Job
42, 1-3. 5-6. 12-17
“… ese sufrimiento era
bien real, pero no era un mal, era la escuela del amor, la puerta de la
felicidad”
P. Dumoulin
Si
uno pasa directo a los versos 12-17, no aprende nada y no ha entendido nada. Es
como decirle a Dios, “Tu esfuerzo con este Libro es vano (vanidad de Vanidades)
si por nosotros fuera, retíralo del canon”. Es indispensable que enfrentemos
los versos del 7-11 para ver la realidad del Mensaje. De otro modo quedamos en
las mismas y no vemos el profundo cuestionamiento que le hace Dios a nuestra
teoría “retributiva” representada aquí por los tres amigos (+ Elihú), que, por
otra parte, son los embajadores del fariseísmo recalcitrante.
«El
tema central de Job no es el problema del mal ni del sufrimiento del hombre
justo e inocente, y mucho menos el de la “paciencia de Job”. El autor de ese
drama apasionante discute la propia concepción de la religión. Israel concebía
la relación con Dios basada en la doctrina de la retribución: Dios devuelve el
bien con el bien y el mal con el mal. Al justo Dios concede salud, prosperidad
y felicidad; al injusto, Dios manda desgracias y sufrimientos. Además, esto
lleva a una religión de comercio, donde el hombre piensa poder asegurar la
propia vida y dictar normas para el mismo Dios. Contra esto, el autor muestra
que la religión verdadera es misterio de gracia y gratuidad: el hombre se
entrega libre y gratuitamente a Dios; Dios misterio insondable, se vuelve al
hombre gratuitamente, a fin de establecer con él una relación de vida.»
(Storniolo, Martins Balancin)
Cuando
Job hace su examen de consciencia, “Para cada falta, Job pide la sentencia
divina; si actué mal, ¡que se me devuelva! Ni por un momento pide la
misericordia de Dios: Job es un perfecto ejemplo del “fariseísmo” que inutiliza
el amor de Dios. ¡al creerse justo, no necesita de la misericordia (Pierre
Dumoulin).
Esta
noveleta tiene por función, dilucidar mucho del misterio de la cruz y la
crucifixión que, si no se entiende bien, se termina por decodificar como el
Mesías fracasado, o, por lo menos como el “Sacrificio Innecesario”. Y es que el
verdadero conocimiento de Dios es experiencia, aun cuando la teoría es un
ejercicio lógico-teológico, para penetrar en el duro cascote que recubre la
realidad, y que sin este taladro se queda hermética.
Job
era totalmente refractario para permitirle a Dios que hiciera uso de su
libérrima libertad (como reza la muletilla: “valga la redundancia”); para él,
Dios está obligado a respetar las reglas de juego como él las entiende. El
concluir el relato, el sigue en las mismas, no ha entendido y no ha avanzado
nada; sin embargo, ha experimentado el “sufrimiento”, y este padecimiento
intensísimo lo ha permeado, ha sido como un ácido bañando su dureza. No
necesita entender, pero Dios lo ha “saturado” de lágrimas, y ahora hay un nuevo
significado y una nueva opción: Bienaventurados los que lloran, porque serán
consolados”.
Precisamente
en los versos 7-11, Dios desautoriza a los “doctores de la ley” que vinieron
con su camuflaje de “amigos”, a empollar reproches con el atuendo de
exaltaciones para Dios; y respalda a Job: «Al dar la razón a Job, Dios echa por
tierra la espiritualidad oficial de entonces. La “sabiduría” de los cuatro
compañeros de Job no sirve para consolar a nadie en su dolor. Ni menos para
comprender o defender a Dios (42,7). Los que pretendían ser los defensores de
Dios, resulta que son los condenados por Dios. Y necesitan la mediación de Job
para que Dios no tenga en cuenta su necia “temeridad”. Estos capítulos finales
nos hablan del encuentro de dos libertades. La libertad de Job se expresa en su
queja y rebelión; la libertad de Dios se manifiesta en la gratuidad de su Amor
que no se deja encerraren un sistema de premios y castigos… revelando que, en
el fundamento del mundo, Él colocó la gratuidad de su amor, y que sólo así se
comprende el sentido de su Justicia (J.L Caravias s.j,)».
