jueves, 25 de septiembre de 2025

Viernes de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Hag 2, 1-9

Los dirigentes políticos o religiosos si no tienen un pueblo a quien dirigir y que les obedezca con fidelidad, no pueden hacer nada. Separarse del pueblo es aislarse yacer condenado a morir; es como una rama cortada de un árbol o un miembro cercenado del cuerpo, que no puede producir frutos. Animo, pues.

Milton Jordán Chigua

 

Se puede enfocar esta perícopa como una arenga de parte del profeta dirigida a Zorobabel, descendiente de David, alto comisionado del gobierno persa en Judá; en segundo lugar, al sumo sacerdote Josué, detentador de la autoridad religiosa; y, en tercer lugar, al sujeto político histórico, el pueblo, al “resto”. Procura levantar la moral de los exiliados que retornan, ellos son “el pueblo”.

 

Dios se dirige a Ageo. Aparece fechado el día veintiuno del séptimo mes -Etanim o Tishri, nuestro septiembre-octubre-  del segundo año de gobierno del rey Darío. Este es, más de un año después de la profecía que se leyó ayer como Primera lectura, en el día de conclusión de la Fiesta de las Cabañas (de las Enramadas), festividad durante la cual Salomón dedicó el Primer Templo (1R 8, 1-2), cuando se celebra, además, la cosecha de verano. Pero, la cosecha fue realmente flaca, lo que aquí se lee como un “castigo” por la molicie con la que asumieron la reconstrucción del Templo.

 

Y, a los sobrevivientes, los reta a comparar con el Primer Templo, sesenta y seis años atrás. Pero después de poner los cimientos, poco o nada se hizo en la verdadera reconstrucción.

 

Aquí se inserta la consigna de Ageo: “Y anímense todos ustedes, gente del país. Trabajen, que Yo el Señor, estoy con ustedes. Yo el Señor Todopoderoso lo afirmo. Tal como se los prometí cuando salieron de Egipto, mi Espíritu los acompaña”.

 

Pero el oráculo Divino no se detiene ahí, y prosigue:

 

“No tengan miedo, dentro de poco haré temblar el Cielo y la tierra, el mar y la tierra firme. Haré temblar a todas las naciones y traerán sus riquezas, y mi Templo se llenará de Gloria”.

 

El profeta nos presenta a Yahweh como el Señor de la Historia, la señal será la destrucción que le sobrevendrá a los enemigos. La reconstrucción del Templo lo que hace es afirmar la llegada de la era mesiánica. El Templo será en lo sucesivo, signo de la era mesiánica, el Templo será su heraldo (kerix).

 

Hoy en día la historia ha marcado la llegada de la era Alejandrina, como el hundimiento de la etapa persa: El Señor del Universo, el Señor Todopoderoso lo afirma: “Míos son la plata y el oro”.

 

Se dan dos razones esenciales para suponer que este Libro no es verdadera y directamente un escrito del profeta, sino el relato de su actuación y de la resonancia que tuvo para animarlos y ponerlos manos a la obra.

1)    No hay un prólogo o alguna forma de saludo, presentación o preámbulo

2)    Su exagerada brevedad, son solo dos capítulos y 38 versículos en total.

 

El esplendor anunciado para el Templo, será, cuando el Niño-Dios sea presentado, y reconocido por Simeón, cuando declare que:

Ahora Señor, tu promesa está cumplida:

Puedes dejar a tu siervo que muera en Paz.

Porque ya he visto la Salvación

que has comenzado a realizar

a la vista de todos los pueblos

la Luz que alumbrará a las naciones

y que será la Gloria de tu pueblo Israel.

 

Cuando el velo a la Entrada del Sancta Sanctuorum se rasgue de arriba a abajo, quedará al descubierto que atrás lo único que se esconde es la vacuidad: El Arca no está. Y la Única Gloria que allí ha residido es la de Jesucristo que lo visitaba.

 

Este Templo que visitaba Jesús, difería en muy poco respecto al Segundo Templo, ya que la obra de Herodes en él, fue sólo de retoque y no una verdadera Gloria Ampliada. Los arqueólogos han encontrado que lo único que hizo fue expandir el perímetro y la elevación del templo, Se erigieron muros de contención para sostener la gran explanada del templo que albergó el centro de la vida religiosa judía, donde los sacerdotes tenían anexos o residencias dentro del complejo del templo, especialmente para quienes tenían turnos de servicio en el Santuario; y las dependencias del Sanedrín (el tribunal supremo); se anexó parte del monte de Antonia, una colina al norte del complejo, y se rellenó el espacio intermedio, lo que le dio un "perímetro" más amplio.

 

Jesús fue a Jerusalén y ¿qué encontró en el Templo? Que lo habían convertido en un “mercado”. Qué es un “mercado”; del latín mercatus, de la raíz merx ("mercancía"), relacionada con el dios romano del comercio, Mercurio. Así pues, la definición de esta palabra dice que es: Sitio público destinado a vender, comprar o permutar bienes o servicios. «Jesús les contestó: -Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo» (Jn 2, 19).

