sábado, 1 de septiembre de 2012

¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?



Guardamos la letra de la ley,
y nos inventamos de todo para evadirla.

Averardo Dini

1

La construcción del Reinado de Dios es un proceso exigente; hermoso pero exigente, al cual deberíamos dedicar lo más potente de nuestras energías y lo medular de nuestros esfuerzos. Vemos, sin embargo, un proceso curioso, en vez de enfocar nuestra vida de fe en esa misión, nos concentramos en las oraciones de repetición, en las novenas, en las láminas de santos, en la colección de camándulas y pesebres, en las peregrinaciones y en el pago de “promesas” con las cuales, intereses muchas veces supremamente egoístas y mezquinos, nos llevan a “comerciar” con Dios, la satisfacción de un capricho, muchas veces disfrazado de “urgente necesidad”.



¿Estamos contra las oraciones de repetición y las novenas? No, claro que no; son formas de fe y la fortalecen, refuerzan nuestra relación con Dios y nos ayudan a hacernos concientes de la profunda dependencia del hombre respecto de Dios. ¿Estamos contra las peregrinaciones, las promesas, la oración de petición, las procesiones? Tampoco, son formas de la religiosidad popular, muy respetables, con las cuales se catequiza, se da testimonio de fe, son “sacramentales” que nos permiten hacer visibles los fenómenos espirituales que de otra forma serían absolutamente intangibles y nos sumirían en el “silencio de Dios”.

Entonces, ¿cuál es el problema? Lo repetimos: perder el foco; gastar lo mejor de nuestras energías religiosas en acciones que no son propiamente religiosas en tanto no nos acercan a la implantación del Reinado de Dios. Recordemos la consigna que el propio Dios nos entregó en el profeta Oseas, capítulo 6, verso 6: “Lo que quiero de ustedes es misericordia, y no que me hagan sacrificios; que me reconozcan como Dios y no que me ofrezcan holocaustos”.


Por otra parte, hemos tenido la “oportunidad” de participar en sesudos “debates” sobre si los cirios del altar deben medir 30 o más o menos centímetros; si la venia que el acólito hace al presbítero debe hacerse flexionando la nuca o la cintura; si es mas efectivo poner a San Antonio de cabeza o esconderle al Niño Dios. Además, hemos presenciado a los más fervientes creyentes, con nada escasa formación teológica, golpear tres veces un objeto de madera para conjurar el acaecimiento de una lamentable situación, cuando en el curso de una conversación alguien menciona que a “fulano de tal” le sucedió “eso”, los mencionados golpecitos se mezclan habitualmente con la interjección ¡que Dios nos libre!.

¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué hemos llegado a esta situación? Una serie de ritos o de “leyes” se instauran, pese a lo cual permanecemos indolentes e indiferentes como el sacerdote y el levita del relato del “Buen Samaritano” ente el dolor humano, ante las necesidades de un “prójimo”, … Planteamos todo esto para ponerlo en el tapiz de nuestra reflexión de este Domingo XXII del tiempo ordinario, ciclo B, cuando el Apóstol Santiago en la segunda lectura de la liturgia de este día, nos propone lo que podría ser el leitmotiv, y también el título para esta semana: ¿Cuál es la religión verdadera? θρησκεία καθαρὰ καὶ ἀμίαντος παρὰ τῷ θεῷ καὶ πατρὶ αὕτη ἐστίν La religión pura y sin engaños a los ojos de Dios Padre consiste en … Y eso es lo que tenemos que contestar hoy para saber cuál es la religión que nosotros vamos a practicar.

Sobre este punto convergen las lecturas y, podemos dar gracias a Dios y a la Iglesia porque nos llevan a contestar esta pregunta nodal que está en el epicentro de nuestra relación con la Divinidad.

2

Cuando miramos la grandeza de las naciones, en muchas ocasiones en lo que nos fijamos es en su producto interno bruto, en su “riqueza”, en su opulento derroche; en ese caso tenemos que decir que no sabemos aquilatar lo que significa la grandeza. ¿Puede ser grandeza que un pueblo pierda el norte y se dedique a matar a sus ciudadanos en el vientre de sus propias madres? ¿Será grandeza cuando la droga, el vicio y la depravación campean a sus anchas y conducen a su gente a toda clase de desmanes? ¡Triste grandeza esta que se extiende al cobijo de una carencia de moral! Por eso, al leer la perícopa del Deuteronomio que se nos propone en la Primera Lectura, Dios mismo nos revela cómo apreciar la grandeza de una nación:



a) Una nación que tenga mandatos y preceptos justos
b) Y, que a consecuencia, cuente con Dios siempre a su lado.

