jueves, 29 de agosto de 2013

LOA A LA HUMILDAD


Eclo 3, 19-21. 30-31; Sal 68(67), 4-5ac. 6-7ab. 10-11; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14

καὶ μάθετε ἀπ’ ἐμοῦ, ὅτι πραΰς εἰμι καὶ ταπεινὸς τῇ καρδίᾳ,
“…y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”
Mt 11, 29b


“Lo que agrada a Dios es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia…”
Sta. Teresita del Niño Jesús

El hombre no es nunca un estómago o una boca.

Arturo Paoli


Del terror a la dulzura



El Salmo 68(67) es un Salmo del Reino donde los exegetas ven una grandiosa teofanía; tomaremos  de allí 6 versos, y ni siquiera completos, de los versos 5 y 7 tomaremos las partes ac y ab respectivamente. El Salmo inicia con una cita de Moisés cuando tomaban el Arca de la Alianza para re-emprender su vagabundeo por el desierto (bajo la guía del Señor) advirtiendo a todos los rivales de Dios que יָק֣וּם  אֱ֭לֹהִים  יָפ֣וּצוּ  אֹויְבָ֑יו  וְיָנ֥וּסוּ  מְ֝שַׂנְאָ֗יו  מִפָּנָֽיו׃  “Se levanta Dios, que se dispersen sus enemigos, huyan de su presencia los que lo odian” Num 10, 35. El salmo nos cuenta que cuando avanzaban por el desierto la tierra temblaba y el cielo destilaba; los reyes y los ejércitos iban huyendo,… llevando cautivos,… aplastando las cabezas de los enemigos y los cráneos de los malvados contumaces Nos habla del poder de Dios diciendo que tiene miles y miles de carros de combate.



En este salmo se nombran los clientes de Dios, los que Él ha escogido para apadrinar. Es importante que veamos quienes son porque también con Dios se cumple el adagio popular “Dime con quién andas y te diré quién eres”:

a)    Padre de huérfanos
b)    Protector de viudas
c)    Los desvalidos reciben casa de sus bondad
d)    Los cautivos son liberados y enriquecidos por Él
e)    Su rebaño, los pobres, habitaron la tierra que Él les preparó



Esta lista nos da idea por dónde se encaminan las preferencias de Dios y cómo hace la distribución de su heredad.

En la Segunda Lectura, último Domingo que tomamos de Hebreos, nos señala un enorme cambio de estilo en la teofanía: Ya no veremos πυρὶ καὶ γνόφῳ καὶ ζόφῳ καὶ θυέλλῃ καὶ σάλπιγγος ἤχῳ καὶ φωνῇ ῥημάτων, ἧς οἱ ἀκούσαντες παρῃτήσαντο μὴ προστεθῆναι αὐτοῖς λόγον· a) fuego encendido, b) densos nubarrones c) tormenta d) sonido de trompeta e) ni esa Voz que el pueblo rogaba no volverla a oír Heb 12, 18b-19.






En cambio, ahora Dios ha escogido la suavidad, el susurro, hablarnos dulcemente al oído, musitarnos apenas, gran silencio se requiere para identificar su Voz –ya para nada atronadora y mucho menos aterradora- ahora la vía es la de lo tenue, lo humilde: ahora la vía es Jesús. «¡Ay! Sólo la miseria no despierta envidia… Quiero ofrecerme a los humanos como el hombre despreciado y el último de todos… para que ellos, por celos, ardan en deseos de imitar en mi la humildad, mediante ella alcanzarán la gloria…»[1]

Divino Maestro de Humildad



Jesús nos indica un rasgo definitorio y definitivo de su seguimiento: La humildad. No está entre las pautas de nuestro discipulado la ambición por los “puestos” destacados; todo lo contrario, nuestro discipulado consiste y tiene como consigna la búsqueda de los “últimos lugares”. Prácticamente este es nuestro programa de acción. Queremos exhibir –sin pretender ser exhaustivos- algunos puntos de la Vida de Jesús donde lo vemos optar por los últimos puestos; se trata de la ratificación –con hechos de su Vida- de lo que nos señala en la perícopa Evangélica que nos ocupa este XXII Domingo Ordinario del Ciclo C.



