domingo, 20 de octubre de 2019

¡ORAR SIN TREGUA!



Ex 17,8-13; Sal 121(120),1-2.3-4.5-6.7-8; 2Tim 3,14–4,2; Lc 18,1-8

Levanto mis ojos a los montes
¿de dónde me vendrá el auxilio?
Sal 121(120), 1b

Nada hay tan poderoso en la tierra
 como la pureza y la oración.
Teilhard de Chardin

«La Roca
Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas. El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas... y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. Como el hombre empezó a sentirse frustrado Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente: has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido.


Le dio al hombre la impresión que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión. Satanás le dijo: por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible. Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente. El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ".

El Señor le respondió con compasión: Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca.

Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en Él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes que es Dios quien al final logra moverlas.

Cuando todo parezca ir mal... solo ¡EMPUJA!
Cuando estés agotado por el trabajo... solo ¡EMPUJA!
Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería... solo ¡EMPUJA!
Cuando no tienes más dinero para pagar tus cuentas... solo ¡EMPUJA!
Cuando la gente simplemente no te comprende... solo ¡EMPUJA!
Cuando te sientas agotado y sin fuerzas... solo ¡EMPUJA!
¡Los verdaderos amigos son difíciles de encontrar, fáciles de querer e imposibles de olvidar! En los momentos difíciles pide ayuda al Señor y eleva una oración a Jesús para que ilumine tu mente y guie tus pasos. Entrega tus miedos al Señor y pídele con una oración que Jesús te ayude a encontrar el camino que te conduzca a Él.»[1]

Muchas veces Jesús nos advirtió que debíamos permanecer vigilantes, esta vigilancia a la que Él se refería es la de la oración. Debemos guarecernos bajo el manto de la oración. La oración es no sólo un ejercicio piadoso sino una necesidad constante de nuestra vida espiritual. Si queremos estar vivos nos es indispensable orar; así como la vida física depende del oxígeno, la vida espiritual respira oración. Sin oración el ser muere y el alma se marchita, se seca.

Nuestro cuerpo físico tiene necesidad de descanso y necesitamos dormir, interrumpir la jornada física para reponer fuerzas. Pero Dios no se cansa, no necesita de sueño, Dios no duerme, ni reposa, Dios está siempre en vela cuidando  a su siervo fiel, Israel (Israel significa “el que reinará con Dios”; o “soldado de Dios” soldado que en vez de “vigilar, es cuidado, cuidado y protegido por su Dios).

Mientras dormimos, Dios vela, como Padre–Protector que cuida sus “bebés”; o, como nos lo mostró Jesús, como pastor que vela por su rebaño, inclusive por las “ovejas” díscolas.


¡Levanta tus brazos y Dios te mirará con Misericordia!
La página bíblica que da motivo a la Primera Lectura del Domingo XXIX de tiempo ordinario ilustra, a través de la persona de Moisés, al hombre que ¡EMPUJA! «Como ejemplo típico de oración y de intercesión cito el episodio en que Moisés alza las manos en el combate contra Amalec. “Mientras Moisés tenía alzadas las manos prevalecía Israel; pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec. Se le cansaron las manos a Moisés” [realmente es fatigoso el servicio de la oración] entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol. (Ex 17, 11-12). Es bellísima esta imagen de Moisés que reza hasta el atardecer: es la imagen de los grandes intercesores de la Iglesia, la imagen en la que se inspiran las almas contemplativas que interceden por la humanidad.»[2]


Recordamos vivamente cuando Adán rinde cuentas a Dios por su pecado no vacila en echarle la culpa a su pareja, a quien Dios le había dado por compañera “idónea”; Moisés obra de manera totalmente opuesta, se pone del lado de su pueblo, intercede por él, lo defiende “a capa y espada”; toma partido por ellos y no los traiciona ni los abandona. Sostiene sus brazos más allá de sus fuerzas y no se niega a sentarse en la piedra y a dejarse “manipular” los brazos  en favor de los suyos. «… cuando el pueblo llegó al fondo del abismo, bailando en torno al becerro de oro, Moisés halló todavía el modo de defenderlo: “¿Es culpa suya o tuya, Señor? Israel ha vivido tan largo tiempo en el exilio entre los adoradores de ídolos que ha sido envenenado por ellos. ¿es culpa suya si no consigue olvidarlo fácilmente?... Vemos así como Moisés se identifica de verdad con su pueblo»[3]. Lo cual nos enfoca en una forma particular de oración, la oración de intercesión, cuando no oramos por nosotros mismos, o sólo por nosotros mismos, sino que oramos por otros, abogamos por ellos, presentamos nuestros ruegos, nuestras súplicas, por sus necesidades, por sus afanes, por sus dolencias, por su salud, por su salvación. A este respecto el cardenal Martini nos enseñó una caracterización que diferenciaba la oración evangélica de la apostólica. Nos decía que «La oración evangélica esta por lo general en singular: “Señor, ten piedad de mí pecador”, el “Padre Nuestro” está en plural, presupone la conciencia de un “nosotros”, de un pueblo, de una corresponsabilidad, de una solidaridad que nos une los unos a los otros.»[4] Siempre nos sentimos obligados a poner un reflector sobre este “nosotros” que es la conciencia de no ser “islas” sino células del Cuerpo Místico de Cristo, miembros de ese Todo, hermanos, hijos del mismo Padre.

