jueves, 29 de octubre de 2026

Viernes de la Trigésima Semana del Tiempo Ordinario


Flp 1, 1-11

Filipos … fue famosa entre otras cosas, por la batalla librada en el año 42 a.C., entre Octavio y Antonio por una parte y Bruto y Casio por otra. El triunfador Octavio dio a la ciudad la categoría de colonia romana, por lo cual llegó a convertirse en una reproducción de la ciudad imperial de Roma.

José Miguel Miranda

«Las cartas de Pablo suelen ser escritos de circunstancias: responden a las preguntas de una comunidad o reacciona contra ciertos desordenes doctrinales o morales. Su carta a los filipenses (que reúne quizás tres misivas distintas) … la escribe sencillamente porque quiere a sus filipenses, los únicos de quienes aceptó una ayuda económica; tenía suficiente confianza en su amor desinteresado para saber que no estaría atado por esta ayuda». (Etienne Charpentier)

 

Esta es una Carta escrita desde la prisión y sin embargo está atravesada por un espíritu de alegría capaz de contagiarnos y que no puede pasar desapercibido. La alegría que conlleva la carta parece estar basada sobre el hondo compromiso que los filipenses mostraron desde el principio en el anuncio y difusión del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

 

Al norte de Macedonia estaba Filipo, llamada así por Filipo II de Macedonia, el papá de Alejandro Magno. Sus habitantes gozaban en plenitud de la calidad de ciudadanos romanos, portaban atuendo de romanos y hablaban latín. «Filipos gozaba de ciertos privilegios, en razón de que muchos de sus habitantes eran militares del Imperio Romano estacionados allí. Se supone, por tanto, que el culto al emperador era muy fuerte en esa ciudad, y coexistía con otras religiones venidas de Oriente, llamadas religiones mistéricas» (José Bortolini). Estaba a tal punto romanizada que no había suficientes judíos para que existiera allí una sinagoga. Eso podría explicar porque San Pablo no pone en esta Carta ninguna cita bíblica.

 

Pablo, Silvano y Timoteo había pasado por allí en el año 50, en el Segundo Viaje Paulino. Allí fundaron una comunidad cristiana de no judíos. La cautividad desde la cual San Pablo les escribió fue, muy probablemente la romana.

 

«El tema principal de esta epístola es la Iglesia como Cuerpo de Cristo» (José Miguel Miranda). La carta abre con un saludo corto y formal, según la estructura usual de San Pablo en sus cartas, donde se nombra el emisor y a los destinatarios. Los emisarios se nombran a sí mismos como simples esclavos del Señor, y se identifican como servidores del Evangelio; ni como apóstoles, ni como autores. Y los destinatarios son los agentes eclesiales reconocidos como responsables de la vida comunitaria. En esta perícopa, en el verso 1, los destinatarios son denominados ἁγίοις [hagios] “santos”, “sagrados”, “consagrados”, “puesto aparte”, “separado”; y anota que esto incluye a los diáconos y obispos que tiene la comunidad, uno pensaría que bajo el título de “santos”, incluye a todos los bautizados de esa comunidad. Debemos subrayar que el significado no es el mismo que tenemos en la actualidad, que corresponde a “canonizado”. Por otra parte, el diacono no era otra cosa que el ayudante del episkopo.

 

Conviene empezar a identificar esta responsabilidad con la figura obispal, nombre que deriva de la palabra griega “episkopos” que significa “supervisor”, en atención al servicio que se les había asignado, no por nombramiento sino por encargo, de estar al tanto de la organizada marcha de todos los asuntos y del cuidado de la grey. Su misión consistía en predicar, enseñar y prevenir el error y la desviación. La palabra “obispo” permanecerá en las gavetas, esperando su turno de presentación hasta el siglo II de la era cristiana. Aun cuando se le encuentra ya en las cartas pastorales su significado no llegará a empalmar con el actual, sino hasta muy posteriormente. Así que hablar de jerarquía, en aquel momento es casi un anacronismo. El cargo y el encargo lo eran más bien y solo desde la óptica práctica del servicio ministerial.

 

Extractamos aquí la oración paulina, que nos trae la perícopa, a favor de los Filipenses: “Y esto pido en oración, que su amor abunde cada vez más en conocimiento y en pleno discernimiento, para que sepan distinguir lo que es realmente importante; a fin de que, en el día de Cristo, sean puros e irreprochables, habiendo dado el fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. (Flp 1, 9-11)


Nuestro estudio de la Carta a los Filipenses ocupará -contando con la reflexión de hoy- siete lecciones, seguiremos mañana y retomaremos el martes, 2 de noviembre, hasta el sábado, 7 del mes entrante.

 

Sal 111(110), 1b-2. 3-4. 5-6

Este es un Salmo de la Alianza: «Este “salmo del ritual de la Alianza” servía en las ceremonias en que el pueblo se volvía a comprometer a observar la Ley y renovaba así su “Alianza” con Dios» (Noëll Quesson).