Por eso, no hemos de fiarnos de las modas lanzadas por las culturas foráneas, a menos que ellas vivan en el respeto de los mandatos y preceptos que el Señor, Dios de nuestros padres, les ha entregado.

Muchas veces nuestras actuaciones se guían porque así lo hacen en los EE.UU. o en Europa, o allá o acullá, y ese no puede ser el criterio. Muchas veces nos avergüenza seguir la ley de Dios porque algún Juan Perico de los Palotes hace otra cosa. Ahí es cuando podemos reconocer que hemos perdido el norte. La regla maestra es buscar agradar al Señor, ser coherentes con lo que Él nos “enseñó”.



Y, hay otro detalle valiosísimo, que no podemos pasar por alto: “No añadirán nada, ni quitaran nada a lo que les mando” (Dt 4, 2) este detalle es muy valioso porque, en más de una ocasión, entramos en la línea del acomodo: ponemos el reflector en un ángulo que nos permita subrayar un mandato del Señor pero, ocultando muchas veces lo esencial; o, ignorando otros mandatos que están por encima y que son los esenciales para el verdadero cumplimiento de la ley de Dios.

3

El salmo nos da otras pautas de lo que le agrada al Señor, intentemos enumerarlas:

a) Proceder con honradez y obrar con justicia
b) La sinceridad
c) Cuidarnos de calumniar desprestigiando a nuestros semejantes.
d) No hacerle mal al prójimo
e) No admira al que obra contra los mandatos del Señor, (por mucho que a ese parezca irle bien, por mucho que sea una sociedad opulenta) a ese, por malvado hay que despreciarlo.
f) Al usurero, sea individuo o sea nación, (porque también los prestamos de dinero internacional se conducen muchas veces con usura, desangrando a los pueblos más necesitados, precisamente porque son los menos favorecidos).



Estas cosas agradan a Dios, y no con un agrado pasajero; esos valores son imperecederos, porque le agradan al Señor “eternamente”. Ese criterio de eternidad nos explica porque no debemos ser víctimas de las “modas” pasajeras; es por eso que Jesús, en el Evangelio, nos previene –citando al profeta Isaías- contra el seguimiento de los “preceptos humanos”. Jesús nos dice que no podemos dejar de lado el mandamiento de Dios para dar –en cambio- espacio en nuestra vida, en nuestro actuar, a tradiciones instauradas por los hombres. Hombres que se pretenden muy sabios, muy autorizados, muy “científicos”, y que en no pocos casos instalan su “cátedra” en prestigiosas universidades, en afamados programas de televisión, en periódicos de alta circulación y expanden su “semilla” de hierba mala en sus “obras”.

¡Guarde Dios nuestra mente y nuestro corazón de las perversas enseñanzas que nos aparten de su Ley”.

4

Donde ir a buscar Su Ley, para estar seguros de hallarla y no ceder a las engañosas tradiciones humanas? A esta pregunta se nos contesta en la Segunda Lectura, en la Carta del Apóstol Santiago se da respuesta contundente y fiable: En la Palabra, en el Evangelio, y no olvidemos que el Evangelio no es un libro, ni cuatro; el Evangelio es Jesús.

«La expresión “piadosos” (hasidim) parece haber sido usada por algunas sectas para describir su oposición a ciertas interpretaciones laxas de la Ley que ellos consideraban amenazantes para la tradición distintiva del judaísmo… el nombre griego “fariseo” parece derivar del arameo perishayya, “los segregados”, que quizá fuese, en un principio, el apodo ddo por los que se oponían a sus interpretaciones de la Torá.