«El
milagro del Libro está precisamente en el hecho de que Job no da un paso para
huir hacia un Dios mejor, sino que permanece en pleno campo de tiro, bajo el
tiro de la cólera divina, y es allí donde, sin moverse, en el corazón de la
noche, desde lo profundo del abismo, Job que Dios trata como enemigo, apela no
a cualquier instancia superior, no al Dios de sus amigos, sino a este mismo
Dios que lo oprime. Job se refugia junto a aquel a quien acusa; se confía al
Dios que le ha desilusionado y desesperado. Job confiesa su esperanza y toma
por defensor al Dios que lo llama a juicio, por libertador a aquel que lo
aprisiona, por amigo a su enemigo mortal. (R de Pury)
En
este Libro, delimitado por los alcances de la revelación en la primera Alianza,
para mostrar que la Justicia Divina se cumple, pone el final feliz, aquí en
esta vida: “se doblan las riquezas, … Las hijas son designadas con nombres que
describen la belleza del alma de Job: “Paloma”, evoca la pureza y el gemido del
alma en oración, “Casia” es el nombre de un perfume, el de la sabiduría que
proviene de la fidelidad a la ley de Dios; “Cuerno de afeites” es también una
imagen del alma, receptáculo de belleza ofrecida a Dios. Los ciento cuarenta
años de vida que Dios acuerda a Job significan una nueva plenitud de vida, pero
no la eternidad: la mitad de siete generaciones (Pierre Dumoulin).
Esta
fe de Job, -recordemos ¿qué significa este nombre? “el que llora”, “el que
resiste en la prueba”- (y en consecuencia el Mensaje del Libro entero), sólo se
entiende dando el salto al Corazón de Jesús. Jesús es el Maestro de la
Verdadera Sabiduría, que no vive a la espera de recibir retribuciones. «¿Cómo
reacciona Jesús en esta lucha por la obediencia de la mente, cuya solución para
muchos es huir, retirarse, abandonarlo todo? Reacciona manteniéndose fiel. Pide
a los discípulos que se mantengan, que no huyan, que no cambien de situación,
sino que hagan frente a la lucha. Luego, adelantándose un poco, se postra en
tierra e implora que, si es posible, pase de Él aquella hora. Es muy bello que
Jesús afronte directamente el mal, pero a partir de su propia debilidad: “que
pase de Él esa hora”. Su lucha es con el Padre, y Él quiere a toda costa que
triunfe la Voluntad del Padre. (C.M. Martini)».
«Todos
sus pasos son contados y, en el colmo de la miseria, Él camina como vencedor,
como un hijo de rey… El camino de la cruz y el de Job son el camino de la
Perfección. Para ser “perfecto”, es decir, completamente realizado y entregado,
el justo debe recorrerlo; con el fin de que, al no vivir más para sí mismo, se
vuelva fuente de salvación para los demás. Aunque era Hijo, aprendió en su
Pasión lo que es obedecer. Y ahora, llegado a su perfección, es fuente de
salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hb 5, 8-9)» (P. Dumoulin).
«El
libro es una crítica al mercantilismo que obliga a Dios. Dios no está obligado
a obedecer a las concepciones teológicas que el hombre tiene de Él, por mejores
que sean… Tampoco está obligado a satisfacer los deseos del hombre, aunque sean
los de un justo… Dios es el misterio del amor y de la vida, que crea y camina
con el hombre, ayudándole a conquistar la vida (Storniolo, Martins Balancin)».
Así hemos llegado al final de nuestra aproximación al Libro de Job y a los tres Libros Sapienciales que se leen en el ciclo par.
Sal
119(118), 66. 71. 91. 125. 130
El
salmista se hace un interrogante, él como un joven, consciente de su
inexperiencia y de sus limitaciones como persona, se pregunta cómo hacer para
no errar el derrotero, para andar por las sendas honestas de la rectitud y la
piedad, para ir siempre por el camino de los justos.
Encuentra
un norte que lo orientará: la Voluntad de Dios: quiere hacer conforme a Él le
complace, quiere dejarse guiar por la “Voluntad divina”, y se entrega dócil a
Sus Manos.
Pero
no se queda estático, indolente, perezoso, holgazán. No, todo lo contrario: se aplica,
“se pone las pilas”, se remanga y se compromete: practica la meditación de sus
preceptos, es decir, pone todo de su parte para captar esa Voluntad e
identificarla. No se duerme esperando que le caiga del Cielo.
