jueves, 2 de abril de 2026

VIERNES SANTO – PASIÓN DEL SEÑOR

 MIRAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ

Is 52,13-53,12; Sal 30, 2.6.12-13.15-17.25; Hb 4,14-16.5,7-9; Jn 18,1-19,42

 

Y como una zarza ardiendo, como el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, se manifiesta a los que buscan apresarlo diciéndoles: “YO SOY”. Es Yavé que les hace caer en tierra.

Emilio L. Mazariegos

 

Los hombres pueden ponerse a la derecha o a la izquierda de la cruz. Pero, quieran o no quieran, están a uno de sus lados.

Ernest Hello

 

“Hosanna” o “Crucifíquenlo”

Mirar hacia el Crucificado y adorar la Santa Cruz -lo que sucede justo después de la oración Universal de Fieles- no es una acción aislada e insertada allí, en ese punto de la liturgia; porque se adora, no los palos, sino “al que ha estado allí”, al que la ha trasformado en instrumento de Salvación. Al que ha profundizado, en ella, la pasión de su Amor y estando en ella ha saboreado los amargos de la ingratitud y el desamor.

Están -a un lado- los que han añadido galones de sanguinolencia para intensificar el dramatismo de la escena; están -al otro lado- los que lo han plasmado en su corazón impávido, impertérrito, limpio, con apenas una gota de pulcra sangre, como aquel héroe que después de horas de incontestable acción, ni siquiera se había despeinado.

 

No se trata de maquillarlo más o menos estoico, o más o menos victimado para impactar la sensibilidad y sacarnos las lágrimas. De lo que se trata es de poner la cruz, como sistema de referencia -un poco como los matemáticos refieren la posición del “objeto” al plano cartesiano”- y resolver que posición ocupa en ese sistema de referencia, nuestro discipulado. Para decirlo con mucha sencillez: donde está nuestro propio amor, nuestra compasión con el que sufre, nuestra estructura de valores cristianos frente a la vida y a la muerte. Si somos agentes de paz o promotores de violencia.

 

¿Quién juzga a quién?

No estamos ante una muerte cualquiera, estamos ante la Muerte que derrotará la muerte definitivamente. La Lectura de estos dos capítulos del Evangelio según San Juan que componen la Pasión, es definitiva para entender lo que pasa con esta Muerte. En ellos encontramos una gran cantidad de figuras, imágenes y simbolismos. Insistimos que los símbolos podían ser decodificados por la Comunidad Joánica que contaba con los referentes de decodificación, no así nosotros. Siguiendo la Pasión con mucha atención lo primero que se nota es el empeño de mostrar a Jesús como Rey. Evidentemente es un Rey de una clase muy especial. ¡Su corona es de espinas! El Manto de Púrpura, es un trapo que le proveen los soldados torturadores; también ellos le adjudican el Cetro, una caña. En este evangelio se ha prescindido de ciertos detalles que aminorarían la calidad real de Jesús: No hay insultos, no hay escupitajos.


El cuadro decisivo, donde se muestra todo el señorío de Jesús es el momento en que el propio Pilato hace sentar (la palabra es ἐκάθισεν [ekathisen], que está en indicativo aoristo activo del verbo καθίζω [kathizo] “hacer sentar”, “mandar sentar” a Jesús en la silla desde donde se juzgaba. «… la expresión ekathisen epi bematos en el v. 13, traducida por la vulgata “sedit pro tribunali”. Mientras comúnmente se pensaba que la frase significase que Pilato se sentó; sin embargo, dada la cercanía del nombre de Jesús y la posible atribución de un valor activo al verbo ἐκάθισεν [ekathisen] parece que Pilato “hizo sentar a Jesús”, en el sentido de que lo instaló sobre la silla.»[5] Revisemos cómo traduce Luis Alonso Schökel: “Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado (en hebreo Gábata)”.Jn 19,13. Vayamos con el Cardenal Martini: «La impresión que se saca de la escena, pues, es que el que parece estar siendo juzgado, en realidad está juzgando a la humanidad.»[6] «Jesús es acusado, pero de hecho es Él el que juzga. Jesús es rey, pero un soberano que reina sobre los que escuchan sus palabras. En el centro la escena de la coronación, despojada de todo detalle (esputos, genuflexiones), hace destacar el título de rey. Y la escena termina apoteósicamente: Pilato hace sentar a Jesús en su tribunal para proclamarlo rey (v.13).»[7]

 

Un mapa de Lectura

Este texto, como hemos dicho, de suyo denso; merece un atento estudio; nuestro rol de discípulos nos llama a leerlo y meditarlo con atención, con espiritualidad; acompañar a Jesús en esta Semana Santa, significa –así lo entendemos- leer de manera meditada y con suma devoción las páginas de la Escritura consagradas a la Pasión. Pero no sólo hoy. El sentido intrínseco a esta celebración que la Iglesia ha instituido y conservado, lleva en sí, el mismo espíritu eucarístico, “Hagan esto en memoria mía”, y el alma toda de la Iglesia opera con este sentimiento, conservar lo que Jesús –con su Vida, Pasión y Muerte- nos legó, y que alumbra nuestro caminar en el discipulado.


