lunes, 16 de febrero de 2026

Martes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Stg 1, 12-18

La bienaventuranza es una de las categorías centrales de nuestra fe. No se espera que el católico sea un “tristón”, un “cara-lánguida”, “un deprimido”; lo que se quiere es que nuestra fe nos guie por un camino de alegría, de optimismo, de empoderamiento vital: no somos una caterva de abatidos. La bienaventuranza está ligada a la dicha, a la felicidad: si andamos en los caminos de la fe, podemos detentar una visión de vida optimista. La perícopa de hoy empieza así, con la palabra Μακάριος [Makarios] “bienaventurado”, “dichoso”, “venturoso”, “el que puede disfrutar de los beneficios divinos” , y nos indica cómo se alcanza esta buenaventura: resistiendo la prueba.

 

La Carta de Santiago nos trae una conceptualización de la bienaventuranza: es “corona de la vida”. No es un paroxismo, con gritería y carcajadas desternilladas. Es Paz, es bienestar, es serenidad feliz.

 

Nos trae, también, una aclaración muy oportuna. Hay muchas personas que creen que Dios experimenta con nosotros, y nos atraviesa en la ruta de la existencia las “tentaciones”. La carta nos aclara que esto no es así. Dice: “Él no tienta a nadie”. A veces tratamos de echarle la culpa a Dios, pero disimuladamente”, entonces decimos que “no tienta pero que permite la tentación”. Nosotros queremos decir que no la permite tampoco, ¡somos nosotros los que la permitimos, porque la tentación nace del “deseo”, y el deseo no lo pone Dios, el “deseo”, -cuando mucho- es la porción de “levadura inadecuada” con la que nosotros mismos, -que nos creemos muy hábiles cocineros- condimentamos la vida. ¿Cómo hacemos para meter contra Voluntad Divina ese fatal aliño? Lo hacemos a espaldas de Dios, aprovechamos la libertad con la que Él nos hizo, porque Él no quiere tener “hijos esclavos”. El “deseo”, se nos dice en la Carta, al madurar, genera muerte: Se trata de la levadura que aporta un fermento de putrefacción

 

Encontramos en el verso 18 la palabra λόγῳ [logo]; y debemos recordar que esta palabra -al traducirla- es de muy generosa y abundante polisemia. Una traducción posible es “palabra”, pero también puede ser, “tratado”, “discurso”, mensaje, “materialización, encarnación, concreción de una idea”, “declaración”, “razón”, “inteligencia”, “habla”, reflexión”, “raciocinio”, “principio universal”, “fundamento”, inclusive “cálculo”. Viene la palabra logos -co-textualizada- dice que es “λόγῳ ἀληθείας” “un logos portador de “verdad”, pero el asunto y la cuestión es que esta verdad no es la “adecuación del ser al intelecto”, que nos lleva a poder mostrar “el título de propiedad” y presumir de ser sus dueños, aún más, de abollarle las entendederas a cualquiera que se niegue a contradecirnos. Aquí se trata de una idea “ontológica”, todo lo que es, es -antes que todo- porque “es pensado por Dios”. Pensamos que quizás nos ayuda mejor si traducimos por “realidad”. Las raíces de ἀληθεία son: a- (sin) y lethe (ocultamiento), significando aquello que no está oculto, “evidente”, “revelado”.Esta realidad está “desvelada”. Al traducirla por “verdad”, nos alejamos del significado de ἀληθεία

 

Nada negativo nos viene de Dios, del Cielo sólo recibimos regalos. Lo que de allá nos llega son δώρημα τέλειον [dorema teleión] “dones perfectos”. Porque Él no nos engendró con Voluntad de corruptibilidad, sino con λόγῳ ἀληθείας [logo aletheias] “Palabra de Verdad”, con el propósito de que existiéramos, no de llevarnos al fin, no con el objetivo de destruirnos, sino “con perfume de eternidad”, para que fuéramos privilegiados con la donación que hace el Sacrificado a favor nuestro (recordemos que las primicias estaban previstas y consagradas para el Altar del Señor).


Si, por el contrario, optamos por caminar alejándonos de Dios, pues cometemos el abuso de nuestra libertad. Dios no nos condena a su amistad: Nos invita a ella. Nosotros hacemos la opción. Hay quienes cometen la locura de optar por la muerte. ¡Atención a lo que deseemos!

 

Sal 94(93), 12-13a. 14-15. 18-19

Este Salmo es un Salmo de exhortación profética contra la impiedad. Los portadores de la impiedad pueden ser múltiples, hemos visto en nuestro andar con las Escrituras que pueden estar aquí mismo, que pueden ser nuestro más próximos, nuestros “compañeros de fe”, nuestros amigos cercanos, o, incluso nuestros parientes.



El Salmo nos va señalando la asistencia y cuidado de Dios que vela Misericordioso sobre nosotros, sonando una alarma cada vez que parecemos estar a punto de desbarrancarnos. Es un Dios que tutela, es un Buen Pastor.

 

El salmo pone un toque de realismo señalando que más tarde o más temprano habrá mortificación o zozobra.  Nadie atraviesa un desierto siendo llevado entre palmas. Siempre habrá que sudar alguna gota gorda.