Los fariseos insistían en la cuidadosa observancia de los preceptos legales, que incluían, además de los señalados en la Ley escrita, los contenidos en una tradición de “Ley oral”, que ellos consideraban parte del legado mosaico, y de los “antepasados”, como los preceptos del lavado antes de las comidas a los que se refiere Marcos 7,3… los fariseos estaban orgullosos de su minuciosos seguimiento de las reglas sobre los alimentos, de las normas de pureza y de la observancia cuidadosa del sábado y de los días festivos.»[1]



Sobre todo durante la adolescencia, nos revelamos contra la ley, contra toda forma de ley, venga de donde viniere. Lo de menos es de donde viene, así venga de Dios mismo, porque todo lo que nos viene de afuera es peligrosamente impositivo,  dictatorial, represivo; al adolescente la fastidian las tiranías porque van contra el crecimiento, y ese es precisamente el momento cuando él está creciendo, definiéndose, adquiriendo su identidad, o mejor, aprehendiendo su identidad porque esa estructura ya está en él, y lo que hace es tomar conciencia de ella.

Hemos oído en parábolas (no bíblicas pero si teológicas) que Dios no se ocultó en lo alto de las montañas, ni en el fondo abisal del océano, sino, en el centro de nuestro propio corazón. Allí anida toda su Sabiduría, todo su Afecto, ese Amor Indescriptible para el que no alcanzarían diez millones de “A” mayúsculas, para dar una mínima idea de su Desproporción-Graciosa, de Su Infinitud.

Por eso no es dictatorial, ni impositiva. Está allí quietita, como adormilada, esperando que la invitemos a despertar, a jugar, a desenvolverse. No se despertará ni se moverá, a menos que La aceptemos, que nos rindamos a Ella, a Su Bondad. Por eso no nos viene de afuera lo que nos mancha, porque lo que nos mancha es lo que viene del corazón, que las potencias enemigas se empecinan en sitiar, en invadir, en manipular. Esa arista perversa conquistó sitial anexo a la Ley Divina, en el espacio de nuestro corazón, en ese núcleo existencial, cuando el Ser-humano aceptó la tentación y pretendió equipararse con Dios para entrar a deslindar –como sólo Él puede- el árbol del Bien y del mal: el Árbol de la Vida. Gn 2, 9. 16-17. 3, 2-3. El Árbol del Bien y del Mal es, así lo entendemos, es un mashal que representa la Facultad Legislativa en términos Absolutos, que es totalmente potestativa de Dios. Nosotros legislamos sobre cosas nimias; la Vida, su esencia, sólo la puede deslindar su Autor, su Dueño. Tratar de equipararnos es una usurpación sacrílega.



Esta perícopa evangélica contiene esta Revelación fundamental: No hay que buscar la Ley verdadera de Dios, fuera de nosotros. Suponemos que las Tablas de la Ley desaparecieron para que cesáramos de buscar  a Dios y su Voluntad para nosotros, en algo externo. Leamos con fe engalanada de devota atención esta frase de Jesús: οδέν στιν ξωθεν το νθρώπου εσπορευόμενον ες ατν δύναται κοινσαι ατόν, λλ τ κ το νθρώπου κπορευόμενα στιν τ κοινοντα τν νθρωπον. “Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que si lo mancha es lo que sale de dentro.” Mc 7, 15. Esa dualidad arrastramos, de nuestro interior dimanan el bien o el mal que elegimos hacer; y, el mal que sale de nosotros, la perversidad de nuestras intenciones es lo que realmente nos afea ante los Ojos de Dios.

«Jesús condena lo previsto en la Ley diciendo que no representa las verdaderas intenciones de Dios, que es el creador y la auténtica fuente de la Ley… Jesús nos desafía  comportarnos mejor de lo que la Ley podrá jamás establecer. No se trata de confrontar nuestras conductas con una lista de reglas viejas o nuevas, sino de vivir conforme a lo que Dios quiere. El sentimiento del Reino de Dios sirve para ablandar la “dureza del corazón” sobre la que se fundan las leyes que regulan las relaciones con el prójimo.»[2]

Conviene, en este momento, recordar dos estrofas de Averardo Dini:

Vivimos el tiempo de las máscaras, Señor,
invadidos por el culto a la imagen.
………………………………………
Tú no puedes aguantar más, Señor,
que seamos sepulcros blanqueados,
aparentemente limpios por fuera
y llenos de estiércol por dentro.[3]

«Jesús ataca esta excesiva preocupación por los ritos purificatorios y por las reglas de pureza de los alimentos por considerarlas como una desviación de lo que Dios realmente pide de los hombres,…»[4]

Después de escuchar la perícopa del Evangelio para este Domingo, creo que usted, mi amable lector, estará en magnificas condiciones de tomar parte en el debate sobre la longitud adecuada de los cirios, y me ayudará a tomar partido si 30 o más, o menos centímetros. O si por el contrario, perfeccionar la fe consiste en ocuparse de los más desvalidos y necesitados, esos que el Apóstol Santiago personifica en la viuda y el huérfano, por ser ellos –en aquel momento histórico- los epítomes de la pobreza y el abandono, el prototipo de los Anawin.




