sábado, 31 de enero de 2026

MACARISMOS

 


So 2, 3; 3, 12-13; Sal 146(145), 6c-7. 8-9a. 9bc-10; 1Cor 1, 26-31; Mt 5, 1-12a

 

Las bienaventuranzas contienen la “carta de identidad” del cristiano ―es nuestro carnet de identidad―, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida.

Papa Francisco

… es imperioso recuperar las raíces o fuentes del Evangelio donde no se encuentra un mensaje cifrado, oculto o misterioso reservado a los creyentes, sino un mensaje universal de una amplitud profundamente humana y racional que se dirige a todos los hombres de buena voluntad.

Mons. Luis Augusto Castro Quiroga

La palabra bienaventurados en griego es Μακάριοι [makarioi] donde el prefijo [mak] significa “agrandarse”, como lo que le sucede a un fruto que madura y se plenifica. Podría explicarse con una imagen: una persona va avanzando y a medida que lo hace, va encontrado a cada paso un tesoro, por ejemplo, una perla de fino valor, al principio se pone contento, luego se va llenando de gozo hasta que llega un punto que la felicidad no le cabe en el cuerpo: ¡ese es su agrandamiento! ¡ese es un bienaventurado!


De fondo, nos proponemos ver la justicia, la pobreza, la felicidad y -a través de ellas- el Reino de Dios desde otro ángulo, enfocándolo en otra perspectiva. No desde nuestra óptica humana, sino tratar de verlo con la mirada de Dios, lógicamente suplicándole nos ilumine, sine qua non, todo es tiniebla, incertidumbre, olvido. «El modo de reinar de Dios se puede describir también como una acción que vuelve a colocar cada cosa en su sitio preciso, como la voluntad santa y perfecta de Dios que tiene en cuenta cada realidad, hace justicia a cada uno, aún más, logra la perfecta realización de toda aspiración y deseo, colma toda expectativa y toda medida humana»[1].


Las bienaventuranzas son como la constitución del Reino de Dios, ¡Esplendidas! En ellas se cumplen estos rasgos fundamentales: Es ley suprema de un estado, que establece las libertades y los derechos esenciales de sus ciudadanos y es también freno y cortapisa de los poderes que estructuran ese estado. Poniéndole cotas al absolutismo. Dios se deja delimitar para que lo reconozcamos, para nada arbitrario o caprichoso. Aquí, en cambio, el Rey-Juez establece lo que le agrada, señala quienes le simpatizan, reconoce en su dinámica de donación de la dicha, unos parámetros que dirigen sus fallos; señala a los que Él ve como víctimas, y es a ellos a quienes resarcirá entregándoles la plenitud de la dicha: Su Amor y Su Amistad. No es que ame la pobreza por sí misma, es que le hiere que la fomenten. Le enardece quienes la forjan. 

 

«La proclamación de las “bienaventuranzas” abre el primero de los cinco grandes discursos de Jesús sobre el que está construido el Evangelio de Mateo; son el eco de los que Moisés había dirigido al pueblo de la Antigua Alianza, a la vez que nos describe las características del nuevo pueblo de Dios. Pueblo de los mansos, de los amantes de la justicia y de la paz, los que lloran, los perseguidos, los marginados, los despreciados. Pueblo que busca a Dios y se entrega. Pueblo formado por los que no tienen importancia ni prestigio, en ellos se revela más claramente la sabiduría y la fuerza de Dios.


Lo que se nos transparenta es el Señorío bueno y paternal de Dios que se hace presente en Jesús. Dios es Rey, pero Él se impone una Constitución, se auto-limita porque su Reinado, su Señorío es bueno, manso, tierno y paternal; como un papá, su “anonadamiento”, asume -que al igual que sus bebés- Él tampoco puede. No es un tirano absoluto, es un Pastor a Quien importa el “bienestar” de su pueblo, para quienes quiere la más cabal felicidad. Seguramente aquí lo que más nos interesa es lo de “paternal”, pues se trata de un Dios que sabe ser Dios-Padre.