Volverá en la Parusía, buscando fe.
En el Evangelio, parece que Jesús súbitamente cambia de tema, alguien diría que viene hablando de la constancia en la oración, con la parábola del Juez impío y la viuda, y, de repente, le da por hablarnos de la fe y del futuro de la fe en la tierra, es la pregunta de si la fe sobrevivirá en un mundo de impiedad, en una sociedad sin entrañas, con corazón de piedra. Pero no hay tal salto ni tal cambio de temática. Jesús todo el tiempo está hablando de la fe porque la oración simplemente es una acción que se desprende de la fe. Si creemos que Dios existe, que está con nosotros, que nos acompaña ¿cómo podríamos no dirigirnos a Él? ¿cómo podríamos dejar de dialogar con Él? Si uno está vivo respira, le palpita el corazón; si la fe está viva, ora, se abre al Trascendente, se comunica con Él, ora.


Un dialogo verdadero no son sólo palabras que fluyen de aquí para allá, sino son además cosas que hacemos, decisiones que tomamos en consecuencia con lo hablado, acciones que vuelven realidad lo conversado, lo pactado, lo convenido. Por tanto, la oración conduce a cambiar la vida y la actitud frente a la vida. Cambiamos no sólo en lo que hacemos sino en la manera como enfocamos todo lo que hacemos: la oración conlleva conversión. «Rezaremos tanto mejor cuanto más profundamente esté enraizada en nuestra alma la orientación hacia Dios. Cuanto más sea ésta fundamento de nuestra existencia, más seremos hombres de paz. Seremos más capaces de soportar el dolor, de comprender a los demás, de abrirnos a ellos.»[5]

Los tiempos cambian el lenguaje y los recursos de Dios. San Pablo, el emisario de Dios para Timoteo, (también en muchas cosas y casos para nosotros), plantea en qué roca se sentará y qué (o mejor, Quien) le sostendrá los brazos: La Sagrada Escritura. Tanto es el apoyo que le brindará que no tiene que hablar su propio discurso, la Sagrada Escritura le dará la sabiduría; y, esa sabiduría, gracias a διὰ πίστεως τῆς ἐν Χριστῷ Ἰησοῦ. “la fe que se deposita en Cristo Jesús”, es la sabiduría que salva –como dice en la Segunda Epístola a Timoteo, τὰ δυνάμενά σε σοφίσαι εἰς σωτηρίαν “conduce a la salvación”.

«MEMORANDUM DE: DIOS PARA: TI
Hoy, YO DIOS, estaré manejando todos tus problemas. Por favor recuerda que no necesito tu ayuda.


Si te enfrentas a una situación que no puedes manejar, no intentes resolverla.
Te pido amablemente que la coloques en la bandeja (AQSDPH) "Algo que sólo Dios
puede hacer". Me encargaré del asunto en Mi tiempo, no en el tuyo.

Una vez que hayas depositado tu problema en dicha bandeja no te aferres más a
él o pretendas retirarlo de allí. El aferrarte o retirar tu problema, solo hará
que se retrase la solución del mismo.

Si fuese una situación que tú consideres puedes manejar por ti mismo; te pido
no obstante, que por favor lo consultes conmigo en oración, para que puedas
asegurarte que tomarás la decisión adecuada. Debido a que yo no duermo nunca
ni me adormezco jamás.

No hay razón por la cual tengas que perder tu sueño en la madrugada a causa de
las preocupaciones. Descansa en Mí.

Si deseas contactarme, estoy a la distancia de una oración. Además considera lo
siguiente: Sé feliz con lo que tienes. Si encuentras difícil el dormir por las
noches, recuerda a las familias desamparadas que no tienen un lecho dónde
dormir.

Si te encuentras atorado en el tráfico, no desesperes. Hay gente en este mundo
para quienes tan solo manejar es un privilegio.

Quedo de ti, tu amigo de siempre.... ¡Dios!»[6]

La oración perseverante entraña una especie de paciencia, la paciencia ardua que el Malo aprovecha para debilitarnos la fe, la paciencia necesaria para esperar “el tiempo de Dios”, el momento idóneo para atender nuestras peticiones.




«Un alma enamorada, de dialogo franco con Dios, tal vez le diría ‘Dios, que paciencia hay que tener contigo’. Hay que tener paciencia y
-Aceptar su invisibilidad
-Aceptar sus silencios
-Aceptar el no entender bien sus caminos, ni las condiciones para experimentarlo.

“Aun antes de terminar la plegaria puede Dios mandar… una respuesta. Más podría darse el caso de pasar por la prueba de esperar años, de agotarse, de desilusionarse, y hasta de desaparecer. Entonces, cuando no hay nada ya que esperar, suele venir Él mismo para resucitar…, para imprimirle una nueva andadura con Él. Sólo entonces se entiende la espera, sólo entonces se entiende que Él estaba presente ‘de otra manera’»[7].