El Cardenal Martini nos proporciona un plano para no hacer la exploración a tientas, casi una guía turística (si cabe la analogía) a la Pasión en el Evangelio de San Juan. Podemos aprovechar este “plano” que trazó Carlo María Martini para explorar la Pasión con mayor provecho y más honda profundización. Él nos propone una subdivisión en 7 episodios:

 

1.    El arresto de Jesús 18, 1-12

2.    Jesús ante los sumos sacerdotes y la negación de Pedro 18, 13-27

3.    Jesús ante Pilatos 18, 28 – 19, 16

4.    La Crucifixión 19, 17-22

5.    El “cumplimiento” 19, 23-30

6.    Agua y sangre y el Cordero de Dios 19, 31-37

7.    La valentía de los Amigos 19, 38-42.

 

Opción preferencial

… al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.

Viktor Frankl

Pilato nos mostrará a Jesús: “Ecce homo”: Aquí tienen al hombre” Jn 19, 5c. Ya es un guiñapo; azotado, coronado de espinas, abofeteado, víctima de la burla, pero sobre todo y, ante todo, sentenciado. Pilato no se cansa de pronunciar su sentencia: No encuentra en Él culpa alguna, lo declara tres veces inocente. Sabemos que los opresores romanos les habían quitado a los judíos toda autoridad para condenar a muerte, por eso lo presentan al gobernador romano para esta farsa de juicio. El Sanedrín, los Sumos sacerdotes, los fariseos y los saduceos ya llevaban la sentencia escrita en su corazón. Como lo dijera Caifás, “conviene que un hombre solo muera por el pueblo” (Cfr. Jn 18, 14).

 

«Y acudirán a Ti en sus dolores y en sus cansancios, buscando en tus palabras ese amor que ellos apenas saben producir. Tu corazón cansado dará fuerza a los suyos. Tus manos, dispuestas ya a ser taladradas, sostendrán las suyas. Y, aun sin darse cuenta, incluso cuando gritan “crucifícale”, estarán reconociendo que Tú eres el único, el ultimo amor» (Martín Descalzo, José Luis. BUENAS NOTICIAS).


Cuando Pilato lo muestra, aquella gente lo “ovaciona”: ¡Crucifícalo, crucifícalo! ¡Vaya qué ovación! Pero del hombre que Pilato les muestra, queda solamente –¿cómo diríamos? -   un ripio de hombre. De lunes a miércoles estuvimos viendo tres de los canticos del Siervo de YHWH, aquí cabe iluminar la interpretación joánica retomándolos: “Muchos se horrorizan al verlo porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre;(Is 52, 14) … No vimos en Él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento, como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado. (Is 53, 2d-3), es lo que leemos en el Cuarto Cantico del Siervo Sufriente: Dios nos avisa que es necesario dar un paso al frente, un paso más -no quedarse ahí, en el sadismo, encontrar el sentido, que está detrás de los coágulos y las llagas. «Es preciso sobrepasar los límites de las explicaciones humanas. Pues la razón humana sola, no basta para entender la extraña victoria de la justicia de Dios sobre la injusticia de los hombres... Jesús… sobrepasó los límites estrechos de las explicaciones y teorías humanas de su tiempo…»[8]. Aun hoy nos desborda al intentar atrapar su imagen de Crucificado.