[1] Perkins, Pheme. JESÚS COMO MAESTRO. LA ENSEÑANZA DE JESÚS EN EL CONTEXTO DE SU ÉPOCA. Ediciones el Almendro de Cordoba, S.L. Madrid - España. 2001 p. 24-25
[2] Ibid. p. 76-77
[3] Dini, Averardo. EL EVANGELIO SE HACE ORACIÓN TOMO II – CICLO B. Ed. Comunicaciones Sin Fronteras Bogotá Colombia pp. 77-78
[4] Perkins, Pheme. Op. Cit. p. 25

sábado, 25 de agosto de 2012

FIDELIDAD AL SEGUIMIENTO


κύριε, πρὸς τίνα ἀπελευσόμεθα; ῥήματα ζωῆς αἰωνίου ἔχεις,
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna;
Jn 6, 69
1

Se pone en escena la fidelidad del seguimiento. Muchos adherimos a Jesús y nos interesamos en seguirlo, pero el tema de fondo no es comenzar a seguirle, lo verdaderamente valioso es continuar, permanecer, no abandonarlo ya, sino asumir la constancia en el discipulado. Si recapitulamos lo que hemos leído en estos  cinco domingos consecutivos, en los que hemos visitado el evangelio según San Juan, ocupándonos del capítulo 6: [El pan de vida]; vimos a Jesús multiplicando el pan y los peces para alimentar a 5.000 hombres, pero no como propaganda demagógica y proselitista, que con gesto populista reparte mercados o tamales para captar votantes, para allegar simpatizantes, para uncir borregos. No, lo que hace Jesús es efectuar un “signo” que establece una analogía con Moisés y el maná que Dios les dio en el desierto; no se trata de que Jesús va a montar una cadena de restaurantes gratuitos donde la gente seguirá comiendo sin preocuparse de tener que pagar lo consumido… “vengan, les daremos camisetas, boletos gratis para el gran show, habrá cerveza en abundancia y si nos dan su voto tendrán un puesto garantizado en las dependencias del estado.”; eso es lo que muchos leen de la multiplicación de los panes. Jesús con toda paciencia y con lujo de detalles los baja de la nube: Estoy hablando de otra cosa. Estoy hablándoles de una vida que no termina, de alimentarse de mi cuerpo y mi sangre, como una especie de canibalismo;… pero si no pueden participar de este canibalismo, no habrá verdadero seguimiento, nuestra amistad no será real, nuestra incorporación sería pura farsa.




Todos sabemos que la religión judía aborrecía toda forma de canibalismo, incluso estaba prohibido comer carne de muchos animales, especialmente si estos habían sido ofrendados a deidades paganas; mucho peor comer carne humana, y beber su sangre. Es de dominio público que para la cultura judía de la época, la sangre era portadora del alma, mejor dicho, era el alma misma. Entonces, ¿cómo incurrir en esta comida impura de carne y sangre humana? Pongamos en el lugar del auditorio de Jesús y comprendamos su reacción: σκληρός ἐστιν ὁ λόγος οὗτος· τίς δύναται αὐτοῦ ἀκούειν; “Este modo de hablar es intolerable (muy duro), ¿Quién puede admitir eso? (¿Quién puede sufrirlo, o mejor, soportarlo?)”  Jn 6, 60c.

