Ez 18, 21-28
La
perícopa de Ezequiel reflexiona ciertas situaciones, dos en realidad, afirmando
que siempre tenemos ante nosotros la disyuntiva:
1. Si el malvado se
convierte.
2. Si el inocente se
aleja y quebranta su inocencia.
Para
el primero, recibirá oportunidad y podrá salvarse, con tal que practique el
derecho y la justicia. Aparece el gran eslogan de Dios: “Acaso quiero yo la
muerte del malvado -oráculo del Señor Dios-
y no que se convierta de su conducta y viva” (Ez 18, 23). A este
respecto se suele decir que Dios tiene pésima memoria contra el malvado.
Para
el segundo, en cambio, como se convirtió en un malvado, tendrá paga de malvado.
Y, su pasado de justicia quedará totalmente sepultado en el pasado. Leemos en
esta profecía que, muchos acusan a Dios por esta clase de justicia, ¡cómo es
posible que todo lo bueno que se hizo en el pasado no conduzca a la salvación
del que últimamente falló? ¡No hay tal! Por mucho que alguien haya sido justo
en el pasado, podemos pensar que lo que hizo con la mano, lo borro con el codo,
porque -cronológicamente hablando- lo más lejano es lo que Dios olvida, lo más
reciente será lo que se tome en cuenta.
Dios
juzgará según la honesta conversión del corazón. Si -en definitiva-, se opta
por el mal, muerte recibirá, pero si la opción definitiva apunta al bien, se
salvará la vida.
No
sirve hacer una opción si no se persevera en ella. Siempre tendremos que estar
alertas y vigilantes para que nuestra conversión-positiva prevalezca y oriente
nuestra existencia. Es como quien dice, la opción por Dios ha de ser rotunda
para que sea ella la que determine nuestro destino. No podemos jugar a dos
bandos porque esa no es una opción sincera sino un juego burlón con .la
Misericordia que Dios ofrece a Manos Llenas: Un juego de traición que negocia
por debajo de la mesa la vida del Maestro por 30 monedas de plata.
Este
enfoque corrige el que predominaba antes que hacía responsables a los hijos y
nietos en la línea de descendencia, por generaciones, haciendo que recayera
sobre ellos la responsabilidad de las faltas cometidas por su antepasado.
Ahora, según este enfoque que nos presenta hoy Ezequiel, la responsabilidad es
personalizada.
La
Misericordia del Señor está patente en su Voluntad de salvación, inclusive para
el malvado.
Sal
130(129), 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8
Este
Salmo de Suplica tiene un valor muy significativo porque en el judaísmo estaban
los rituales penitenciales en los que todo el pueblo se unía a su celebración.
En particular para el Yom Kipur la fiesta más sagrada para este pueblo. Tiene
tres componentes: Oración, Caridad y Conversión.
Para
el judaísmo, en los días del Año Nuevo (Rosh Hashsanah) Dios anota en sus tres
Libros: A los justos, en el primero, a los impíos en el segundo y a los
indefinidos en el tercero. En el Día de la Expiación, los Libros se cierran y
así quedaran hasta el año siguiente.
El
ritual penitencial -como lo hemos dicho en otra parte- incluye:
a) La prohibición de trabajar,
b) El compromiso de ayunar,
c) La abstinencia de
limpiarse y lavarse, y evitar toda suciedad
d) Abstenerse de relaciones
sexuales,
e) Abstenerse de
llevar calzado de cuero
f) Abstenerse de perfumes
o cremas.
El
Salmo clama perdón basado en la confianza y depositándose en la entera
esperanza. Es un verdadero grito, pero no se señala de qué pecado se trata.
Pero la Misericordia no se pone en duda. El clamor es plenitud de confianza.
1) Se ruega a Dios que
escuche el clamor de su Pueblo
2) Confianza en que
Dios no es dios-de-escrúpulos, que tiene su “base de datos” para registrar minuciosamente
los pecados; si así fuera, estaríamos perdidos.