 

Pero -así sea ruda la travesía- nuestra actitud ante el Señor debe ser la del alumno bien dispuesto, con sed de saber y con comportamiento proclive al aprendizaje. Cuanto mejor sea nuestra actitud, más pronto y mejor aprenderemos.


Aprendamos ordenadamente todas las lecciones. Juntemos cada enseñanza con el todo, buscando cuál es su lugar. Dónde debe ir cada retazo de tanta “Sabiduría”, teniendo eso sí, cada sabiduría organizada con el conjunto, y debidamente conectada al Maestro. ¡Qué alto honor que nuestro Maestro sea el Señor! Que sea Dios mismo quien nos instruye. Después del tiempo del rigor, más pronto llegaran las horas de la dulzura. El Señor no nos abandonará. Está escrito: Su fidelidad dura por siempre. Sus herederos no probaran los sabores de la orfandad. Seguiremos siendo sus aprendices si aceptamos con sed sincera cuánto y cómo lo necesitamos y nos urge.

 

La justicia se aplicará a nuestro juicio en su Tribunal y, el fallo será a nuestro favor. Cuando uno ve que se va a caer, entonces se sorprende al descubrir que la Mano Misericordia está allí, pronta y cercana. Cuanto más parecen abrumarnos los desasosiegos, más pronto encontramos que de Él viene la Redención copiosa.

 

Mc 8, 14-21

En esta perícopa hay una pregunta esencial que nos hace Jesús, esa pregunta nos lleva a la clave de la comprensión; únicamente cuando los episodios de nuestra experiencia de Jesús se hilvanan en una “recordación sistemática” es cuando logramos “entender”. Lo que Jesús nos pregunta es μνημονεύετε [mnēmoneuete] “se acuerdan”. Si no nos acordamos no acabaremos de comprender nunca.


Sí la nuestra es una religión “histórica” y no cosmológica, eso significa que nuestra fe tiene un cimiento en la זִכְרוֹן [zikaroun] “recordación”, “memorial”, “recordatorio”, “recuerdo”, “algo memorable”. Pero no se trata simplemente de saber “datos históricos”, fechas, nombres de personajes, citas bíblicas. Se trata más bien de recomponer los hechos y colocarlos en una perspectiva que permita que cobren sentido, en una proporcionalidad que las llene de significado. Fundirla en un “horizonte”.

 

No se trata de saberse las parábolas, las profecías, los milagros, y de poder identificar los personajes, sino de saber articularlo todo, para reconocer que ese todo es el mensaje del cristianismo. El todo es mucho más que la adición de las partes, es poder distinguir lo que es fundamental, de lo que es secundario, cómo los valores cristianos entran en porcentajes diferentes y cuál es su jerarquía. ¿Qué es lo más importante de todo para Jesús? y luego, ¿qué va después? Teniendo muy presente que todos estos “recuerdos” conforman un organismo y no son una simple miscelánea. Es como tener una serie de fotografías que sí sabemos sistematizarlas, entonces -y sólo entonces- podremos contar la historia que está allí, contenida.

 

Tomemos por caso la perícopa de hoy: Nos pide una cierta disponibilidad para ver y también para entender; pero a la vez nos exige estar alertas contra “la levadura de los fariseos”. En este co-texto, fariseos debe entenderse como “leguleyo recalcitrante”. Porque la levadura de los fariseos es lo que da el toque de perversidad: “la levadura que aporta un fermento de putrefacción”. Algo, totalmente santo, puede caer directo en el territorio del “pecado” con sólo añadirle la impertinente dosis de esa levadura.

 

La levadura, -como lo sabe cualquier persona que haya horneado pan-, es un componente esencial. Basta que se nos vaya un poco la mano en su cantidad, para que el pan sea un fracaso. La levadura de los fariseos es su “doctrina de intolerancia”.

 

No podemos abstenernos del apunte sobre “la levadura de Herodes”: la “levadura herodiana” es una ¡levadura asesina! Herodes es un infanticida, pero también es el asesino de Juan el Bautista y en ese sentido es también un profeticida. La levadura herodiana nos pondrá las manos tintas en sangre.

 

A la levadura, relacionada con el pan, y estamos en la sección de los panes, se conecta la experiencia de este “milagro”, con la experiencia de la enorme cantidad de “sobras” que quedaron en cada “multiplicación”. Esas sobras aluden a los que todavía llegarán, porque seremos más numerosos que las arenas de las playas y que las estrellas del mar. Si uno no relaciona que todavía hay un gigantesco remanente, la primera vez, para los paganos que llegarían, y la segunda vez, para los que seguiremos llegando, uno se quedará acorralado, pensando en el enorme problema de no haber traído más que una hogaza de pan, y tener escasamente uno, ignorando que ese “Uno” es el que está en el génesis de todo Pan y que Él podrá multiplicar ese único en el múltiple, porque es el nacido en Belén la “casa del pan”.