 

Aquel gesto profético recibe en el Evangelio el nombre de ζῆλος [zelos] esta palabra es una onomatopeya que pretende imitar el sonido del agua al hervir, así suenan las burbujas que se producen la llevar algo a su estado de ebullición, cuando revientan las burbujas: el celo es un estado de hervor por una pasión desatada que lo lleva a uno a tal efervescencia. Es, pues, una pasión que bulle febrilmente.

 


Siempre hemos de recordar con meridiana precisión que la Grandeza del Templo no proviene de su magnífica arquitectura, sino de la Presencia que Alberga. La Persona Ferviente.

 

Sal 43(42), 1. 2. 3. 4

Este salmo es un salmo de súplica. La suplica se presenta como si el orante se encontrara en frente al tribunal, delante del Juez. El Juez es el Señor. El orante presenta su clamor. Clamar -tengámoslo en claro- significa pedir con vehemencia, manifestar con fuerza una necesidad o un deseo. El clamor siempre encierra súplica. En la edad media el clamor siempre era forense.

 

Si el ruego se presenta ante un juez, el salmo pasa a pertenecer al género forense. Cuando se suplica, en realidad se está poniendo uno bajo la protección del otro, en este caso del Otro. Se pide que lo apadrine, que salga en su defensa, que dé un fallo favorable. Se le pide que lo cobije con su piedad, con su poder de Salvación.


Ya la primera estrofa anida tres clamores:

i)              Que lo cubra con su Justicia

ii)             Que lo defienda ante el ataque de gente malvada, de corazón perverso

iii)           Que lo salve de la gente traidora que lo acosa, que lo azuza.

 

En la segunda estrofa el salmista reconoce a Dios como su מָעוֹז [mauz] “fortaleza”, “protector”; pero siente que lo rechaza, lo que hace que camine enlutado, acongojado y amedrentado por su enemigo.

 

En la tercera estrofa le suplica que cambie su situación iluminándolo con su “Luz”, portadora de su אֱמֶת [emeth] “certeza”, “Estabilidad”, “integridad” que le sirvan de guía y lo conduzcan hasta el קָ֝דְשְׁךָ֗ [cadseka] que viene de la palabra קֹ֫דֶשׁ [qodesh] “lugar sagrado”, “Santuario”, “Lugar Santo”, “lugar donde habita Dios”.

 

En la cuarta estrofa, viene a ofrecer sacrificio de gratitud, comparece ante el Altar, en Presencia de su Dios-Alegría y su gratitud se traduce en cantos y música de cítara.

 

En el versículo responsorial lo llama “Salud de mi rostro”, “como quien dice “causa de mi buen semblante”. Y propone el lema de permanecer fieles en alabanza, de aguardar para ver como Dios se manifiesta y da motivo para retornar a las alabanzas.

 

Lc 9, 18-22

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Lc 9, 21

 

Nuestra manera de ser siempre nos conduce a volver nuestras limitaciones en castillos de humo, y sabiendo que somos hijos de Dios, quisiéramos anticipar la Gloria que nos tiene reservada. Así que, si el Mesías nos ha manifestado su Amistad, queremos que nos dé su Herencia al instante.


Cuando hablamos con Jesús, con gestos melifluos, pasamos el plumero por Su Trono y lo invitamos a tomar asiento, tenemos adulaciones y halagos -de los mismos que usamos con los mercachifles de la política- para procurar granjearnos sus favores y gozar de sus predilecciones.

 

Así que, para neutralizar tanto embeleco, Tú nos exiges sacar el tren de aterrizaje y darnos cuenta de la “realidad”:

 

El Mesías tiene que,

i)      Padecer mucho

ii)     Ser desechado por los ancianos, los sumos sacerdotes y escribas

iii)   Ser ejecutado

iv)   Y Resucitar el Tercer Día.

 

No iba a resucitar esa misma tarde, ni al otro día, sino al “Tercer Día”. Había que esperar para que dijeran como María la hermana de Lázaro, “ya huele mal”; que era como decir: ¡Ni modos, ya no hay reversa! ¡Ya está muerto y recontra-muerto! Sólo si viniera el Mesías en Persona, Él sí podría Levantarlo.

 

Así que los tres primeros puntos eran para llegar al Cuarto, sólo resucitando le ganaba a la muerte, al pecado y al mal. Y sólo cumpliendo el Cuarto punto quedaba irrevocablemente patente que Él es el Mesías Esperado, ¡El Vaticinado en todas las Profecías!


La resurrección alcanza su Cima, no en los testimonios fehacientes de quienes lo vieron ya Resucitado, sino en el hecho de que Él, el Profeta-Supremo lo había anunciado, y ¡todo lo que pronostican los Verdaderos Profetas se cumple!