[1] Agudelo C, Humberto A. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU 3. Ed. Paulinas Bogotá- Colombia 2006 pp. 76-78
[2] Martini Cardenal, Carlo María. VIVIR CON LA BIBLIA. Ed Planeta Santafé de Bogotá Colombia 1998 pp. 152-153.
[3] Ibid.
[4] Martini Crnal., Carlo María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia 1995 p. 469
[5] Benedicto XVI, JESÚS DE NAZARET, I PARTE. Ed. Planeta. Bogotá Colombia 2007 p. 163.
[6] Agudelo C, Humberto A. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU 2. Ed. Paulinas Bogotá- Colombia 2006 pp. 99-100
[7] Archimandrita Basilios, DEL EROS AL DESPOSORIO. LA VIRGINIDAD POR EL REINO DE LOS CIELOS, en  “VIDA RELIGIOSA”, 66 (1989) 199. Citado por Caballero, Nicolas cmf. PARA FORMAR ORANTES. LA ORACIÓN ESENCIA DE UN PROYECTO FORMATIVO I. Ed. Publicaciones Claretianas Madrid – España 1994. P. 147

domingo, 13 de octubre de 2019

PORTADORES DE GRATITUD



2Re 5, 14-17; Sal 98(97), 1. 2-3ab. 3cd-4 (R.: cf. 2b); 2Tim 2, 8-13; Lucas 17, 11-19

El secreto de la felicidad es vivir cada momento y agradecer a Dios por todo lo que en su bondad Él nos envía, día tras día.
Santa Gianna Beretta Molla

Una carga de tierra, llevada a lomo de mula.
Cuando examinábamos la situación del Rico epulón recordábamos la sentencia de Jesús sobre la dificultad de los ricos para entrar en el Reino de los cielos (Mt 19, 24), en cambio, es a todas luces clara su preferencia por los pobres. Jesús nos enseña a enfocar nuestras preferencias, a buscar nuestros propios clientes, cuando nos aconseja “Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.  ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.(Lc 14, 13-14).


La perícopa que conforma la Primera Lectura es el segundo fragmento de 2Re 5, 1-27 que reconocemos bajo el título de «Naamán es curado de su lepra», que podemos subdividir en 1-14, 15-19 y 20-27, a cada fragmento podemos darle un sub-título, que serían, respectivamente: “Naamán se cura con el agua del Jordán”, “Naamán se acoge a YHWH” y “Guejazí, el criado del profeta Eliseo, muestra su codicia”. Les invitamos a leer el capítulo 5 completo, para contextualizar la Primera Lectura de este XXVIII Domingo Ordinario del Ciclo C, (se echa de ver que leemos un versículo del primer fragmento, , leemos el verso 14 que pertenece al primer fragmento, para que cobre sentido la Lectura de este Domingo, por eso la perícopa elegida es  2Re 5, 14-17; y se exceptúan los versos 18 y 19, donde el general explica que tendrá que arrodillarse en adoración ante los ídolos que venera su rey). En este contexto, al leer el tercer fragmento, que no está incluido en la liturgia de este Domingo, nos encontramos con el corazón sucio de Guejazí quien queriendo aprovechar la recompensa que Naamán había ofrecido a Eliseo y que este había rechazado, sale en su persecución, pide la recompensa y como castigo, se llena de lepra. Aquí la lepra es el signo exterior de la enfermedad del corazón (la codicia), ya que cuando Naamán se ve libre de la lepra (ya no es codicioso) está afanado en desprenderse de sus bienes en favor de quien ha mediado su sanación; mientras que, Guejazí, con su corazón idolatra hacia la “riqueza”, la contrae por haber cedido a la tentación de su ambición.

Naamán quiere adorar en lo sucesivo tan sólo a YHWH, pero, como es el edecán del rey de Siria, pide a Eliseo la “venia del Señor” para poderse arrodillar cuando el Rey “se apoye en su brazo” para rendir tributo a su dios en el santuario de Rimón (cfr. 2Re 5, 18). La memoria de nuestros mártires nos enseña que ni por asomo se puede ceder a falsas religiones, al culto de ídolos o poderosos, aun cuando el secreto del corazón mantenga la fidelidad. Así nos lo mostraron, inclusive mártires niños, que fueron invitados a “salvar su pellejo” con sólo apostatar de palabra.

Más difícil de entender en la perícopa de este Domingo la asociación que hace Naamán entre la tierra  de Israel que él pueda trasportar a lomo de mula para construirse su propio altar de adoración para ofrecer sacrificios, como si Dios estuviera ligado a la tierra como lo puede estar una planta o un árbol. Sabemos a través de la Sagrada Escritura que YHWH no está atado a la tierra sino a la gente, que Dios es un Dios transeúnte, itinerante, nómada, que acompaña a su gente y a su pueblo. Recordemos como acompaña a Abrahán, cómo acompaña a Israel (Jacob) y se le manifiesta al dormir usando como almohada una piedra que él yergue y unge con aceite como Altar-recordatorio del Sueño-visión de la escala por la que los ángeles de Dios subían y bajaban; como está con su pueblo en Egipto viéndolo sufrir, sumido en la esclavitud y, precisamente por eso, designa a Moisés para que lidere la salida-liberación de Egipto y el sucedáneo vagabundeo por el desierto durante 40 años, sin perder de vista que en ese vagabundeo los acompañaba como Columna de Fuego o Nube que los iba guiando y que los alimentó y les dio de beber durante todo este tiempo, aparte de haberles mostrado todo su poder, como lo hizo con la Serpiente de Bronce que sanaba a los picados de serpiente, o aún más, cuando les permitió cruzar el Mar a pie enjuto. Por tanto, nuestro Dios va con nosotros aun cuando Naamán no alcanzaba a comprender esto y su teología lo suponía ligado a la tierra, como si dos bultos de esta Lo mantuvieran aprisionado.

