viernes, 9 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

 

Gl 3, 22-29

La ecualización

Pablo propone que la utopía de la unidad en Cristo conduzca a la comunidad a vivir en igualdad y libertad.

Joel Antonio Ferreira

 

A manera de preámbulo, vamos a incluir el verso 21, el anterior a la perícopa que hoy se proclama. Allí se dice: “¿Según esto, ¿la Ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Si se nos hubiera dado una Ley capaz de dar vida, en ese caso la justicia vendría realmente de la Ley.”

 

Estamos, actualmente, navegando en la sección de la Carta (3,1 - 5,12) donde se nos muestra cómo la fe tiene una fuerza liberadora, y al haberla recibido, inauguramos un nuevo marco relacional de la Amistad de Dios con los seres humanos y entre nosotros. Aquí nos vamos a encontrar con el corazón de la carta: Un par de versículos que encierran la esencia y la pirósfera de toda la Epístola.

 

En la que llamamos, en nuestro mapa de la Carta, la Primera Sección, se nos muestra el estado de cosas en las que se encontraban en aquel momento: “Jesucristo se entregó a la muerte por nuestros pecados, para librarnos del estado perverso actual del mundo” (1, 4). En la médula de la carta se nos presentará, en cambio, un “deber ser”, un polo direccional, un telos, hacia el que marcharemos en lo sucesivo, y que cambiará el estado de cosas, del “estado perverso”, hacia un estado relacional “cristiano”:

 

Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Todos ustedes fueron bautizados en Cristo y se revistieron de Cristo. Ya no hay diferencia entre quien es judío y quien es griego, entre quien es esclavo y quien hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son por lo tanto los descendientes de Abrahán; ustedes son los herederos en los que se cumplen las promesas de Dios.

Gl 3, 26-29

 

¿Cómo estábamos antes? ἐφρουρούμεθα [efrouroumetha] ¡Éramos prisioneros! Y, ¿qué le pone fin a esa cautividad? ¡la llegada de la fe! (3, 23) ¡estábamos enjaulados y es Jesús, con su Acto Redentor, Él que nos trajo a las condiciones de libertad; pero libertad en la fe!

 

La palabra pedagogo, que significa “el que lleva un niño”, “que lo conduce”, “que lo guía”, se refería a un esclavo que llevaba al niño de su casa paterna a donde su educador, o, más adelante, a la escuela. Pero hay un detalle más y de gran alcance: Siempre resaltamos en la definición de “pedagogo” el hecho de ser un esclavo que llevaba al niño a estudiar. Pero descuidamos una atribución legal que le estaba asignada: Cuando un niño era menor de 16 años, su albacea era el pedagogo que velaba por sus bienes.

 

Aquí San Pablo dice que la Ley era un pedagogo, provisional, puesto que desempeñaba este rol mientras era el momento de la llegada de Cristo. Pero, y lo explica muy claramente, ya habiendo llegado Él, es la fe la que nos justifica.

 

Con el bautismo, quedamos revestidos de Cristo, el pedagogo es ahora inútil, “Pues todos son hijos de Dios por la fe en Cristo. La Promesa se cumple. Pero para que su cumplimiento se dé, tenemos que tomar a nuestro cargo toda la responsabilidad que eso implica.

 

En Gl 3, 26-29, se consignas las dos condiciones y responsabilidades para que podamos considerarnos hijos adoptivos legalmente reconocibles:

-La fe

-La incorporación -como miembros- en el Cuerpo Místico de Cristo.

 

Se puede condensar esta consigna paulina en dos puntos nucleares para el apóstol de los gentiles:

-       Apertura universal al Evangelio (según la predicación de San Pablo y contra la propuesta de los judaizantes).

-       La base de todo el edificio es la fe en Cristo


Uno se convierte a Jesucristo en el Bautismo. Esta conversión se plasmó -ya desde entonces- en la liturgia bautismal donde el leit motiv era la superación de las barreras entre griegos y judíos, entre esclavos y libres y entre hombre y mujeres. Se establece la estructura “católica” de nuestra fe.

 

Sal 105(104), 2-3. 4-5. 6-7

Volvemos a tener como antífona: “El Señor se acuerda de su Alianza eternamente”.

 

-Primera estrofa: El canto que elevamos -y que el salmista nos insta a entonar- es un canto apreciativo, donde los instrumentos realzan y enfocan las obras maravillosas del Señor. Podemos estar sinceramente orgullosos de Dios, porque Él nos ha hecho objeto de su Amor; hay aún más, los que lo buscan pueden alegrarse con buen motivo.

 

-Segunda estrofa: Somos invitados a recurrir al Señor, a apoyarnos en Él, porque Él es Poderoso, más que suficiente razón para buscar Su Rostro, no esperamos encontrar claro está, un rostro adusto, sino uno complacido, aprobatorio. ¿Podemos esperar eso? ¡si! Basta recordar tres evocaciones que tenemos estampadas en el corazón: 1) las maravillas que hizo, 2) sus prodigios, 3) las “sentencias” que manan de sus labios, sentencias siempre Justas y Misericordiosas.

 

-Tercera estrofa: Sentirnos Su Propiedad.

 

Saber, como nos lo ha explicado la Primera Lectura, que con su Infinita Gratuidad Él nos ha constituido “estirpe de Abrahán”, y no por motivos raciales; nos ha hecho miembros legales de las tribus de Jacob.

 

Experimentar ese sentido de profunda pertenencia: Que Él es nuestro Dios, y que estamos bajo su Gobierno.


 

El Salmo es, pues, una glosa para que entendamos que no estamos ahí, en el Patio más externo del Templo, sino que nos ha llamado para estar cercanos a Su Orla, envueltos en Su Nube.

 

¡Qué honor que nuestra firma esté al pie de la Suya, como tributarios de su Alianza Eterna!

 

Lc 11, 27-28

La contemplación que deja afuera a los demás es un engaño

«Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que “no tienen con qué recompensarte” (Lc 14,14) No deben quedar dudas, ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio.»

Papa Francisco, citando a Benedicto XVI

 

Estamos ante una Bienaventuranza. Quiere decir que esta es una de las piezas de la “Alegría del Evangelio”. El Evangelio es una Maravillosa Noticia que pone nuestros corazones en tónica de suprema felicidad, arrebolados de Entusiasmo, rebosantes de su Gratuidad.


 ¿Qué es lo que nos lleva a tamaña dicha? Son dos cosas: Escuchar su Palabra y ponerla por obra.