¿Cuál es el “condimento” o la “levadura” correcta que hay que meter al amasar la inteligencia para potenciar su comprensión? El Amor. Amor en todo y en cada una de nuestras acciones. Cuando se le da este toque al amasijo, uno se hace capaz de discernir que Dios está presente en todo y se penetra el valor sacramental de la realidad: λόγῳ ἀληθείας. Dios se puede hacer Presente en toda realidad. Siempre va con nosotros cruzando el éxodo que significa atravesar el desierto (la vida resumida con la metáfora del desierto). Y esa prueba no nos la impuso ni la “permitió” Él; nosotros, que estábamos en el Paraíso, nos hicimos expulsar de él. Los sinsabores los hemos adquirido engañados por el Malo que truqueó nuestros deseos. ¡Que es un mentiroso profesional y contumaz!

domingo, 15 de febrero de 2026

Lunes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Stg 1, 1-11

La primera palabra de esta carta es Ἰάκωβος [Iakobos] “Jacobo”, “Santiago”, pero ¿a cuál Santiago se refiere? porque se nombran varios Santiagos en el Nuevo Testamento: tenemos al Apóstol Santiago, el hermano de Juan, a ellos los llamó Jesús “los hijos del trueno”. En segundo lugar, el Santiago, hijo de Alfeo, también discípulo del Señor, mencionado por San Mateo en 10, 3. Otro Santiago es el hermano de Judas Tadeo, que nombra San Lucas en 6,16. Un cuarto Santiago es el mentado por San Mateo en (13, 55); también San Juan -que lo menciona en (7,5) y, referido por San Pablo en la Carta a los Gálatas (1,19) y también en la Primera a los Corintios (15 ,7).

 

Este último parece haber recogido la bandera, cuando San Pedro abandonó Jerusalén, asumiendo allí el liderazgo de la comunidad cristiana. (La última mención que se hace de él es en Hch 21, 18). Este Santiago parece haber tenido algún parentesco con Jesús y, por tanto, San Pablo alude a él llamándolo “hermano del Señor”. Es a él a quien se le atribuye esta Carta -una de las siete llamadas católicas- porque no están dirigidas específicamente a alguna comunidad, sino a todos los que profesaban esta religión.

 

Como decíamos el sábado, hoy y mañana trabajaremos en este cursillo que se interrumpirá por la llegada de la Cuaresma, y que retomaremos después de Cuaresma-Semana Santa-Pascua. En estos dos días nos ocuparemos del capítulo Primero, hasta el verso 18, y, les dejamos los versos 19-27, que esperamos ustedes saquen el tiempo para leerlos, porque en ellos se nos señala la importancia de no dejar estas enseñanzas en el tintero sino pasarlas a la vida, convirtiéndolas en una práctica constante, en un estilo de vida. No basta conocer los principios del cristianismo, si no los llevamos a la práctica.

 

Nos dice que seremos δοκίμιον [dokimion] “puestos a prueba”, como en un simulacro, “como el testeo de una pieza que se lleva al laboratorio de materiales y se califica su resistencia”, la prueba puede ser la tentación, que intenta acorralarnos, la amenaza de un peligro que se levanta contra nuestro cuerpo o contra nuestra vida espiritual, también en el proceso sinodal -de andar juntos- podemos llegar a pisarnos los callos, como producto de nuestras cadaunadas. Cuando se tiene una fe autentica -se nos dice en esta Carta- la prueba redundará en un fortalecimiento de la fe.

 

Quisiéramos relievar que aquí se nos ofrece una pista de lo que significa la catolicidad; e la identidad del católico la vida sacramental es esencial, pero no basta; hacer visitas a los templos es un magnifico habito del creyente, y al visitar una ciudad o un pueblo, priorizar la visita de su correspondiente iglesia es una costumbre de gran mérito, pero no es suficiente. Que asistamos con puntualidad sagrada a la Eucaristía Dominical, es grandioso, Dios nos regala la Gracia de asumir esa disciplina, no obstante, tampoco alcanza falta tan los 50 pesos fundamentales para completar el peso: saludarnos con los otros, reconocer en ellos a hermanos en la fe, respetarnos y prodigarnos un cariñoso trato, ver en cada uno un hermano en Cristo Jesús, entender que nos somos “locos con diversidad de temas”, sino células dl mismo Cuerpo Místico de Cristo, granitos de trigo del mismo Pan, y pudiera ser que -para darle marco a todo este tesoro de la Fe, participemos en algún grupo pastoral de nuestra comunidad, entonces, ahí si, por fin, podremos argumentar que somos de esta Fe que sigue a Jesucristo y reconoce en le santísima Trinidad como su Dios.

 

La paciencia es toda una potencia en cuanto a la plenificación de nuestro ser, esa plenificación aquí es llamada “perfección”.  La perfección se muestra cuando el material es “testeado” y se manifiesta su ὑπομονή “resistencia”, “su tolerancia” a la presión, a la tensión, o se mira si su elasticidad, o su flexibilidad, regocijarnos porque “soporta”, porque demuestra su “aguante”.

 

Cuando pasa el examen, se le da “el visto bueno” y se declara τέλειον «perfecta”, “consumada”, “plena”. Es el propio Jesús el que estampa el rotulo de “calidad”.


Observemos la secuencia: prueba endurecimiento o forjado perfección.

 

El objeto en prueba, para alcanzar este grado de “aprobación”, tiene que pasar por un revestimiento, un baño, un enchape de una sustancia que lo satura: “La sabiduría”. Venimos de estudiar la Sabiduría -en el caso de Salomón- y descubríamos que no basta “tenerla” por ejemplo, en el sentido e ser un gran “comerciante” capaz de darle nacimiento a un emporio mercantil- sino que ella sólo opera beneficiosamente, para alcanzar la perfección, si se da una constante conexión con Dios.