Tomamos una frase de Mateo, 10, 22 b ὁ δὲ ὑπομείνας εἰς τέλος οὗτος σωθήσεται. “Pero el que se mantenga firme hasta el fin, se salvará.”, que nos parece que compendia la idea con la que se cierra este capitulo en San Juan. Creemos que lo que San Juan nos trasmite es esa idea, ὑπομείνας εἰς τέλος mantenerse hasta el fin; o sea, perseverar en el discipulado. Nos lo ratifica la pregunta que a continuación formula Jesús a los Doce: τοῦτο ὑμᾶς σκανδαλίζει; “¿Les desconcierta lo que les he dicho?” Aparece aquí esta palabrita, de la que se deriva la nuestra “escandalizar”, Σκανδαλίζει , del verbo  σκανδαλίζω causa de tropiezo, que conduce al pecado, que produce indignación, algo espantoso (en el sentido de producir espanto), espeluznante,  ofensivo, desconcertante, perturbador; aquí la hemos traducido “desconcierta”, pero de pronto podríamos traducir “¿les parece espeluznante que les proponga que coman de mi carne y beban de mi sangre?”; quizás así atraparíamos mejor el sentido de la pregunta de Jesús.

Jesús los desencantó, no les garantizaba “barriga llena y corazón contento”; en cambio, les proponía “beber de su sangre y comer de su carne”; para ellos eso era antropofagia; hoy en día, cuando la Iglesia nos ha aclarado el significado eucarístico de este “Banquete” sacramental, podemos entender a qué nos invita Jesús: a alimentar nuestra vida con los valores y virtudes cristianas, a tejer nuestros huesos y nuestra carne con la manera de ser de Jesús –como tanto hemos insistido- con esa palabra neo-adverbial, a vivir Jesús-mente. Comer su carne y beber su sangre no es antropofagia, es vivir coherentemente el seguimiento del ejemplo de Jesús, vivir con coherencia el Evangelio; hacer nuestras todas las ideas que Jesús nos enseñó, vivir –no a nuestro acomodo y según nuestro arbitrio, sino según la Voluntad del Padre. Y eso es lo que significa que en la forma consagrada está Su Presencia real, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo: significa que al comulgar asumimos vivir como Jesús, aceptarlo como Señor de nuestra vida, darnos a la tarea –no de Ser-Él, sino de ser-nosotros-mismos-empeñados-en-construir-el-mismo-Reino-que-Él-propone. O sea, comulgar significa aceptar concientemente ser parte de su Cuerpo Místico. Ser parte del Cuerpo Místico es lo que la Carta a los Efesios dice hoy: τὸ μυστήριον τοῦτο μέγα ἐστίν· ἐγὼ δὲ λέγω εἰς Χριστὸν καὶ [εἰς] τὴν ἐκκλησίαν.   “Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y  la Iglesia”. Ef 5, 32

2

Hay una tradición profética que compara la relación de Dios con su pueblo con la relación que tiene el esposo y su esposa. La esposa no es otro cuerpo, sino –como lo dice en Efesios 5, 28, "amar a sus esposas como cuerpo suyo que son".  Esto nos da la clave para entender el misterio del Cuerpo Místico de Cristo, nosotros no somos otro cuerpo distinto, sino que somos Su-Mismo-Cuerpo. Inventemos una palabra para decirlo «somos co-corpóreos» con Cristo.

Pero este milagro de Unidad ¿cómo se ha logrado? También nos lo dice la carta a los Efesios: ὁ ἀγαπῶν τὴν ἑαυτοῦ γυναῖκα ἑαυτὸν ἀγαπᾷ· “el que ama a su esposa se ama a sí mismo”. Así sabemos es el Amor de Dios por nosotros. Ahora bien, el amor del esposo por su esposa lo lleva a abandonar la casa del Padre y de la Madre, y así obró Jesús, dejó a su padre en el Cielo y se vino a la tierra, y nos amó, porque somos su esposa, hasta el fin. Y, nos lo dio todo, y no escatimó nada para Sí.

Una hermosísima expresión de Adán y a la vez un piropo conmovedor es cuando dice “Esta si que es carne de mi carne y hueso de mis huesos”; hoy, en la carta a los Efesios leemos lo que hace Cristo con nosotros, como nos siente, como nos experimenta: ὅτι μέλη ἐσμὲν τοῦ σώματος αὐτοῦ, ἐκ τῆς σαρκὸς αὐτοῦ καὶ ἐκ τῶν ὀστέων αὐτοῦ· “…miembros de su Cuerpo, Carne de su Carne y huesos de sus Huesos” Ef 5, 30 b (en este caso traducimos de la versión de la Iglesia Ortodoxa Griega).