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Jueves de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


Ag 1, 1-8

Junto a la construcción del edificio material, paralelamente debe ir la construcción del edificio espiritual, el formado por todos los seres humanos.

Milton Jordán Chigua

El mensaje del profeta Ageo, en sus dos capítulos tiene un eje: no sigan dilatando la re-construcción del Templo. Y está estructurado con 5 oráculos. Según los datos proporcionados en el Libro del profeta, este primer oráculo es del 1º de agosto del 520 a.C.

 

Aun cuando muchos dicen que no es momento de reconstruir la Casa del Señor -como hemos dicho se habían concentrado en levantar casonas para ellos, mientras el Señor seguía a la intemperie. En este primer oráculo les pregunta la profecía: ¿es momento de vivir en casas lujosas mientras el Templo es una ruina? Uno no se da cuenta la gigantesca dosis de egoísmo que significa dedicarse a la casa propia, cuando el Templo está pendiente.

 

«Dios ha echado a perder los frutos de la tierra porque el templo sigue en ruinas, pero su reconstrucción traerá una era de prosperidad, será modesto, pero eclipsará al antiguo templo, … Se puede penar en un edificio sencillo que renovó la identidad del pueblo judío» (Milton Jordán Chigua).

 

En otras partes hemos destacado que el Señor no necesita del Templo, pero el pueblo sí. El Templo nos da noción de lo que somos cuando estamos unidos, cuando todos latimos al unísono, y cada latido del corazón comunitario es un tambor Sagrado que nos recuerda que todos vivimos con un mismo rumbo y enfocados en el Único Dios Dignísimo de nuestro Amor.

 

Nos hemos puesto a reflexionar ¿Por qué fueron tan encarnizados los Babilonios y las Romanos al destruir el templo y no dejar “piedra sobre piedra? Si eran paganos, ¿Qué les iba o les venía un Dios que ellos desconocían? Gran parte de esa saña brutal era la de vulnerar la integridad moral del pueblo de Dios. Era un puntapié en la zona más sensible. Levantar el templo, era un acto de re-moralización.

 

Cabe aquí resaltar -nuevamente- el significado de Jerusalén, שֶׁחֻבְּרָה־ כְּ֝עִ֗יר [keir ssehuberah] ciudad compacta (Sal 122(121), 3), que no significa formada con firmes y sólidas edificaciones e imbatibles murallas, sino “donde se fragua fraternidad”, “donde se ejercita la projimidad”, la palabra deriva del verbo חָבַר [chavar] “unidos por la amistad”, denota que El Templo nos da Unidad, Identidad, Solidez, Solidaridad. Nosotros siempre somos avaros en cuanto a reconocer el templo como paradigma de Comunión; casi siempre remarcamos la Presencia de Dios y las plegarias que allí elevamos, pero rara vez pensamos que el Templo es un “compactante” de la Comunidad. El Templo nos aglutina, nos coliga, nos proporciona identidad: el Templo nos mancomuna.

 

Al concluir la perícopa que se proclama hoy, el Señor dice que se complacerá en el Templo y se sentirá glorificado (Cfr. Ag 1, 8), pero no es por el edificio, sino porque el Templo es la radiografía que muestra la vitalidad de un pueblo que lo ama y que se aman entre sí. Recuerden que el mandamiento esencial -que sintetiza todos los demás- nos habla de Amor a Dios, ante todo, y luego de amor de projimidad.

 

Parece muy legítimo adornar la casa propia y hacer de ella una mansión.  Sin embargo, esta Primera Lectura de hoy, nos hace reconocer, qué es lo Primero. Hoy día, parece muy legítimo y lógico, y así se hace, cada uno va al Templo a recoger el agua bendita para su propia casa, y de la comunión fraterna, nadie se da por aludido.


Cuando asistamos a algún hermosísimo Templo, sepamos ver que, detrás de Él, hay una Comunidad que lo erigió y que sacó su fuerza y los recursos necesarios del poder de la fe que los coliga. Por eso, no se aperezan, y “suben al monte a traer la madera (Cfr. Ag 1, 8)

 

Sal 149, 1bc-2. 3-4. 5-6ay 9b

¡Qué dignidad tan alta es elevar nuestras oraciones agradecidas!

Este Salmo es un himno. Israel se refiere en él a la preferencia que Dios le ha demostrado a su pueblo. Dios ha entrado en la historia, ha trenzado su Tiempo con nuestro tiempo humano, ha permitido que contemplemos su Misericordia en el curso de los acontecimientos. Bienaventurados los que han sabido detectar la Acción de Dios que es Alcázar, Almena, Escudo y Muralla y ha fortalecido nuestros brazos para traernos la Victoria. Nos ha entregado la presea, a nosotros עָנָו [anav] los frágiles, los débiles, los pobres, los humildes, los mansos. Estas victorias que -muchos a veces desvalorizan- dicen que fueron episodios pasajeros, minúsculas victorias, hazañas de escaza duración; pero se engañan, esas -que a ellos les parece insignificantes- nos dan el material preciso para extrapolar y poder prever lo victoria escatológica.