 

«Cada bienaventuranza está compuesta de tres partes: primero está siempre la palabra “bienaventurados”, luego viene “la situación” en la que se encuentran los bienaventurados: la pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y sed de justicia y así sucesivamente. Por último, está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción “porque” …» (Papa Francisco)


Sin embargo, la dificultad estriba en las diversas interpretaciones que se les puede dar a las bienaventuranzas. Ellas fueron trasmitidas con palabras que se entienden de muy diversas formas. Ante todo, hay que diferenciarlas de los Mandamientos, estos son las reglas para llevarnos bien por el camino; pero las Bienaventuranzas no son prohibiciones y leyes que nos encarrilan mientras tanto; las Bienaventuranzas son un horizonte, son la Luz que resplandece en lo alto de la Montaña, es el amor de Dios atrayéndonos hacia Sí, es el sueño que sueña la fe y al despertar, será realidad, si de verdad hemos optado como comunidad por la propuesta del Reino.

 

Durante el destierro o poco después, los profetas anuncian que Dios va a reinar, que finalmente se va a manifestar como ese Buen-Rey que es. ¿Qué signos da Jesús de ello?  Él afirma que, por Su medio llega el Reino de Dios, por eso los llama dichosos. Toda la historia de Jesús contada por los Evangelios es la comunicación de este feliz augurio: ya no habrá pecado, ya no habrá enfermedad, los ciegos verán, los paralíticos podrán saltar, los venidos a menos serán los venidos a más en el Reino, a ellos será a quienes Él llamará para que apacienten sus ovejas, habrá pan en abundancia, el agua será transformada en Vino y podremos contemplar su rostro radiante y sus vestiduras blanquísimas, estaremos satisfechos en su contemplación.


«A los que no se involucran en nada referente a la justicia, a los injustos, a los que retuercen las leyes en su beneficio, a los que promueven la impunidad … es una invitación a que sigamos luchando por la justicia, porque esa es la voluntad del Padre». (Milton Jordán Chigua)

 

Pero…, hasta la fecha no hemos visto evolucionar la situación en esta dirección, «Si es este el sentido de lo que proclamaba Jesús, hay que reconocer que se engañó…, porque sigue habiendo pobres, sigue habiendo injusticias… Plantear esta cuestión es constatar que, desgraciadamente, nosotros los cristianos no hemos realizado nuestra tarea… No se pueden proclamar las bienaventuranzas sin hacer todo lo posible para que desaparezca la pobreza en todas sus formas, la enfermedad, la injusticia… Hay que luchar para que no haya pobres, pero hay que hacerlo con un corazón de pobre. Sólo quien tenga estas disposiciones del corazón podrá ayudar a los pobres sin aplastarlos con su piedad.»[2]

 

«Cuando el hombre empieza a mirar y a vivir a través de Dios, cuando camina con Jesús, entonces vive con nuevos criterios… Jesús es el Hijo… Por eso, sólo Él es el que…trae la paz. Establecer la paz es inherente a la naturaleza del ser Hijo.»[3] Dios requiere nuestro asentimiento, como antes requirió el Virginal permiso, necesita nuestro aporte, como confirmación de que aceptamos su reinado, que obedientes (ob-audientes, que acatamos lo que hemos oído) anhelamos que Él reine; «Dios se inclina misericordiosamente sobre el hombre, esclavo del mal, del pecado, de la muerte, y lo hace pasar de la dolorosa condición de siervo a la alegre condición de hijo liberado, reconciliado y amado. Para el discípulo de Cristo, el Reino se convierte en el valor último, en el bien absoluto, en la meta definitiva hacia la cual polarizar toda la existencia.»[4] ¡Por eso nos llama bienaventurados, y lo somos!


Atención, porque las bienaventuranzas tampoco son sartales de promesas para apuntalar una candidatura, para que alguien haga algo para cambiar nuestras vidas. Las bienaventuranzas son una propuesta para que nosotros hagamos ese cambio, y no para que nos atengamos y nos recostemos, no es un carro que armamos para que otro se suba y lo conduzca donde sus intereses particulares quieran llegar.

 

«Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, los de nuestras lágrimas, los de nuestras derrotas. Es la alegría pascual, de la que hablan nuestros hermanos orientales, la que tiene los estigmas, pero está viva, ha atravesado la muerte y ha experimentado la potencia de Dios. Las bienaventuranzas te llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría»[5] .Por tanto, detrás de las bienaventuranzas se esconde un misterioso trastorno antropológico que consiste en pasar del tener al ser, incluso del ser al dar, del tener para sí al ser para los demás Acogiendo la dinámica de este vado fundamental para el hombre, alcanzaremos el secreto de Dios que es al mismo tiempo el verdadero secreto del hombre donarse, ser para el otro»[6]

 