 

Si se recibe, pero no se cultiva la amistad con el Señor, la sabiduría se quedará inoperante, neutralizada, inutilizada. Propiamente hablando, no habrá tal sabiduría excepto la facultad de “negociante con gran destreza monetaria”. Su enchape será en vano.

 

Sal 119(118), 67.68.71.72. 75. 76.

Este es un Salmo de Súplica. Su estructura es alefática, pero no por versos, sino por estrofas. La primera estrofa, por ejemplo, con sus ocho versos, todos empiezan por א alef; en la segunda estrofa -ocho versos también- todos los versos empiezan por ב bet; y así sucesivamente, con las 22 letras del alefato, para un gran total de 176 versos.

 

Aún hay otra peculiaridad, en cada verso nos encontramos algún sinónimo de la palabra “Ley”: tu voluntad, tu Mandato, tu decisión, tus caminos, tus promesas, tus decretos, tus sendas, etc.

 

Por otra parte, son una especie de bienaventuranzas, la palabra inicial nos da la tónica: אַשְׁרֵ֥י [esher] “bienaventurado”. ¡Quién será bienaventurado?, el que obedece la Ley divina, ese alcanzará la plenitud de la dicha.


La perícopa de hoy tomó seis versos de los 176 para configurar el Salmo responsorial.

 

1º. Me ajusto a Tu Promesa

2º. Instrúyeme, es la educación que da bondad y conduce al bien.

3º. El sufrimiento ayuda a re-direccionar nuestro camino.

4º. Ningún tesoro es mayor que la Ley proferida por Tus Divinos Labios

5º. Estuvo bien justificado el sufrimiento que obtuve, de otro modo no habría corregido.

6º Se puede uno confiar plenamente en lo que Tú prometes, lo que realice tu Promesa será motivo de Consuelo.

 

El verso responsorial dice que uno está como muerto en vida, sólo se alcanza la vida verdadera cuando se llega a recibir el don de “la compasión” que nos viene del Señor. Entonces y sólo entonces, estaremos resucitados.

 

Mc 8, 11-13

Jesús vino a participarnos su Misericordia, no a jugar caprichosamente con los astros. Hace “milagros” que liberan, no tiene un “planetario de atracciones lúdicas”.


Suceden tantas bondades del Cielo, pero cuando sobrevienen, les damos cualquier “explicación”, decimos que es natural, que ya era tiempo, que cumple las leyes probabilísticas, que tarde o temprano tenía que suceder, que ha sido una pura coincidencia, que tiene su explicación científica, bueno, y cientos de miles más.

 

Jesús no entra en nuestros juegos -que nosotros por nuestra altanería consideramos juegos tan sofisticados-, no convierte el día -el pleno mediodía-  súbitamente en la zona más oscura de la noche. Aun cuando al que cree no se le niega el prodigio, recordemos los “Magos de oriente” y la estrella que los guiaba, ¡ese era un signo cósmico!

 

Vienen los fariseos y le piden a Jesús un σημεῖον ἀπὸ τοῦ οὐρανοῦ [semeión apo tou uranon] “signo del cielo”, una “señal incontrovertible”, “demostrativa e irrebatible”, un “aval de Dios”. La nuestra -y en eso nos gusta ser enfáticos porque es clave- es una religión histórica, muchas de las religiones antiguas y orientales eran religiones de tipo cósmico, que se anunciaban y hablaban por eclipses, por estrellas, por vendavales, maremotos, huracanes, la nuestra no juega con esas “espectacularidades”; pero sabiendo que cualquier “señal” será dejada en suspenso, para no dar el brazo a torcer (porque los fariseos no querían creer, más bien querían un argumento para rechazarlo, argumento para no creer, para remacharse en su supuesta fe que más bien era falta de fe); pero no siempre será así, llegará un momento en el cual los corazones estarán mejor dispuestos y los oídos más despiertos, mejor capacitados para oír y ojos mejor dispuestos para ver. Tal vez será otra cultura, tal vez, otras naciones.

 

Lo más probable es que Jesús no se refería tanto a los de aquella época, sino a los de aquel pueblo. La palabra γενεά [genea] que significa “generación” también significa “nación” (también “raza”, “nacimiento”, “descendencia”); los fariseos -en esta situación y dentro de este dialogo con Jesús- son los portavoces y representantes oficiales del judaísmo. Preferían seguir aferrados a su manera oficial de pensar. Y no ha de parecernos extraño, solemos proceder así, también nosotros -muy frecuentemente-, preferimos seguir tozudamente asidos a la cantinela de siempre, antes que abrir los ojos y los oídos a una “nueva canción”. Y es que culturalmente se nos ha formado para preferir los odres viejos a los nuevos, por aquello de que “más vale pájaro en mano que cien volando”, y por el valiosísimo argumento de “siempre se ha hecho así, así lo hacía el abuelo y así lo hacia mi bisabuelo”, y frente a eso, la autoridad del Cielo… muy poco vale; ellos pretendían que les bajara una estrella, la señal que pedían era un fenómeno planetario, algo “del Cielo”, (detrás de esto se agazapa otra objeción, lo “reciente”, “lo actual”, lo miramos siempre con los ojos de la duda, y siempre lo miramos con los lentes del “no está suficientemente probado”, “requiere por lo menos un siglo más de maduración”): adoramos las “realidades” terrenales y detestamos que nos hable el Cielo, con toda su autoridad.