Aquí se nos presenta el tema de la opción preferencial de Dios por los pobres. Si nos preguntamos por la razón para esta opción preferencial podemos mirar a Jesús en su trono: ¡Miremos al crucificado! Los pobres a su imagen y semejanza. «Dios escogió a los pobres… porque encontraba en ellos el reflejo de sí mismo, el resto que quedó de su honra y gloria divina en medio de la humanidad (Is 42, 8). Los escogió porque en ellos seguía existiendo el ideal que Él soñaba para todos, el ideal de una sociedad igualitaria y fraterna, sin opresor ni oprimido. Pues, a pesar de ser maltratados, ellos no maltrataban; a pesar de ser oprimidos, no oprimían (Is 42, 2-3) En ellos existía la matriz del futuro de la humanidad. Y los escogió de acuerdo a su justicia divina (Is 42, 6)»[9]

 

El salmo para este Viernes Santo es el Salmo 31(30). El responsorio dice: בְּיָדְךָ֮  אַפְקִ֪יד  ר֫וּחִ֥י “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Sal 31(30), 5(6)a. Otra versión dice: “En tus manos está mi destino”, aún otro traductor ha dicho: “En tus manos están mis azares”. Como quiera que sea, es la confianza en el Señor. El estará siempre al cuidado, de Él nos podemos fiar. Lo cual se relaciona directamente con aquello de que en los pobres está la matriz del futuro de la humanidad: Ellos como nadie se preocupan del hermano, si tienen un pan lo comparten, son el epítome de la solidaridad. El corazón de los pobres es siempre misericordioso como el corazón del Padre. Son portadores de la semilla de la liberación. «Los he amado hasta este punto y se los he probado, se los he declarado así…Ámenme hasta este punto y pruébenmelo, declárenmelo como yo lo he hecho por ustedes…” Escuchemos esta invitación, la más dulce, la más suave que pueda darse y que nos viene enviada por el ser infinitamente amable, por Dios, belleza suprema… Y saquemos provecho de la lección que nos ha dado la sabiduría infinita, Aquel Único que puede amar infinitamente…»[10], nos dice el Hno. Carlos de Jesús.

 

Nuestra teología para hoy no es un razonamiento alambicado e inaccesible. Es una idea sencilla de mansedumbre que encierra en sí la imagen de Jesús que avanza como una oveja llevada al matadero, como varón de dolores … (su manto real es -cómo lo dejó perfectamente claro ayer-  la toalla que se ató a la cintura con la que amorosamente secó los pies de sus discípulos y con la que mostró su abajamiento para estar en medio de ellos no como el que es servido, sino como el que sirve). “En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que Él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, … (Sólo que Él no pecó)” (Hb 4, 15). Quedamos muy impacientes por leer la perícopa del capítulo 54 de Isaías que proclamaremos como Tercera Lectura en la Vigilia Pascual.

 

Así la imagen del Crucificado nos remite una vez más a Mt 25, 31-46. «¡Oh, mi Señor Jesús! Hazme ver siempre con más claridad esta verdad esencial y tan necesaria que el demonio busca continuamente oscurecer a nuestros ojos… Haz resplandecer ante mis ojos esta doctrina de la cruz, y haz que yo la abrace, así como tú quieres de mí… Haz que yo también pueda decir que no sé sino una sola cosa: A Jesús, y a Jesús crucificado” … ¡Oh, Dios mío!, “haz que yo vea”, haz que estas verdades se hagan presentes siempre ante mis ojos, y haz que yo conforme a ellas mi vida, en ti, por medio de ti. Amén. Y concede las mismas gracias a todos los hombres, en vista de ti.»[11]


PS.

No deberíamos buscar un sentido abstracto a la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. Por tanto, ni puede ser reemplazado en la función, ni su vida puede repetirse; su tarea es única como única es su oportunidad para instrumentarla. (Viktor Frankl)

 



[1] Cantalamessa, Raniero. “ESTO ES MI CUERPO” Ed. San Pablo Bogotá Colombia 2007. pp. 118-119

[2] Masi, Roberto. SACERDOCIO Y EUCARISTÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA. Ed. Paulinas Bogotá Colombia 1967. pp. 219-221

[3] CEC. #1367.Cc. de Trento, Sess. 22a., Doctrina de ss. Missae sacrificio, c. 2: DS 1743.

[4] ORDINARIO DE LA MISA. Ed. Paulinas Caracas – Venezuela 1989 p. 76

[5] Martini, Carlo María. Op. Cit. p. 168

[6] Idem

[7] Charpentier, Etienne. PARA LEER EL NUEVO TESTAMENTO. Ed. Verbo Divino. Navarra – España 2004 p. 134

[8] Mesters. Carlos o.c.d. LA MISIÓN DEL PUEBLO QUE SUFRE.LOS CANTICOS DEL SIERVO DE DIOS EN EL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS. Ed EDICAY y Centro Bíblico “Verbo Divino”. Quito-Ecuador 1993. pp. 83.88

[9] Mesters, Carlos o.c.d. Op. Cit p. 110

[10] Beato Charles de Foucauld. ENCONTRAR AL SEÑOR EN SU PASIÓN. MEDITACIONES. Ed. San Pablo. Bogotá –Colombia. 2014. p. 45-46

[11] Ibid. p. 46

miércoles, 1 de abril de 2026

JUEVES SANTO


Ex 12, 1-8. 11-14; Sal 116(115), 12-13. 15-16.17-18; 1Cor 11, 23-26; Jn 13, 1-15

MISSA IN CŒNA DOMINI

INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

 

 

La eucaristía es realmente… una enormidad… es un misterio que no se termina nunca de comprender.