La materia prima, así como el plano-patrón están dados en las Bienaventuranzas, pero la idea eje, el núcleo esencial, el Espíritu de este proyecto reposa en un abajamiento, en una dinámica descendente: «La purificación del corazón se produce al seguir a Cristo, al ser uno con Él. “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20). Y aquí surge algo nuevo: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y, por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios… La verdadera “moral” del cristiano es el amor. Y este, obviamente, se opone al egoísmo; es un salir de uno mismo, pero es de este modo como el hombre se encuentra consigo mismo.»[7] «… humildad, pobreza, sencillez, pequeñez, disponibilidad a la acción de Dios en cualquier situación… comunidad de pobres, de gente que sabe orar y alabar a Dios, que no tiene nada para sí, sino que comparte gustosamente, que está llena de alegría y anuncia la Buena Nueva con la vida.»[8]

«Todas las bienaventuranzas, fueron vividas en primer lugar por Jesús de Nazaret, fue el pobre, el manso, lloró, tenía hambre y sed de justicia, fue misericordioso, limpio de corazón, trabajó por la paz, fue perseguido por causa de la justicia, injuriado, difamado, y fue asesinado en una cruz». [9]  

 

El Reino es todo lo que Tú, oh Dios mío, has querido hacer, haces y harás por nosotros, por mí. (Martini, Carlo María). ¡Venga a nosotros tu Reino!



[1] Martini, Carlo María. LAS BIENAVENTURANZAS. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1997. p.12-13

[2] Charpentier, Ettienne. PARA LEER EL NUEVO TESTAMENTO. Editorial verbo Divno Estella-Navarra. 2004 p. 106

[3] Benedicto XVI, JESÚS DE NAZARET. PRIMERA PARTE. Ed. Planeta. Bogotá-Colombia 2007. p. 113

[4] Martini, Carlo María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1995. p.444

[5] Papa Francisco AUDIENCIA GENERAL 29 de enero de 2020

[6] Martini, Carlo María. Op. Cit. p 485

[7] Benedicto XVI, Op.Cit. pp. 1224. 129.

[8] Martini, Carlo María. LAS BIENAVENTURANZAS. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1997. p.73

[9] Jordán Chigua, Milton. PINCELADAS BÍBLICAS DEL EVANGELIO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia. 1995 p. 63

viernes, 30 de enero de 2026

Sábado de la Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 12, 1-7a. 10-17

Increíble cómo podemos silenciar a Dios y amordazarlo. Dios nos habla siempre, con la que llamamos “la voz de la consciencia”, y nosotros nos hacemos “los de la oreja mocha”, la consciencia nos señala: “estuvo mal lo que hiciste” y nosotros, nos afanamos en introducir algún distractor para echarle tierra al asunto; o, improvisamos algún pretexto, por ejemplo, David pudo haberle replicado a la Voz de su Consciencia: “Guerra es guerra, Urías murió en cumplimiento de su deber, para eso lo teníamos, para que luchara por defender a tu pueblo elegido. Un muerto más un muerto menos, no le hace” O quizás desde su perspectiva le pareció buen pretexto decir: “Un derecho que asiste al rey es tomar todas y cuantas mujeres le quepan en el pico. Simplemente hice uso de mis atribuciones reales”.

 

Si David se hacía el loco a la “Voz de la consciencia”, Dios le conectó un parlante atronador, para que no escapara a Su Reclamo: El parlante era marca “Profeta”: Dios envió a Natán.

 

Tan pronto Betsabé tuvo el bebé, el profeta Natán viene y confronta a David por haber sobrepuesto su egoísmo al respeto de la grey que Dios le había asignado para su pastoreo. Ya hemos señalado que no era un asunto entre David y Betsabé (este nombre significa para los hititas, “hija de la abundancia”, se suele visualizar que las hijas de los ricos son caprichosas, volubles, inconstantes y antojadizas… ¿habrá algo de cierto? …), entró en el círculo del daño -lógicamente Urías-, quizás él no bajó a su casa y no visitó el lecho conyugal porque alguien le informó por dónde iba el agua al molino, esos chismes corren como reguero de pólvora, así que la patraña ensanchaba su campo de acción, ¡qué pésimo ejemplo para todo el pueblo que se percatara de la conducta de su tan “honorable” gobernante! ¿hemos visto como la deshonestidad de los gobernantes cunde en la deshonestidad de los gobernados? Es esto lo que denominamos “carácter pandémico del pecado”.