 

Nos sentimos exageradamente eufóricos por los alumbrados de nuestras calles, pero ¡qué triste! Esas luces no logran ahuyentar la depravación y la violencia, más bien logran que la corrupción y la maldad resplandezcan con sus perversos maquillajes. Hay luces que horrorizan la vista y hacen sangrar el corazón: Mancha siniestra de la civilización.

 

«El Apóstol Santiago, cuando habla de fe, habla precisamente de la doctrina, de lo que es el contenido de la fe. Pero ustedes pueden conocer todos los mandamientos, todas las profecías, todas las verdades de la fe, pero si esto no se pone en práctica y no va a las obras, no sirve. Podemos recitar el Credo teóricamente, también sin fe, y hay tantas personas que lo hacen así. ¡también los demonios! Los demonios conocen bien lo que se dice en el Credo y saben que es verdad». (Papa Francisco)

 

Hay Luces-acústicas que son Palabras de Vida Eterna, que conceden sosiego y solaz, que nos traen serenidad y reconfortan, que son como un concierto de Ángeles entonando el Gloria in Excelsis.

 

Pero esta Buena Noticia espera nuestra reacción, aguarda para que nos comprometamos y hagamos de ella un estilo de vida. Son Palabras que acceden por los oídos al alma y se trasmutan en energía de vida, en impulso incontenible, en el anhelo de actuar según su Consejo. Son un Faro para nuestra acción y garantizan que no nos llevan a estrellarnos contra acantilados autodestructivos.

 

Constituyen un Verdadero llamado hacia la Fraternidad, la Solidaridad, la Sinodalidad.  Nos guían para hacernos voluntariamente Piedras-Vivas de la Nueva Jerusalén. Bienaventurados quienes las oyen y ritman toda su existencia al compás de la Sinfonía Celestial.


«Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: “¡Dadles vosotros de comer!” (EVANGELII GAUDIUM #49, Papa Francisco). 

jueves, 8 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 3, 7-14

… la ley… no puede comunicar la vida porque los seres humanos no están en condiciones de observar todas sus prescripciones y, por ende, como transgresores caen bajo su sanción de muerte.

Rinaldo Fabris

«Suponemos que los misioneros judeocristianos hacían apología contra Pablo partiendo de la biblia. Ellos probablemente conocían bien el Antiguo Testamento. Pablo también. Y usa la misma herramienta. Haremos así:

a)    3, 6-9. Los que se adhirieron a la fe son bendecidos porque son hijos de Abrahán.

b)    3, 10-12. Los que se adhirieron a las obras de la Ley son malditos.

c)    3, 13-14. La bendición de Abrahán es dada a los que tienen fe por medio de Cristo». (Joel Antonio Ferreira)

 

¿En qué tierra fueron sembrados, para que pudieran nutrirse con la savia de la fe, y que esta se convirtiera en su linfa espiritual? ¿Cómo pudieron vincularse a la familia de la fe para que su sangre estuviera genéticamente emparentada con el linaje de Jesús nuestro Señor y Redentor? ¿Era, acaso, la pertenencia directa a las tribus de Israel la que les daba el título de Aliados -por alianza con el Señor? ¿quizás el injerto se dio andaregueando por el desierto juntos durante los 40 años? ¿o, quizás fue la recepción del Código Sinaítico lo que los autenticó cómo familia de Dios, su pueblo elegido? Pablo entra en este rastreo del ADN mitocondrial en procura de establecer qué es lo que realmente nos hace entrar en esta familia de fe. Así San Pablo se adentra en la cuestión de los haplogrupos, y a eso nos invita hoy.

 

Dios ha entrado en nuestra historia de nuevo, facilitándonos le Reconciliación, y haciéndonos oferta de renuevo de su Amistad hace más de cuarenta siglos, en los tiempos de Abrahán y Sara que fueron los primeros en re-conocer a Dios. Así que Dios entra en la historia con Abrahán, y hasta allí se remonta San Pablo para buscar la médula de la identidad de nuestra fe.

 

Sin duda alguna llamamos a Abrahán, Padre de la fe, porque fue él quien creyó contra toda esperanza y porque nunca dudó que Dios sí cumple lo que promete, aunque parezca imposible. ¡Creyó y esperó! (Rm 4,18-21). Ellos y su clan adoraron a Dios, mientras todos los demás pueblos continuaron siendo paganos que adoraban ídolos. Por eso hoy -hablando a los paganos, porque recordemos que en Galacia la aplastante mayoría lo eran, Pablo establece: “Hermanos: reconozcan que hijos de Abrahán son los de la fe” (Gl 3,7).

 

Y continua su muy científica investigación y nos reporta los resultados diciendo: “En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la noticia de que ‘por ti serán benditas todas las naciones’.

 

Y esto tiene consecuencias asombrosas, y que uno, por lo general, no se molesta en reconocer, siendo que son de vital importancia para la vida espiritual: “los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel. En cambio, cuantos viven de las obras de la Ley están bajo maldición…” Llegando a esta esquina, es necesario detenerse un momento para tomar un segundo aire, antes de proceder a profundizar las consecuencias.

 

Pero, ¿por qué el que se atiene a la Ley está maldito? Eso no se entiende claro, ni se desprende automáticamente… Ah, es que para captar este detalle hay que conocer las Escrituras y llegar allí donde dice: “Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el Libro de la Ley, cumpliéndolo” (Dt 27, 26). Uno lee esta cita y se explica porque los judíos son tan obsesivos en el cumplimiento de cada coma y cada tilde (teniendo en cuenta que el hebreo no tiene ni lo uno ni lo otro, y que esta es sólo una manera de hablar, y confiamos que se entienda).

 

Atenidos a esta incisiva manera de leer la Escritura, se debe llegar a que la Ley no es ningún salvavidas, ya que en otra parte la propia Escritura lo dice: “El Justo vivirá por la fe”. Pero la Ley lo que hace es desplazar el foco de atención hacia otro lado, hacia el legalismo que raya en el leguleyismo, diciendo: “Hay que cumplir los mandatos para tener vida por medio de ellos” (Sal 119(118), 93-117).

 

Ah, pero entonces ¿si se puede obtener la “vida” por vía de coherencia con ella, con la ley? Pero, nos damos cuenta que nadie puede guardar la Ley en todos sus puntos, o sea que, se nos cierra la puerta de acceso a la “Vida” con un grosero portazo en la nariz: ¡Nadie entra!