 

Muchos se preguntan también: ¿por qué se ridiculizan esos episodios históricos tan reveladores, y se despilfarra de modo tan absurdo el material esperanzador que nos comunican? Nos atrevemos a aventurar la teoría de que este tipo de ceguera que afecta el “órgano” de la fe, proviene, y es consecuencia del pecado original, es “nuestro lado débil”. Una de nuestras fragilidades estriba en caer fácilmente en la desesperanza y no ver lo que “salta a la vista”. 


La palabra orar (verbo) y oración (sustantivo) tiene que ver y su etimología viene de “llevar a la boca”, ¿qué se lleva a la boca” en la oración? El Santo Nombre de Dios. Si hay algo que nos dignifica, que nos eleva, que nos “da alas” es la oración, porque orar es ser “interlocutores con Dios”, dirigirle la palabra y -a su vez- que Él nos conteste. Orar es llenarnos la boca de alabanzas y agradecimientos por las victorias que Él nos regala. ¡Que seamos capaces de reconocer que las murallas de Jericó se abaten, no por nuestras manos, no por nuestro ejército, no las derrumba la fuerza de nuestros brazos, sino el Caminar de “Dios con nosotros”! de Él que nos da su Amistad y viaja y habita en nuestro corazón: Él es Dios-con-nosotros. Pidió tener una Carpa para poder vagar por el Desierto junto a su Pueblo.

 

Que alabarlo pueble nuestros labios y nuestra loa brote como un manantial abundante es -para nosotros sus fieles- un verdadero honor. ¡Broten de nuestros labios plegarias y que sean una fuente que jamás se seque!

 

Lc 9, 7-9.

Es así como la noticia termina por llegar hasta las autoridades, que procuran siempre mantener al pueblo en “orden y seguridad”.

Ivo Storniolo

Hay un público muy especializado que le gusta ver “rarezas”: Visitan y pagan un boleto -a veces altamente costoso- para ver la “mujer barbuda”, “el traga-espadas”, “el hombre elefante”, o por lo menos un “embalsamador de virreyes”, y muchas otras curiosidades de circo y/o de las barracas de atracciones. De alguna y de varias maneras, parece ser que el Tetrarca Herodes era de esta prosapia y que esperaba que Jesús fuera una de sus atracciones.


Hoy otros que les gusta visitar los edificios cultuales de otros grupos, o las casas de brujos y adivinos, o los ashrams donde consultar a sabios gurús para adquirir sabiduría hermética, todo esto encontrado en el mapa del turismo espiritual. ¿Qué esperaría descubrir Herodes en Jesús? ¿Qué monería o que encanto querría verle?

 

Sin embargo, se le clava como un punzón en el ojo porque sus informantes se lo reportan como algún profeta.:

1)    Juan el Bautista

2)    Elías

3)    O que había resucitado alguno de los Antiguos Profetas.

Herodes no quería “oírlo”, no quería aprender algo de Él, no quería ser enseñado o corregido, ni siquiera quería aumentar su cultura religiosa. Sencillamente buscaba una atracción, algo que le recreara la vista, algo que llenara su tedio infinito. Bueno, ¿qué más se podía esperar de un asesino de profetas?


Para lograr ver a Jesús habrá que irlo a ver en dos instancias sucesivas:

1)    Verlo morir en la cruz

2)    Tener un encuentro con Él-Resucitado.

 

En cualquier caso, no se le verá con los ojos físicos, sino con los ojos del alma, que están dispuestos a ver -no un espectáculo circense- sino al Redentor que viene a Salvarnos. Los otros seguirán en vano su cacería de rarezas y curiosidades.

martes, 23 de septiembre de 2025

Miércoles de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Esd 9, 5-9

Nos cuenta Flavio Josefo que, para el Día de Yom Kippur, última fiesta anual del ciclo judío, Día de la Expiación, el más sagrado para ellos, día de arrepentimiento; se había marcado el sitio correspondiente al Arca de la Alianza, en el Sancta Sanctorum, pero que, como esta había desaparecido durante la invasión Babilónica, entonces el lugar se hallaba vacío, en su lugar se había puesto el Incensario y la מנורה Menorah “lámpara”, “candelabro” de siete brazos.

 

El Libro de Esdras tiene diez capítulos; y, hoy leemos la última perícopa -tomada del capítulo 9- que se estudia; mañana y el viernes leeremos del profeta Ageo y el sábado del profeta Zacarías. La semana entrante leeremos, el lunes -cuando celebraremos la fiesta de los arcángeles, del profeta Daniel (que es un libro apocalíptico), y el martes concluiremos nuestro mini-ciclo del profeta Zacarías; luego, haremos un asomo al Libro de Nehemías, los días miércoles y jueves. Nos cuenta que las autoridades le trajeron quejas que los judíos -incluidos sacerdotes y levitas- se habían casado con gentiles y habían dado paso a la idolatría; el tema de la pureza y -especialmente- el de la pureza racial, gana terreno en esta tradición.