Nació en el seno de una familia “pobre”, sin realeza, ni importancia especial
Nació en una pesebrera, por no haber sitio en la casa para un parto; y su cuna fue el cajón del alimento para el ganado.
Siendo aún un niño su familia tuvo que huir a Egipto para salvar su vida.
El oficio de su papá es la “carpintería”
Su adolescencia y  juventud se mantienen en silencio, cosa que no habría ocurrido con un “notable”.
Viene a vivir en Nazaret, población menor, sin  ningún realce; no se la tenía como cuna para nadie especial.
Vive rodeado  de gente muy del “común”, incluso gente mal vista, tenida por prostitutas y “publicanos”, es decir, judíos cobradores de impuestos al servicio del Imperio Romano.
Sus amistades cercanas son pescadores.
Él se equipara con un “Pastor”, gente “maloliente” según los prejuicios corrientes; (el Papa Francisco nos señala deber llevar nuestro discipulado llegando a oler como Él).
Se abaja a dialogar con mujeres, aún más, da relieva a los niños y los acoge.
Toca a leprosos y cadáveres aun cuando se le tome por “impuro”
Lava los pies a sus discípulos.
Cabalga en un borrego: imagen ridícula -hasta el absurdo- para el Ungido
Lo detienen “de noche”. Lo condenan en un juicio clandestino, llevado a cabo al amparo de la oscuridad, en horario irregular par las deliberaciones del Sanedrín.
Pilatos ofrece liberarlo como alternativa proponen a un tal Bar-Abbas, en Mt 27, 17c
Lo tratan como a un criminal y lo crucifican entre “ladrones”
Le arrebatan todo, sumiéndolo más aún que en la pobreza, en la indigencia: le quitan hasta la ropa, y se juegan su túnica
No perdamos de vista que morir en cruz era una muerte denigrante, infamante, reservada a los delincuentes políticos, rebeldes, sediciosos, criminales contumaces. Es decir, se le quita enteramente la honra, se le infama.
Una vez resucitado, se manifiesta a mujeres. Con este “abajamiento” parece que Él se rebaja, y –por el contrario- con eso dignifica y realza a la mujer.
No pone reparos ni impide que hurguen sus llagas, por el contrario, se las brinda a Tomás para que las explore.



Estos puntos de la Vida de Jesús son sólo una muestra, algunos ejemplos que se nos vinieron a la memoria sin esforzarnos mucho y –como dijimos arriba- no creemos ni tratamos de agotarlos; seguramente mientras ustedes leían la lista se les ocurrieron otros que no se mencionaron. Conclusión: Jesús no sólo predicaba la “humildad” sino que Él mismo la practicaba y para Él era “el Pan suyo de cada día”.

Pero, y ahí está la ironía, toda nuestra cultura y nuestra educación apuntan en el sentido directamente opuesto: Se nos orienta que debemos “ser alguien en la vida”, se nos forma para ser “doctores”, “gerentes”, “mandamases”, “políticos” (en el mal sentido de la palabra, no para trabajar por el avance y la autonomía de las comunidades sino para encontrar vías hacía el “dinero fácil”, para desangrar el erario público).

Realmente, y otra vez eso hace tan desconcertante el mensaje de Jesús, Él es el Único que nos indica encaminarnos hacía “el último puesto”. También es el único que nos propone organizar un banquete e invitar a quienes no puedan retribuirnos la “atención”. Él nos propone que nuestros invitados sean (y aquí sobresale en la selección de los invitados la opción preferencial por los más necesitados, los clientes de Dios, sus ahijados) πτωχούς, ἀναπήρους, χωλούς, τυφλούς· “… a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos;” Lc 14, 13b La palabra πτωχός que se traduce por “pobre”, se traduce también por “humilde”.



Santa Teresita de Lisieux nos propone tener una actitud de niño al amar a Dios, es decir, amarlo con simplicidad, con confianza absoluta, con humildad sirviendo a los demás. Esto es a lo que ella llama su “caminito”. Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios.

«La naturaleza humana se capacitó en Cristo para ser semejante al amor de Dios… El amor es el ícono de Dios»[2]

Humildad para servir

Sólo la humildad nos permite servir. En cambio, la arrogancia, la soberbia, conducen a la ambición de ser servidos y nos inmovilizan a la hora de poder actuar a favor de los πτωχός. Viene a colación la siguiente parábola atribuida a Leonardo da Vinci:

«Un día la navaja, saliendo de la chuspa que le servía de funda, se puso al sol y vio el sol reflejado en ella. Entonces se enorgulleció, dio vueltas a su pensamiento y se dijo:
"¿Volveré a la tienda de la que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Sería una locura dedicarme a afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ¡Qué bajo servicio! ¿Estoy destinada para un servicio así? Sin duda alguna que no. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasaré mi vida tranquila".