 

Natán le cuenta una parábola. Ya hemos visto que las parábolas, entre otras propiedades que tiene está la de hacer que uno se reconozca en ellas. Que uno, más fácilmente caiga en la cuenta que el tema se aplica a uno mismo, la parábola nos abre a la auto-implicación. Quizás esto sucede así porque cuando uno oye la denuncia como referida a otro malhechor el atropello se vuelve más evidente, y la injusticia se hace tan incontestable como el reguero de sangre que debió quedar en el lugar de muerte de Urías. David se escandalizó por el delito del personaje de la parábola, y Natán, ahí si le manifestó que ese malandrín no era otro que el rey-David.

 

El profeta, -hablando proféticamente- le anuncia su castigo: la violencia y la muerte se abatirían sobre su familia, tres de sus hijos, Amnón -el primogénito, Absalón y Adonías caerían víctimas de muertes trágicas. El recién nacido moriría indefectiblemente. Las mujeres de David le pagarían con la moneda de la infidelidad conyugal, como lo había hecho Betsabé con Urías. Y esto se haría de público conocimiento.

 

Inicia entonces una secuencia penitencial por parte de David que el profeta había constreñido a reconocerse culpable: Ayunaba y dormía en el suelo, aun cuando los ancianos cortesanos procuraban arrancarlo del suelo y hacerlo comer.


¡Todo cuanto ayunara no desharía el entuerto cometido! ¡La sangre de Urías seguiría clamando Justicia al Cielo!

 

Sal 51(50), 12-13. 14-15. 16-17

Continuamos con el salmo que vimos ayer, es una súplica. Y podríamos -si lo miramos en su totalidad- tratarlo como a una obra en cuatro movimientos:

      I.        Pasado

    II.        Presente que confía en el perdón

   III.        Capacidad para re-crear, para re-construir

  IV.        Futuro

 

Una vez David ha reconocido su culpa ve el origen de sus faltas en su pasado, en el hecho de haberlo modelado de materia deleznable, ¿qué más habría podido salir de él? Hoy, la perícopa se refiere a los movimientos tres y cuatro.


Empieza con el verbo בָּרָא [bará] “crear”, pero también puede significar, “elegir”, “escoger”, y también “modelar recortando pedazos”, “esculpir retirando, a golpe de cincel, lo indeseable”. Solemos decir que este verbo que es una palabra restringida a Dios que es el Único que verdaderamente crea.

 

Esta re-creación se pide que sea hecho insuflándole un וְר֥וּחַ נָ֝כֹ֗ון “espíritu puro”, es como pedirle a Dios que le retire todo lo imperfecto y negativo que tenga y que lo conduce a obrar el mal; pero esto entraña que, el penitente confíe, acepte que el Poder Divino alcanza para llegar a perdonar el grave desvío que se ha cometido: “la trasgresión”.

 

También implica que haya algún afecto, una compasión suficiente que mueva a Dios a otorgarle ese favor.

 

Al enfocar el futuro que prevé David, después de la renovación que Dios le regale, vendrá una misión de gratitud que aloja dos acciones: enseñar y cantar. Enseñarle a los que andan equivocados, como él lo estuvo, la senda correcta, lo que de verdad se debe hacer; y reconocer que Dios, es Más-que-Justo, Alabarlo porque Él es el Justo por excelencia, paradigma de la Justicia, aludiendo a su צְדָקָה [tsedakah] “Justicia”.

 

Todo esto pasará si Dios le concede ese milagro de re-creación. Por eso el versículo responsorial reitera: Oh Dios, crea en mi un corazón puro”, retomando la idea de la primera parte de la perícopa de hoy.

 

Mc 4, 35-41

El diablo es el pesimismo. Abandonarse a la angustia que disminuye las energías; creer que el mal vencerá, vivir esperando siempre lo peor: así es como el diablo tienta hoy … Por desgracia el diablo tiene muchos aliados que solamente se lamentan y no hacen nada por descubrir nuestras fuerzas positivas, no hacen nada por comprender la lucha que en el mundo contemporáneo se lleva a cabo contra los “espíritus malignos” personificados en la violencia y en los abusos de poder.

Bernhard Häring

¿Qué es mejor? ¿Ser anunciadores de calamidades o visualizadores del Reino cumplido? Pero, hay muchos “discípulos” esperando donde venderán las boletas del Mago Jesús para adquirir sus localidades, y -esto es muy interesante- se suman a los que critican a los discípulos reclamándoles por qué no tuvieron fe, sin llegar a entender que esta pregunta nos está dirigida a nosotros. Sólo cuando empecemos sinceramente a buscar en nuestro corazón qué responderle a Jesús, se calmará el viento y sobrevendrá una gran bonanza.