 

Esdras se data en el ciclo 480–440 a. C; era escriba (sofer) y sacerdote (cohen) judío; fue un personaje clave en la promulgación de la Ley (la Torá) y la reforma espiritual de la comunidad, incluyendo la disolución de matrimonios mixtos- donde se nos relata que este se rasgó las vestiduras y se rapó la cabeza, sumido en honda depresión. La perícopa de hoy, habla en primera persona, asume la voz de Esdras, lo que sucede con toda esta parte, los capítulos 7-10, que tratan de la misión de Esdras; al comenzar la Lectura hoy, Esdras es apabullado con la noticia que lo informa que algunos de los judíos que ya se encuentran en Jerusalén se han casado con mujeres no judías. Esdras se horroriza ante esta prueba de pecado y reza a Dios: «¡Oh Dios de Israel, tú eres justo! Hoy nos hemos quedado como un remanente. Aquí estamos ante ti con nuestra culpa, aunque por ella ninguno de nosotros puede estar en tu presencia». Se sobrepone a su tristeza, y hace oración, presentándole la situación a Dios mismo, señalando la cadena de desvíos e עָווֹן [Avon] “iniquidades” en que habían incurrido, y rotulándolas como causales de la invasión, de la destrucción, del saqueo y de la deportación. El profeta Ezequiel designara la espada del Rey Babilonio, como la maza de castigo de Dios a su pueblo. Encuentra, sin embargo, como consolación el “respiro” que Dios les ha dado con la política de los gobernantes persas y sintetiza todo como ocasión de volver a Judá y -en particular – a Jerusalén para adelantar la reconstrucción del Templo.

 

Tendremos la oportunidad de estudiar -la semana próxima-, en Daniel y Nehemías el parentesco cerrado de estas plegarias con el enfoque a la tradición Deuteronomista.

 

A este grupo de repatriados los designa como פְּלֵיטָה [peletah] “residuo”, “escapados”, “retazo”, “resto”. Dice: “Pero ahora, en un instante, el יְהוָ֣ה אֱלֹהֵ֗ינוּ [Yahweh eloheinu] “Señor Dios” nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un יָתֵד [yaded] “clavo”, “clavija”, “estaca”, “lugar”, (algo donde ponerlo) en el Templo Santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud”. (Esd 9, 8)

 

Estos escritos no presentan un relato continuo de los hechos, como ocurre en la llamada «historia Deuteronomista» o en los libros de las Crónicas, sino que seleccionan únicamente los episodios más significativos en la restauración religiosa y social de Judá, cuando aún estaba bajo el dominio persa.


Situaciones que guardan analogía se viven también en la actualidad y nos llevan a pensar y reconocer la protección y el auxilio de Dios, en medio de nuestra nunca descontinuada indiferencia y frialdad de fe, rayanas en la impiedad y el abandono moral.

 

Sal Tob 13, 1b-2. 3-4a. 4bcd. 5. 10

Tomado del Libro de Tobit -escrito durante la era helenística, probablemente en los siglos III o II a.C., siendo sus idiomas originales el arameo o el hebreo, aunque también se han encontrado versiones griegas y latinas-, de la sección 13,1 – 14.1 que es una alabanza; no es un Salmo, pero con precisión se inserta aquí, dando gracias. El Ángel que los había acompañado -Rafael- antes de partir les recomienda y les muestra cuán prudente es agradecer los beneficios recibidos de Dios, ya que el Arcángel no los había acompañado por su capricho, sino porque así lo había dispuesto Dios. Desapareciendo, así, de su presencia.

 

Este himno no alaba las situaciones favorables de Tobit sino que inserta su experiencia personal en el fluir de la historia de Israel, agradeciendo Su Fidelidad en el Exilio y en la diáspora. El himno cuenta con 18 versos, algunos de ellos bien extensos. Para la perícopa se han tocado 5 y medio versos.


Bendice a Dios que habita la eternidad que hunde, pero salva rescatando. A quien nadie puede evadir.

 

En la dispersión, aprovechemos para llevar su Mensaje y cantar su Anuncio.

 

Cualquier “viviente” que encontremos a nuestro paso, reciba su anuncio y no quede exento de su proclamación: Glorifiquemos y difundamos que Él es Padre.

 

Si bien es cierto que nos corrige y no deja pasar inadvertidas nuestras desviaciones, también es muy cierto que no nos deja permanentemente desamparados y dispersos, sino que nos vuelve a juntar como el pastor lo hace al atardecer.

 

Y, concluye designando a Jerusalén como base y lugar central desde donde la alabanza para el señor YHWH brotará. Desde allí se repetirá nuestra glorificación porque YHWH vive eternamente, ha de ser también eterna nuestra Bendición.

 

Lc 9, 1-6

La Iglesia es en salida o no es Iglesia, y está "llamada a ser siempre la casa abierta del Padre". De modo que, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, "no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas.