Sin embargo, Eliseo, el profeta –la voz de Dios- no se lo impide, ni lo corrige, ni lo refuta en modo alguno. Podríamos afirmar que Dios le acepta este culto conforme con la teología de Naamán aun cuando no sea conforme con el culto que YHWH espera de los miembros de su Pueblo Escogido. Lo importante aquí son las manifestaciones de “gratitud” de Naamán, como reza en el adagio popular “cada quien da de lo que tiene” y desde el enfoque pagano de los Sirios de la época, este era el tributo del creyente a sus dioses, luego, le es aceptado y el Señor se los recibe, los acepta como un incienso que le es grato.

Reflexionemos sobre la rotunda negativa de Eliseo de aceptar el “regalo” que le ofrece Naamán, recordemos que todo amor –y el amor de Dios que sana, que salva es Amor-Ágape, o sea amor de gratuidad- no se compra ni se vende, ya que todo amor que se comercia, que se mercantiliza es “prostitución”; el Amor de Dios sólo se puede corresponder con nuestro culto, porque “el amor con amor se paga”.

Los clientes de YHWH.
¡Adelante, la redondez de la tierra como un canasto que se sacude!
¡Ríos, aplaudid, y que se alisten las montañas,
porque ha llegado el momento en que Dios va a "juzgar" a la tierra!
¡Ha llegado el día del rayo del sol, y de la radiante nivelación de la justicia!".
Paul Claudel

La palabra cliente parece provenir –etimológicamente hablando- de la raíz indoeuropea klei, kli, que significa “inclinarse”, “apoyarse en”, (de hecho, la palabra clínica proviene del griego kliné, que significa cama, que también deriva del indoeuropeo “inclinarse”). Entre los romanos, cuando un fuereño llegaba a Roma “apadrinado” por un patricio, ese era un cliente, y el patricio era su patronus; el que llamamos “el patrón”. Nosotros hemos venido hablando del patronato de Dios sobre unas personas a las cuales Él brinda especial protección, cuidado y defensa; los llamamos los “clientes del Señor”, se trata de los pobres, los desamparados, los marginados, los expatriados, los desplazados, los extranjeros, los explotados, los ancianos, los niños, los huérfanos, las viudas, las mujeres, en general, en tanto y cuanto han sido subyugadas por una cultura “machista”, los enfermos de toda laya, trátese de ciegos, sordos, paralíticos, leprosos, poseídos, endemoniados.


Cabe en este contexto recordar cómo escogió Dios para Rey a David, por medio de Samuel, de entre los hijos de Jesé. Ya Dios lo había prevenido, “No te fijes en su apariencia, ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado…” (se refiere a Eliab, quien Samuel al verlo pensó que era el elegido de Dios). “… No se trata de lo que el hombre ve, pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” 1Sam 16, 7b. Notemos que David era el más pequeño, ni siquiera estaba en edad de ser tomado en consideración, por eso, él no está entre los presentes en la ceremonia mientras Jesé presenta a sus hijos-candidatos.

Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor
Leemos en el verso 4 del Salmo que entonamos para este Domingo. En otras versiones leemos הריעו ליהוה כל־הארץ פצחו ורננו וזמרו׃ “Canten a Dios con alegría habitantes de toda la tierra, cántenle himnos con estallido de júbilo”. Nos encontramos con esta teología en este Salmo, es una catolicidad teñida de in-culturación, que la religión de YHWH no es exclusiva ni excluyente, permite acceso a todos, como ya empezábamos a comprender con San Pablo Οὐκ ἔνι Ἰουδαῖος οὐδὲ Ἕλλην, οὐκ ἔνι δοῦλος οὐδὲ ἐλεύθερος, οὐκ ἔνι ἄρσεν καὶ θῆλυ· πάντες γὰρ ὑμεῖς εἷς ἐστὲ ἐν χριστῷ Ἰησοῦ. “Ya no hay diferencia entre quien es judío y quien es griego, entre quien es esclavo y quien es hombre libre, no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”. Gal 3, 28. Así todos son acogidos, todos pueden adorar a este Dios Misericordioso, cada uno con su idiolecto cultural propio (lo que no quiere decir que no seamos Iglesia, con un culto unificador –no uniformizador- que acoge también las expresiones propias de cada cultura, como vemos en otros ritos católicos: además del romano, está el rito copto, el maronita, el melkita, el sirio, el armenio, el caldeo). Y con canticos y danzas litúrgicas que lejos de significar desunión, respiran con amplias bocanadas, los aires de la identidad cultural y de la unidad en la diversidad.

Entonces, ¿en qué reposa la unidad? Leámoslo en el Catecismo de la Iglesia Católica, numeral 815: "Por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14). Pero la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:

— la profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles;
— la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;
— la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios (cf UR 2; LG 14; CIC, can. 205).