3) Como un soldado que
vigila toda la noche y es acosado por la oscuridad y el lento correr de los
minutos, espera la llegada del nuevo día, así esperamos a Dios que llegue.
4) Los desvelos del
Señor -en su Misericordia- son el borrador de todos nuestros delitos, su
Redención es abundante. La fuerza de su Perdón, incontenible.
En
el verso responsorial nos asombramos de la Mala-Memoria-Divina, Él se lo
propone y olvida todas las ofensas. ¡Dichosos de nosotros! ¡Acojámonos a su
Perdón Redentor!
Mt
20-26
También la ira, el
insulto y el desprecio son formas de matar.
Entramos en el terreno de los “han oído que se dijo”. Jesús ha enunciado que no viene a derogar la Ley, sino a que la vivamos a plenitud, a fondo, con intenso compromiso y total responsabilidad. Pero siempre hemos vivido -de esto no se puede excusar al judaísmo- en la línea de las “interpretaciones”, y “las disminuciones” para que la Ley se vaya haciendo cada vez más laxa, hasta reducirla a una elasticidad cómplice. Nosotros vivimos el caso de las llamadas “mentiras piadosas” o “mentiras blancas”. No porque les acomodemos ese eufemismo dejan de ser “mentiras”, y, en todo caso, pecados.
Se
dijo que no podemos matar, pero hay otras acciones que -en la práctica- son
homicidios:
a) Jesús señala cuando
uno se deja llevar de la ira y monta en cólera.
b) Cuando uno
irrespeta a la persona tratándola de “imbécil”, evidentemente también, todos
sus sinónimos: menso, caído del zarzo, estúpido,
cretino, idiota, bobo, tonto, necio, mentecato, y otros que no nos sabemos…
Pero hay otra palabra más grave: “necio” (ῥακά
[raca] que es una palabra aramea, transliterada, que significa aproximadamente
“cabeza hueca”, o sea “sin 5 centavos de seso”; en sentido religioso es un
“impío”, lo que es negarle la opción de ser tratado como hijo del Padre),
porque afecta hondamente la autoestima, implica una tal cortedad de
inteligencia que hace a alguien mucho menos que humano: un palurdo, ignorante
zoquete, burro, zopenco, inepto, majadero. Y estas expresiones a todos nos
afectan hondamente, nos hacen profundo daño y obstruyen la fraternidad entre
las personas. Por eso se hace merecedor de una sanción eterna, porque el daño
bloquea de por vida a las personas, en particular a l@s niñ@s.
c) Cuando uno, muy
devoto y muy piadoso, viene ante el Altar a presentar su ofrenda y el Santo
Sacrificio, si descubre que tiene pendientes con alguien, para dignificar la
ofrenda y reconciliarse con el Señor, vaya y ponga en práctica el mandamiento
del amor fraterno, y, entonces, una vez reconciliado, podrá regresar y
continuar sus rituales y plegarias.
d) Si alguien está
pleiteando con uno, hay que buscar la paz y la armonía previniendo que el
conflicto se exaspere y tenga un desenlace irreparable.
“Mientras
vas con él por el camino”, se usa aquí para recordarnos que una perfección de
la sinodalidad es reconocerle al otro el status de “hijo de Dios” para que no
pierdas tú lo que le niegas a tu prójimo; que es prójimo -no porque piense o
crea lo mismo que tú-; lo es por estar en el Libro de la Vida, y Dios es “Dios
Viviente”, porque Él a todos nos anima, ¿Quiénes somos para negar lo que Él da?
La Ley para ser llevada a su plenitud no basta con atesorarla en nuestra mente, hay que llevarla al corazón con los mismos ecos con los que resuena en las entrañas de YHWH. Lo que hace Jesús aquí es traducírnosla para ponerla a nuestro alcance. Ahora vemos, no basta el apegado rigor de la letra, hay que dar el salto a la ternura del Amor para entender el respeto a la Vida.
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