Papa Francisco

 

En la misma medida en que la sociedad se complejiza, se mercantiliza y fabrica necesidades mezquinas e imaginarias, donde la simplicidad del proyecto del Reino se aleja cada vez más y se implementa una cerrazón que lleva a la exacerbación del individualismo, una cultura de la “puerta cerrada”, y una aguda discriminación entre los de “adentro” y los de “afuera”. La misión se vuelve tan difícil porque sólo estamos cómodos con los de “adentro”, a quienes podemos restregarle -a nuestras anchas- la diferencia y el ser díscolos de los de “afuera”. Y quedamos totalmente bloqueados al dialogo. ¡Si, el dialogo se vuelve imposible!


Esta -que nos narra hoy el Evangelio Lucano- es un nuevo ciclo para Jesús, que pasa a otra etapa de la vida pública y empieza, también un nuevo modo de relación con sus discípulos. Esta nueva fase será para ellos la del Envío, el discipulado será ahora, apostolado. Y para ejercer el apostolado les dará “autoridad y poder sobre todos los demonios y para curar enfermedades”; les hará entrega del Vademécum del Apóstol que contiene tres puntos. El primero de ellos con seis “no tomen”:

1)    Nada, usen el máximo de sencillez.

2)    Ni Bastón

3)    Ni Alforja

4)    Ni Pan

5)    Ni Plata

6)    Ni Túnica de repuesto

 

Los dos siguientes se refieren a:

a)    Como actuar cuando entren en una casa, enseñándoles para que conviertan a esa casa en

a.    Iglesia

b.    Vivienda

c.     Mesa del Pan

d.    Experiencia del Resucitado

e.    Lugar de oración

f.      Escenario de pentecostés

g.    Presencia del Padre

h.    Convergencia de los hermanos

i.      Punto de partida para despegar a una nueva Misión

 

b)    Y, cómo reaccionar cuando no los reciban, que equivaldrá al rechazo de Dios. La costumbre farisea al entrar en territorio “impuro” era sacudirse el polvo de las sandalias, para que no se le pegara a uno nada de esa impureza.

 

Se puede identificar en este conjunto un estilo de total libertad, sin estorbos, sin rémoras. Sin pesos que compliquen o impidan sin maletas que embolaten. Esa hospitalidad que es tradicional en esas regiones, se espera que cobije también a los Misioneros.

 

Podemos entender en este cuadro, los inicios de la Iglesia. Trabajando para que la Voluntad Divina se cumpla, no sólo en el Cielo. La Misión es de curación, de liberación, de desencadenamiento. No es distinto del llamado actual, el discipulado que se nos propone es el mismo que se hizo apostolado, sin duda tendremos que hacer ajustes y adaptaciones, pero siempre en atenta fidelidad al cuadro originante. Llamados a renunciar a los superfluo, a ajustarnos a la sencillez, a la simplicidad.


La Misión es un recordatorio de que la Iglesia es Madre y Maestra, pero ante todo Madre que quiere acoger a sus polluelos, y por eso sale a buscarlos. La misión propone una reducción al minimalismo. Ser infieles a este espíritu será condena de la misión al fracaso. Concluye la perícopa haciéndonos un llamado a “una Iglesia en salida”: «Pido al Señor que refuerce en nosotros y en todos los cristianos, especialmente en los obispos y en los presbíteros, el deseo y la responsabilidad por la comunión, el diálogo y el encuentro con todos los hermanos, sin excepción, para manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser Madre feliz de muchos hijos» (Papa Francisco 23 de oct. de 2019). 

lunes, 22 de septiembre de 2025

Martes de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Esd 6, 7-8. 12b. 14-20

Aún ha de sumarse otro detalle, los “entusiastas” que venían de la Golá y que habían puesto en los primeros puestos de sus prioridades la reconstrucción del Templo, he aquí que -y es lo que suele suceder- bajaron el Templo a una prioridad mínima y, pusieron en el primer lugar del orden del día, la reconstrucción de sus propias casas.

 

Darío es un nombre que en persa es Darayamus y que significa “el que apoya para que se haga el bien”. El relato de hoy trae -un elemento que ya habíamos enunciado ayer- el traspaso del bastón de mando, de manos de Ciro a manos de Darío. Sin embargo, cabe destacar que había una voluntad de continuidad en lo gobernado. No estamos ante la situación del gobernante de turno que llega a desbaratar lo que el gobernante anterior hizo u ordenó. En cambio, Darío, y esto era un elemento definitorio de la “política” -como era vista por los persas-, estaban por el “continuismo”.

 

Si la pregunta fuera sobre el motivo de los persas para apoyar la reconstrucción del Templo, podríamos dar, a lo menos, tes razones con distinta perspectiva:

1)    para cumplir una profecía bíblica que permitía el regreso de los judíos del exilio babilónico,

2)    para restaurar la paz y la estabilidad al permitir que la comunidad judía recuperara su centro religioso y cívico,

3)    y también como una política imperial que beneficiaba a su vasto imperio, al fomentar la lealtad y gratitud de una provincia sometida. 