Esta unidad no es un programa “imperialista” que nos llevaría a luchar por la implantación de la fe a “sangre y fuego” por todo el orbe. Y esta afirmación reviste capital importancia puesto que la nuestra no es una fe que se impone por violencia o por cualquier otro medio; nuestro único medio es el amor. El profeta Jeremías hablaba de seducción porque los medios de que se vale el Amor de Dios y el anuncio de su palabra son similares a los que usa el enamorado para alcanzar el corazón der la amada: tiernos gestos de infinita ternura, de dulce galantería. Nuestro error evangelizador, en más de una oportunidad, ha provenido de una concepción torcida de las vías evangelizadoras que se han tomado como de posible “imposición”. ¡Urge erradicar este yerro!

El salmo nos convoca, más bien, a hacer notar, a llamar la atención a ‘permitir que otros vean lo que no alcanzan a notar; que los alcance la noticia que ningún noticiario les ha hecho llegar. ¡La Buena Nueva! Por encantamiento, por enamoramiento, no y nunca por la fuerza.

Ser-Dios sinónimo de Fidelidad
En la 2da Carta a Timoteo nos encontramos enfrentados a la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo como a uno de esos puntos nodales de la profesión apostólica de fe. Ese “punto nodal” lo es hasta tal extremo que San Pablo se vio arrastrado a llevar cadenas y hasta dar su vida. Observemos, que el encadenamiento del “evangelizador” no significa el encadenamiento del “Evangelio”. Más bien al contrario, un evangelizador encadenado le pone alas al Mensaje, a la Buena Noticia, para poder compartir y hacer partícipes a otros, a muchos otros, de esta verdad salvífica, este anuncio que nos abre las puertas a la gloria eterna.

En los versos 11 y 12 se nos muestra una simetría perfecta:
a)    Si hemos muerto con Él,                              con Él viviremos
b)    Si sufrimos pacientemente con Él,               también con Él reinaremos,
c)    Si lo negamos,                                              Él también nos negará.

Pero, abruptamente, en el verso 13 se rompe la simetría: εἰ ἀπιστοῦμεν, ἐκεῖνος πιστὸς μένει,
            “Si somos infieles,…                                     Él permanecerá fiel”.

Y en el mismo verso 13 se nos da la explicación teológica porque su justicia no es reflejar nuestra infidelidad sino continuar con ese atributo de la Divinidad; es que si Él incurriera en la infidelidad sería puramente hombre-caído y no Dios. Por eso, “Él permanecerá fiel porque no puede desmentirse a Sí mismo” o sea negarse a Sí mismo, incurrir en una mentira actuando al contrario de lo que Él es, porque la naturaleza de Dios es ser Fiel.

Gratos – vs- ingratos
El asunto enfocado en el Evangelio puede ser el de la celebración del agradecimiento. Un agradecimiento que, en este caso, está dirigido a Dios: μετὰ φωνῆς μεγάλης δοξάζων τὸν Θεόν, καὶ ἔπεσεν ἐπὶ πρόσωπον παρὰ τοὺς πόδας αὐτοῦ εὐχαριστῶν αὐτῷ·  “Alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias.” Lc 17, 15b-16a. Pongamos el foco en la palabra εὐχαριστῶν eucaristón del verbo εὐχαριστέω “dar gracias”, “recibir con gratitud”, “agradecer”, ¿distinguimos alguna consonancia con la palabra Eucaristía, “Acción de Gracias”. Miremos la raíz χαρισ jaris, (χάρις, ιτος, ἡ) «este término “de la gracia” –“charitos”. Viene de “charis”, gracia, de la que deriva “chará”, alegría, y también la palabra “gratis” usada por Pablo para indicar la acción de Dios que perdona al pecador sin ningún mérito suyo»[1]


Sentimos que la gratitud no es ningún “chip” que uno ya trae en la cabeza, como se ha dado por decir ahora. La gratitud se aprende y se aprende en el hogar. Si en la casa, en el seno familiar nadie agradece los mutuos favores y servicios que constantemente nos prodigamos, pues no se aprende a agradecer, a ser agradecidos. Si todo se le da a los hijos, sin merecimiento y sin gratitud, él crecerá pensando (nosotros ni habíamos reflexionado sobre este asunto, fue escuchando a Monseñor Wilfredo Peña que vinimos a aterrizar sobre este detalle) que “es mejor que sus padres”, que “es mejor” que todos los demás. Lo más grave es que esto trae como consecuencia que piense que todos están obligados con él, que todos deben darle y hacerle todo, que el mundo y, hasta Dios mismo, están obligados a “servirle”, a tenerlo contento, a darle gusto porque si no es así… viene la pataleta (y la pataleta puede llegar a los límites del asesinato o el suicidio). A este gremio de los que piensan que “se les debe todo” pertenecían nueve de los diez leprosos. Sólo uno de ellos estaba alfabetizado en el significado de la gratitud y se sintió llamado, es más, quiso expresar, externalizar la “alegría de su corazón” por el “favor” recibido. 

Ya en otras ocasiones nos hemos referido a quienes buscan milagro con pistola, sin dudar pretenden chantajear a Dios con diversos trucos para coaccionarlo a obrar a su favor, no falta el que lo amenaza, y –alguna vez lo mencionamos- hasta desertan de la Iglesia y de su fe, porque Dios no les dio gusto.