Ha causado mucho revuelo esta perícopa de Efesios que leemos hoy, les revuelve el estómago a progresistas y feministas que acostumbran a convulsionar ante su lectura. Creemos que esta lectura que permite captar cómo somos parte del Cuerpo Místico de Cristo lo explica casi todo; pero no podemos ignorar que este documento data del siglo I, por allá por los años 80. Podemos revisar las tres frases cruciales, a ver qué tienen de alarmante o de “escandalizador”



1) Respétense unos a otros… que las mujeres respeten a sus maridos. El verbo original era ὑποτασσόμενοι que se podría traducir por sométanse pero, no es mujeres sométanse, ni hombres sométanse, sino sométanse unos a otros. Ef 5, 21
2) El marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia. Observese que aquí aparece la palabra ἐκκλησίας. Ef 5, 23.
3) Así los maridos deben amar sus esposas, como cuerpos suyos que son Οἱ ἄνδρες, ἀγαπᾶτε τὰς γυναῖκας, καθὼς καὶ ὁ Χριστὸς ἠγάπησεν τὴν ἐκκλησίαν καὶ ἑαυτὸν παρέδωκεν ὑπὲρ αὐτῆς, y recalca que se debe entregar completamente como Cristo se entregó por Ella, o sea, por la Iglesia.

Reflexionemos un poco: ¿por qué me producen tanta rasquiña estas palabras? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo captar las resonancias de la Voz Divina que resuenan armóniosamente detrás de la lectura superficial?

3.

Tomamos el capítulo final del Libro de Josué como texto para la Primera Lectura: Estas palabras se nos dirigen directamente a nosotros el día de hoy. No tomemos las cosas con evasivas, no digamos que son palabras pretéritas que en tiempos remotos יְהוֹשֻׁעַ "Yeshua" habría pronunciado en Siquem. No. Estas palabras nos son dirigidas a nosotros en este domingo XXI del tiempo ordinario del año de Gracia 2012. “ Digan aquí y ahora a quien quieren servir” Jos 24, 15a

Podemos servir a todo tipo de deidades paganas, al dinero, al placer, a la vida fácil y desordenada que no tiene vínculos con los valores y –más grave todavía-que no tiene principios irrenunciables, principios no-negociables. O, podemos servir al Señor.

Jesús, en el evangelio de San Juan cap. 6 verso 67 pregunta a los Doce: εἶπεν οὖν ὁ Ἰησοῦς τοῖς δώδεκα· μὴ καὶ ὑμεῖς θέλετε ὑπάγειν; “Entonces Jesús les dijo a los Doce: ‘ También ustedes quieren dejarme?’



Este es el tema de hoy, somos verdaderos católicos, discípulos fieles, comprometidos en el seguimiento de Jesús. O ¿somos infieles, seguidores del pan y el pescado fácilmente adquirido, discípulos de tamalito y cerveza? De los que están dispuestos a dar el voto (lo que podría verse como un discipulado de un ratito, por motivos interesados, lo que hemos llamado de la “barriguita llena”) podemos ser discípulos del hedonismo, del dinero, del sexo, de la vida desordenada, de la cultura de la muerte, del egoísmo, del “yo perdono pero no olvido”, en cuyo caso no somos del Señor, sino idólatras, servidores de los dioses de los amorreos.

¿Somos justos o malvados? Por los justos vela el Señor (véase el Salmo 34 (33) 18-20. 16 que leemos hoy como Salmo Responsorial), en cambio, el Señor está contra los malvados; ciertamente estos últimos no comen del Pan de Vida, esa Carne que es verdadera comida y esa Sangre que es verdadera Bebida.



No haya lugar a duda que estos interrogantes nos emplazan hoy y nos retan a darnos una respuesta y a asumir conforme a lo que contestemos, un discipulado coherente o, si preferimos la otra bifurcación, el compromiso con las deidades paganas.


sábado, 18 de agosto de 2012

LA PROMESA DEL JESÚS


y por tu savia divina
estoy plasmado y modelado

Averardo Dini

1

La perícopa del Evangelio para este Domingo XX del tiempo ordinario ciclo (B), proviene del Capítulo 6 de San Juan, versículos 51-58. Aquí, vamos a trascribir, además, los versículos previos, del 48 al 50, para observar cómo está organizada la “cebollita” de esta perícopa.