 

Prestemos atención a lo que nos dirá San Pablo en el capítulo final de esta Carta: “Los que quieren ser vistos en lo humano, esos os fuerzan a circuncidaros, con el fin de evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne” (Gl 6, 12-13).

 

¿Qué fue lo que realizó Cristo con su sacrificio en el Altar-del-Calvario? ¡Nos rescató de la maldición de la Ley! ¿Y, cómo logró eso que está más allá del poder humano? El mismo se subió al Árbol Maldito de la Cruz, para cargar en su propia piel, y se echó a sus hombros toda la fuerza de la Maldición y con ello, todo el poder del pecado. Él, que es Dios, asumió toda la pecaminosidad y se abajó hasta estar “al nivel de los que pecan” y absorber sobre Sí el peso de la “Maldición del Madero” (Dt 21, 23).

 

«… las bendiciones son prometidas a “todos los pueblos” (naciones). No son propiedad de una sola persona, de un grupo o de una nación especifica. Por eso, no es el descendiente biológico quien se vuelve hijo de Abrahán, sino todo aquel que tiene fe.» (Joel Antonio Ferreira)


Mejor dicho, las promesas favorables a los paganos que Dios hizo a Abrahán, se realizan a cabalidad en el Redentor, cuando Él se hace “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

 

Sal 111(110), 1b-2. 3-4. 5-6

¿Qué significa que el Señor recuerda siempre su Alianza? Quiere decir que Él no es voluble, que su amor y su compromiso son inquebrantables, que cuando Él se decidió a amarnos fue una decisión de una vez por todas, Él, que es eterno, es Fiel a sus empeños, no nos va a fallar, su vínculo con nosotros es inalterable. Nos podemos confiar de sus promesas.

 

Es una oración comunitaria. Se convoca para este ruego a todos los que siguen con rectitud las pautas de la Revelación. No está orando el salmista solo, sino que se une a la Asamblea de los Justos. Son todos los que comulgan con el Proyecto del Reino que entrelazan sus ruegos para -en cadena de oración- garantizar que su Súplica se alce hasta el Trono del Omnipotente.

 

Uno mira la Creación y ven en toda ella que su Belleza nos habla de su Creador, el Poder Infinito del Artífice no está fuera del alcance de nuestros sentidos, y cuanto más nos esforzamos en entenderla, más grande y sorprendente es su armonía, sus ecuaciones, la lógica entrelazada de todos sus componentes, el prodigio de su reproducción, que está alojado en ella misma, la capacidad sanativa de sus criaturas, la recomposición de sus equilibrios. La música e sus esferas, valga decir la armonía de sus estrellas, galaxias, planetas, lunas, nebulosas, cometas, meteoros.

Y, como Padre Providentísimo Él nos nutre a todos, poniendo fuentes nutricias para las distintas especies que pueblan el Globo.


En medio de este sinfín de criaturas, como un eje está firme y sólida su Alianza, Pacto que tuvo a bien contraer con nosotros, que, sin mayores atributos de merecimiento, quiso tenernos en el hueco de Su mano Protectora y Amorosa, quiso tener Alianza con nosotros para que, siendo su pueblo, actuáramos como verdaderos hijos, con corazón agradecido.

 

Lc 11, 15-.26

El que ha escapado del señorío de Satán, no por ello debe creerse inexpugnable y completamente seguro. El estado final de una persona que se ha convertido, si no persevera como tal, puede ser peor que el anterior a la conversión.

 

El dedo de Dios, así como nosotros -cuando queremos despachar a alguien- apuntamos en dirección a la puerta de salida con el índice, así Dios también expulsa con su dedo que no sólo señala una dirección, sino que cargado de “fuerza performativa”, le basta mostrar la ruta de salida para cumplir la expulsión. El dedo en la cultura semítica es simbólico de “factura”, pero, Dios ni siquiera necesita de toda la mano, a Él la basta el dedo. Nosotros también tenemos la figura literaria: “con una mano en la espalda y con un solo dedo”. La mano en la espalda comunica “muy relajado”, y “con un dedo” se simboliza el monopolio de la autoridad.


Dios gobierna Cielos y tierra con su dedo y creó todo con el poder de sus dedos aunado a la Voluntad Generativa de su Palabra. Cuando somete los poderes malignos lo hace como despreocupadamente, porque, para Él, no son verdaderos rivales; también los seres humanos podemos hacer que alguien se movilice con el simple gesto de un dedo, o que se suma en absoluto silencio si lo apoyamos sobre nuestros labios.

 

Cuando Jesús tomó el rollo de Isaías en la Sinagoga y leyó, en aquel rollo ya se profetizaba que el Poder Divino se haría patente entre nosotros y expulsaría los demonios. Dice allí que esa es una de sus Misiones: Expulsar los demonios. Cuando tal se cumple, quiere decir que el Señor ha inaugurado el Año de Gracia del Señor: ¡El Jubileo!

 

¿Han notado ustedes que una de las estrategias que el Perverso suele tomar en su abuso es la de despotricar contra el buen nombre de los Fieles? Aquella vez no fue la excepción. Había que procurar confundir a los concurrentes diciendo que Jesús recibía poder de “las fuerzas Inferiores” y gritaban con desespero, conectando sus más potentes parlantes, que El aliado de Jesús era Belcebú (En los cultos satánicos, se considera uno de los demonios principales que conforman la falsa trinidad demoníaca junto a Lucifer y Leviatán. Baal-Sebub, que significaba el señor de las moscas, y que originariamente era uno de los nombres del dios semítico Baal); para ellos, Dios-Bondad, no tenía poder, el poder provenía del dios-maldad.

 

Notemos que Jesús apela a la lógica (pero no a la falsa lógica, Jesús nunca apela a falacias), para señalarles que si eso fuera cierto, haría tiempo que el Malvado habría sido derrotado, porque un reino sumido en disensiones no dura ni la más corta brevedad. Si el Perverso ha podido sobrevivir es porque él y sus secuaces conspiran, es decir, planean para aparecer como muy “acordes” y de esa manera poder engañar.

 

Irónicamente Jesús les interroga: Si los expulso con el poder de Belcebú, ¿con qué poder obran ustedes y sus discípulos? ¿Si Jesús tenía ocupado el poder de los malos, se habían quedado desarmados los que acusaban a Jesús? Porque tampoco es que el poder de la maldad sea tan amplio para que cupieran dos pilotos en el mismo trono, aun ¡cuando el puerco es sucio!