Queremos subrayar cómo acoge Jesús esta gratitud: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”. ¿Qué se entiende?, que el Samaritano tiene fe, que Jesús lee esa fe en su gratitud, que los otros nueve no tenían fe y, en consecuencia, aunque quedaron limpios no lograron nada más, lograron una cosa pasajera, momentánea, algo que no les iba a durar mucho; en cambio, el Samaritano logró un bien eterno. “La Salvación”.


Trascribimos aquí el numeral 268 de Camino de San Josemaría Escrivá: «Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. Porque te da esto y lo otro. Porque te han despreciado. Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso… Dale gracias por todo, porque todo es bueno».





  








[1] Martini, Card. Carlo María. LAS CONFESIONES DE SAN PABLO Ed. San Pablo 6ta reimpresión Bogotá – Colombia 2005 p. 127

sábado, 5 de octubre de 2019

CONSTRUCTORES DE VENTANAS



Ha 1, 2-3; 2,2-4; Sal 95(94), 1-2, 6-9;  2 Tim 1, 6-8.13-14; Lc 17, 3-10.

…me mandas amarte, me mandas lo que sin tu orden no tendría ánimo de hacer: amarte, amarte a ti mismo muy íntimamente.
Karl Rahner

… a Dios no se le alcanza más que dando el “salto” de la fe.
Raniero Cantalamessa, ofmcap

Dios realmente nos crea. Una de las facetas de la creación respecto a nosotros es el habernos creado capaces de fe. Al venir a la vida nos encontramos y nos sorprendemos con relación a la fe. La fe nos lleva a taladrar el muro (muro de soledad y aislamiento, muro de fragilidad y orfandad) para hacer en él una ventana. Gracias a ella podemos descubrir, del otro lado, un paisaje maravilloso iluminado de amor. ¡Estamos llamados a ser fenestráfices! La fe es virtud teologal, porque no solamente nos la regala Dios sino que su utilidad consiste en capacitarnos para ser constructores de ventanas, con ansias de entrar en tratos con Aquel que está del otro lado, en la dimensión trascendente. La fe es la única fuerza que nos puede llevar a perforar paredes, a derrotar nuestro aislamiento, a confiar que al otro lado de la pared hay algo que vale la pena el trabajo de romper el muro. Ahora, sin osar perforar la pared, nuestra vida queda chata, nos quedamos asfixiados en la soledad de este lado, en una especie de sordera-ceguera que nos impide es trascendencia.

Una sola palabra sobre la Primera Lectura

Los frutos de la fe pueden tardar. 1) La Denuncia: Mientras el mundo y su historia están cargados de violencia, de injusticias, de opresión y asaltos la fe aguarda y –no pocas veces- nosotros desesperamos. 2) El anuncio: Por medio del profeta Habacuc, en la Primera Lectura, el Señor nos comunica la fuerza de la espera con paciencia y con “fe”. El Señor nos garantiza que, aun cuando es algo lejano, no para el minuto siguiente, viene, y no viene lento sino corriendo y aunque parece tardarse se cumplirá sin falta: “El malvado sucumbirá sin remedio, el justo, en cambio, vivirá por su fe”. Aún hay otra moraleja: La Justicia de Dios llegará y se cumplirá más temprano que tarde, ¡confiad en ello! Aun cuando ahora, nada se perciba, la semilla está puesta en la tierra “esté dormido o despierto, de noche o de día, la semilla brota de cualquier manera y crece sin que él se dé cuenta” (Mc 4, 26d-27).  Depositad en ello toda vuestra fe, tened en Dios confianza, y en Su Palabra. Poner todo en Sus Manos y goza (regocíjate) en la confianza.

Respecto de la fe, todo es Gracia
Cuando uno está des-egocentrizado es capaz de dar y dar y no reparar en cuánto hemos recibido a cambio. Sin embargo, una cultura construida sobre el fundamento del intercambio propone como base de ese “comercio” un cambio equivalente. Inmediatamente se sospecha que tal equivalencia se ha roto, con perjuicio de alguna de las partes, se habla de “robo”, de “estafa”. Para no ser “víctimas fáciles” se supone que debemos estar permanentemente alertas, desconfiando, sopesando si hemos recibido “lo que se espera que recibamos” por el “precio” que se pagó. Tal vez todo esto funcione para el intercambio de objetos, probablemente este intercambio sea el ideal, ¡es muy probable! Pero, cuando este criterio “comercial” se hace extensivo a otros planos de la existencia, sobreviene  –sin demora- una aberración. Para algunas cosas como son los valores, el amor, las relaciones interpersonales, la fe y sus correlativos, esta pauta no sirve.


Supongamos -por un instante- la relación con Dios fundamentada sobre este patrón de mercado: Tanto te doy, tanto me das… Recé diez veces el “Padre Nuestro”, ahora Dios debe darme “x” cosa que pedí. Fui a Misa todo el año, Dios tiene que darme “x1” cosa. ¿No suena muy parecido al hijo mayor de la parábola cuando reclama: “Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes y a mí nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos” Lc 15, 29bc? Parece que ipso facto se percibe su absurdo. ¿Cómo podemos pretender exigirle a Dios un pago equivalente a lo que se le ha dado? ¡Es que a Dios no podemos darle nada porque todo cuanto tenemos proviene de Él, Todo le pertenece! Todo es gracia y todo es gratuidad. Aparece el tema de hoy, el tema de la Gracia, de lo que se recibe porque sí, no por merecimiento, no como paga, como salario, sino regalado, Todo es puro don. A Dios nada le hemos pagado ni le podemos pagar. Aún más, nada necesita de nosotros porque Él lo tiene todo: Nada le hace falta. Si tengo un cabrito o dos, Él me los ha dado “regalados” (aun cuando los haya pagado a otro humano, desde el punto de vista trascendente esa “paga” con la que los adquirí también proviene de Dios, también fue recibida como Gracia), Él ha “´permitido” las condiciones para que los tenga.