Por otra parte, hay muchos que dicen estar esperando el Reino, pero por allá para el siglo 50 o más adelantico. Para ellos no hay ningún afán, ¡cuanto más se tarde mejor!

 

Del bloque de las “controversias”, pasamos al bloque de las parábolas, y de este, vamos ahora sobre un bloque de milagros, tenemos aquí una agrupación de cuatro milagros. El de hoy es el de la Tormenta Calmada. Pero cuidado, no es que pretendamos dejar atrás las enseñanzas que Jesús nos ha dado en la sección de las parábolas, estos relatos nos hablan de las prioridades, de lo que compete a nuestra vida de fe, si hay sinceridad en nuestra religiosidad; porque lo que suele suceder, con mayor frecuencia de lo que podemos pensar es que nuestra mente ha sido cuidadosamente programada para pasar de un tema al otro y dejar todo atrás, en el olvido. Hay un cambio de temática, pasamos de las parábolas del Reino a los milagros, damos vuelta a la página y ¡todo olvidado! nos concentramos en el siguiente número del mago: ahora serruchará a una mujer y separará las cajas, al volverla a unir, la mujer saldrá campante y flamante, y ¿nosotros? ¡A nosotros nos tocará aplaudir!

 

Apliquémonos un antídoto contra el desmemorie, algo que vitalice nuestros recuerdos y nos ayude a concatenar los diversos aspectos de la Buena Nueva. Repasemos algunas de las tareas que Jesús nos ha dejado:

i)              Poner el candelero en alto -no debajo del celemín.

ii)             Ser conscientes que tenemos que meter el hombro, porque la cosecha es mucha (y los obreros escasean).

iii)           Ayudar a esparcir la semilla, preservarla, desyerbar en torno a ella

iv)           No quedarnos estancados, sino ir donde Él nos envíe.

v)            Saber andar juntos.

vi)           Comprender que somos sus familiares

vii)          Trabajar fundamentados en los Valores del Reino

 

Esta parte del evangelio marqueano, continúa tratando de definir la identidad de Jesús: ¿Quién es este hombre tan especial que hasta las fuerzas naturales y los elementos se le doblegan?

 

En el Antiguo Testamento ya estaba esta definición de Dios como el que gobierna la naturaleza, y en particular, el mar le obedece. El mar simboliza el poder diabólico.

 

Se disponen a pasar al otro lado, van con el Nuevo Moisés que los abandera para pasar el Mar Rojo. Pasar al otro lado es “crear al Pueblo de Nuevo”, hacerlo otro, por fin idéntico a sí mismo. Esto es lo que está haciendo Jesús: cumpliéndole a David lo que le pidió: “Crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”. Queremos cuanto antes llegar al desenlace, queremos saltarnos los esfuerzos, las vicisitudes, las tormentas, no tener que poner en juego la firmeza de nuestra fe.

 

Sobre el mar revuelto y el viento desobediente y anárquico, se mueve la Barca-Iglesia. Nos habla de “otras barcas que lo acompañaban” porque la iglesia está organizada en “comunidades” parroquiales, arciprestales, diocesanas, Arquidiocesanas, una verdadera comunidad de comunidades.

 

En medio de esta situación tan apurada ¿Qué está haciendo Jesús? Esa es la pregunta que regularmente se nos formula, sobre todo cuando el oleaje se encrespa: ¿Maestro, no te importa que perezcamos?

 

¡Mientras Jesús está dormido!

 

Observemos detalladamente la secuencia:

a)    Se puso en pie

b)    Increpó el viento y lo silenció

c)    Les preguntó por qué sucumbían reaccionando con temor. El temor inmoviliza.

d)    Los confronta respecto a su fe.


Ante la tempestad no tenemos que desesperarnos sino preguntarnos: ¿tenemos fe? ¿fe de verdad, en serio? Y, ¿qué tanta? La fe consiste en ver la Presencia de Jesús, reconocer su Poder, verlo actuar en la historia que trascurre -no en el pasado- sino en el hoy por hoy, ver que el Reino actúa, y descubrir en el suelo desnudo la cosecha que germina bajo la superficie y ser capaces de visualizar el campo totalmente cubierto por la cosecha. ¿Es que vamos solos? ¿Estamos abandonados? ¿Será nuestra fe la que está dormida?

jueves, 29 de enero de 2026

Viernes de la Tercera Semana del Tiempo Ordinario


2S 11, 1-4a. 4c-10a. 13-17

Habíamos quedado de entrar hoy en el episodio que marcó el desmoronamiento moral de David, su gran pecado doble. Hay un interrogante muy poderoso que queda en suspenso: ¿Por qué no fue Urías a visitar a su esposa? Ese es un punto muy interrogante que queda en suspenso… El hagiógrafo no dice nada, pero verdaderamente es muy sintomático, porque en cualquier caso lo primero que habría hecho cualquier combatiente sería haber aprovechado el viaje a Jerusalén para ir a visitar a su mujer.