 

Lo que si sucede es que, al arrojar a un demonio, si el exorcizado no se cuida de trabajar su “conversión”, el “Puerco” regresará, con una septena de sus compinches, a re-acomodarse allí donde antes vivía, porque le dará gusto encontrar la casa “limpia y deshabitada”, y “el muy cochino” ya se había amañado con ese “refugio”.


En ese caso ¿habría mejorado la situación del poseso liberado? ¡por el contrario! Estaría peor que antes.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 3, 1-5

El asunto es la fe, y, este pueblo, de gentiles, ¿cómo llegaron a la fe? Esto es cómo preguntarles, ¿en qué tierra fueron sembrados, para que pudieran nutrirse con la savia de la fe, y que se convirtiera en su linfa espiritual? Y viene la respuesta en esta perícopa: De tantas vivencias generosamente entregadas por el Cielo: Dios les salió al encuentro con tantos “detalles”, “pinceladas cariñosas”. O sea que esta fe, es fruto de la “experiencia”: ¡La experiencia de Dios que se hace el Encontradizo!

 

Esas experiencias se pueden enumerar englobándolas en:

a)    Haber podido “ver” con sus propios ojos a Cristo. Y, no lo han visto de cualquier manera, sino Crucificado. No con los ojos de la cara sino con los ojos del corazón que lo visibiliza por medio de la “predicación”.

b)    Han recibido el Espíritu

c)    Han escuchado

d)    Se han hecho conscientes de que el Señor obraba en ellos.

 

Son cuatro ejes que los atraviesan y lo que la Carta les propone es que evalúen si esa fe les ha llegado por “las obras de la ley”, o se les ha prodigado por “escuchar” la proclamación de la fe…

 

Es la fe en lo que se recibe por medio de la “predicación” la que nos transfiere la savia nutricia de la vida espiritual.

 

Hay un eje que se puede desentrañar con un poco de atención. ¿Son compatibles la propuesta de vivir atados a los esquemas legalistas junto con la práctica pastoral y la experiencia comunitaria que han compartido?

 

Los Gálatas han recibido el Espíritu Santo en el Bautismo: San Pablo los designa como “espirituales”, porque recibieron el Espíritu y lo aceptaron como el Mayor Don que podían recibir.

 

Si se aceptara la circuncisión sería un ir en reversa, sería un retroceso: Pablo les aclara que el Espíritu no lo recibieron por la carne (circuncisión), entonces van en contravía, porque ellos empezaron por el espíritu y ahora quieren retroceder al momento en que todavía no lo habían recibido. Los llama Ὦ ἀνόητοι Γαλάται [Oh, Anoetoi Galatai] “Gálatas insensatos”; (ἀνόητοι significa “los que no piensan”, “los que no razonan”, “los que carecen de lógica para hilar los pensamientos”), por qué van a buscar lo que ya tienen, y se disponen a recibir un bautismo de la sangre del prepucio, cuando ya han recibido la “Inmersión” en el agua que Jesús santifico para nosotros cuando recibió el Bautismo de manos de Juan el Bautista.


Este interrogante los pone frente a unas intuiciones que niegan la fe en Jesucristo: Si se requiere todavía la circuncisión implica que el bautismo que nos da nuestra fe no sirve, o no vale, o no alcanza y, entonces, es necesario apelar a la circuncisión, es decir, hacerse por entero judío: «Cuando los gálatas tenían todo para continuar en la experiencia de la libertad comunitaria, viviendo una nueva forma de existir tan diferente de la sociedad de entonces, volvieron a una forma de vivir caduca que los llevaría a la muerte. al practicar la circuncisión, entran en la mentalidad de la carne». (Joel Antonio Ferreira)

 

Sal (Lc 1), 69-70. 71-72. 73-75.

Este “Salmo” (que no es, estrictamente hablando, un salmo, no fue escrito en hebreo, sino en griego) pero si recoge la estructura propia de los Salmos de Acción de Gracias, o sea que podemos referirnos a él como un salmo Eucarístico. Los salmos no son un gesto de gratitud espontanea, sino una elaboración con un propósito litúrgico. Es gratitud vinculada y expresada dentro del culto, los salmos son fenómenos cultuales, están incorporados al espacio litúrgico. La manera tradicional de expresarle gratitud a Dios, era sacrificar; la investigación arqueológica muestra los primeros sacrificios como “desangramiento”, luego dar muerte a un animal e, inclusive a niños y adultos, lo que significaba renunciar al propio consumo y apartarlos para que Dios los devorara con su fuego. La acción de gracias conllevaba sacrificio, al punto que se llegó a entender el Sacrificio -el derramamiento de sangre- como el elemento esencial de la Acción de Gracias: sin derramamiento de sangre no había culto. Y es claro, la sangre era la “vida”, al desangrr la victima, se estaba ofrendando la vida entera a Dios.

 

La piedra de sacrificio constituía el Altar. En el Altar se presentaba la ofrenda, que era la victima a ser sacrificada.


El rito de acción de gracias presentaba cuatro fases:

1)    Invitación a cantar el himno contando lo que hizo Dios para ser honrado.

2)    Se le lanza un clamor a Dios

3)    Si Dios ha salvado antes, puede también intervenir ahora.

4)    El oferente se vuelca sobre la Víctima y confecciona el Sacrificio (le da muerte).

 

 En esta acción de Gracias, que constituye el Magnificat, podemos distinguir cuatro aspectos:

-       Μεγαλύνει [megalynei] “magnifica”, “engrandece”.

-    Dios se compromete con su Justicia a obrar en favor de los “pequeños”, de los “desposeídos”

-       Con sencillez María declara que Dios ha vuelto a obrar y esta vez lo ha hecho a su favor.

-       Se extiende el favor de Dios sacándolo de su “privatización” y presentándolo como un gesto de Bondad cuyo beneficio Dios quiere extender y generalizar.

 

La estructura de la acción de Gracias es: Hoy la que ensalza soy yo; vean las maravillas que Dios obra, mañana las obrará a favor de ustedes extendiéndose a todos los de Israel. Israel no es un pueblo, ni una raza; Israel son todos los que “luchan” durante toda su vida buscando a Dios, es decir, procurando vivir coherentemente con lo que es Su Santa Voluntad.