Y es que estamos tan aferrados y envanecidos de nuestra cerrazón, que preferimos rechazar a Dios que ha “venido a acampar entre nosotros” para traernos su Revelación, que invalidamos su Epifanía y su Resurrección. Si esta “nación” no quiere acogerlo, ¿qué puede hacer Él? ¿Qué queríamos? ¿La fe mezclada y disuelta con escopolamina?

 

¡Pues no! ¡Se embarca, y se va a la otra orilla! ¡Allí donde encuentre gente más abierta! ¡No los abandona! ¡Ellos lo expulsan!

sábado, 14 de febrero de 2026

UNA SABIDURÍA MISTERIOSA

Eclo 15, 16-21; Sal 119(118), 1-2. 4-5. 17-18. 33-34; 1Cor 2, 6-10; Mt 5, 17-37

 

Jesús es el primero que vive el amor. Su justicia no es la de los escribas ni la de los fariseos: es la “excesiva” del Hijo, igual a la del Padre, que hace entrar en el reino.

Silvano Fausti

La cita que tomamos de Eclesiástico (Sirácida) en esta oportunidad, proviene de un segmento de ese Libro que estudia el poder de la sabiduría confrontado con la libertad del ser humano. Dios ha dejado que manen ante nosotros las fuentes opuestas: tanto fuego como agua; tanto vida como muerte, pero no es Él quien nos hace pecar, no es Él quien nos pone la piedra de tropiezo. Pero no nos obliga a tomar ninguna opción, la libertad está allí para permitirnos escoger. Si queremos lo aceptamos, sino, le podemos estampillar la puerta en su Divina Nariz: Es oferta de Salvación, pura Gracia.

 


Continuamos este Domingo inmersos en el Sermón de la Montaña. La página central en la vida de Moisés es aquella que nos relata la recepción de las Tablas de la Ley de Manos de Dios, en Quien radica por antonomasia la autoridad legislativa, Dueño como lo es del Árbol del Bien y del Mal, cuya Ciencia, Él mismo, se reservó para Sí (Cfr. Gn 2, 11-12). Se examinarán -este domingo- tres mandamientos: no matar, no cometer adulterio, y no jurar en falso; pero el tema general-global es no pensar que Jesús vino a abolir la ley y los profetas, sino a darles plenitud (Mt 5, 17).


En el Sermón de la Montaña Jesús también “escala” para entregarnos la Nueva Ley, es el Moisés de la Nueva Alianza, pero Mayor, porque es el Hijo de Dios. Vamos a hacer, junto con Él, este ejercicio de montañismo, para llegar a la Cima: “Por su parte, sean ustedes perfectos, como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 48).

 

La Nueva Ley es el Corazón de la Nueva Alianza, del Pueblo Nuevo conformado por Hombres Nuevos. No consiste en la revocatoria de la Primera Ley, la Mosaíca; sino “en llevarla a su plenitud” (Mt 5, 17). “En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice” (Mt 5, 18). Y la Ley debe ser, no sólo cumplida, además, enseñada, trasmitida; y esta doble prescripción constituirá la “grandeza” del creyente en el Reino (Cfr. Mt 5, 19) «… el valor de una persona, su fineza y magnanimidad, es “hacer y enseñar” lo que el amor dicta.»[1]. «El Sermón de la Montaña lo pide todo, cuando pide que creamos en un Dios capaz de trasformar la vida, de hacer nacer un hombre nuevo en el seno de nuestro universo.»[2]


¿Cómo operaría esta plenificación? ¿cómo podemos participar en ella? Contrastemos la vía prohibitiva y la vía exhortativa. En la primera, vamos a un “paseo” donde –en ciertos puntos y en ciertos momentos- nos proponemos realizar cierta actividad; pero encontramos unas vallas, que avisan que tal “actividad” no nos conviene. La vía exhortativa, por el contrario, es la recomendación para que, durante todo el “paseo” estemos siempre alertas para disfrutar el paisaje, los alimentos, las flores, los aromas y tener siempre todos los sentidos dispuestos para sumergirnos y embriagarnos con su “gozo”. Esta vía positiva para la formulación de la nueva Ley nos mantiene siempre alertas, siempre comprometidos con la construcción del Reino; siempre descentrados de nuestros egoísmos: abiertos en todo momento al servicio, a la solidaridad, al perdón, a la coherencia de vida, a esa unidad y armonía entre nuestra moral cristiana y nuestra forma de conducirnos. Atentos en todo momento a las necesidades de nuestro prójimo, con especial desvelo por quienes más lo necesitan, empeñándonos -particularmente- por los más débiles y desprotegidos. Esto lo podemos cumplir “si queremos”, así está enunciado en Eclo 15, 15; y en la conclusión de la Primera Lectura de hoy lo explana rotundamente: “A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar”. (Eclo 15, 20).

