón, lo único que pidió fue que le dieran a Abisag por
esposa (un recuerdo paterno, un souvenir
de carne y hueso), y Salomón por esa petición, lo mando a “tostar”, mejor dicho,
a calificar servicios en el Sheol.
Con
estos detalles inicia este 1R. Aun cuando la perícopa de hoy prescinde de 1R 2,
5-9 y no menciona a Adonías, dejando un embarazoso hiato en el relato, guarda
silencio con intenciones de encubrimiento.
Sal 1Cro 29,
10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd
Tomamos
para el Salmo responsorial un fragmento del Primer Libro de las Crónicas, en
verdad del último capítulo de esta Primera parte en la que ha sido dividido el
Libro de las Crónicas, que, del mismo modo que los Libros de Samuel y de reyes,
fueron divididos en dos por el tamaño del Rollo.
Los
Libros de Crónicas son un resumen de la historia de Israel, y vuelve a contar
lo que hemos considerado ya en los estudios previos de Samuel y reyes. Sin embargo, no es lo mismo, lo igual son los
temas, pero el enfoque que tienen, la teología en que se apoyan, además, se
incluyen aspectos que revelan la flojera y desmotivación de un pueblo que no ha
visto realizada ninguna de las expectativas: no ha llegado el Mesías, y no se
ha reconstruido el Templo, se mantienen en suspenso las Promesas de Dios.
Se relata que David, ya en sus últimos años de vida, y ante la descomunal tarea a que se va a ver abocado Salomón, hace un llamado a apoyarlo generosamente y de su propio bolsillo le deja pago todo lo que él poseía. La gente, al oírlo hace también un generoso aporte y de allí brota la aclamación emocionada que, da lugar a la perícopa que se proclama.
Son
4 estrofas.
1ª.
Bendice al Señor por los siglos de los siglos.
2ª.
El Señor es Dueño del poder y la grandeza. La gloria, el esplendor, y todo
cuanto existe en el Cielo y la tierra le pertenecen.
3ª.
Rey de todo. Fuente de toda riqueza y toda gloria.
4ª.
Señor del Universo, mantiene con firmeza -como un auriga, mantiene las riendas
en su mano- el poder y la fuerza.
El
verso responsorial afirma: Dios es el Señor del Universo.
Mc 6, 7-13
Empezamos
la tercera parte del gran primer bloque en que se divide el Evangelio según San
Marcos, que va hasta la Confesión de Pedro, cuando él declara a Jesús como
Mesías.
La parte dos terminaba con la admiración y desconcierto que causaba en Jesús la incredulidad de sus paisanos. Ahora, como ya ha sucedido, entre una parte y otra viene un sumario. En este caso es una brevísima frase. La parte b del verso 6: “Y recorría los pueblos aledaños enseñando”. Después de cada sumario, un envío: hoy, reúne a los doce y los envía.
Todo
entrenamiento requiere de una sesión práctica, donde el formando ponga en
aplicación lo que ha aprendido, y verifique que lo ha “captado”, que en verdad
es capaz de hacerlo, que no requiere tener a su instructor encima,
asistiéndolo, dirigiéndolo, supervisándolo, que ha alcanzado solvencia y
autonomía. Antes, en la fase previa, sólo los llamó, ahora los deja “ponerse a
prueba”, “comprobar sus fuerzas”.
Les
define unos límites para proceder dentro de unas pautas de austeridad, un
verdadero ejercicio de disponibilidad y pobreza. En fin, se trata de penetrar
hondamente en el espíritu pastoral de Jesús opuesto a la manera de los
espíritus inmundos que obran con elementos de “masificación” y de derroche, de
malgasto.
“Un
bastón y nada más” ¿Por qué llevar ῥάβδος [rhabdos]
“vara”, “báculo”, “bordón”, “bastón”? Nos parece que el bastón está en la línea
mosaica, su bastón se trasformó en serpiente y, cuando los magos de Faraón
hicieron otro tanto, la Serpiente en que se había trasformado el bastón de
Moisés las devoró a todas: como quien dice, era más poderosa que todos los
magos egipcios juntos. Este es -simbólicamente el “poder-autoridad”- que les
dio al enviarlo. (También David llevaba su báculo al enfrentar a Goliat). Este
bastón es el “cetro” de los pastores.
Este
envío nos habla de otros dos envíos que hace YHWH:
a) Envía a Abrahán
fuera de su tierra, donde estaba asentado, lo desarraiga, lo desacomoda.
b) Envía a Moisés a
hablar con Faraón para liberar a su pueblo; y le infunde tal ánimo que es capaz
de remontar todos sus melindres, inclusive sus temores por la dificultad al
hablar (tartamudez).
Este
bastón portátil hallará un asentamiento firme, inamovible en el que al
sembrarlo se convertirá en un árbol: el Árbol de la Cruz.
El
bastón es un signo profético que señala tanto el Árbol del Paraíso, como el
Árbol del Calvario. Y línea de equilibrio tendencial, es la realización de la
iglesia -por medio de la misión- despojada de toda arrogancia, de toda hambre
de dominación, de todo poder ambicioso, ni siquiera la ambición de tener la
razón, que es lo menos importante en el cumplimiento de una tarea que se basa
sobre el Amor.
Devanemos
el amor, en sus estambres constitutivos:
a) Predicar la
conversión
b) Expulsar los
demonios que trasplantan “encadenamientos”, “alienaciones”.
c) Ungir: la unción da
fuerza, pero es una fuerza suave, que fluye, que se desliza como la balerina.
d) ἐθεράπευον [eterapeuon] “Curar”, “sanar”,
“cuidar”, “atender”, “aliviar”, como se nota en la fonética está directamente
emparentado con θεραπεία [therapeia] “terapia”, “tratamiento”,
“curación, “cuidado”. Es toda una cultura del “cuidado”. No es un “contacto”
momentáneo, sino que establece una relación que es mucho más que el
“momento” de la “intervención”. Jesús no cura, sino que deja en la persona
“curada” un germen de acompañamiento, y su “Presencia” se vuelve “compañía”,
bien sea que esta una compañía viva en la memoria. Quizás por eso, los que
ganan la curación no pueden cesar de contarlo y proclamarlo porque vive en la
memoria y flamea en el corazón.
¡No
importa quien tenga la razón, siempre que mi “hermano” logre ver Su Luz y
amarlo!





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