 

1)    Empieza con una acción de Gracias.

-Pero no agradece en soledad, sino que se une a todos los “rectos” para conformar la Asamblea de los Agradecidos.

-Reconoce la grandeza en las acciones Divinas

-E indica que esas acciones adornadas de grandeza están para ser “estudiadas”, claro que no todos se dedicaran a ese proceder de agradecimiento, sino tan solo los que tienen el corazón lleno de Amor por Dios.

 

2)    El primer producto del estudio agradecido consiste en leer el esplendor y la belleza plasmada en esas obras

-Surge el primer descubrimiento: La justicia Divina es perenne

-Las obras de Dios son prodigios inolvidables

-Porque el Señor es “piadoso” y es “clemente”.

 

3)    ¿En qué se traduce la clemencia y la piedad de Dios?

-Dios alimenta a los que tienen presente el Amor a Dios y no descuidan la Alianza que hay entre el, nuestro Rey, y nosotros, sus aliados

-El eñor ha hecho gala de su Poderío, sacando a relucir toda la fuerza de su Brazo favoreciéndonos

-Quitando a los incrédulos para darle a sus fieles.


El verso responsorial afirma la Grandeza de las Obras de Dios.

 

Lc 14; 1-6

Un acto de sincero amor está muy por encima de cualquier formalismo

Hemos venido subidos en la ola del rencor que se fue cocinando contra Jesús. Él es observado desde todos los ángulos, pero no con una mirada sedienta de encontrar la Revelación, sino de gente que quiere encontrar cualquier pretexto para acusar, condenar y llevar a Jesús a perder su vida: De los que se trata es de buscar el conducto más expedito para condenarlos a muerte. Y la cuestión tiene tal sesgo que juntan los factores y cavan hoyos a su paso para que Él meta el pie y caiga. Parecen cazadores en el bosque buscando como sacrificar cualquier animalito para convertir su cabeza en adornos para la pared de sus salones.


¿Cuál es el contexto espacial de hoy? La casa de uno de los principales fariseos. Llegó allí para comer, pero ellos lo aguardaban ya con el cepo dispuesto. Nos encontramos con la palabra παρατηρούμενοι [parateroumenoi] “Lo estaban espiando”; en realidad podemos descomponer esta palabra en dos: el prefijo παρα [para] “muy cercanamente”, y el afijo τηρέω [tereo] “observar con mucha atención”, juntando los dos, tenemos, en español, la palabra “acechando”. Lo que nos permite ver el corazón de estos asesinos agazapados.

 

¿Cuál era el cebo de la trampa? ¡Un hidrópico! ¿Estaba allí porque sí? o, ¿Había sido llevado para dar el motivo? ¡No se dice!

 

En cambio, Jesús toma la palabra inmediatamente y acompaña el interrogante que les propone con un gesto “provocador”, casi diríamos “desafiante”. Y, como si se tratara de un silogismo, y sin solución de continuidad, postula la “conclusión. Pongamos juntos los tres elementos y, apreciemos la belleza compasiva del argumento:

i)      Premisa mayor: “¿Es lícito curar los sábados, o no?

ii)     Premisa menor: “Tocando al enfermo, lo curo y lo despidió”

iii)   Conclusión: ¿A quien de ustedes se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado (Día de reposo)?

 

Hay algo que flota ahí, en el ambiente, aun cuando no se dice: y es que quizás, en el corazón de alguno de ellos estaría el argumento: “Asno o buey forman parte del patrimonio, pero ¿un hidrópico, que puede importar?

 

Ya van tres veces que Jesús se pasa por la faja el Sabbat:

1.    Jesús, en la sinagoga, sana a un hombre que tenía seca la mano derecha (Mc 3, 1-6)

2.    Jesús sana a una mujer encorvada, también un sábado, Lc 13. 10-17.

3.    Y, el de hoy, sanación del hidrópico en sábado.

 

La cuestión es muy difícil, verdaderamente peliaguda, porque la gente idolatra vivir en la jaula de sus “excusas” jurídicamente respaldadas, para aquel judaísmo el hombre siempre estaba después del “legalismo”, la postergación del ser humano predominaba. El cuestionamiento es urticante. Jesús quiere desamordazar la religión que crea diques e impone talanqueras para hacer que el ser humano quede relegado y dar pretexto para desentendernos de la obligación moral que nos asiste de darle -ante todo- solución al dolor humano, de inmediato. No permitamos que el leguleyismo o el qué-dirán nos detengan. Solamente es lo suficientemente libre para saltarse los formalismos legales aquel que tenga Entrañas de Misericordia.


¿Qué religión es esa que tiene pretextos para ser inhumana? ¡Es una religión que Jesús tiene que venir a corregir personalmente!

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