[48]  Yo soy el pan de vida.  [49]  Sus antepasados ἔφαγον comieron el maná en el desierto, pero murieron: [50]  aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo φάγῃ coman y ya no mueran.

[51]  Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que φάγῃ coma de este pan vivirá para siempre.

[51c]  El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

[52]  Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a
φαγεῖν comer carne?»  [53]  Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no φάγητε comen la carne del   Hijo  del hombre  y no πίητε beben su sangre, no tienen vida en ustedes. [54]  El que τρώγων come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna,

[54b] y yo lo ἀναστήσω resucitaré el último día.
 
[55]  Mi
σάρξ carne es verdadera βρῶσις comida y mi αἷμά sangre es verdadera πόσις bebida. 

[56]  El que τρώγων come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.  [57]  Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me τρώγων come vivirá por mí. 

[58]  Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que ἔφαγον comieron y después murieron. El que τρώγων coma este pan vivirá para siempre.



Consideramos que la capa más externa está formada por los versos 51a,b y el verso 58. La siguiente capa, debajo de la anterior, estaría formada por el verso 51c y los versos 56-57. La última capa, la que envuelve al núcleo, formada por los versos 52-54 y por el verso 55. Y el núcleo está formado por el verso 54b. Este verso es el corazón de esta perícopa. Los versos 48-50, que no se leen hoy (los leímos el Domingo pasado) constituyen una glosa explicativa al “núcleo de la cebolla” de hoy; estableciendo un paralelo entre Moisés y Jesús, como diciendo “Jesús es superior porque Él da el Pan de la inmortalidad, el pan resucitador. Estas “cebollitas”, que permean e invaden todo el Evangelio joanico, señalan siempre, en el corazón de la “cebolla” cual es la afirmación “central” que allí se nos quiere comunicar.

Por otra parte, hemos resaltado con cursivas, las varias repeticiones del verbo comer que se presentan en esta perícopa. Pero en griego aparecen dos verbos distintos: por una parte está φάγω que es propiamente el que traducimos por comer; de otro lado está τρώγω que se traduciría más exactamente por roer, masticar, mascar, morder algo (hacienda ruido). En verdad, uno puede comer algo, pasándolo entero, pero si uno lo mastica, lo roe, lo masca, entonces lo “digiere” mejor, por que lo ha reducido a pedacitos más fáciles de incorporarlos al propio ser. Aquello que no se mastica bien puede pasar de largo sin aportar sus nutrientes al cuerpo.



Comer a Jesús, y más si es masticándolo, consiste en incorporarlo a nuestro propio ser, viviendo Jesús-mente (adverbio que significa a la manera de Jesús), trasparentándolo, observando con detalle cómo procede Él en cada situación y tratando de reaccionar de la misma manera. De hacerlo así, ¿cuál será la presea? Jesús lo dice hoy en el núcleo de la cebollita: “Él mismo nos resucitará en el último día”. No nos hará multimillonarios, no nos resolverá todos nuestros problemas terrenales, no hará por nosotros lo que a nosotros nos compete, respetará el criterio de subsidiariedad, y esperará de nosotros respuesta comprometida y solidaría, reacción fraterna y compasiva, amorosa y –cuando toque- esperará que sepamos perdonar. Pero, en el último día, ahí si actuará el Mesías, ese Día, Él nos resucitará.

Digámoslo una vez más, ahí es donde Moisés se queda corto, Moisés entregó el Maná que Dios Padre envió a su pueblo en el Éxodo por el desierto, pero sólo era un alimento para saciar el hambre terrena. El mismo Jesús llenó la barriguita de 5000 hombres y 12 canastos se llenaron, así como en Caná también sobre-abundó en su generosidad al convertir el agua en vino. Pero, la promesa mesiánica es de alcances insospechados, es una vida sin término; la carne de Jesús, es para que ya no haya muerte: Jesús derrotó a la muerte.

Así pues, este discurso del Pan de Vida nos ha llevado a entender que lo que Jesús ofrece, su mesianismo, excede con creces nuestras expectativas. Nosotros nos apozamos en la espera de la “barriguita llena”, del ejército victorioso, del trono y el reinado de terciopelo y oro, de palacio y destello. Eso, desde la perspectiva terrena puede sonar fascinante; desde la perspectiva Celestial es –seguramente- deleznable. Con ojos terrenos ¿qué más podríamos codiciar?, pero Jesús lo que quiere es enseñarnos a volar con las alas del Espíritu… del Espíritu Santo.