Raniero Cantalamessa

 

 

Una parábola moderna

«Jesús explicaba los asuntos del Reino en parábolas; adoptemos por una vez su método y tratemos de comprender, con la ayuda de una moderna parábola, lo que sucede en la celebración eucarística. En una gran fábrica había un empleado que admiraba y amaba desmedidamente al dueño de la fábrica. Para su cumpleaños quiso hacerle un regalo. Pero antes de entregárselo, en secreto, pidió a todos los colegas poner su firma sobre el regalo. Este llegó pues a las manos del patrón como homenaje de todos los empleados y como un signo de la estima y del amor de todos ellos, pero, en realidad uno solo había pagado el precio del regalo.


¿No es exactamente lo que sucede en el sacrificio eucarístico? Jesús admira y ama infinitamente al Padre celestial. A Él quiere hacer todos los días, hasta el fin del mundo, el regalo más precioso que se pueda imaginar, el de su misma vida. En la Misa el invita a todos sus hermanos a poner su firma sobre el regalo, de manera que llegue a Dios Padre como regalo de todos sus hijos, “mío y su sacrificio” lo llama en el Orate fratres. Pero en realidad sobemos que uno solo ha pagado el precio de ese regalo. ¡Y qué precio!»[1]

 

El Seder de Pesaj.

Cristo realizó este misterio en un ambiente hebreo, Escriturístico, dentro de una mentalidad semítica.

Roberto Masi

 

La Primera Lectura en la Liturgia del Jueves Santo proviene del Éxodo, más precisamente del capítulo 12, versículos 1-8 y 11-14, o sea que no se leen los versículos 9 y 10 de la perícopa. En ella se establecen los elementos de la liturgia judía de la Cena Pascual. Enumerémoslos:


1.    Un cordero, sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

2.    La sangre para la marcación de las jambas y el dintel.

3.    La carne se consumirá asada a fuego.

4.    El pan de la cena será pan ázimo (matzá). El jametz (pan fermentado con levadura) está estrictamente proscrito en el Seder.

5.    Se consumirán también מָרוֹר [maror] “yerbas amargas”; y Karpas: perejil -mojado en agua salada-, para recordar el sabor de las lágrimas.

6.    El ornamento prescrito consta de correa ciñendo la cintura, los pies calzados y bastón en la mano; todo indica la premura para salir. Por eso se comerá de prisa.


Después de la destrucción del templo se renunció al sacrificio del Cordero. En el Seder actual (se llama Seder o sea orden, porque todo está prescrito, rigurosamente establecido); se beben 4 copas de vino, se rememora la liberación de la esclavitud que el pueblo soportaba en Egipto (Hagadá) y se canta el Hallel, los salmos 113-118. Siempre se ha dicho que Jesús estableció la Eucaristía en el marco de una Cena Judía. Allí está el Vino, el Pan ázimo, el Salmo, el Cordero sin defecto, sin mancha, sin mácula de pecado, y los ornamentos, la cintura ceñida por el cíngulo, y –en el caso del Obispo, el báculo que es el bastón litúrgicamente prescrito. Inclusive, recordemos que el Obispo lleva su Kippah que nosotros llamamos Solideo, significa que “Dios está por encima de los hombres”, significa que, el Ministro Ordenado (recibió la Orden de “Hacer esto en memoria mía”) está consagrado sólo a Dios. Así como en la Eucaristía el Sacerdote lava sus manos (lavatorio simbólico en el que sólo se humedecen los dedos) así también la Cena Judía tiene también su rito de lavatorio “urjats” y “rajtsá”.


La Eucaristía parte del rito de acción de gracias y reconocimiento de la Majestad de Dios donde se le bendice y alaba: Baruk Adonaí “Bendito es el Señor. La palabra Baruk viene de la raíz בָּרַך brk, ligada con la palabra “rodilla” como signo de arrodillarse ante la Grandeza de Dios. Por eso el rito recibe el nombre de Berakah y, como lo decimos más arriba sirve de núcleo de partida a la estructura de la liturgia eucarística que las comunidades cristianas fueron enriqueciendo en la medida en la que fueron ganando identidad y se fueron segregando de las comunidades judías de origen. O sea que, a la Pascua Judía se aúna el Misterio Pascual de Jesucristo.

