lunes, 19 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario


Ef 2, 12-22

Este tramo del capítulo segundo en la Carta a los Efesios, recibe por títulos “Todos formamos un solo pueblo”. Empieza referenciando el pasado de la comunidad de Éfeso, formada por personas provenientes de la gentilidad, muestra como si fuera un “salto”, lo que introduce en la historia la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestro Señor, menciona -entonces- la circuncisión- como ruta de adhesión a la fe judaica, como ya se ha dicho, esta tiene un carácter sacrificial -con el derramamiento de sangre- ese sangrado da la tinta para sellar la Alianza, quedando bajo ella, comprometidos al cumplimiento de la extensa legalidad y juridicidad mosaica.  A partir del verso 14, entramos en un himno, que probablemente -y esto pasa y es origen de todos los himnos que incorpora San Pablo: habían sido compuestos para ser proclamados en la liturgia Eucarística, constituían el kerygma que daba piso a la doctrina cristiana, y enunciaba las verdades de fe que ellos aceptaban. Así se fue configurando una “doctrina”, es esta la que Pablo ha recibido y que él se considera “enviado” a llevar por doquier. En el preámbulo San Pablo denuncia que ellos, los judíos, vivían “desesperanzados” porque carecían de la Promesa.

 

Pablo, con este himno, va desgranando lo que Cristo aporta:

a)    Él mismo, es personificación de la Paz (Shalom)

b)    Hizo -de judíos y gentiles- un solo pueblo

c)    Derribó el muro que los separaba

d)    Anulando mandamientos y decretos que ellos pretendían con la circuncisión estampar en su carne

e)    Sacando un solo cuerpo, el del καινὸν ἄνθρωπον [kainon anthropon] Hombre Nuevo (en el Cuerpo Místico se acogen los conversos del paganismo sin discriminaciones), que era reconciliación de todos con Dios; y, tomándonos en calidad de hijos adoptivos.

f)     Para ello se hizo elevar en la Cruz para ofrecer el Nuevo Sacrificio, el de “perfecta y plena validez Reconciliadora”. Dándonos “libre acceso al Padre”.

Este proceso Redentor nos da título filial para declararlo “Padre nuestro”, quedando, así, derribado el muro que nos separaba. Esta separación se expresaba en la estructura arquitectónica del Templo que tenía un patio de los israelitas y un patio de la gentilidad separados por, la así denominada, “Puerta de Nicanor”, judío rico que había donado este portón, en el Segundo Templo.

Los versos 19-22 sacan las conclusiones que de esto se derivan:

      i.        Los paganos ya no son tenidos por extranjeros

     ii.        Comparten con el “pueblo santo” igualdad de derechos, se retoma el tema de la “ecualización”.

    iii.        Se ha formado un “edificio” fundamentado en los profetas y los apóstoles, que son encabezados por la ἀκρογωνιαίου [acrogoniaiou] “Piedra Angular”, la “piedra esquinera”: Jesucristo.

   iv.        El pueblo de Dios no es una obra hecha y finalizada de una vez por todas, sino un Proyecto siempre en avance, esto lo expresa Pablo diciendo que está αὔξει [auxei] “en crecimiento” hasta que llegue a ser un “Templo Santo en el Señor”.

     v.        Así, en este bloque de conclusiones, San Pablo consigna el planteamiento del Templo como un Templo Vivo, construido con Piedras Vivas, y que tiene por “arquitecto” al Espíritu Santo.

 

Sal 85(84), 9abc y 10. 11-12. 13-14

Este es un salmo oracular. En este oráculo, el contenido esencial, es la Paz. Paz, en este caso es la ausencia de confusión, no la cancelación de las dificultades, no la paz del campo santo; sino, la certeza y claridad luminosa que, si vamos por los Caminos del Señor, vamos Bien, a pesar de los ventarrones, y el mar picado, nuestro curso va iluminado por la Luz Divina.