 

El adulterio de David le costó la vida a Urías.  Con esta “aventura” amorosa, le quedó a David otra concubina, Betsabé, la exesposa de Urías. ¡Añadió una más! (En la época era una tradición, la poligamia, especialmente, la del rey; la abundancia de consortes -como la de reses, eran indicativos de la pujanza del personaje, por ejemplo, Salomón, llegó a contar con 700 esposas (princesas) y 300 concubinas). ¿Se podrá hablar en este caso de “la viuda de Urías”? A malhadada tarde en la que David se levantó y se puso a pasear por la terraza del palacio, y paseando la vista por la techumbre del vecindario, percibió la tentadora hermosura de aquella mujer, lo que marcó la hora de la infidelidad de este rey, especialmente porque se trataba de una mujer casada -para mayores señas- con uno de los más renombrados mercenarios de su ejército.

 

Es interesante que el ejercitó de David acababa de asolar a los amonitas, y David, en cambio de dedicarse al festejo de su victoria, prefirió refocilarse con la mujer ajena. El corazón humano no suele contentarse con sus logros legítimamente alcanzados, siempre tenemos que incurrir en los excesos y saltarnos los límites que la Ley de Dios demarca como baranda para no caer al abismo.

 

Dios ha puesto la baranda, enseñándonos sus preceptos; nosotros nos encargamos de saltárnosla, haciendo caso omiso.

 

Nos extrañamos que Urías no fuera a dormir en su casa, se nos informa que se quedó a pasar la noche junto con los escoltas de Palacio…

 

No hay que ir muy lejos para entender los motivos de Urías: estaban en plena guerra y David lo manda venir, le da unas “vacaciones” inopinadas, le da un regalo y le ordenó “bajar

A su casa a lavarse los pies”; prácticamente era una orden de ir a usar de su matrimonio. Todas estas circunstancias debieron conducir a Urías a la “sospecha”, entendiendo que, tras estas gentiles atenciones no se podía esperar una liebre, sino que se ocultaba algún gato.

 

Pero, si antes de abrir la caja, ya olía a gato mojado ¿qué se diría después de la estrategia de volverle a solicitar su presencia en la corte y haberse visto agasajado con varias botellitas y repetidos brindis? Con toda seguridad que, de tanto alzar el codo, a Urías le debió empezar algún dolor articular que lo convenció que “no es oro todo lo que reluce”.

 

Quizás algún lector dirá: ¡Urías era muy pilas y no se dejó engañar! Sí hubiera bajado a su hogar, le habrían achacado la paternidad del “bastardo”. Y habría tenido que regresar al frente de combate, luciendo un elegante tocado cornudo.

 

Después del punto aparte, queremos señalar que, אוריהו [Uriyah] es nombre de origen hebreo, que traduce “Dios es mi Luz”; -raro para un hitita que debería tener un nombre nesili (el idioma hitita).

 

A renglón seguido querríamos hacer notar -al margen del derecho real de poligamia- que David ya tenía como esposa a Mical, la hija menor del rey Saúl, que fue su primera esposa y es tenida como la legal, la “propia” por ser ese su vínculo real inicial. Además de ella, la Biblia menciona a Ahinoam, Abigail, Maaca, Haguit, Abital y Egla como esposas que tuvo en Hebrón.

 

Otra anotación contextual muy importante es tener presente que el adulterio se castigaba con la muerte de los dos implicados.


 

El relato muestra la premeditación y alevosía que conllevó a la muerte de Urías: “Pongan a Urías en primera línea, donde la batalla sea más encarnizada. Luego retírense de su lado, para que lo hieran y muera”. Nótense bien los términos deliberados de un crimen premeditado. Queremos presentar a su señoría y al jurado la fotocopia de este documento remitido por el rey David a Joab, comandante en jefe del ejército davidico en este Libro Segundo de Samuel, quien era, además, sobrino de David. El juez lo permite…  

 

Y como pasa en cine y televisión, quedamos en “¡Continuará!”