Se ha recuperado un documento que ordenaba la reconstrucción del Templo judío en Elefantina, firmado por el gobernador persa de la región de Samaria y Judá

 

Por fuentes extra-bíblicas sabemos que Ciro también destino fondos para la reconstrucción del Templo de Uruk (en la Irak actual, ci, ciudad de Mesopotamia, cuna de la escritura cuneiforme y hogar de Gilgamesh).

 

Cambices, el sucesor de Ciro, destinó fondos para la reconstrucción de un templo al dios Sais en Egipto, al oeste del delta del Nilo, uno de los principales escenarios de las celebraciones vinculadas a la coronación o jubileo del faraón.

 

Así, el templo de Amún -antiguo dios egipcio Amón- en Jargah, fue reconstruido por orden de Ciro

 

Así las cosas, Darío investiga cuidadosamente cuales habían sido los designios de sus antecesores y, se entrega a impulsar esas empresas y aspiraciones. Fue su decisión apoyar con los fondos del “erario público”, recaudado en la región de Transeufratina -una satrapía conformada por los territorios al oeste del Éufrates y compuesta por Siria, Palestina, Chipre y Fenicia; en síntesis, la parte del imperio persa al oeste del Río Éufrates), la reconstrucción del Templo.

 

Uno de los factores que obstruyó la más pronta reconstrucción del Templo, fue la oposición pertinaz de los samaritanos. Los judíos no eran considerados suficientemente puros para participar en la reconstrucción, y por eso, ellos decidieron construirse su propio templo en el monte Garizim.

 

La reconstrucción del Templo se completó el 23 del mes de Agar del sexto año del Reinado de Darío, lo que. De acuerdo a nuestro calendario sería el 1º de Abril del 515 a.C. Como ya se dijo ayer, חֲנֻכָּה [Janucá] hanukkah “la re-dedicación” del Templo se hizo con el sacrificio de incontables animales, cuadrúpedos, especialmente bovinos. Y hubo una muy especial organización litúrgica que atendía con detalle y precisión los turnos y su duración y orden ajustándolos a lo prescrito en la Torah.

 

Los contados sobrevivientes que había conocido el Templo de Salomón quedaron fríos de la desilusión del resultado del Templo reconstruido bajo Zorobabel -gobernador del imperio aqueménide. Para colmo de males, el Sancta-Sanctorum permaneció vacío puesto que el Arca de la Alianza se había perdido. Solo se puso la Mesa para los panes de la proposición, la mesa del Incienso y un candelabro de siete brazos, en vez del de diez brazos que había puesto Salomón. También el número de reses sacrificadas era diminuto al lado de los sacrificios de la era salomónica.

 

Al año siguiente, después de 70 años de la cesación de esta celebración, se retomó la celebración de la Pascua, según la fecha señalada, lo que debió ocurrir el 21 de abril de 516 a.C.


Rituales de purificación se realizaron con muy piadosa intención, para celebrar su Primera Pascua post-exilica. Se encargaron pues los turnos sacerdotales y levíticos, y se asignó a los levitas el servicio de carnicería -conexo al de los sacrificios- que anteriormente era ejercido por laicos. Así, esta reforma post-exilica en el templo, conlleva un espíritu “clericalista”. La perícopa se cierra señalando la exclusividad ritual de sacerdotes y levitas en la ritualidad de los sacrificios.

 

Sal 122(121), 1bc-2. 3-4ab. 4cd-5

Es un salmo de peregrinación que se puede tomar como el último de la Peregrinación o el primero de los graduales; el salmista en el verso 1, nos da la clasificación como מַעֲלָה [ma-la-hau] “gradual”. Lo primero, al llegar y contemplar el Templo, es ver su esplendor y maravillarse ante Él. Una vez repuestos de la admiración, viene la bienvenida -por parte de los Levitas- y el saludo por parte de los peregrinos.

 

También era importante una catequesis “turística” y “litúrgica” sobre el lugar, que en este salmo es muy breve. En la conclusión del Salmo nos encontramos ya con el “momento de la paz”.

 

Nuestra traducción señala que Jerusalén es una ciudad bien “compacta”, desde niño entendíamos, una ciudad de edificaciones muy estables y sólidas; ahora, con alguna idea del hebreo, vengo a ver que la palabra חָבַר [chavar] significa “que crea lazos de fraternidad”, que “intensifica las relaciones interpersonales”, “que nos da un sentido de hermandad”, “que genera un poderoso sentimiento de unidad”. (Sabido esto, entiendo por qué se ha puesto este Salmo como antesala del Evangelio que se va a proclamar a continuación).