Pero, por un momento, supongamos que los cabritos “son nuestros” y que si los ofrecemos en sacrificio Dios “me debe” algo. Y supongamos que Él nos “incumple”, (sólo por suponer). ¿A qué autoridad podríamos elevarle la “reclamación” por el intercambio fallido? ¿Qué poder está sobre Dios para demandarlo? Ahí resplandece lo ilógico de este tipo de teología.


Cuando pretendo cifrar mi relación con la Divinidad en términos de “intercambios equivalentes” ya entré en el terreno de la magia. La magia es precisamente eso: el intento de coaccionar a Dios pagándole con cierto tipo de “moneda” que lo obliga, que ata las decisiones de Dios a las de nuestra voluntad, a nuestro querer, a nuestros gustos. Un ejemplo típico, un conjunto de palabras que pronunciadas de tal modo, o escritas de tal manera “nos protegen” o hacen que tal o cual cosa suceda. Demos un ejemplo muy común y corriente sobre el que comentábamos en estos días con nuestros amigos: Venden una estatuilla de San Antonio de Padua a la que se le puede desprender la imagen del Niño Jesús para “secuestrarle” el Niño (es el colmo de una sociedad donde se ha impuesto el plagio de personas para obtener “ganancias” a cambio) y obligar a San Antonio a interceder para que se obre tal o cual deseo nuestro que constituye el “rescate” que se debe pagar para recuperar al “Rehén”.

Este es simplemente un ejemplo que se nos ocurrió; pero son cientos de miles los ejemplos que se podrían mencionar. Es que vivimos inmersos en esa cultura del intercambio “equivalente”: Por diez mil pesos deben darme “diez mil pesos de carne”, o de “harina”, o de lo que sea… Sólo un ejemplo más, recordemos los “cuadrados mágicos” que la gente llevaba en el bolsillo porque se creía que proporcionaban una “protección”, se trata de arreglos numéricos matriciales cuadrados cuya suma de filas o columnas o diagonales siempre da el mismo número, la “constante mágica”. Pero pueden ser herraduras, patas de conejo, atados de cierta planta, dientes de ajo, o matas de sábila… aún más, pueden ser láminas de santos, cruces, botellitas de agua bendita, camándulas, escapularios…usados con mentalidad mágica dejan de ser sacramentales para convertirse en amuletos, en superstición.

Otra vez el tema de la conversión
Muy seguramente el ejemplo que Jesús usa en la parábola suene chocante. Se refiere a un esclavo, que no tiene horario, que no puede negarse, que tiene que estar disponible a toda hora, en cualquier momento y circunstancia. Cuando concluye una faena no puede declararse “libre”, debe continuar. Terminó una faena -por ejemplo en el campo- y llega a la casa, no puede pretender que llega a descansar, o que el “Amo” debe invitarlo a sentar, a tomar reposo, a dormirse. Por el contrario, su Amo le manifestará tener hambre y estar esperando que proceda a prepararle y servirle los alimentos.


Este ejemplo del Evangelio suena raro y fastidia en nuestra sociedad de horarios que permite al asalariado manifestar que ya ha cumplido con sus horas reglamentarias y que volverá a estar “al servicio” cuando el reloj cumpla su ciclo y vuelva a llegar a la hora en la que se vuelve a “hacer vigente” el contrato. Pero, hay relaciones como el amor que ¡no “entran en receso”. Mostremos un caso para hacer comprensible y accesible nuestro tema.

La paternidad/maternidad, si, cumplido tu horario del día, te vas a la cama a descansar y, cuando ya has conciliado el sueño, tu hijo llora y su llanto te despierta, y lo encuentras afiebrado… Ciertamente no le dices, espérate que se reanude mi horario “paternal” y, entonces te llevaré al médico, te daré un remedio, te cuidaré y te atenderé. Por el contrario, sin interponer argumento alguno, con la mayor naturalidad, tomaras la situación a cargo y saldrás corriendo hacía el consultorio médico sin importar cuán cansado o cansada estés.


O, como el amigo de la parábola, que fue a “incomodar” a su vecino para pedirle unas hogazas de pan para atender a un amigo que le había llegado de visita… aun cuando ya estaba acostado, con sus hijos y esposa en la cama… se levantó y le dio los panes. Cfr. Lc 11, 5-13. Y es que la verdadera amistad, el verdadero amor, la verdadera fe, no tiene horario, ni paga, ni contraprestación, son pura gratuidad.

Ahora mismo pensemos ¿qué tipo de intercambio haría posible que Dios entregara a su propio Hijo por nosotros? Dios sería el peor negociante si la relación estuviera basada en estos parámetros. Pero el Padre entrega al Hijo por pura Gracia. Porque nos ama y no pide nada a cambio. Ahí está el amor Ágape, el amor de total desinterés, que no espera retribución: Como nos enseñó Jesús, invitemos a los cojos, a los lisiados, porque ellos no tienen con qué pagarnos, porque ellos no nos pueden devolver la atención.