 

Sal 51(50), 3-4. 5-6b. 6c-7. 10-11

A veces, y esto es muy frecuente, -no es una “rara vez”- nos cae como anillo al dedo aquello de la “responsabilidad personal del pecado” especialmente porque nos lleva a ese ángulo (cómodo rincón para agazaparnos) donde podemos decir: “Bueno, fui yo el que pequé, ya veré cómo me las apaño con mi pecado, pero ustedes no se entremetan que no tienen nada que ver, les repito, ¡fui yo!”. Ahora, estos delincuentes suelen añadir ¡Es mi vida privada! ¡No se metan!

 

Pero recuerdan aquella frase altisonante, “ningún hombre es una isla”, pues hemos de saber que el pecado afecta y sus repercusiones van más allá de la persona individual del que lo ha cometido. Pues es una frase altisonante de John Donne, altisonante porque contiene una verdad de a puño, similar a una gigantesca campana de bronce. El pecado mete una transfusión de sangre dañada en el organismo social, porque no somos islas sino unidad corporativa. El mal de un pecado se extiende como ondas concéntricas y difunde una corriente que intoxica el conjunto social. Somos cuerpo no órganos individualmente aislados.


Con sólo reflexionarlo un poco nos daremos cuenta de cómo tiene el pecado un factor pandémico que se propaga, que propende a su extensión, a su proliferación.

 

Podemos ponerle adornos al arrepentimiento de David y procurar disminuir el daño, pero lo cierto es que detrás de aquella tarde aciaga en que David se prendó de la hermosa mujer que se bañaba, se adivina la destrucción que le llegará a Jerusalén, la trágica muerte de sus hijos, la división del Reino, la deportación a Babilonia. Inclusive, uno se tendría que preguntar si ese fue el pecado original que causó la ininterrumpida cadena bélica que ha azotado desde siempre a la Ciudad de David. Tal vez los sentidos de David se engañaban y lo que a él le parecía seductor no era la hermosura de una mujer sino las luces destructoras de los misiles que estallaban en los techos de los edificios.

 

Hemos encontrado en los panegíricos el elogio del purísimo arrepentimiento de David: y la apelación a la maravillosa Misericordia del Señor, y todo eso, es cierto, pero no se puede tapar con un dedo la responsabilidad que le cabe al hombre cuando retira una ficha de dominó de una torre construida con ellas. David alcanzó a dimensionar que no sólo había pecado contra Betsabé, que no únicamente había llevado al cadalso a Urías y le había comprado un miserable entierro, sino que “Había pecado contra el Cielo y contra el Señor”, contra el mismo Dios que lo había ungido y elegido para establecer el Linaje cuya Cúspide llegaría a ser Jesús.

 

Muchas veces la interpretación de la falta es el pecado sexual que desencadenó la serie de pecados conexos con el espolón detonante, y se minimiza el asesinato en que desembocó la seductora imagen de la mujer que se bañaba desnuda en la terraza vecina.

 

Hay una palabra medular en este salmo es חָנַן [chanan] “misericordia”, “compasión”, “ten piedad”, “dolerse”, “apenarse”; lo que textualmente en hebreo significa que “el juez se incline favorablemente y le conceda -a un subalterno- una gracia, un favor especial”, “tener benevolencia con alguien”.

 

El hagiógrafo (David) suplica al Cielo para que lo conceda algo de lo que Dios es Rico. La palabra que está en el verso 1 del Salmo se incluye hoy en el verso responsorial del Salmo.

 

¿Por qué suplica por “piedad”? Israel conocía y discernía entre tres clases de pecado, los que nosotros hemos traducido por “culpa”, “rebelión” y “pecado” propiamente dicho.

­       פֶּ֫שַׁע [pesha] “transgresión”, “rebeldía”, en este se incluyen la profanación del templo, la idolatría, y los crímenes políticos.

­       עָווֹן [awon] "culpa", "iniquidad” aquí quedan comprendidos los pecados de inmoralidad sexual, la deshonra de la mujer dl prójimo, el usurero, el que comete abominaciones, la opresión de los pobres

­       חַטָּאָה [chataim] “Pecados”, la idea de la palabra hebrea es la de “fallar el blanco”, errar el tiro”, tener mala puntería”

La manera como David plantea el salmo parece estar diciendo: “Todas las anteriores”.