 

El verso antifonal apunta es esa dirección universalizante de la Acción de Gracias: “Bendito sea el Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

 

No se trata de una bondad general, sino que Dios Mete sus manos, se compromete con su pueblo y asume ese compromiso Personalmente. Entra en la historia y actúa. Esta acción histórica que nos muestra María en el Magnificat consiste en haber escogido a Alguien, del linaje Davídico, para que fuera “Fuerza de Salvación”.

 

Este no es un hecho aislado. Dios lo había profetizado. Antes de llegar, y desde tiempos antiguos, ya había predicho esta acción. Esta Salvación da cumplimiento a lo pactado en la Alianza con los Ascendientes del pueblo que hoy “lucha a brazo partido con el Ángel de Dios”.

 

Como es un Dios que entra y actúa en la historia; ya en tiempos de Abrahán se habían sentado las bases para que, llegada la hora, se cumpliera coherentemente, todo lo anunciado.

 

¿Para qué hace Dios todo esto? Para que “libres” sirvamos a Dios estando en condiciones de “Santidad y Justicia”, entonces podemos ejercer nuestro ministerio “sacerdotal” y ofrecerle “culto”, según el Heredero de David, estipulo lo que debía ser este Culto. La acción de Gracias tiene que ser conforme el modelo que nos legó el Vástago Davídico.

 

Lc 11, 5-13

QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA (Lc 22, 42)

 

La oración de petición basa su eficacia en dos motivos fundamentales: la bondad paterna de Dios y la fe del ser humano. Fidelidad y confianza se encuentran como dos rostros en el dialogo: el del Padre y el del Hijo.

Enrico Masseroni

 

Tres imperativos modelan, aquí, el proceso oracional: Pedid, buscad y llamad. En realidad, en la perícopa hay dos parábolas:


-       El amigo inoportuno, (basado en las tradiciones hospitalarias de oriente)

-       Dios es un Padre Bueno, que da lo bueno; y el colmo es que llega a darnos el Espíritu Santo

 

Pero no se queda ahí, va más allá. No es solamente un hijo que le pide al Padre, sino un familiar que dialoga con la Santísima Trinidad. La oración no es un dialogo humano-Divino es un “coloquio”, o sea un dialogo entre especialistas en la fe (en su origen el coloquio era sólo entre expertos religiosos, pero ha pasado a designar cualquier conversatorio, especialmente entre científicos). Aquí el Coloquio es Trinitario porque la invocación reúne a las tres Divinas personas que escuchan el orante. (Nota, se llama coloquio porque todos pueden expresarse, libremente. No como las conferencias, donde sólo habla el ponente; si alguien distinto al conferencista interviene, se trata de una interferencia).

 

Dios es un Padre Bueno que da los mejores regalos, el da todo lo que es bueno y plenificador para sus hijos, pero en este caso, por ser el Padre Celestial (nuestro Abba), nos da lo mejor de lo mejor: el Tres veces Mejor, el Paráclito, Paráclito es el que se para al lado de uno para “sacar la cara” por uno.

 

La parábola nos dice que puede llegar el caso límite que un padre (despadrado, como aquel que da serpientes y escorpiones en vez de peces y huevos) dé un regalo malo, algo que puede dañar a su hijo. Pese a todo, esa no sería le regla general, pero en el peor de los casos, quizás alguien con una rotunda avería en el corazón, podría llegar a esta paternidad aberrada. La situación cambia con Dios, porque la Bondad Divina es de tal índole que excluye cualquiera y toda Maldad.

 

Decimos que se trata de perseverar y repetir a toda hora el pedido. Leamos las dos parábolas con atento amor y veremos que lo que dice es que no hay momentos en que se puede pedir y momentos en que Dios está ocupado y no atiende, porque ya cerró y trancó. Lo que dice -con total diafanía- es que le podemos pedir en cualquier momento y Él se ocupará de atendernos. La sustancia esencial de la primera parábola no es tanto la perseverancia cuanto que para Dios no hay momentos para pedirle y momentos en que tiene cerrado su despacho. Hoy diríamos que su gabinete atiende 24 X 24. ¡A toda hora!

 

Es más, el que llegue en un momento aparentemente inoportuno tendrá atención garantizada, no solo le concederá -porque lo considera “su amigo”-, sino que, además, entenderá que, si viene a “molestar” tan fuera de horario, será que la petición es aún más urgente.

 

Hay un riesgo doble con la comprensión de estas parábolas:

-       Considerar que si oramos como “disco rayado” estará garantizada la respuesta positiva a nuestras oraciones.

-       Que aquí se esconde un “hechizo” con el que podemos forzar a Dios a hacer nuestra muy propia voluntad y, a la vez, a cancelar su Santa Voluntad en beneficio de nuestros egoísmos, de nuestros muy personales intereses.


El don bueno, el don perfecto que nos da Dios como respuesta segura a quien suplica, es el Espíritu Santo. Ese don nos enseña a pedir bien, a pedir lo que nos conviene, a clamar por lo que es santo, no “caprichos”. Con ese don está seguro que llegaremos a la Altura y Estatura con la que Dios nos Diseñó. Con ese don, sabremos permitir a Dios que se cumpla Su Santa Voluntad en nuestras vidas. Se trata de la dialéctica entre el orar y el vivir: «he aquí por qué es necesario “obrar” lo que se ora. La oración de petición tiene una dinámica precisa: orar con fe, porque todo depende de Dios; pedir gracia para cualquier elección que hagamos, porque nada se sustrae al don de Dios; hacer lo que se pide, sean las cosas fáciles sean las difíciles, porque Dios no excluye la responsabilidad de la persona en las tareas que la historia consigna». (Enrico Masseroni)

martes, 6 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 2, 1-2. 7-14

La salvación, por tanto, era una especie de “libreta de ahorros”: cada ley cumplida era como un depósito en esa libreta. Cuando una persona lograba cumplir todo lo que mandaba hacer la Ley, ella podía considerarse amiga de Dios y salvada, no por la gracia de Dios, sino por haber contabilizado la salvación mediante una serie de acciones llevadas a cabo.

José Bortolini

Enunciamos que hubo dos visitas de Pablo a Jerusalén, hoy, la perícopa nos informa de esta segunda visita –que tuvo lugar catorce años después-; se nos refiere que en ella se llevó a cabo una “conferencia”, donde se trataron de dilucidar dos temáticas verdaderamente candentes:

1)    La cuestión de la circuncisión, sí era indispensable para hacerse cristiano

2)    Responder sí, en nuestra Iglesia, tenían o no cabida los gentiles.