Le
pide a YHWH que le dé la Inteligencia, pero no, pero él -a su vez- pone de su
parte y Lee, más aún, estudia la Palabra, porque es a través de este medio como
Dios le puede presentar y entregar lo que pide “la Comprensión”, “la agudeza”
indispensable.
De
los 176 versículos se toman 5, para componer la perícopa que se proclama hoy:
Qué
es lo primero que pide aquí:
-La
Bondad y la Prudencia de Dios
-Cae
en la cuenta que el sufrimiento es una vía de “aprendizaje”
-Advierte
que en los mandamientos que nos ha dado Dios hay Justicia de la Verdadera; y
entonces, recibe el sufrimiento con sincera aceptación.
-Todo
lo que persiste es porque se armoniza con la Ley de Dios: él se declara siervo
de Dios y está dispuesto a acatar, poniéndose al servicio del Señor.
-La
única manera de vencer la ignorancia es recibir la explicación que Dios nos da
de sus Verdades; es la única explicación que verdaderamente “ilumina”.
En
la antífona se reconoce que Dios es como la Linterna de nuestra Existencia;
sólo su Luz hace brillar la Vida de los Siervos de YHWH.
Lc
10, 17-24
Los
72 fueron enviados, no se nos dice nada acerca de cuanto se demoraron en
volver, cuanto duró la “misión”, no se recogen anécdotas de la salida, no hay
una evaluación metódica y sistemática de la “salida”, no se catalogan las
dificultades enfrentadas, no se hace el elenco de las ciudades y poblaciones
visitadas.
¿Cuál es la manera de evaluar? Según lo que San Lucas nos presenta, la Misión se sopesa a partir del estado de ánimo que traen los “Enviados”. Volvieron “con alegría”. ¿Qué les daba alegría? Que hasta los demonios tenían que obedecerles. Estaban radiantes porque sentían vibrar en ellos el poder con el que Jesús los había dotado para afrontar el envío. Con este mismo Poder, hasta Satanás estaba destinado a la derrota. Y Jesús no les niega que les haya dado esas facultades. Pero, lo que les dice, no es que sea eso lo que les ha de llenar el corazón.
¿Qué
es lo verdaderamente valioso? ¡Que sus nombres están inscritos en el Cielo!
Nosotros sacamos de ahí que los aplausos aquí, en la tierra, son provisionales,
en otro momento les darán la espalda, los rechazaran y hasta llegaran al colmo
de perseguirlos, maltratarlos y hasta quitarles la vida. Lo que vale, es que la
Corona que Jesús les da, nunca se marchitará. La corona que se les da es de
hojas perennes, y -como todo lo que se escribe en el Cielo- no se Escriba para
el momento, se escribe para la perdurabilidad. Los nombres de los que han
aceptado el Envío están escritos en el Libro de la Vida, para toda la
Eternidad.
Hay
otras dos informaciones fulgurantes para los que han sido Enviados.
1) Poder aceptar a
Jesús como el “Enviado de Dios Padre” depende de que el Hijo nos lo manifieste:
Hay muchos que anhelan recibir esta “Revelación”, pero Jesús no se las da.
2) Y nadie puede
llegar al Padre sino, precisamente por la Mediación del Hijo.
Hay
un tercer elemento que Jesús les entrega:
3) Dios señaló un
momento histórico para revelarse, personas muy concretas recibieron en ese
momento el Mensaje; otras generaciones tendrán que saberlo recibir por la mediación
Eclesial, no lo recibirán directamente sino por interpuestas manos y bocas.
Pese a lo cual, podemos -con todas las letras- dar Gracias porque el Señor nos
dejó por la línea Apostólica el Cofre de la Herencia para que podemos
recibirlo, ya no por vía directa, sino de las manos de sus Emisarios.
«No
debemos gloriarnos como si fuéramos nosotros los protagonistas: el protagonista
es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el Único
Protagonista. Nuestra alegría es solo esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que
la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio». (Papa Francisco)
No nos alegramos del Poder -que no es nuestro, sino de Jesús- y cantemos Alabanzas porque nos ha llamado, a heredar por el canal de su Alianza inquebrantable. Que no seamos como los amigos de Job que querían ponerle códigos reglamentarios a Dios para que se hiciera, no Su Santa Voluntad, sino nuestro caprichoso antojo y se manifestara a la hora y lugar que ellos consideraran oportuno.





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