Después de vivir este estilo de vida durante algunos meses, salió fuera de su funda al aire libre, se dio cuenta de que había adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no podía reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida, lloró en vano su irreparable desgracia y se dijo: "¡Cuánto mejor hubiera sido gastarme en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar! ¿Dónde está ya mi rostro reluciente? El óxido lo ha consumido".»[3]

En cambio, la persona humilde y el referente ideal de nuestra época es la Madre Teresa de Calcuta, no tiene reparos porque la soberbia no puede frenarla, porque no está sujeta a la ambición del poder. Quien ansía el poder está preferentemente ocupado en velar por su imagen, le preocupa el ¿qué dirán?, y prefiere la inmovilidad para no “ensuciarse”. Todo lo contrario de Jesús a quien nada importaba si lo llamaban “impuro”.



La Madre Teresa de Calcuta nos da una valiosa indicación para poder aliñar nuestra vida con el aroma del pastor sin temer a la vaciedad, a la kénosis, al abajamiento, en fin, sin temer a la humildad: «Aparta los ojos de ti mismo y alégrate de no poseer nada, de no ser nada, de no poder nada. Sonríele confiadamente a Jesús cada vez que tu vaciedad te atemorice». «Cada uno de nosotros no es más que un simple instrumento de Dios. Llevamos a término nuestra humilde tarea y desaparecemos.». Este enfoque, esta mirada que toma conciencia de su fragilidad, de su ser pasajero nos permite dimensionarnos y reconocernos transitorios, “peregrinos aquí en esta tierra”; y, entonces, podemos encarnizarnos en nuestra “misión”, en el cumplimiento de nuestra vocación, en el despliegue de nuestros talentos; no por nosotros mismos, no para brillar y aparecer, sino apartando los ojos de nosotros mismos para ponerlos en las Pupilas de Jesús.

Evitar el ómfalo-psiquismo (ejercicio auto-hipnótico consistente en mirarse el ombligo hasta caer en trance) es decir, queremos exhortarlos a combatir esa forma de religión que no sabe apartar la mirada de sí mismo, que –en vez de ser humilde es auto-centrada, pretenciosa-, que sólo se preocupa de la propia salvación, que se encierra en la soledad cultual (aun cuando miles lo rodeen en la práctica del mismo culto; como una forma de solipsismo de la fe). Riesgo mucho más frecuente de lo que se pudiera pensar puesto que muchas veces la fe se ha enseñado como una práctica cultual, oracional y hasta sacramental donde la fe y la salvación son problema individual y los hermanos, los “prójimos” no tienen nada que ver, allá ellos, que luchen por su propia salvación; yo aquí, con mis propias oraciones, mis ritos severamente cumplidos, la carpetica y la veladora, la estampita y la novena, la camándula y la medallita. Y, en cambio, «el reino de Dios debe buscarse y construirse en las ocasiones concretas que nos ofrece la historia enfocada como historia de la liberación del hombre. Este “tuve hambre y me disteis de comer” es un imperativo muy fuerte para el hombre que tiene fe y que busca a Dios; lo obliga a la vigilancia y a la búsqueda, no sólo de Cristo hambriento, que es fácil de hallar en cualquier camino del mundo, sino de todos los hambrientos que es necesario alimentar en la tierra. Y de cómo saciarlos en la verdad y en el amor, ya que toda la vida del cristiano está acompañada por esta música de fondo: hacer la verdad en el amor”… debemos estar en el mundo y en la historia porque una historia aparte es necesariamente falsa por el simple hecho de que no hay más que una historia: “Vosotros sois la sal de la tierra” Mt 5, 13. Estáis hechos para mezclaros con la tierra. “Más si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para tirarla afuera y ser pisoteada por los hombres”(ib). Mezclados con la tierra, perdidos en el advenimiento, coparticipes del éxodo, hombres cualesquiera pero discípulos de Cristo los que han escuchado el Evangelio, no como raza aparte, no separados, sino como sal, es decir, ricos de aquella esperanza que da sabor y sentido a los acontecimientos y que, saturándolos con un mensaje de liberación y personalización impiden que se enajenen»[4]