 

¡No basta amar, es preciso que el Amor sea en el Santo Nombre de Dios! En la Nueva Alianza no se trata, de momentos puntuales, o de momentos críticos, donde tomamos decisiones; sino, de todo el tiempo. Recalcamos que es una Ley que corre por nuestras venas y compromete cada inhalación de aire y cada latido del corazón, porque en cada uno de ellos se Alaba al Señor, porque todo cuanto hacemos –desde el acto más devoto, hasta el gesto más mínimo y corriente- estarán saturados de la Presencia de Dios-en-nosotros. «En el corazón de cada acción, la intención religiosa. En el corazón de toda acción religiosa, el amor. En el corazón de todo acto de amor, lo absoluto»[3] No sólo la oración, no sólo los momentos piadosos, sino cada instante de nuestra existencia, así cantemos o barramos, así lloremos o silbemos, así cuando hablamos y cuando callamos, en todo estará nuestro corazón puesto en el Señor nuestro Dios; sólo así en Dios viviremos, nos moveremos y existiremos (Cfr. Hch 17, 28a) haciendo de nuestra fe, nuestro hábitat y de nuestra consciencia de Dios, nuestro sentido.


«Las exigencias del Sermón de la Montaña son absolutas y carecen prácticamente de límites.  El que adopta el principio de dar una hora de tiempo al que le pide la mitad, de privarse de lo necesario para dárselo a quien le pide lo superfluo, eso comprueba rápidamente que ya no se pertenece a sí mismo y que está a punto de hacerse devorar… Eso es lo que tiene de absoluto el Sermón de la Montaña: no está hecho de rigor y de intransigencia, de una observancia para mantenerla a toda costa, sino de una llamada que arrastra cada vez más lejos…»[4]

 

Pero, simultáneamente, expande cada mandamiento hasta sus últimas consecuencias. es lo que no hacemos, en tanto en cuanto, por ejemplo, cuando nos dice “No matar”, nos quedamos en el enunciado seco y no observamos que hay otras agresiones que, -aun cuando las disimulemos- son inclusive más graves y lesivas: humillar al prójimo, atacar su autoestima y traumatizarla, calumniar, desearle a alguien el mal de todo corazón.


Es muy curioso -mientras nosotros avanzamos con pasos de gigante hacia la Cuaresma- que el “No matar” será el precepto violado cuando se lleva a Jesús al Calvario; algo que Él ya había profetizado –(Cfr. Mt 21, 33-43) en la parábola de “los viñadores asesinos” donde los arrendatarios de la viña maltratan y matan a los siervos enviados por el dueño de la viña y finalmente a su hijo, para apoderarse de la herencia. Nosotros por nuestra parte seguimos con nuestros alambiques a toda máquina, destilando veneno para continuar profanando ese mismo Mandamiento. Mientras agitamos piernas y brazos para justificar que lo hacemos en nombre de la Justica y en defensa de la Fe.


 «La norma de nuestro obrar es llegar a ser como el Padre (v. 48). Has de ser lo que eres: eres hijo, obra como el Hijo, como el Padre que ama a todos. El Sermón de la montaña revisa, bajo esta luz, nuestras relaciones con los hermanos (vv. 21-48).»[5] A veces buscamos una perfección como la de Dios y se podría decir que ese es el límite superior del buen deseo, pero esto se deshace en nada si, por el otro lado, ignoramos al prójimo del cual somos no solo guardianes, sino responsables por la sinodalidad-fraternal.

 

Hay una triada neotestamentaria que hace el diagnóstico más pesimista de nuestra “religión en acción”: Juan el Bautista, Jesús de Nazaret y Esteban protomártir, aproximadamente dos años más tarde.


Estas Enseñanzas encierran una “sabiduría” incomparable, a la que no estamos acostumbrados, y la que no nos atrevemos a aceptar. San Pablo nos previene que no es la “sabiduría” que ponen en vitrina en la televisión y en Internet, se trata de una “Sabiduría Divina, Misteriosa, escondida, Predestinada por Dios antes de los siglos”; por supuesto, para acceder a ella, requerimos abrir -en toda su amplitud- los sentidos, la mente, el corazón y todo nuestro ser, para que el Espíritu Santo nos inserte en esos Raudales de Vida en Plenitud.

 

 

 



[1] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MATEO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2011. p. 79

[2] Guillet, Jacques. s.j. JÉSUS DEVANT SA VIE ET SA MORT. Aubler Paris-France. 1971 p. 101

[3] Leon Dufour, Xavier. s.j. L’EVANGILE SELON SAINT MATTHIEU. p. 92.

[4] Guillet. Jacques. s.j. Loc Cit.

[5] Fausti, Silvano. Op. Cit. p. 83

viernes, 13 de febrero de 2026

Sábado de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 12, 26-32; 13, 33-34

Terminamos hoy nuestro breve curso sobre el Primer Libro de los Reyes. En el capítulo 11, vv. 41-43, con dos pinceladas, se nos anuncia la muerte de Salomón (año 931 a.C.) y su entierro en Jerusalén. ¿Quién se sentó al Trono? Pues, su hijo Roboam.