La fórmula que nos enseña hoy Jesús es una especie de moraleja que resume en muy breves palabras el significado integro de la parábola: “No somos más que esclavos inútiles, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer” Lc 17, 10b. Pongamos esta frase en nuestros labios para meditarla, para saborearla y, una vez derrotada nuestra altanería, nuestra arrogancia, escuchada-y-pronunciada con profunda humildad, con kénosis, escucharemos reverberar en ella la sencillez del mismísimo Jesús que se da, que se entrega… (como tanto hemos insistido) hasta su última gota de sangre. No dudó en abajarse, en renunciar a sus calidades de Dios para humanarse, para humanizarse, para hacerse en todo (excepto en el pecado) como uno de nosotros. Y, ¿por qué interés? ¡Por ninguno, porque nada hay que poseamos, que Él necesite!


¿Podríamos convertirnos? ¿Podríamos superar nuestros egoísmos y nuestros ego-centrismos y hacernos como Él? ¿Seríamos capaces de darlo todo desinteresadamente? Por eso tenemos que “convertirnos”, dejar de ver las cosas desde nuestro “razonable”-irracional punto de vista y volvernos verdaderamente “racionales” porque la verdadera racionalidad consiste en que el hombre no tiene por qué ser lobo para el hombre; la verdadera racionalidad consiste en defender la vida, la creación, la humanidad con “entrañas maternales” como las que Dios tiene para mirarnos, como las de Jesús, como las que hemos recibido en el bautismo al recibir el Espíritu Santo. En ser caritativos, fraternos, solidarios.

¿Seremos capaces de tanto? Sí, claro que sí, sólo tenemos que tener mayor fe,… y como ni siquiera eso depende de nosotros sino de Dios, lo que tenemos que hacer es pedírsela a Él, como hacen los discípulos al dirigirse a Jesús: “Señor, auméntanos la fe”: Rey de reyes, Amor de mis amores, os lo ruego, agiganta mi fe.


Ante la persecución
…cuando me pusieron a prueba sus antepasados,
y dudaron, aunque habían visto mis obras
Sal 95(94), 9
La fe está inextricablemente unida a la vida toda, a nuestras actuaciones, a cada acción, no es algo de ratos, no es un paréntesis dominical, ni media hora de rezo del Rosario sino algo que satura la existencia. Cada acción debería estar penetrada hasta la médula por el sentido de caridad, de misericordia, de fraternidad, de humildad, de servicio al prójimo; toda acción tendría que estar profundamente empapada en el pensamiento-oración que reza. “Esto también lo hago a la mayor Gloria de Dios”.


Un caso frecuente es que haya persecución, en muchas partes del mundo creer en nuestro Dios implica persecución. No siempre es persecución abierta, declarada, política. Muchas veces es sólo el desprecio de la gente, la burla, la discriminación; muchas veces podríamos hablar de una persecución sicológica: se refieren a nosotros como “el bobo ese”, “el ingenuo”, “el anticuado”, “el lame baldosas”… y no sé cuántas cosas más. Pero todavía hay países y lugares donde la gente va a la cárcel, o es torturada y hasta asesinada porque cree en Dios.


A San Pablo le ha sucedido, fue llevado a prisión, en condiciones muy rigurosas, ya no se trata de la prisión domiciliaria, cuando todavía podía predicar, ahora se ve solo, abandonado, sin apoyos, sin defensa cuando fue llevado al tribunal, ve venir la muerte, el martirio y –muy seguramente- eso atemorizaba y debilitaba a muchos de los que habían optado por esta fe, entre ellos a Timoteo, lo mismo que nos evoca el Salmo sobre el pueblo Hebreo que vagó por el desierto durante cuarenta años, y desafiaron (des-fiaron) de Dios (Massa) y dudaron de Él (Meriba);  todo eso “enfriaba” en la fe a Timoteo y ahí es donde San Pablo interviene con su Carta, para invitarlo: “Te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos”(2Tim 1, 6). Aparece como palabra griega χάρισμα (carisma) para designar el “don”, el “regalo de Dios” τοῦ Θεοῦ.

Si la fe es “regalo” de Dios, nosotros ¿cómo podemos “reavivar” nuestra fe? Pues, ciertamente no será escondiéndonos, o amilanándonos ante las críticas y ataques, ante la mofa y los comentarios y chismes. O sea que no hay que avergonzarnos, que no podemos caer en el temor sino apelar a la fortaleza que es el espíritu que Dios nos ha dado.

Un riesgo común es el de la acomodación. Acomodar la doctrina de nuestra fe para “aclimatarla” respecto de las presiones que la sociedad y el mundo aplican, es una de las grandes amenazas que se ciernen hoy por hoy. Aceptar así sean “leves” modificaciones ya es traición, ella (la fe con su doctrina integral) constituye una heredad παραθήκην (consignación depositada, confiada a nuestras manos) recibida de Cristo Jesús: Tú toma como regla la santa doctrina que me oíste acerca de la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Conserva el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros. (2Tim 1, 13-14).