 

¿Cómo alcanzar esa seguridad preclara? Escuchando con atención la Voz del Señor, Él la Declara, la Establece y la Enciende, en nosotros. Dejemos que la Claridad que Él nos da, nos sostenga y guie nuestros pasos.

 

Diariamente vemos cómo se siembra la confusión, se han puesto a pensar, ¿por qué hay gente que le gasta tanto tiempo y tanto esfuerzo a difundir la confusión? Damos como ejemplo que, si el Papa dice que un día cuando era estudiante, compró un dulce o una galleta en una tiendita de Chicago, sin lugar a dudas que al otro día alguien anunciará que se ha cumplido la Profecía de Juancho Polo Valencia, que, si un niño que luego llegaba a Papa había probado las galletas chicagüenses, significaba que el mundo ya se iba a acabar Y mucho cuidado, porque luego nos dan el argumento demostrativo. ¿No ven que el Apocalipsis comienza diciendo: “Esta es la Revelación”, entonces, nos dicen ellos, ¡ahí está la prueba!


Otro día, Papa León XIV cuenta que sus zapatos favoritos se los había comprado su Señora madre, doña Mildred Agnes Martínez, y no pasa una hora para que salgan todos a declarar. Papa León XIV es el último Papa, porque él está acabando con la Iglesia, un buen Papa tiene que preferir los zapatos que le compró el papá y no la mamá. Y sí alguien no cree que esto es cierto, vayan al capítulo 23 del Apocalipsis, verso 26, (porque estamos en el año 2026), y lean que allí dice la palabra παπούτσια [papoútsia] que en griego significa “zapatos”. (Para que nadie vaya a quedarse preocupado, el Apocalipsis sólo tiene 22 capítulos así que no hay que angustiarse e ir a mirar en la Biblia la caprichosa cita de los zapatos papales).

 

Recordaran ustedes que, Papa Francisco había propuesto que, llegado su fallecimiento, lo pusieran en un ataúd, como a cualquier cristiano y no en exhibición sobre unos cojines, como a muñeco de juguetería, que así se usaba antes. Y, muchos “doctos estudiosos” han señalado eso como el principio del fin. (Nos dirán que en el capítulo 24 del Apocalipsis dice “sin cojines no hay más papa” y esta papa es la exquisita “papita chorreada” delicioso plato tradicional de nuestra gastronomía cundi-boyacense, y esa sería la más triste pena para nuestro paladar. Doloroso oráculo para el final de los tiempos. ¿Qué va a ser de nosotros sin papita chorreada?).

 

A los fieles ingenuos se les recomendaba escribirle una carta al Papa y pedirle que pasará a mejor vida para que se cumpla la feliz profecía de que las Puertas del Cielo se vuelvan a abrir, porque quedaron herméticamente selladas el día en que él se negó a llevar zapatos rojos, como en toda la historia se había hecho; ahora hacen circular sus críticas porque León XIV le siguió la idea.

 

A los no tan ingenuos, sino roedores de la fe, de los “débiles en la fe”, les encarecemos que dejen de hacer daño usando su premisa de “divide y vencerás”, (que tiene un corolario: “confunde y demolerás rápidamente”). Pasan y pasan los años y sus escatológicos augurios no llegan a nada. Se ha desenmascarado la perversa intención que tienen, pero no se ha llegado a más. El fin llegará, no cuando a la ralea de pseudo-profétas se les ocurra, ¡Llegará! ¡No le quemen tanto vano acelerante! Por mucho que ustedes anuncien su cercanía, va a llegar, cuando sea llegada la hora. Y, tranquilos, ya sabemos que esa es su estrategia para ganar adeptos con los “confusos” que abundan y se dejan engatusar.

 

En vez de andar en tanto “profetismo” afiebrado, más bien oremos por la recuperación plena de su salud después de la reciente intervención quirúrgica.