 

Antes de la muerte de Salomón empezó la rebelión de las tribus contra Salomón, y el liderazgo corría a cargo de Jeroboam. Como la rebelión no prosperó, Jeroboam huyó a Egipto y allí encontró “asilo político” bajo la tutela de faraón Sheshonq I (que la Biblia menciona como rey, bajo el nombre de Sisac o Sesac) (1R 11, 40). Al morir Salomón, Jeroboam regresó, y -según una venerable tradición, reunió a los representantes de las tribus y convocaron a Roboam para que hiciera acto de presencia en esta Asamblea y sería ungido rey. Le expresaron sus reclamos -como lo vimos ayer- y le dijeron: “Tu padre nos ha impuesto un yugo pesado; alivia tú los duros trabajos que nos exigió, y el yugo pesado que nos impuso y te serviremos. Sería, entonces una unción condicionada. Roboam reunió a los ancianos (que, ¿recuerdan ustedes? Salomón había desplazado para reemplazarlos por sus “gobernadores”) y les consultó, ellos le recomendaron “Effetá”, no, sólo ponemos aquí la expresión para señalar como Salomón había instituido un gobierno explotador que no “escuchaba” que en vez de oídos tenía un “corazón de piedra”. No, lo que le respondieron fue: “Si hoy te pones al servicio de este pueblo y les respondes con buenas palabras, ellos te servirán para siempre”. Es que -ya se ha dicho muy reiteradamente, la función del gobernante es escuchar a su pueblo.

 

Entonces ¿qué hizo Roboam? No les prestó escucha a los ancianos, llamó a su gallada juvenil, a los muchachos que andaban con él (los que iban con él de parranda, de juergas, de copas y cocktails), y les preguntó a ellos, su muy “prudente consejo”. Miren esta clase de sabiduría y prudencia de su “gallada”: «A esta gente que te ha pedido que aligeres el yugo que tu padre les impuso, debes responderle lo siguiente: ‘Si mi padre fue duro, yo lo soy mucho más; si él les impuso un yugo pesado, yo lo haré más pesado todavía, y si él los azotaba con correas, yo los azotaré con látigos de puntas de hierro’ (1R 12, 10)»

 

Ante el rechazo total de Roboam a sus demandas, el pueblo rehusó hacerlo rey y se retiró de las negociaciones.

 


Roboam volvió a Jerusalén, y como la burocracia había logrado instaurar la continuidad e intensificar sus prebendas, respaldaron a Roboam.

 

Los investigadores tienden a ver en los becerros de Jeroboam, (también en los de Aarón, David y Salomón “cabalgaduras para YHWH”, retrotrayéndose a la tradición del Dios itinerante). Para evitar el excesivo centralismo teocrático de Jerusalén, Jeroboam les dio dos santuarios: uno en Dan y otro en Betel. Además, hombres del pueblo podía ejercer el sacerdocio, medida que siempre le ha sido muy criticada a Jeroboam.

 

Antes el rey -sin su camarilla burocrática- era sólo un líder militar. No era partidario de la trasmisión dinástica del poder. El pueblo podía quitar un rey y poner a otro, y eso miraba contra la perpetuación en el poder. Pero al estar contra la monarquía hereditaria, eso dio pie a los golpes “de estado” militares.

 

Aparecen los profetas como un organismo de “control al rey”, retomando lo que hemos visto de la Voz que delimita y corrige el rumbo del gobernante. Jeroboam hizo conciencia del importantísimo nexo entre religión y política y vio que el Jerusalén-centrismo iba en contra hilo de la estabilidad de su reinado del norte (Israel), y resolvió atacar el culto con la creación de estos dos nuevos centros cultuales; Dan y Betel. Así hizo cesar las peregrinaciones a Jerusalén. «Si vamos a las tradiciones de las tribus veremos claramente que tanto Betel como Dan eran antiguos centros del culto a Yahweh. En Betel Yavé se la apareció al patriarca Jacob /Gn 28, 10-22), y Dan fue donde la tribu de ese nombre estableció su centro religioso después de su migración desde Sora y Eshtaol (Jue 18, 28-31) (Jorge Pixley)

 

El reino del sur fue gobernado por Roboam, y estuvo constituido por Judá y-aparentemente- por la mayoría de la tribu de Benjamín.

 

El texto entero, está escrito como una versión con mirada Jerusalén-centrista.  Hasta aquí llegamos con este Libro, que todavía nos contará la historia de los reinos divididos hasta los tiempos del Profeta Elías en los tiempos del rey Ajab, (Acab, o Ahab) séptimo rey de Israel (caps. 13-22).


 

La semana entrante iniciaremos un cursillo de siete sesiones sobre la Carta de Santiago, tendremos, (en los dos días de la sexta semana de tiempo Ordinario), las dos primeras lecciones, y lo retomaremos en mayo -cuando cuándo haya pasado la Cuaresma, El Triduo Pascual y el Tiempo Pascual- y entraremos en la segunda parte del tiempo Ordinario.  

 

Sal 106(105), 6-7ab. 19-20. 21-22

Volvemos sobre este salmo que es un Salmo de la Alianza. (El jueves hemos proclamado otros versos de este mismo salmo). El título del salmo es “La constante rebeldía de Israel). Este salmo es una acusación a nuestra muy pobre memoria histórica. La Escritura nos muestra que la nuestra es una religión con carácter histórico. Muchas páginas de la Sagrada escritura están destinadas a esta temática. ¿Por qué se habría esmerado tanto Dios en conservarnos el recuerdo de esos pasajes “históricos” si no tuvieran un profundo interés y un gran valor para darle cumplimiento a Su Plan para nuestra Salvación?