«…la bondad tiene siempre un carácter tripersonal. Es la bondad de alguien, pero a la postre es la bondad de Dios, porque de Él es de donde viene toda Bondad y es bondad hacia alguien. No hay bondad si no hay un objeto sobre el cual se ejerce, y este a quien se dirige la bondad juega también su papel en la posibilidad, para alguien, de ser bueno.»[5]

La Madre Teresa de Calcuta hacía un diagnóstico de la pobreza y se encontraba que «Hay diferentes clases de pobreza. En la India algunas personas viven y mueren hambrientas. En esos lugares, hasta un puñado de arroz es valioso. En los países occidentales no hay esa tipo de miseria material. Allí nadie se muere de hambre, ni siquiera se conoce el hambre como se conoce en la India y en algunos otros países. Pero en Occidente hay otra clase de pobreza: la pobreza espiritual que es mucho peor. La gente no cree en Dios, no reza. A la gente no le importa nada del prójimo. En Occidente tenemos la pobreza de aquellos que no están satisfechos con lo que tienen, que no saben enfrentar el sufrimiento, que enseguida se abandonan a la desesperación. La pobreza del corazón es muchas veces más difícil de aliviar y de exterminar que la pobreza material. En Occidente hay una gran cantidad de hogares desunidos, de niños abandonados, y el divorcio es moneda corriente».

Nos disculpamos por prolongar la cita de las ideas que la Madre Teresa de Calcuta nos esbozó sobre esta pobreza y lo hacemos porque traza una fibra de coherencia entre la humildad, la misión del creyente y el hambre que asuela el mundo y es que la Madre desenmascara otras violencias-pobrezas que claman al Cielo: «La pobreza espiritual del mundo occidental es mucho mayor que la pobreza física de nuestra gente. Ustedes en Occidente, tiene millones de personas que sufren de una terrible soledad, un tremendo vacío. Sienten que nadie los ama, que son rechazados. Esta gente no padece hambre en el sentido físico, pero está hambrienta de otras cosas. Sabe que necesita algo más que dinero, pero no sabe lo que es. Lo que en el fondo extraña es una relación real y viva con Dios…. Me parece que la pobreza en Occidente es mucho más difícil de satisfacer porque es mucho mayor que la pobreza que podemos encontrar en la India, en Etiopía o en el cercano Oriente, ya que esta última es sólo una pobreza material. Por ejemplo, hace unos meses, antes de venir a Europa y a América, recogí a una mujer de las calles de Calcuta que se estaba muriendo de hambre: todo lo que tuve que hacer fue darle un plato de arroz para satisfacer esa hambre. Pero aquí (en Occidente) se trata de curar el hambre que padecen los solitarios, los marginados de la sociedad, los que no tienen hogar ni familia, los presos de todo tipo que pasan la vida en terrible soledad, que sólo son conocidos por el número de celda y no por su nombre. Creo que esta es la peor pobreza, una pobreza que el ser humano no puede aceptar, soportar ni sobrevivir». Todo esto nos llama y nos reta a no ser como la navaja oxidada de la que nos contó Leonardo de Vinci.




[1] Guillermo de St Thierry, De Natura et dignitate amoris, 40. Citado por Ratzinger, Joseph Card. UN CANTO NUEVO PARA EL SEÑOR. LA FE EN JESUCRISTO Y LA LITURGIA HOY Ed. Sígueme Salamanca España 1999 p.32.
[1] Agudelo, Humberto. Pbro. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU t. 3 Paulinas Bogotá – Colombia 2006 p. 36
[2] Chr. Schönborn, Die Christus-Ikone Schaffhausen 1984, 134 Citado por Ratzinguer, Joseph. Card. En Op. Cit. p.32.
[3] Agudelo, Humberto. Pbro. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU t. 3 Paulinas Bogotá – Colombia 2006 p. 163
[4] Paoli, Arturo. DIALOGO DE LA LIBERACIÓN Ed. Carlos Lohlé Bs. As. 1970 pp. 84 y 90
[5] Staniloaë, Dumitru. ORACIÓN DE JESÚS Y EXPERIENCIA DEL ESPÍRTU SANTO . Ed. Narcea. Madrid- España 1997. P. 52

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