 

El “lavado” de estas manchas nos rememora dos pasajes bíblicos:

-El referido a los leprosos que no podían tocarse y la terapia se administraba rociándolos con un hisopo.

- A la vez que nos recuerda que los dinteles y las jambas tenían que mancharse con la sangre del Cordero Pascual para que el Ángel exterminador, al pasar, supiera que allí habitaba un israelita y “saltara” aquella casa, pasando de largo y para que degollará donde si habitaban egipcios-esclavistas. Esta marca sangrienta era otro tipo de aspersión que marcaba las casa de los que habían ganado misericordia. En los relatos bíblicos hay antecedentes que nos inspiran confianza y nos levantan el ánimo.

 

Pero ¡nunca desesperemos! El Señor es lento a la cólera y rico en clemencia, Él está siempre disponible para desviar Su Mirada de nuestro pecado y derramar el Bálsamo de Su Perdón sobre nuestras culpas. ¡Si hubiere sincero arrepentimiento!

 

Pero la consciencia del mal que fraguamos al pecar nos debería llevar a fortalecernos en la voluntad firme de no cometerlos y a rogarle al Señor la fortaleza para no sucumbir a las tentaciones. ¡Clamemos Misericordia al que es Misericordioso!

 

Mc 4, 26-34

La Palabra de Dios hace crecer, da vida. Y aquí quiero recordarles la importancia de tener el Evangelio, la Biblia, al alcance de la mano. El Evangelio pequeño en la cartera, en el bolsillo, nutrirnos cada día con la Palabra Viva de Dios. Leer cada día un párrafo del evangelio un párrafo de la Biblia.

Papa Francisco

Hoy Jesús nos guiará con dos parábolas -de raíz agraria nuevamente- para mostrarnos el Reino. Es muy interesante y focal, descubrir que el Evangelio -o sea la Buena Noticia- es el anuncio el Reino. Jesús no está en campaña para que votemos por Él, Jesús nos está haciendo una propuesta, nos está proponiendo los “Valores del Reino” para que los aceptemos en nuestra vida. No son Diez Mandamientos -aun cuando ellos son el eje de su Mensaje-, sobre todo, es la fraternidad, es la sinodalidad, es el amor de los unos por los otros y muy especialmente por el Otro, porque el Otro le da la estructura a la fraternidad, recordemos que el otro es el Padre, somos hermanos precisamente porque tenemos un Padre Común, un Padre Nuestro.


Ante todo, lo que debe preocuparnos, no es la germinación, no somos biólogos del Reino que tienen por misión “descubrir” como se desarrolla el proceso; el reino sólito, como un bebé en el seno materno, conlleva todo el programa y todos los detalles para llegar a ser un bebé completo; así el Reino, llegado el momento, nos sorprenderá con su nacimiento y con su desarrollo. Habrán oído ustedes que no hay que precipitar los procesos, recuerdan lo que pasó cuando alguien quiso sacar la mariposa antes de tiempo y le “ayudó” a salir a la crisálida, pues ¡salió prematura!

 

La segunda comparación nos ha asombrado desde siempre: la semilla de mostaza, la parábola subraya que “es la más pequeña de todas las semillas”, y puede alcanzar en su momento, una altura mayor que la de las demás hortalizas. Puede llegar a ser nido de los pajarillos, y se puede encontrar bajo su sombra, refugio de la resolana.

 

Quizás los discípulos que eran prioritariamente pescadores, no lograban entender del todo lo que quería decir Jesús, pero como su enseñanza no era hermética, no estaba reservada a algunos, Él -posteriormente- se las aclaraba, ya cuando tenían sus “asambleas internas”.

 

“A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la Palabra de Dios y las exigencias de su reino, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro empeño en la historia… Por favor, no se olviden nunca de esto, porque esta es la fuerza que hace germinar en nosotros la vida del Reino de Dios”. (Papa Francisco)


Sólo darnos cuenta que, de Nazaret, de Galilea, ha llegado hasta nosotros a través de los siglos y su semilla evoluciona en nuestros corazones, debería bastar para darnos cuenta que el Poder expansivo del Reino es genuino, es real, es incontenible. Jesús, por favor, pon tus dedos en nuestros oídos y pronuncia sobre nosotros el Ἐφφαθά [Effatá] “ábrete” (palabra de origen arameo que San Marcos incluyó en 7, 34), para que seamos capaces de adentrarnos y confiar en el poder del Reino, que ahí está patente y evidente, pero, que algún “taco” en nuestros oídos nos impide oír y descubrir.