 

La nuestra no es una religión de ritos, es una religión dónde se valorizan los hechos a través del tiempo.

 

Lo primero que nos dice hoy es que algo pecaminoso sucedió en Egipto, y estamos repitiéndolo. Igual que en las generaciones antiguas, no “comprendemos” las maravillas que Dios obra.

 

Luego recuerda que Aarón también hizo עֵ֫גֶל [egel] “becerro”, “novillo” de oro, y mientras Moisés estaba en el Horeb, recibiendo los Mandamientos, su hermano, el fundador de la casta sacerdotal, estaba desempeñando sus funciones sacerdotales ocupado en la “adoración” de un becerro (Ex 32, 4).


Y, en la tercera estrofa, vuelve a insistir: “Se olvidaron de su Dios y de todos los portentos que hizo en tierra de Cam, junto al Mar Rojo.

 

¿Que pedimos en el verso responsorial que sea el pago y premio a nuestra desmemoria? Le pedimos que Él tenga la memoria que nosotros no, y se acuerde “de mí”. ¿Quiénes sin puestos en prenda y como garantía para que la plegaria a “mí” favor, sea escuchada? ¡Precisamente “Su pueblo”!

 

En realidad, todo el salmo se aprovecha de la fidelidad de Dios en favor propio. Es un salmo que gira en torno a la memoria, a recordar, זָכַר [zakar] “recordar” es el tema predominante, es el corazón de nuestro clamor.

 

Recordar implica hacer un esfuerzo tesonero para descifrar el hilo de la historia y luchar por mantenernos coherentes en él.

 

Mc 8, 1-10

“Señor, enséñame a ser generoso;

enséñame a servirte como te mereces;

dar y no contar el costo;

para luchar y no atender mis heridas;

trabajar y no buscar descanso;

trabajar y no pedir recompensa.

excepto saber que estoy haciendo tu voluntad”

Atribuida a San Ignacio de Loyola

 

La segunda multiplicación de los Panes. La primera había sido para favorecer a un auditorio de origen judío, en cambio, la de hoy, está destinada a los “paganos”. Tal vez si fuera una sola multiplicación de panes la gente podría decir que sólo en aquella oportunidad se había conmovido, pero que eso no era lo corriente. Tal vez, si tuviéramos una sola multiplicación, alguien diría, sólo se multiplicaba el pan para los judíos, para los paganos, no.


A pesar de haber obrado el prodigio para la Siro-Fenicia.  Nuevamente el Señor dice: Σπλαγχνίζομαι, [Splanchnizomai] que se refiere a las entrañas, donde encontramos la sede de los sentimientos. Nosotros también, muchas veces lo destacamos así, por ejemplo, en el caso cuando se dice “hijo de mis entrañas”, aun cuando en nuestra cultura la sede de los sentimientos es el corazón. Esta expresión se traduce como “Siento compasión”. Es la misma “caritas” que se usa en latín. Es la ternura, es la identificación ante los males que alguien sufre, es ponerse en la carne del “prójimo” y apropiarse de sus penalidades en primera persona. Este sentimiento está absolutamente próximo al Amor que Jesús nos ha enseñado, es más, puede identificarse con la projimidad de su mandamiento de Amor. ¡Es lo esencial en la imitación de Cristo!

 

Pero al partir y repartir los panes, este gesto nos pone directamente en el contexto Eucarístico. Y así se dice en la perícopa, cuando en el verso (Mc 8, 6) dice la palabra εὐχαριστήσας [eucharistesas], donde, antes de partir el pan pronuncia el “agradecimiento” a Dios, realiza su “acción de gracias”.

 

De paso notemos que Jesús no les pide ponerse de rodillas para recibir o para comer el pan eucaristizado, en cambio, les pide ¡sentarse! (el verbo ἀναπίπτω [anapipto] se puede traducir también como “recostarse”, porque estaban a campo traviesa, y tiene lógica pensar en recostarse.

 

Jesús no da el pan de sus manos, pone como intermediarios a los que decimos seguirlo. Así que, en la partición, se los iba entregando a los discípulos para que fueran ellos los que lo “sirvieran” a la gente. El verbo que se usa es παρατίθημι [paratithemi] “se los pusieran delante”, “se los alcanzaran”, tiene un significado muy personal, una relación de persona a persona. No es autoservicio, no es un plato que ya está puesto o servido allí, para el que llegue. Se parece más bien a la cariñosa atención que se brinda a un pariente que nos visita: a un hermano, a un hijo.


 «    … seguimos celebrando la eucaristía; y bendecimos a Dios, en la gozosa certeza de que la liberación que Cristo ha traído, a pesar de todo, en lugar de haberse extinguido, se abre camino y se enciende como un fuego que devora, que al final quemará todo el viejo mundo: entonces habrá un mundo lleno de justicia, de paz y de amor. Entonces aquello, de lo cual nuestra fracción del pan es un signo tímido, será la grande realidad que abarcará toda la tierra» (Beck. Benedetti. Brambillesca etal).