 

Se nos cuenta que Pablo no subió solo, sino que iba junto con Bernabé y Tito. No fue por envío de nadie, como se dice en Hechos donde se afirma que fue a instancias de la Iglesia de Antioquia. Y presentó ante δοκοῦσιν [docousin] “las columnas” (se puede entender como “los que gozaban de estima”, pero connota que se podía suponer que la tenían, con esta fórmula se refiere a Cefas, Juan y Santiago), el Evangelio que él predicaba, y se nos da el dato que ni siquiera a su acompañante Tito, le habían exigido la circuncisión.

 

La manera de presentar esta conferencia pone a sus interlocutores como si se estuviera hablando entre “apóstoles” todos al mismo nivel. En los hechos, se presentaba a las “columnas” como dueñas de autoridad sobre la Iglesia. Su manera de referirse a los notables de Jerusalén sobreentiende cierta ironía.

 

Como consecuencia de que ni siquiera Tito que fue con él a parlamentar con “las Columnas”, fue conminado a recibir la circuncisión se ha de entender como el hecho neto de que los cristianos no estaban sujetos a la ley judaica, y que de esto estaban “libres”.

 

En los versos 3-6 que no se incluyen en la Lectura de hoy, se alude a unos ψευδαδέλφους [pseudadelfos] “falsos hermanos” que no llegaban para adherirse a la fe cristiana, sino para κατασκοπῆσαι [katascopesai] “afin de espiar”, es decir eran infiltrados para “espiar” la libertad que se estaba promoviendo al interior de la Iglesia y llevar el chisme a los que los patrocinaban, eran –nada más ni nada menos que- “espías”.

 

Había una religio licita, la que en tanto que judaísmo oficial, el Imperio autorizaba, con la que se podían obtener privilegios y exenciones; lo que ha llevado a pensar que dependían de la Iglesia de Jerusalén, liderada por Santiago –hasta el año 62, cuando fue asesinado-; que no conseguían romper decididamente con las tradiciones del judaísmo. Estos falsos hermanos lo que hacían era procurar hacer retroceder a los Gálatas a la esclavitud. La punta de lanza de esta contraofensiva era la ponzoña de la tradición de hacerse circuncidar.

 

En cambio, la Verdad que Dios nos brinda, apunta hacia la apertura de la fe y procura erradicar la sujeción a la ley.

 

En el verso 11 se señala una fricción que se presentó por lo que a Pablo le pareció una verdadera incoherencia: Pedro –llegado a Antioquía- venía compartiendo mesa con los gentiles, sin reparos; pero entrados en escena aquellos circuncisos, Pedro retrocedió, y se apartó de ellos. Esto fue un mal ejemplo, porque todos los judíos se apartaron y, la cosa llegó al punto de tocar también los criterios de Bernabé. Esto se podía señalar, con precisión, como una hipocresía, palabra que significaba “hacer algo para que lo viera el público”, era la palabra para designar la actuación teatral. Esto está profundamente relacionado con la responsabilidad de los que cargan el liderazgo de la fe, si una “columna” actúa confundida, arrastra en su caída a los demás miembros de la comunidad: Se cede a sembrar confusión y división.


Fue por esto que Pablo ἀνθίστημι [antistemi] “encaró”, “se le opuso”, a Pedro porque Pedro se pasó a los que imponían ἰουδαΐζειν [iudaizein] “vivir como judíos”.

 

Sal 117(116), 1.2

Este salmo es supremamente breve, sólo tiene dos versículos, así que se proclama entero el día de hoy.

 

Está relacionado, precisamente con la Misión Paulina de llevar la Buena Noticia de la Salvación, también a los gentiles y llegar hasta las propias fronteras de la tierra, vaga decir hasta sus últimos renglones. 

 

Esta Misión nos toca a todos, es por eso que los bautizados somos discípulos –misioneros.

 

Ante todo, está la Alabanza, que es gratitud manifestado por el hombre hacia el Señor que se brinda, se da, se Revela, se deja conocer, no exhaustivamente porque Él trasciende nuestras limitaciones, pero por completo en todo lo que se requiere para que nos podamos Salvar.


Luego va a resaltar dos cualidades-divinas:

1)    La Misericordia de Dios es Firme, o sea, Inamovible.

2)    Su Fidelidad es involuble: Absoluta, definitiva. Es Persistente. Es tenaz. Durará por toda la Eternidad.

 

La antífona declara que la tarea evangelizadora es una proclamación destinada al Mundo por toda la Eternidad.

 

Lc 11, 1-4

 

Los cristianos están de tal manera acostumbrados a recitar este texto como una fórmula que se remonta hasta Jesús, que esta plegaria viene a ser dicha de una manera mecánica, sin una vinculación suficiente con la vida misma.

André Myre

«El evangelista ha situado el “Padre Nuestro” dentro del gran centro de su evangelio, que va de 9,51 a 19,27: la subida a Jerusalén. Estos capítulos son casi exclusivamente compuestos de textos sacados del documento “Q” y materiales propiamente lucanos. (André Myre). El evangelio según San Lucas, es la mayor escuela de oración.

«El Padre Nuestro en la versión de Lucas es más breve que en Mateo (en Mateo hay siete peticiones; en Lucas solo cinco) y está situada en un contexto diferente: Mateo la presenta en el Sermón del Monte, mientras que Lucas la coloca en el camino hacia Jerusalén, que es el espacio más largo para las enseñanzas de Jesús en este evangelista. (Pedro Jaramillo Rivas)

 

Por el Camino lucano hemos venido percibiendo dos claves mayores de comprensión de la Oración. Ante todo, la oración no está relacionada con el aprendizaje memorístico de plegarias. No es Escuela de Oración dedicarse a aprender oraciones y retener muchas en mente.

 

Tampoco es un parloteo constante que nos compromete a hablarle a Dios por horas y horas y volvernos grandes “discurseros”, muy agiles y hábiles para ensartar retahílas.

 

Indudablemente que podemos aprovechar las oraciones existentes, pero no para repetirlas al pie de la letra, sino para observar en ellas lo que podrían ser pautas de como iniciar una “charla” con Él. Por ejemplo, el Padre Nuestro es una maravillosa muestra de lo que podemos decirle a Dios: Que Él es el Rey, y que nosotros –lo aprendimos de María, siempre Virgen- ansiamos plegarnos por entero a Su Voluntad Misericordiosa.