 

Escuchemos cómo concluye este salmo oracular: “El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La Justicia marchará ante Él, y sus pasos señalaran el Camino”. No dudemos de Su Promesa. Y ¿cuál es su promesa actualizada hoy? ¡La paz!

 

Nos hemos encarnizado en pedir y generar muerte; y, en cambio, no le hemos insistido en lo que él nos ofrece y nos quiere dar: Contra todos los empecinados verdugos, el Señor nos ha ofrecido -aún más- nos ha garantizado la Paz. ¡Esa sí, pidámosela con la mayor vehemencia posible!

 

Lc 12, 35-38

Dios hace participes de su Gloria a los que velan

Esta claridad que nos ilumina el “camino” como una tea en alto para que podemos caminar sin dubitaciones el Camino de la Vida -porque somos Homo Viator- un proyecto en marcha, un Reino en construcción, que requiere el auxilio de la Lámpara en Alto, para caminar seguros; recibe en esta perícopa otro nombre, para presentárnosla desde otra perspectiva metafórica: “Ceñida la cintura”. Cuando uno está vestido, listo para salir a la calle, tiene el cinturón -que ciñe la cintura- bien puesto y abrochado con la hebilla. En otras culturas que no usaban cinturón, la cintura se ceñía con un cordón atado a la cintura, para garantizar que la ropa se mantendría en su lugar. En fin, cintura ceñida indica, completamente listos. ¡Listos para emprender el viaje!


 Para el viaje al país de la vida eterna ¿cómo debemos estar? Con la cintura bien ceñida, que no nos vaya a coger de sorpresa en “paños menores”.

 

Se nos pide que “velemos”; el verbo griego que se usa es γρηγορέω [gregoreo] “permanecer despierto”, que por extensión significa “estar alerta”, “permanecer vigilantes”.

En lugares sin alumbrado público, se requería -para salir en la noche- algún tipo de linterna que nos proporcionara condiciones para andar en lo oscuro. Una antorcha, por ejemplo, era bien útil. Pero, para encender una antorcha, no basta correr un segundo a oprimir un botón. Se debe tener la λύχνοι [lychnoi] “antorcha”, “luz portátil” encendida, lo que no se logra de inmediato, hay que sostenerla expuesta el fuego por un rato, hasta que este se afianza en el leño. Esta antorcha está figurada en la Pascua por el Cirio Pascual, y dentro del Sacramento del Bautismo (y también en el Sacramento de la Confirmación), por el cirio que llevamos para recoger la Luz de Cristo y llevarla con nosotros.

 

Para viajar, máximo si era de noche, así fuera un corto viaje, dentro de una misma población, había que disponerse para la salida cumpliendo los dos requisitos: la ropa puesta y asegurada y la antorcha -o como mínimo, la lámpara de mano- debidamente encendida, que no se fuera a apagar por el camino.

 

Para “salir” a enfrentar la realidad, en nuestra sociedad postmoderna, sí que debemos tomar las medidas precisas para salir. Como se hace con un hijo, se le prepara lo mejor posible para que enfrente la vida y los engaños que sin duda lo rodearan y lo presionaran para aprovecharse de él.

 

Así que todos debemos disponernos. Cuando salgamos a la ruta, bienaventurados si estamos bien pertrechados contra tanta tiniebla que se disemina por ahí.

 

La vida cristiana nos exige “vigilancia”, estar en “estado de alerta”. Establecer turnos de guardia, por velas: En la primera vela, uno hace la guardia. Al encender la segunda vela, antes que se acabe la primera, el segundo turno de guardia tomará su posta y así sucesivamente. Esperando a que el Señor llegue.


¿En qué consistirá el premio de la bienaventuranza? Al que esté vigilante lo hará sentar a la Mesa y Él personalmente lo atenderá. Puede que sea tarde y llegue en la tercera vela, no importa, asegurémonos que nos encontrará alertas y bien prevenidos. Es el concepto teológico de “Velar”, o sea, de aguardar vigilantes con la vela encendida.

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