 

 

Sacrificio Incruento

Queremos tocar, así sea superficialmente, el tema del sacrificio y la Eucaristía como Sacrificio. Muchas veces se ventila el tema de que cada Eucaristía es un Sacrificio, y se quiere implicar de ello que el Sacrificio de Jesús no “habría sido suficiente”. Queremos enfatizar que no se trata de un nuevo sacrificio en cada Eucaristía, sino del mismo sacrificio actualizado. Vamos a decirlo con las palabras de Monseñor Masi: «La Eucaristía es el memorial de la muerte del Señor… es un memorial, es decir, un recuerdo, un símbolo, pero también una representación mística de la muerte de Cristo en la cruz para la purificación de los cristianos… La Eucaristía es un sacrificio, pero no es distinto del de la cruz. Es el mismo sacrificio del calvario hecho sacramentalmente presente. Ya el concilio de Trento enseñó claramente que la misa es un verdadero y propio sacrificio con el mismo sacerdote y la misma victima que el sacrificio de la cruz: Jesucristo… La razón suprema por qué la misa es sacrificio es que recuerda y representa la cruz… la misa hace de nuevo presente en el altar el sacrificio de la cruz, sin multiplicar por ello los sacrificios de Cristo, pero multiplicando la Presencia de su único sacrificio.»[2]


Cabe muy bien recordar aquí el numeral 1367 del Catecismo de la Iglesia Católica: El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: "Es una e idéntica la víctima, que se ofrece ahora por el Ministerio de los Sacerdotes, la que se ofreció a sí misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la manera de ofrecer": "Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la Misa, este mismo Cristo que "se ofreció a sí mismo una vez de manera cruenta sobre el Altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera no cruenta"[3]

 

Sacerdocio de redención

El Sacramento de la Ordenación está íntimamente ligado con el Sacramento Eucarístico, son los Sacerdotes los llamados a confeccionar la Eucaristía y a presidir su liturgia. El significado del Sacerdocio -(#1536 El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del Ministerio Apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.)- está explicitado de manera excelente en el Prefacio de la Misa Crismal, donde el Obispo Consagra los Santos Oleos: Extractamos de allí el fragmento central, pertinente a la trasferencia del Sacerdocio de Cristo al Ministerio Sacerdotal:

 

«Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

 

Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.

 

Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el Banquete Pascual, presiden, a tu pueblo santo, en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

 

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor.»[4]


Se nota en esta cita la discriminación entre dos sacerdocios diferentes, pero inter- compenetrados en su mutua correspondencia y en su reciproca razón de ser. A este respecto es clarificador el numeral 1547 del Catecismo de la Iglesia Católica, veamos: «El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, "aunque su diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados el uno al otro; [...] ambos, en efecto, participan (Lumen Gentium 10), cada uno a su manera, del único sacerdocio de Cristo" (Lumen Gentium 10). ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu), el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos. Es uno de los medios por los cuales Cristo no cesa de construir y de conducir a su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un sacramento propio, el sacramento del Orden.»

 

Como la Iglesia es Madre y Maestra, el Sacerdote participa junto con su Ministerio Ordenado de un ministerio docente que lo llama, a imagen del Buen Pastor -que no en vano se le llama Divino Maestro- a la enseñanza responsable para combatir el analfabetismo de la fe, forma de incultura espiritual que imposibilita la trascendencia y que es uno de los graves males de nuestro siglo. Y ¿qué ha de enseñar? Ni lo preguntéis. Está claro que su sola enseñanza tiene que ser la Verdad que nos mostró Jesucristo, la que nos hará libres (Cf. Jn 8, 32), la del Pan de Vida (Cf. Jn 6, 51-58. 60-69).

 



[1] Cantalamessa, Raniero. “ESTO ES MI CUERPO” Ed. San Pablo Bogotá Colombia 2007. pp. 118-119

[2] Masi, Roberto. SACERDOCIO Y EUCARISTÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA. Ed. Paulinas Bogotá Colombia 1967. pp. 219-221

[3] CEC. #1367.Cc. de Trento, Sess. 22a., Doctrina de ss. Missae sacrificio, c. 2: DS 1743.

[4] ORDINARIO DE LA MISA. Ed. Paulinas Caracas – Venezuela 1989 p. 76