Para poder entender en que consiste comer su carne y beber su sangre, tenemos que anhelar y ambicionar con los ojos de Jesús; pero sólo se tiene esa mirada si se vive Jesús-mente.

2

La primera lectura de la liturgia de hoy está tomada del Libro de los Proverbios, esta palabra se ha usado como traducción de la palabra מָשַׁל que viene a significar como semejanza, parecido, comparación, equivale a parábola corta, apotegma, alegoría, proceso de ejemplificación, proverbio, dicho popular, refrán, moraleja. Se ha dicho que, hasta que Salomón inventó el “mashal” nadie podía entender la Torá. Se ha escogido de esas varías traducciones posibles, la de Proverbios, para titular este libro de la Biblia, adscrito al grupo de los textos sapienciales.



Este refranero, que contiene una guía práctica de comportamiento, está enriquecida con consejos útiles para la vida e indican al creyente cuál debe ser su manera de vivir. (O sea, le dicen, cómo vivir Jesús-mente). Por lo general se ha clasificado en cinco segmentos: 1) Encomio de la Sabiduría 1-9; 2) 1ª Colección de Proverbios de Salomón, 10-22; 3) Otros sabios nos dan sus proverbios 22-24; 4) 2da Colección de Proverbios salomónicos 25-29; y 5) Adendos 30-31. La perícopa que se lee hoy concluye el Encomio de la Sabiduría.

Para vivir Jesús-mente, hay que vivir con Sabiduría, es más, muchos han pensado que aquí la Sabiduría es la personificación de Jesús, y es cierto que las razones para pensarlo están dadas, observemos:
a) Ha preparado un Banquete (Eucaristico)
b) Mezclado el Vino y puesto la Mesa (el Altar)
c) Ha encargado a sus mensajeros para invitar a todo el mundo, sistematizando el Envío (Iglesia-Evangelización) para que “desde los puntos que dominan la ciudad” lo proclamen.

3

Lo contrario de vivir con prudencia, de obrar con sabiduría –que se nos propone en la Primera Lectura- es lo simétrico: Portarse como insensatos. Lo que denuncia la Carta a los Efesios. ¿Cómo es un insensato? La Carta nos lo dice, lo describe, en este caso con dos rasgos:

a) Es un irreflexivo que no procura entender la voluntad de Dios
b) Se emborracha cayendo en el libertinaje.

La invitación que hace la Carta a los Efesios es a la prudencia, para lo cual se debe

a) Aprovechar el momento presente (porque los tiempos son malos; lo entendemos como el medio en que nos movemos es corrupto, está lleno de concupiscencia, de incitaciones al mal camino, al extravío).

b) Uno, lo que  debe hacer es llenarse de “Espíritu Santo”.

c) Construirse una vida de espiritualidad, lo que se alcanza orando, leyendo los salmos, con himnos y con cantos, y con gratitud hacía Dios.

d) Corona la prudencia una Acción de Gracias constante, al Padre y en el Nombre de Jesucristo.


Los exegetas han visto en estos textos, catequesis bautismales de las primeras comunidades cristianas…”… tienen sabor sapiencial,, es decir, apuntan hacia el buen sentido que debería regir la vida de las personas. Las relaciones sociales serían mejores si todos nos dejáramos guiar por esa sabiduría que produce la luz para nosotros mismos y también para los demás.”[1]

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En el Salmo nos encontramos cuatro fórmulas más para vivir con sabiduría, para ser prudentes:

a) Guardar la lengua del mal (Que tu palabra sea siempre algo mejor que el silencio)
b) Alejar del nuestros labios el engaño (En plata blanca: “No mientas”)
c) Apartarse del mal y hacer el bien
d) Procurar por todos los medios la Paz.

Estas cuatro pautas demostraran si amamos al Señor.








[1] Bortolini, José. CÓMO LEER LA CARTA A LOS EFESIOS. TODO EL UNIVERSO REUNIDO EN CRISTO. Ed. San Pablo. Bogotá Colombia. 2005. p. 60