 

Llegados a este punto, notamos que hay una tercera pauta refulgente: La oración no es egoísta, no es un pedir y pedir para uno; si hay un “secreto” albergado en el Padre Nuestro es que se trata de una Oración que brota de un corazón comunitario, es una oración en Primera Persona del Plural, como las oraciones de la Liturgia, son oraciones que ruegan con un corazón Sinodal. ¡Desde un “Nosotros”!

 

Toda oración, litúrgicamente hablando, es una oración que habla desde la boca de un “pueblo”: Son fórmulas corporativas: El sujeto es el Cuerpo Místico de Cristo.

 

Si en la liturgia aparece una oración en singular, y peor, si el sujeto es “yo”, esa definitivamente no es una oración litúrgica. A veces, nos encontramos con una oración “muy hermosa” –así nos lo parece, y no vemos que tenga ningún error teológico, y queremos adoptarla como un aporte a la liturgia, pero, si no cumple este requisito, no cabe. Es por lo mismo que la iglesia se muestra tan cautelosa cuando de modificar los elementos del culto Eucarístico se trata. Recordemos que la palabra liturgia tiene su profunda raíz, en la palabra λάος [laos], y έργον [ergon] o sea, trabajo cultual del pueblo, y ese pueblo es el Cuerpo Místico de Cristo.


«… tanto para Jesús como para los primeros cristianos, esta plegaria del “Padre Nuestro” es más una vida para expresar que una plegaria para recitar simplemente.» (André Myre) Tanto el “pan” como el “perdón” son las añadiduras que Dios dará a quienes verdaderamente trabajen por la construcción del Reino. 

lunes, 5 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


 Gl 1, 13-24

Políticamente, los detractores de Pablo son conscientes de que, si el cristianismo empieza a tomar una postura diferente a la del judaísmo, Roma los perseguirá.

Joel António Ferreira

Una de las estrategias más trilladas es la de investigar en el pasado del “enemigo”, sus puntos débiles, sus oscuridades, aquellos detalles donde se le puede clavar el diente y es más “pulpito”. Pues fueron estos los puntos que buscaron los judeocristianos (cristianos judaizantes) para atacar a la Comunidad que Pablo había adoctrinado, y fueron dos los “talones de Aquiles” que le encontraron:

1)    Pablo no era apóstol, en el sentido que no era miembro del “equipo de los Doce” que andaban con Jesús y que Él instituyó como base de su estructura eclesial.

2)    ¿De dónde sacaba Pablo que la Ley mosaica quedaba superada y ya no era válida para la comunidad cristiana?

 

En su respuesta, Pablo muestra su pasado y aprovecha su fama de judío recalcitrante para demostrar que conocía la Ley perfectamente y entendía con claridad qué era los que estaba cuestionando y removiendo como basamento de la fe. Les dice que él había trabajado ardientemente defendiendo las “tradiciones” que el fariseísmo con tanto denuedo promovía. Recordamos aquí que Paulo se llamaba antes שאול “Saulo”, que proviene del hebreo y significa “el que ha sido pedido al Señor”. Este cambio de nombre significa su cambio de “Dueño”, quiere decir que ahora le pertenece totalmente a Dios.

 

Un cambio de nombre es también un cambio de “Misión de Vida” reconoce que su existencia ha pasado a tener un significado nuevo. Y luego señala, cómo fue llamado directamente por el Señor, que la había dado por tarea anunciarlo entre los gentiles. Pero, y este detalle es clave porque para captarlo hay que resolver el siguiente “acertijo”: ¿Cómo, si él había sido “llamado” ya desde el seno materno, fue posible que primero se dedicara a perseguir cristianos con obcecación asesina? Esto es importante porque nos revela que el “llamado” no es un avatar irrecusable, sino una toma de posición que puede transformarnos, “convertirnos”. Mientras tanto, mientras uno hace conciencia del llamado, uno va dando palos de ciego, descubriendo la misión que se nos ha encomendado. Apóstol, como ya sabemos significa -en griego- llamado, llamado para dirigir una expedición naval, para capitanear un barco y gobernar a su tripulación.

 

En hebreo también hay un concepto semejante, es שליח [shaliaj] “mensajero”, “enviado”, “emisario”, “embajador plenipotenciario”. El ataque apunta en la dirección que, Pablo no era del equipo de los “Doce”, como ya se dijo antes. Y, más grave, porqué fue primero “perseguidor”. Claro, esa clase de acusaciones ya despertaba muchas duda y gran desconcierto.

 

Pasa luego a relatar cómo -tres años después de su conversión, en el camino a Damasco- fue a Jerusalén y se entrevistó con Cefas -con quien dialogó durante toda una quincena- y que había -en aquella ocasión- conocido personalmente a Santiago, pariente de Jesús y, quien asumió las riendas de la Comunidad Cristiana cuando Pedro tuvo que huir de Jerusalén.

 

No pretende otras credenciales, y reconoce que, para las comunidades de Judea, él era un completo desconocido.

 

Sin embargo, no dejaban de admirarse y de glorificar al Señor cuando sabían que antiguamente era un perseguidor y un asesino de cristianos y daban gracias a Dios por que se había convertido en un comprometido anunciador de la fe, que otrora, él perseguía.


«Liberación de una vida programada externamente por un minucioso código de reglas y leyes que conservaban al hombre en su actitud infantil ante la vida. Liberación a una vida adulta y consciente, gracias al uso responsable de la libertad. La vida del hombre no se puede determinar por la relación con un código de leyes sino por un compromiso personal e íntimo con Cristo, que está presente en lo profundo del ser (2,20). La libertad es conducida por el amor a sí mismo y a los demás, amor que se identifica con el compromiso activo con el crecimiento del otro (5, 6.13s)» (Storniolo; Martins Balancín).

 

Sal 139(138), 1b-3. 13-14ab. 14c-15

El viernes pasado tuvimos este mismo salmo, con algunos versículos diferentes, pero esencialmente es lo mismo con el mismo enfoque, sencillamente, en esta ocasión referido a la vocación de Pablo, así como el viernes anterior se refería al llamado de Job y su experiencia mística. Reproducimos aquí, lo que dijimos en ese momento:

 

Muchas veces y en muchos sentidos podríamos concebir nuestra persona como un “plano”, un “diseño” genial que el Ingeniero-muy-ingenioso le entrega al maestro de obra. Cada uno de nosotros es un maestro de obra que toma el “proyecto original” y lo va “implementando”, con mayor o menor fidelidad.