 

Se hace mención de las oficinas de administración de la Justicia, porque estaban los Doctores de la Ley, listos a dirimir “conflictos”, a resolver querellas, siempre remitiéndose a la Ley Divina, a los códigos Μωσαϊκός mosaicos”. Y no son oficinas cualesquiera, son los Tronos de la Justicia, porque son los sitiales desde donde Dios imparte y nos hace llegar la Suya que es le Justicia más Justiciera.


Hay una pregunta esencial para entender la Sacralidad del Templo: ¿Para qué está destinado el Templo? Para “celebrar”, o sea para congregarse (la esencia de la palabra “celebración” no es el carácter festivo, sino el sentido de “asistencia en masa”). Si, sencillamente “congregarse”, no, no es solo acudir muy piadosos y salir “beatificados”, con una idea farisaica de “ya cumplí”, “he observado lo prescrito en la Ley”. Hay otro elemento de radical importancia en el Templo, es acrecentar la fraternidad, mirar los rostros de los que asisten y saber que hay un parentesco de “hermandad” con todas esas caras que se dieron cita para “celebrar” el “Santo Nombre de Dios”, porque todos los asistentes Lo han llamado “Padre”: Para que sea una Alianza con Dios, tiene que ser, también, una Alianza con mis “hermanos”.

 

Entonces, y sólo entonces, estarán puestas las bases verdaderas para que se despliegue la Paz: שְׁל֣וֹם [Shalom] es una paz que compendia amor, salud, bienestar, seguridad, concordia y fraternidad. Como fuente de la Paz más plena: el Templo; desde allí bendecimos a todos los “hermanos”.

 

Abandonemos toda tristeza, y dejemos que nuestro corazón se trasforme en un Ramo frondoso de Gratitud y Fraternidad.

 

Lc 8, 19-21

El que escucha la Palabra, pero no la pone en práctica, es como el que mira su cara en un espejo y, en cuanto se va, se le olvida cómo era.

Sant 1, 23s

 

Jesús no se limita a “predicar” con su discurso la importancia de poner el Candelero muy en alto, sino que Él vive así, no a la tapada, sino a ojos-vista, ¡Claro! Arriesgándose, poniéndose en evidencia, llamando la atención de los gobernantes, de las “autoridades” civiles y religiosas. Ahora, -pasa con muchísima frecuencia- ponen los ojos sobre el “revoltoso”, pero miran hacia su familia, porque allí pueden tocarle el “talón a Aquiles”, donde a Aquiles más le dolería. La familia puede ser la vía más directa al amedrentamiento. Pero Jesús ha querido mantener su fidelidad a lo que su Padre Celestial le ha requerido: Fundar un nuevo tipo de familia, basada sobre otro tipo de consanguinidad, la fidelidad al Padre del Cielo.


Jesús no se limita a proponer un discurso muy moral, ni a requerir deberes y obligaciones, cuantas más, aparentemente mejor. ¡No! Jesús, va a una praxis de su enseñanza, a una vivencia y un compromiso verdaderos conforme con el Anuncio; Él pone a actuar su Coherencia. Su familia: María y sus primos, están nerviosos porque Jesús está “pisando callos”, está incomodando, levantando ampolla y se está exponiendo al colocarse en la zona de mayor visibilidad. Sus “parientes” se sienten en la obligación de venir a “llamarle la atención”, no pueden entrar a llamarlo para hablar con Él, entonces, lo hacen llamar por terceros. Podemos imaginarnos como corrió la voz de oído en oído, desde la puerta hasta el punto donde se hallaba hablándoles.

 

Jesús, que estamos habituados a ver como una persona muy modosita, que no discutía nada, que no contrariaba a nadie, muy respetuoso de las “reglas”, viene a decir con su “modelo y su idea de familia”, que este tema de la raza y la sangre no tiene nada que ver para Dios, que el pueblo de Dios no eran los mejores, ni los superiores, sino los más necesitados y que de ahí salía su preferencia: «… el Evangelio crea una nueva familia, no constituida por vínculos naturales, sino por los sólidos vínculos que crea el Espíritu. Para ser partícipes de esta familia sólo se requiere una cosa: escuchar el Evangelio, conservarlo en el corazón y ponerlo en práctica». (Vincenzo Paglia).

 

Se pone en la “línea de tiro” cuando afirma que no tiene que desvelarse tanto por “escuchar a Moisés”, sino que ahora tiene que “escuchar” la Palabra de Dios, y, luego, el salto gigantesco, -que encierra una crítica impertinente contra los letrados, los escribas y los fariseos: ¡Y cumplirla!

 

Ha de recordarse aquí la idea semita de “guardar en el corazón”, que significa además de la escucha el ponerlo por obra.

 


Un cambio total de fronteras: Despabílense los que se creen de Dios sólo porque nacieron en este pueblo, ¡Háganse de Dios! Vivan sus enseñanzas, practiquen la Voluntad de Dios. ¡Si! Verdaderamente un nuevo tipo de familia: La gente que atiende a Dios en todo lo que Él dice. ¡Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la ponen por obra! (Cfr. Lc 11, 28)