 

En estos proyectos se anidan maravillas, proyecciones fantásticas, admirables, dignas de su “Diseñador”. Por diversos motivos el “proyecto” se puede desvirtuar, puede sufrir desvíos lamentables, aun cuándo al Ingeniero lo movían, originalmente, las más Tiernas y Sabias previsiones.


Sin embargo, todos sumandos en la historia de la humanidad, somos tantos que nuestra desviación del modelo propuesto realmente no afecta la Idea esencial y el resultado total. De otra parte, cuando el maestro de obra es fiel con todas sus fuerzas al Proyecto Entregado, la “obra” puede convertirse en una tubería que provea significativos avances para la funcionalidad del “Plan General”. Cada obra “Individual” es apenas una parte en la Globalidad del Proyecto. Pero el Ingeniero tiene recursos para neutralizar las imperfecciones y maximizar el aprovechamiento de las tareas que se cumplen fielmente.

 

Lo que podemos tener por cierto es que el Gran-Ingeniero tiene un conocimiento detallado y minucioso de lo que ha Diseñado. Hasta el más mínimo pormenor. Y, su “Seguimiento” es tan Puntual que se puede afirmar que Él sabe “cuando me siento o me levanto… y todas mis sendas le son familiares”. Él nos conoce hasta en lo que nosotros mismos no logramos entender ni saber.

 

Uno de los aspectos a tomarle en cuenta al “maestro de obra” es el minucioso análisis que hace del “Plano que recibe”. Y, no menos importante, la revisión cotidiana para corroborar que el “proceso” se esté llevando a cabo en conformidad con los Esperado. Aún más, y -pensamos que muy Grato a los Ojos del Diseñador-, la manera sencilla y humilde como se acerca al Ingeniero y le ruega la explicación de aquellos matices que él no alcanza a entender. A esas consultas que el “ejecutor” le hace al “Diseñador”, las llamamos Oración.

 

La oración es la ruta más eficaz para alcanzar la auto-identificación. Llegar a entenderse a sí mismo, saber “para donde va”, y proceder con fidelidad respecto al diseño, aún en lo que no alcance a dilucidar con claridad, convencido de la Perfección del Plano y de su diseñador.

 

“Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el vientre materno. Conoces hasta el fondo de mi alma, no desconoces mis huesos. Cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus Ojos veían, todos mis miembros, y se inscribían en tu Libro; los formaste día a día, y ninguno se retrasó en su crecimiento. ¡Qué admirables encuentro tus designios! Dios mío, ¡que inmenso su conjunto!”

 

Aun cuando intentamos esconderte nuestros entuertos, la baja calidad de alguna materia prima, o el uso de piezas defectuosas, Tú Señor, todo lo observas.

 

Tus cuidados consagran Tus Dos Manos, para sostenerme seguro. ¡Me has plasmado portentosamente! Imploro que seas Tú Quien Dirija toda la Obra y que yo logre fidelidad respecto a tu Expectativa

 

Lc 10, 36-42

¿… hago tantas cosas (músicas, alabanzas, refacciones, ruidos), que me hacen imposible escuchar en el corazón la voz del Señor?

Pedro Jaramillo Rivas

Según el relato lucano, Marta era el ama de casa y María, seguramente una hermana menor, se preocupaba mucho menos de las labores domésticas, así mientras Marta se afanaba por preparar algo al visitante, para cumplir con los parámetros mínimos de la hospitalidad, María se quedaba a los pies del Señor, escuchándolo o simplemente “contemplándolo”.


 Viene entonces la petición de Marta: lo que ella quiere es que el “varón” como suele suceder en las sociedades androcéntricas, llame la atención a la “mujer” que ha dejado sola a su homóloga, encargada de todo el “servicio”.

 

¿Qué es lo que le pide? Que le diga sencillamente que “le eche una mano”. Marta quiere que el Señor se quede hablando solo, porque quizás no logra entender que haya algo que “aprender” en la escucha, por parte de una mujer de lo que le habla un “hombre”.

 

Siempre se nos recalca que Jesús tuvo un enfoque completamente novedoso de la mujer, aquí María -intuitivamente- captó que, era más urgente “escuchar” que “cocinar”.

 

En continuidad con la primera Lectura, el Evangelio también nos habla de un cuestionamiento de las “tradiciones de los antepasados”, como las llamó Pablo en la Carta a los Gálatas. El cristianismo vino a aportar otro enfoque de las relaciones interpersonales, las relaciones con las mujeres y entre ellas, las relaciones con los esclavos, el ciego cumplimiento mecánico de preceptos y la vehemente observancia de muchas reglas, que -cuantas más mejor- creaban una sensación de disciplina, de observancia, de respeto a Dios. Lo que no sería falso si el propio Dios -por boca de los profetas- no les hubiera enseñado que lo que le gustaba era otra cosa, que en términos generales Dios llamó: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

 

Cocinar y atender la mesa era algo importante y si se quiere vital, pero había algo más, de mayor valía, que debía colocarse por delante, que ya habría tiempo para comer, y beber y reposar.

 

En mucho nos puede ayudar si entendemos que antes del activismo está la escucha. Habría que resaltar que el propio judaísmo ponía en la base de su fe la consigna del Shema: “Escucha Israel”. Ante todo, dejar que Dios nos hable y nos diga, y nos enseñe, y nos dirija, y nos señale un derrotero.

 

Muchas veces creemos -de muy buena fe- que lo urgente es decir muchas y muchas plegarias, y tener una generosa colección de ellas, propias para cada caso y ocasión. Pero en verdad que María no tenía ninguna de estas cartillitas, simplemente se sentaba y lo oía. Si estamos enamorados de Jesús, abramos los Evangelios y quedémonos absortos oyéndolo.


Jesús nos añade una enseñanza más: para poderlo oír y degustar su Palabra, tenemos que vaciarnos de inquietudes y preocupaciones. Mientras le abramos espacio a ese tipo de desvelos, estaremos incapacitados para “escoger la mejor parte”. ¿Cuántas cosas banales nos propone el mundo que nos esclavizan y no podemos sacarlas de nuestra agenda? Compromisos ineludibles que no nos dejan sacar tiempo para estar a sus pies, gozando de su Amor.